El palón divino

Foto: Zona arqueológica El Infiernito.

Tomado de Revista Alma Mater

Por Rodolfo Romero Reyes

Por mucho que uno intente ser repa, escuchar y entender el reguetón, e incluso ser defensor en algunos espacios de este género, la realidad te supera. El ejemplo mejor soy yo —modestia, apártate que viene la galleta—, disfruté la adolescencia con los orígenes de esta música contagiosa, tuve novias de las que algunas canciones de Don Omar, Daddy Yanque, Wisin, Yandel, evocan recuerdos; estudié periodismo mientras se separaban Baby Lores e Insurrecto y se unían el Chacal y Yakarta, culminé mi servicio social con Alexander garantizando la inmortalidad de su sello Gente de Zona y, aun así, la vida me da sorpresas.

En una reunión de trabajo alguien pregunta, asumiendo que, aunque la mayoría no sabría, yo seguramente daba en el clavo: «Caballero, ¿ya escucharon la canción del «Palón divino»? Mi respuesta negativa fue seguida de un grupo de comentarios: «Sí, el otro día lo pusieron en la guagua»; «Mi sobrina la tiene» y —este para mí es el más desafortunado—: «yo descubrí el palón divino en Camagüey, con los muchachos del Fajardo que estaban en las Universiadas».

De ahí en adelante pasó lo que siempre pasa cuando un grupo de profesionales descubren un tema nuevo de reguetón, empiezan a denigrar el género. Intenté salir en su defensa, pero al escuchar la frase más pegajosa del nuevo hit me quedé prácticamente sin argumentos: «Soy negro, soy feo, pero soy tu asesino, no es la cara ni el cuerpo ma, es mi palón divino».

Una de las cosas buenas que tiene el reguetón es que siempre nutre de contenido la sección humorística de esta revista. Como saben quiénes nos leen asiduamente, intentamos indagar un poco para no irnos con la de trapo. En este caso, el autor del tema es Chocolate, quien compuso letras inolvidables como «Parapapanpan, cógelo suave que esto aquí no es un campismo» y «¡Qué viva la leche!», versionó junto a Chacal y Yakarta la canción infantil «Dale pal hospital», compartió con ellos la autoría de «Sexo, yo lo que quiero es sexo» y popularizó el baile más famoso de la temporada anterior «El guachineo».

Es decir, no es de los reguetoneros el de peor trayectoria. Tampoco es el primero que menciona al «palo» en las canciones. Recuerdan «échale un palo, dos más, tres palos» o «esto es un palo por la cara»; aunque no se referían directamente al miembro reproductor masculino. Este había sido denominado anteriormente como «tuba» —que se partía en dos y en tres—, «tubo» en la canción de Los tres gatos, «la cañandonga», «el tubazo», «mi amiguito el Pipi», «la guaripola», entre otros.

En este punto se observa cierto androcentrismo. Si bien es verdad que el reguetón en su mayoría es falocéntrico, también el mundo repa ha destinado sustantivos un tanto creativos para referirse a las partes íntimas de la mujer como «El pudín» y «La popola».

¿Dónde radica el éxito de Chocolate entonces? Primero: la supremacía de su falo que lo ubica vencedor en todas las ligas —obsérvese que gana por tamaño, palón, y también por su omnipotencia, divino—; segundo, refuerza mitos populares —es negro, de ahí el palón—; tercero, defiende que las mujeres no son superficiales pues no se fijan en la cara ni en el cuerpo; y cuarto, antes de que el tema agote sus semanas de popularidad tuvo la capacidad de componer una nueva canción que continúa la saga.

Para todo artista hacer la segunda parte de una película, novela o canción, es un reto con independencia de que sea cine, literatura o música. En cambio, el talentoso joven cubano aparece enseguida con una composición en la que mantiene su espíritu crítico de la primera entrega —sigue siendo feo—, pero le ofrece a su mujer —en este caso, mulata— un rol menos pasivo que ese al que habitualmente están condenadas en otras canciones de reguetón.

Obviamente, producto de lo fugaz que resultó el tiempo empleado para componer, se ve como Chocolate usa palabras similares, misma melodía e idéntico lenguaje vulgar. La segunda parte de esta canción, que ya se repite y tararea en discotecas, barrios y universidades de todo el país, dice: «Yo sé que yo soy tu asesino, pero tengo que reconocer que tú eres mi asesina, que yo sé que yo te di a ti con mi palón divino, y después tú me metiste a mí con tu tota divina».

Un detalle que la crítica no pasa por alto es la magnitud del «sexo fuerte» que practican los reguetoneros. Fíjense que tanto el palón como su opuesto femenino no se utilizan para compenetrarse sino como instrumento de violencia: él le da con su palón divino y ella también lo golpea con su divinidad.

Lo que sí es seguro, amigos y amigas, es que, desde la primera parte de esta serie musical, Chocolate evitó el fenómeno conocido como «la tiradera». La guerra de tronos por el título del «palón divino» queda reducida a un grupo muy selecto, integrado únicamente por el Micha —en esa liga no compiten ni Alexander, ni Jorgito Junior, mucho menos el Yonqui. El resto, podrán intentarlo, pero les auguro un fracaso. ¿Qué pudieran cantarle, en respuesta, Osmany García, Baby Lores, Yomil? «Soy blanco, bajito, ni siquiera tengo palón, lo que tengo es un palito».

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La venganza de Pamela

Pudo haber sido peor. Si en vez de irrumpir en la actualidad, hubiese nacido siglos atrás, nuestra historia hubiese sido bien distinta. Imaginen al destacado almirante diciendo a viva voz: «Esta es la tierra con más pinta, a la que ojos humanos le han echado un looking». Intenten visualizar por un momento a la tropa del Generalísimo en su primera carga, cantando su himno de combate: «¡Machete afila ́o! ¡Machete afila ́o! Tírenlos contra el muro». ¿Cómo hubiese transcurrido la mayor tiradera de la historia entre el miki Martínez Campos y un repa tan patriota como Maceo protestando, con tremendo aguaje, a la sombra de los mangos de Baraguá?
Por suerte, el reguetón es un virus moderno. Lamentablemente no tiene cura, se propaga con gran facilidad, contiene una cepa bastante contagiosa, aunque dicen los médicos que es posible evitarlo. Yo, que critico la banalidad y estoy en contra de todo lo que es mediocre, incluyendo las actitudes personales mediocres, debo confesar que tengo momentos de duda. «¿Perrear o no perrear? He ahí la cuestión».
Desde su llegada no todo ha sido desolación. De hecho, algunos reguetoneros han usado recursos expresivos y estructuras gramaticales que demuestran determinado intelecto: «Luces tan bien que hasta la sombra te combina» (Daddy Yankee: 2004) o «Tu madre y tu padre contigo botaron la bola; yo tengo el abono que está pidiendo esa amapola» (DY: 2004); «En cuestiones del amor unos son fresa y otros, chocolate» (Alea y Tabío citado por Los cuatro: 2010); «Me pongo triste cuando llega diciembre, es que me duele tanto la soledad» (El Chacal: 2011); «Eres más Guasón que Jack Nicholsón» (DY: 2013); o «Quizás son cosas que tú no comprendas, quizás son cosas que a ti te sorprendan, pero quiero decirte algo: aún conservo tu bolsita de merienda» (Yonqui: 2012).
También hay otros con composiciones inexplicables como:«Tú eres guasa guasa» (Calderón: 2003); «Móntame en la camella» o «La gata está pidiendo que le funda el foco, saoco, papi, saoco» (Wisin y Yandel: 2004); «Mami pon la olla que aquí está tu caldo» (DY: 2005); «Sacude y saca petróleo» (Elvis Manuel: 2006), «Yo nunca me perdí, ahora fue que me encontré» (Jacob Forever: 2016) y «A ella le gusta el ona» (Harrison: 2016).
Algunas intentaron utilizar recursos infanto-juveniles para llegar a sus públicos más diversos. El tema más pegado de aquellos tiempos fue La caperucita roja, del Clan 537. Todo el mundo recuerda su estribillo:
—Caperucita, deja que yo te coja.
—Ay, lobo, si tú eres mala hoja.
Los que la tachaban de vulgar, no recuerdan una parte importante de la letra en que se decía:
Aladino te está dando vueltas, /
con Robin Hood y el Señor de los anillos, /
y me enteré que este fin de semana /
la bestia te invitó a su castillo. /
El Zorro, Tarzán, Cuasimodo /
y los tres mosqueteros /
pidiéndote la mano, /
Spiderman te echó la escopeta /
y Shrek te invitó su pantano.
Aunque no me explico qué hacía en ese grupo de pretendientes el Señor de los anillos, no se puede negar que hay un intento de elaboración superior al de otras canciones del género. En este artículo no ocuparé espacio para hablar de las vulgaridades, malas palabras y faltas de respeto que inundan el reguetón, pues no me alcanzaría la revista completa, y tampoco me publicarían el texto por normas básicas de educación.
Terminaré con un ejemplo, de los más recientes que escuché y que me hizo confirmar una vez más que el problema no tiene solución. Estaba en Holguín y Susana, una joven de 17 años, me pasó un tema —lo último—, que algunos podrán defender como creativo. En la letra de la canción la muchacha le comentaba a un muchacho que ella tenía «un novio que se llamaba Pamelo, y se apellidaba Chú». De ahí en adelante, con ritmo contagioso, la cantante repetía su nombre completo unas quince veces PameloChú, PameloChú, PameloChú.
Para que nadie los acuse de «desenfoque de género», el muchacho le respondía que él también tenía una novia que se llamaba Pamela Chú, y repetía su nombre muchas veces.
Pero ojo, los reguetoneros tienen conciencia y noción del peligro. Con una letra tan fácil, vulgar, espantosa, necesitan ponerle un título que intente ser profundo, rimbombante, literario. Y es así que esa canción, sin más letra o historia que las que ya les comenté, inexplicablemente se llama: La venganza de Pamela.
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Inicia jornada festiva por mi cumpleaños No.30

Por Rodolfo Romero Reyes

Admito que este post tiene unas semanas de atraso.

Y sí, se acerca mi cumpleaños número 30. Quizás por lo redondo del número me lo he tomado más en serio que en años anteriores y he decidido celebrar con mis amistades durante tres meses, desde febrero hasta mayo.

Ya comencé. En febrero tres amistades cercanas me invitaron a: 1) ir a un concierto de jazz que costaba 30 CUP la entrada, en honor a mis 30 años; 2) invitarme a comer con tour incluido por la ciudad, y 3) dedicarme una canción en un concierto delante de un montón de gente, obviamente esta amiga es cantante.

Si tengo suerte, lograré vivenciar 30 momentos especiales de aquí al 23 de mayo de este año, con lo cual las coincidencias númericas serían más especiales aún.

En fin, lo escribo porque quiero compartir mi alegría con mis lectores más cercanos. A quién no le interese este post, no hay lío, los/as seguiré queriendo, jajaja.

Y para los que guiándose por mis canas, piensen que no son 30, les cuento que nací en 1987. Así que calculen, recuerden que cuentas claras, conservan amistades.

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La venganza de los tutores

Por Rodolfo Romero Reyes
Tomado de Alma Mater
Meses atrás esta sección publicó «El tutor clasificado», una construcción colectiva que hicieron algunas diplomantes con las que he compartido tesis en mis casi seis años de profesor universitario.
Algunos docentes de la Facultad de Comunicación de la Universidadde La Habana (Fcom) leyeron el texto y me preguntaron: ¿Y cuándo vas a etiquetar a los diplomantes? Les devolví la interrogante y en una suerte de creación colectiva mis colegas Tania, Heidy y Geisel —aún no sé por qué Dasniel no se ha sumado—, propusieron clasificaciones para aquellos y aquellas que al llegar a su quinto o sexto curso asumen la investigación académica como cierre de su formación.
Estaríamos hablando de diplomantes:
Globos: Siempre están en el aire.
Oxigenados: Se especializan eninflar globos.
Barrocos: Hacen un PPT abarrotado de información, figuras y colores.
Emancipados: No aceptan que sus tutores participen en la predefensa.
Dietéticos: Regularmente afirman: «Mañana empiezo y me pongo con todo».
Sordomudos: No te escuchan nunca, pero tampoco pueden explicarte nada de su proyecto.
No-hispanohablantes: «¡¡¡Ay, el idioma español!!! ¿Dónde estás que no te veo? ¡Ni te oigo, ni te leo!».
Tardíos: No llegan puntuales a ninguna de las consultas, e incluso se retrasan el día de la exposición final.
Tímidos: Les da pena rebatir ideas, expresarse alto, aplicar instrumentos, hacer la predefensa, e incluso, discutir la tesis.
Generosos: No paran de mandartextos que según ellos les pueden servir a sus compañeros diplomantesdietéticos.
Guatacones: Ponen al tutor en el primer lugar en los agradecimientos, lo atiborran de elogios exagerados y palabritas cursis.
Alcohólicos anónimos: El ochenta por ciento de la tesis la hicieron en el bar, pero el tutor nunca lo supo —en parte porque nunca lo invitaron.
Sacrificados: Cada día les aparece algo urgente que les impide avanzar en la tesis: tienen que limpiar el teclado, formatear el texto o leer en wikipedia la vida de la tía de Canclini.
Magos: Los ves ahora y después… ¡ya no los ves! Se dan tremendas perdidas. Cuando finalmente aparecen se les borró todo, las memorias no les sirven, tuvieron que atender a familiares que llegaron «de afuera».
Tecnológicos: Tienen superlaptops con programas que no son compatibles con nadie. Graban todas sus consultas en sus superteléfonos y después con sus superaudífonos lo transcriben todo. Sueñan con un dispositivo que teclee mientras ellos les dictan sus ideas.
Actores: En las consultas todo es mesurado, tranquilo, despejado. Ellos escuchan con atención, intercambian ideas, avanzan… En cambio, en la discusión de la tesis se presentan irreconocibles, con exagerados maquillajes y vestuarios extravagantes. Hacen toda una representación en su exposición que a todos deja boquiabiertos.
Y para cerrar, los que son «de marca»:
Diplomantes Walt Whitman: Se cantan y se celebran a ellos mismos.
Los «Papas calientes»: Pasan de mano en mano y ningún tutor quiere quedarse con ellos.
Diplomantes Ban Ki-Moon: Sus tesis resolverán el cambio climático, erradicarán el hambre en África y acabarán con el yihadismo.
DOTA: Pasan horas enteras pegados a las computadoras, noches completas sin dormir, jugando, jugando, jugando.
Victoria Secret: Lo único que hacen es pensar en la ropa que van a modelar durante la defensa, en la «percha» para la graduación y para la fiesta, además del bufet para el brindis que seguramente prohibió el rector.
Web 2.0: Por el muro de Facebook y su perfil en Twitter sabes cómo están, en qué han avanzado y cuáles son sus siguientes pasos. Lamentablemente, cuando despachas con ellos off line descubres que todo era pura realidad virtual.
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Homenaje (Parte 2)

Admiro mucho estos homenajes que hace mi amiga Ana Carla. Sigan su blog, y sus locas ideas.

AnaCrónica

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Crónicas de un chino en La Habana

junioMurió con las botas puestas

Las películas de Erol Flinn se hacían cada vez más populares. El  famoso actor que en una ocasión «murió con las botas puestas», y en otra interpretó al temido Capitán Blood, estaba de moda. Las largas colas en los cines eran  costumbre y la gente disfrutaba de las emocionantes aventuras.

Entretanto, «el Chino» trabajaba como Segundo Secretario del Partido Municipal del Cerro. En aquel momento las reservas de las MTT no eran a nivel provincial,  y se hacía necesario que en las sedes municipales existieran personas responsables de cuidar el armamento.

En el Cerro, uno de los oficiales encargados era un hombre alto, algo viejo, mal parecido pero muy carismático, y con quien el Chino tenía un trato muy especial. Había una cosa que para aquel señor se convirtió en un ritual: todos los días de cobro invitaba a comer a alguna mujer para enamorarla y pasar con ella la noche. Casi siempre recibía una negativa y, en consecuencia, las burlas del Chino:

—Viejo, a ti no te quieren ya ni pa’ leña de fogón.

—Yo las enamoro a todas; la que me dice que no, en el fondo, me lo agradece.

Pero la suerte llega de vez en cuando, y un buen día, después de cobrar su salario, encontró a una jovencita dispuesta a compartir buenos momentos. Rápidamente la llevó para una posada que quedaba frente a su trabajo.

Dentro de la habitación se quitó la camisa, se bajó los pantalones y saltó a la cama. De pronto su rostro palideció y dejó de respirar. Los gritos de aquella mujer asustada hicieron venir a toda una comitiva en su ayuda. La pobre, no podía ni quitárselo de encima. Al parecer, el corazón de aquel hombre no pudo resistir  tanta emoción, ni siquiera se quitó las botas ni los pantalones.

Desde ese día todos comentan la historia de este personaje, que es recordado en la sede municipal como el Capitán Blood, ya que, literalmente, murió con las botas puestas.

ilustracion-de-yaimel_4Chocó con un tren

Antes de partir para Rumania, Roger recibió una preparación previa durante algún tiempo con sus compañeros en la Facultad Preparatoria Máximo Gómez que estaba en 1ra, y 20, en Playa. Este periodo incluía unas semanas en la zafra. Era el año 1969.

El Chino entonces alardeaba el poder cortar caña como los millonarios de la zafra azucarera. Y por ese alarde precisamente conoció al técnico. Reunió un grupo de cañas y como: «el que mucho abarca poco aprieta, el Chino en el brazo se hizo una grieta». Se dio un machetazo cerca del codo izquierdo y tuvo que ir corriendo para la enfermería. Al llegar la enfermera lo empezó a atender, pero tuvo que interrumpir su labor.

—Espérate un momento, que llegó una urgencia.

El Chino asintió con la cabeza y quedó impactado cuando vio entrar a un hombre de mediana estatura, en hombros de sus compañeros, con el rostro todo lleno de sangre. ¡Ojalá se salve!, pensó el Chino. Después supo que le llamaban «el técnico» y que lo habían encontrado inconsciente cerca, en la línea del tren.

Un rato después escuchó al herido contar su accidente: como cada mañana, había ido a merendar a la cafetería de enfrente, donde una diosa trigueña, muy popular entre los muchachos, atendía los pedidos. «El técnico» hace algún tiempo venía coqueteando con ella. Y esa mañana, a la hora de marcharse, ella también salió, pero en otra dirección. «El técnico» entonces caminaba para el Central, pero sus ojos fijamente se ahogaban en el mar de caderas y senos de aquella mujer. Fue entonces que chocó con el tren.

Unos minutos después entró el accidentado en la habitación del Chino, con una heridita en la frente. Roger le dijo:

—Oiga, usted es un suertudo, después de un choque como ese, solo tuvo esa heridita.

—Yo lo que soy es un comemierda, porque el tren estaba para’o.

Chiang

Roger  trabajaba en Emprestur, pero ante el llamado para formar parte de la campaña masiva contra el mosquito Aedes Aegypti, se le encomendó fumigar algunas manzanas de relativa importancia.

Comenzó su trabajo temprano y, cerca del mediodía, llegó a una casa situada frente a la Embajada china. Como único guardián de aquel recinto estaba un chino. Es menester explicar que Roger desconocía que aquel lugar había sido adquirido por la diplomacia asiática. El chino se mantuvo indiferente ante la intención de los fumigadores.

No sabía nada de español, y como los chinos, de por sí, son desconfiados, les negó la entrada. Roger trató de explicarle haciendo mil muecas con las manos, pero su interlocutor no entraba en razones. Haciendo un último esfuerzo, dibujó unos extraños caracteres, que conocía de pequeño, en un pedazo de cartón. El rostro del hombre se transformó hasta mostrar una sonrisa; entonces exclamó: —¡CHIANG!— y abrió la reja lleno de alegría.

Esa tarde Roger, al llegar a la casa, contó a su hermano Fito como el haber dibujado su apellido lo había librado airoso de un momento singular. Además le habló sobre el aparente error de pronunciación. Fito le explicó que un mismo carácter se pronuncia distinto en cantonés que en pekinés, tal es el caso de Pekín y Beijíng respectivamente.

A la mañana siguiente Roger recibió una delegación integrada por algunos empresarios de Pekín que visitaban La Habana. En el momento de la presentación, inconscientemente, dijo: «Mi nombre es Roger Chiang, y estoy aquí para servirles».

La «capatcina»

 Uno de los amigos del Chino se llamaba David y, en la época en que estudiaban en la antigua URSS, enamoraba a cuanta rumana le cruzara por delante. A una de ellas, le llamaban «la capatcina». Era viuda y madre de un niño de siete años. David fue a vivir para su casa y para gozar de plenas libertades sexuales, les mintieron a los padres de ella y les dijeron que él padecía de disfunción eréctil y debería volver a Cuba para atenderse con un especialista. A ellos les dio lástima y lo acogieron como a un hijo, incluso, pese a los tabúes de la época, le permitían dormir junto a la capatcina. Así que mientras la madre cocinaba y el padre podaba el jardín, ellos hacían el amor debajo de la «plaploma».

Un día visitaron al «impotente» David, sus amigos el Chino, el Chopo y Rafael. Comenzaron a beber y fue tal la borrachera colectiva que el Chopo, un blanco de 1.83m, miembro del equipo nacional juvenil de básquet, terminó durmiendo en la cuna del niñito. Rafael se acostó en el piso y el Chino en la cama central junto a David y la rumana. Pero en plena borrachera, David comenzó a tener sexo con la capatcina, sin cubrirse con la plaploma. Fue sorprendido en plena faena por la madre que, insultada, comenzó a dar gritos y a llamar a todos los hermanos. David, percatándose de su error solo supo decir:

—Vieja, este ron es milagroso, al fin «se me paró».

Tuvieron que salir de allí corriendo, con todos los hermanos de la capatcina tras sus pasos. ¿Conclusiones? Parece que los rumanos no creen en milagros.

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Un cuarto en el 2016 y otras metas en el 2017

dsc_7997 dsc_8004Por Rodolfo Romero Reyes

Los cierres de año siempre nos hacen repensar nuestras vidas. Uno se pone medio nostálgico y empieza a sacar cuentas. Antes, listaba un grupo de cosas que haría para las próximas 52 semanas, y después de este periodo, comprobaba, con tristeza, que muchas de mis metas personales seguían posponiéndose. Por suerte, el 2016 fue diferente. Desde el punto de vista emocional ha sido el año más intenso en el que cumplí metas de todo tipo, entre ellas la tan pospuesta licencia de conducción (al menos la de moto), empezar mi proyecto de doctorado y hacer un poquito de ejercicio físico (solo un poquito así que no esperen muchos cambios).

Pero por estos meses tengo una deuda importante con amigas y amigos quienes desde mi cumpleaños del 2015 están a la expectativa de la reparación de mi cuarto, la cual solo fue posible gracias a la ayuda de muchas personas en el 2016. Sin duda alguna, gran parte de mis éxitos de todo tipo dependen de esta red de amistades que he tenido la suerte de poder construir. Creo que fue a finales de noviembre cuando me tropecé con Charly, y se repitió la conversación que semanas atrás había tenido con Claudio y con Roly. ¿Por fin en que quedó lo del cuarto? ¿Lo reparaste? Es verdad que fue algo injusto, después de toda la promoción que en este blog di al proceso previo, no dar ningún detalle del resultado final. Pues sí, el 2016 fue el año en el que finalmente terminé de reparar mi baño y mi cuarto en Guanabacoa. Por eso quiero darle las gracias a todos los que contribuyeron, desde la hija de Itsván que me envió un dibujo en el que aparecía ella, su papá y yo rodeados de ladrillos y arena, hasta Camilo que pintó literalmente la mayor cantidad de las paredes. A todos ustedes muchas gracias.

Con el cuarto terminado les cuento que las metas para el 2017 son bien pocas y sencillas:

  • Celebrar, rodeado de amigas y amigos, mi cumpleaños no. 30 que será en mayo.
  • Llevar una vida más saludable (se resume en más ejercicio físico y menos pan y dulces).
  • Entregarme con más pasión a mi trabajo nuevo y escribir un libro.
  • Terminar junto a cuatro colegas, el manual de buenas prácticas del Proyecto Escaramujo.

Así que, veremos si al menos estas cuatro metas me sirven de guía en este 2017. Adjunto a este post, la foto del cuarto y la lista de todos aquellos que gentilmente “contribuyeron a la causa”. Feliz 2017 a todos y muchas gracias.

  • Claudio
  • Sheila
  • Jessica DD
  • Adela
  • Yadira
  • Dainet
  • Ernesto
  • Anabel
  • Madeline
  • Madelaine
  • Micaela
  • Amarilys
  • Eliurka
  • Charly
  • Bebé de Chary
  • Yahima
  • Alex
  • Fela
  • Lili
  • Carlitos
  • Lupe
  • Roque
  • Julitín
  • César
  • Mailén
  • Yaima
  • Roly
  • Jean
  • Gretell
  • Gabriel
  • Ana Lauren
  • Dany
  • Diana
  • Alina
  • Hanny
  • Gretchen
  • Kenia
  • Yeri
  • Félix
  • Ana María
  • María Eugenia
  • Mariana
  • Baby
  • Rubén
  • Raulito
  • Tunie
  • Kako
  • Yory
  • Kaloian
  • Carlos
  • Chely
  • Lorelis
  • Jessica DF
  • David
  • Magela
  • Beny
  • Charly
  • Yaily
  • Hayat
  • Camilo
  • Lidia
  • Reycel
  • Marta
  • Analay
  • Esteban
  • Rayma
  • Daniel
  • Karla
  • Sixela
  • Luis Carlos
  • Zulema
  • Gabriel D.
  • Gretel M.
  • Nuria
  • Ana Lidia
  • Karen D.
  • Yohana
  • Mónica B.
  • Koka
  • Sama
  • Ely
  • Itsván
  • Niña de Itsván
  • José Gabriel
  • Patricia
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