La estrella que brilla en la noche más oscura

fidel-castro-ruz«Cuba tiene ahora otra estrella más allá de la montaña,
para cuando la neblina repose,
solo baste mirar al cielo».

Alihuen Nahuel Antileo García

Por Rodolfo Romero Reyes
Publicado en Contexto Latinoamericano

Camino a despedirlo. Paso primero frente a la escalinata universitaria. Desde la calle veo a diez o doce muchachos y muchachas que, alrededor del Alma Mater, sostienen banderas y fotos de Fidel. Están allí desde el sábado en la mañana. Nadie los observa, los medios de prensa no les toman fotos. Ellos, sencillamente, como estacas, están ahí.

La plaza es un mar de gente. Es la manifestación más grande que recuerdo. Son miles. Están ahí desde poco después del mediodía, y estarán también durante las próximas cuatro horas.

Casi son las siete. Caminamos hasta donde vemos un grupo de universitarios, queremos estar donde sepamos que la gente va a gritar consignas, donde nadie vaya a ocultar sus sentimientos.

Todos los que estamos aquí quizás no todos estemos por lo mismo. Hay personas muy mayores, también las había ayer en la cola para rendir un último tributo. Personas que compartieron con él la materialización de algo que parecía imposible aquel primero de enero. Hay «aseres» del barrio que a lo mejor no lloran pero que están aquí también, porque aquí vino todo el mundo y ellos no se iban a quedar atrás. Hay que despedir al padre, al amigo, al abuelo, al presidente, al caballo, al vikingo, al tipo. Hay muchos jóvenes y ellos también lo quieren. ¿Por qué lo idolatran si ni siquiera lo conocieron? Aprendieron a quererlo por sus padres, por sus abuelos. Las dos muchachas que están a mi lado no deben tener más de veinte años. Gritan como si Fidel pudiera escucharlas, las secundo en sus consignas, a veces lloran. Es increíble.

Va a empezar el acto. Las cámaras de televisión toman algunos rostros y la multitud aplaude y grita cuando ven a Ramiro, Eusebio, Mujica, Frei Betto, Gerardo, Ramón, Antonio, René, Fernando. Entra Raúl y la gente lo aplaude como nunca antes. Es como si hubiese entrado Fidel. Aplauden a Cuba, a su invencible Comandante y hermano, y obviamente, también a él. Alguien empieza un coro y la plaza se enaltece: «Raúl, aprieta, que a Cuba se respeta». Porque somos corajudos, y Fidel nos enseñó que a nosotros tenían que respetarnos.

«Fidel es la bandera, Fidel es Cuba entera». Sale Correa y la multitud se enciende. Cita a Silvio y algunos intentamos terminar sus frases. Recuerda el concepto de Revolución de Fidel y la multitud grita con fuerzas: «…todo lo que debe ser cambiado, … modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo, … no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas».

Hablan países que no podían faltar por la historia, por el agradecimiento. Evo se pregunta, con voz rasgada: « ¿quién nos va ayudar? ¿quién nos cuida ahora?». Alguien dice a mis espaldas: «Pobrecito». En Cuba sabemos que Evo está muy triste. «Esta es la Revolución que el mundo sueña», dice y aplaudimos.

Hablan de los tres mil niños de Namibia, sobrevivientes de la masacre de Casinga, que crecieron, vivieron y estudiaron en la Isla de la Juventud. Hablan de los sandinistas, de los muertos en Angola, del golpe de Estado en Chile, de Salvador Allende y del Che Guevara.

El locutor presenta a Maduro y el pueblo sabe que es el penúltimo orador. Hubiese sido Chávez. «Fidel ha sido absuelto por la historia», dice. Aplaudimos. ¿Quién nos enseñó a querer a Correa, e Evo, a Maduro? Fidel. Es como cuando siendo niños, nuestros padres nos enseñan a querer a sus amigos. Así fue que un día nos presentó a quien sería el mejor amigo de Cuba: el Comandante Hugo Chávez —faltaron sus palabras anoche. Muchos corazones no hubieran resistido tanta tristeza: las palabras encendidas de Chávez hablando de la muerte de su padre.

Fidel es un hombre que tiene el rarísimo privilegio de ver sus sueños volverse realidad. Soñó una revolución y tuvo un Moncada, un Granma, un primero de enero. Soñó tierras para los campesinos y firmó la ley de Reforma Agraria. Soñó educación para todos y se multiplicaron los adolescentes, casi niños, alfabetizadores por todo el país. Soñó vencer al imperialismo y fueron derrotados los mercenarios en Playa Girón. Soñó sobrevivir con su pueblo y estamos aquí después del bloqueo y del derrumbe soviético. Soñó su relevo en América Latina y nació Hugo Chávez. Soñó traer a Elián y ahora ese niño ya es ingeniero en Cuba. Soñó el regreso de los cinco y vivió para verlos, en la sala de su casa. Soñó llegar a noventa años —como me recuerda Alejandro que le prometió a Maduro y al Evo—, y lo cumplió. Lo mejor es que Fidel nunca dejó de soñar.

Soñó que, después de su muerte, su pueblo seguiría unido y defendiendo la Revolución. Anoche Fidel, desde lo alto, como una estrella que iluminó la noche más oscura que hemos vivido los cubanos, vio su último sueño hecho realidad. Contempló una multitud triste, enérgica, revolucionaria, fidelista, que se reunió con él por última vez, no para decirle adiós, sino para gritar, con la voz cortada por el llanto y vibrante por su ejemplo: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

El gigante

Nota: Tuve ganas de llorar y lloré. Pasó delante de mí a la misma distancia que aquella mañana de marzo de 2000 cuando lo vi por vez primera. Ahora es la última vez. Cuando se rompió el cordón salí caminando por todo 23, desde Paseo. Me crucé con hombres y mujeres que también lloraban. Mis ojos siguieron húmedos hasta 23 y 12. Caminé con prisa. No quería pensar. Si pienso, vuelven las ganas y no, no quiero llorar más. A los héroes, se les recuerda sin llanto.

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La noticia

Fidel Castro by Korda

Por Rodolfo Romero Reyes

— ¿Tú me estás llamando porque estabas viendo la televisión?

— No, ¿qué pasó?— le dije preocupado.

— Yo no lo vi, pero me llamaron. Salió Raúl. Dice que murió Fidel. ¿Puedes confirmarlo?

Con el teléfono en una mano, encendí el televisor. Nada. Tomé el celular y marqué a la misma persona que tres años atrás me llamó para informarme la muerte de Chávez.

— ¿Estás en el periódico? ¿Es cierto?

— Raúl salió en la televisión. Aquí me dijeron que sí, que es verdad—, estaba llorando.

— Pero, ¿tú lo escuchaste? ¿Lo oíste de boca de Raúl?

— Yo no lo vi, Rodo… Pero es verdad.

Colgué. Confirmé la triste noticia a la persona que tenía al teléfono. Entonces empezó a sonar el celular, mi hermano, amigos, amigas… Todos pedían confirmación, la mayoría estaban en la calle. Cuba entera dormía. Entonces, Raúl otra vez en el televisor. Lo escuché. Era verdad. Lloré por apenas 50 segundos. El teléfono seguía sonando. No tuve tiempo para más intimidad. Debí hacer una pausa en las llamadas. Mi mamá aún dormía. Y yo, periodista, tenía la difícil tarea de darle a ella también la noticia.

Hace poco le decía a una amiga: «Hace tres años cuando me propusiste irme a estudiar el Doctorado a otro país, te dije cuatro razones fuertes para no hacerlo. Hoy me queda solo una, y tú quizás pienses que es una bobería, que es la menor de las razones: no quisiera, bajo ningún concepto, que se muera el Comandante y yo no estuviese en Cuba».

Otra vez pensé, en voz alta: «Si Fidel se va a morir, ojalá sea después que mi abuela. Porque si no, se van a morir los dos juntos. Mi abuela no aguantará la noticia. En Cuba yo no conozco a nadie más fidelista que ella. Imagínate que en Cuba para que los niños aplaudan se les dice: «La palmita de manteca». Y mi abuela me decía: Fidel, Fidel, Fidel… Con ella yo y mi hermano, y por supuesto, mis tíos, mi mamá, nos hicimos revolucionarios». Mami falleció el 17 de octubre de 2013.

Quizás en tercero o cuarto año en la universidad, hablamos de la muerte de Fidel. ¿Qué hacer cuando nos enterásemos? Opciones: llamar al trabajo a esperar orientaciones, encender el televisor, salir a la calle para que nadie se vaya a hacer el gracioso de gritar algo en contra de la Revolución, ir para la escalinata universitaria. Esa fue la que nos pareció más prudente. Allí la gente se agruparía de forma espontánea, dijimos, allí siempre se respirará revolución, esa es una plaza de lucha que nadie podrá quitarnos.

Y así fue.

Amanece. Es 26 de noviembre de 2016. Voy para la Universidad buscando consuelo revolucionario. Me alegra ver unos 100 jóvenes vestidos de negro. Así no me siento solo. Aparece mi hermano entre una multitud de muchachos y muchachas del ISRI. Abrazo a Lisandra, que aparece con colegas del Sistema Informativo. Su abrazo es lloroso, intenso, sentimental. Después llega otra amiga de luchas, Laura, desconsolada. Llegan más, en pocos minutos somos unos quinientos. Llueven las consignas: ¡Fidel es la bandera! ¡Fidel es Cuba entera! ¡Yo soy Fidel! ¡Tu pueblo, unido, jamás será vencido!

Fidel no ha muerto. Compartió con nosotros 90 años intensos en los que renunció a su vida personal por trabajar las 24 horas del día. Durante 50 años nos dirigió como mejor supo hacerlo. Y hoy, a 60 años de haber zarpado en el yate Granma, con la promesa de ser libres o mártires, se lanza al mar otra vez.

Allá, en algún lugar, lo espera José Martí, con una nueva misión. Debe ocupar nuevamente su puesto de Comandante en Jefe, al frente de sus mejores combatientes: el Che, Camilo, Celia, Almeida, su mejor discípulo, Hugo Chávez.

Desde la inmortalidad de la historia esa tropa debe seguir siendo ejemplo y guía de quienes en Cuba quedamos e insistimos, contra viento y marea, en defender el socialismo. Fidel vive, vivirá siempre, porque los cubanos y cubanas nunca lo dejaremos morir.

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Género y comunicación: asignatura optativa pero incluyente

mi-grupoPor Zulema Tanquero y Rodolfo Romero

Con la implementación del Plan de estudios D en la Facultad de Comunicación (FCOM), de la Universidad de La Habana, se institucionalizó la disciplina Comunicación y Desarrollo, la cual agrupa asignaturas relacionadas con ambos perfiles e incluye temáticas como comunicación educativa, nuevas tecnologías, desarrollo local, medio ambiente, salud, género, entre otras.

A partir de septiembre de 2012, como parte de este currículo docente, se decidió proponer en modalidad optativa la asignatura Comunicación y Género, para estudiantes de cuarto año de Comunicación Social.

Esta asignatura no constituyó la primera experiencia de la facultad en la temática. En cursos anteriores, de modo aleatorio, profesores y profesoras de la facultad de Psicología habían impartido algunos talleres con temáticas similares. Los estudiantes en segundo año recibían una o dos conferencias sobre Género en su primer semestre; y en quinto año de Periodismo, se implementa una asignatura optativa completa, Periodismo y Género, impartida por la destaca periodista e investigadora Isabel Moya.

Pero esta propuesta incorporada en la carrera de Comunicación Social, tuvo dos peculiaridades: sucedió en tiempo a una asignatura, también optativa, que profundizó en temáticas de trabajo grupal desde la Psicología y la Educación Popular y, además, incorporó acciones de los estudiantes en el entorno físico de la universidad.

La asignatura tuvo como como objetivos:

• Compartir elementos básicos sobre género y enfatizar en la preparación teórica de los estudiantes.

• Compartir de forma grupal experiencias, temores, preocupaciones y potencialidades para el abordaje de la temática de género.

• Sensibilizar al grupo con las teorías y el enfoque de género para luego desarrollar acciones prácticas que involucren a otros grupos en la facultad.

• Motivar a los estudiantes a realizar investigaciones relacionadas con esta temática con vistas a futuras tesis de licenciaturas.

• Intercambiar aspectos organizativos, de planificación y seguimiento que puedan facilitar la puesta en práctica de las continuidades acordadas por el grupo una vez culminado el semestre.

Para ello, se organizó un sistema de 14 talleres concebidos desde las lógicas metodológicas de la Educación Popular. En ellos se abordaron temáticas como las relaciones de género en la vida cotidiana, género y masculinidad, diversidades —no solo la sexual—, expresiones del género en productos culturales, violencia de género, feminismo, diagnóstico de la perspectiva de género en nuestro entorno microsocial y evaluación de las prácticas grupales.

Desde el punto de vista metodológico, los dos momentos más importantes del semestre fueron un seminario sobre feminismo (incluyó antecedentes históricos y expresiones actuales) y una intervención, a modo de performance, contra la violencia de género. Esta última, propuso a la facultad y sus aulas como escenario de iniciativas teatrales, gráficas y fotográficas desarrolladas por los estudiantes, para involucrar a grupos de otros años y carreras.

Sin duda, estos esfuerzos educativos fueron apenas un primer paso para sensibilizar a jóvenes comunicadores y comunicadoras con las temáticas de género.

La experiencia de aquel primer curso 2012-2013 demostró que cuando de género se trata, no se habla de una asignatura más. Fue significativa la cantidad de personas dispuestas a cursarla, tanto hombres como mujeres, a pesar de ser convocada como optativa. La asistencia a los turnos de clase y la participación real de gran parte de los estudiantes implicados, son solo algunos de los indicadores que avalan la aceptación que tuvieron estas clases.

Cursar una asignatura que no contempló como evaluación final las tradicionales pruebas escritas fue motivación solo para un grupo reducido de estudiantes. Para la mayoría, aquel fue un espacio para dialogar entre iguales, construir en colectivo y debatir sobre un importante y polémico tema de la actualidad. En la realidad concreta, la asignatura propició la creación de una gran familia y demostró la importancia de ese verdadero trabajo en grupo, por el que tanto se aboga en todos los niveles de enseñanza en Cuba.

En entrevista realizada a algunas personas egresadas de la asignatura, después de algunos años de vivido ese proceso, los criterios más repetidos fueron:

“La asignatura nos enseñó que cuando aprendemos a respetarnos y a respetar a los que nos rodean, en sentido general, podemos ser capaces de exteriorizar nuestras emociones”.

“…la manera dinámica e interactiva en que se impartían las clases como un taller”.

“La manera de impartir las clases alejada totalmente de la educación bancaria le da la libertad a cada estudiante de dar su opinión, más allá de los conocimientos profundos o no que tenga con relación al tema”.

“…metodología de enseñanza diferente, esta nos permitió fomentar la participación, crear los conocimientos de manera colectiva y utilizar otras técnicas de trabajo que motivaron más a los estudiantes”.

En resumen, las opiniones de las personas implicadas denotaron el gran aporte que representó para la asignatura la utilización de una metodología diferente, que trabaja con las emociones desde las vivencias personales.

La experiencia dejó grandes saldos para todas las personas que la protagonizaron, pero como se dice en el argot popular: “todo no es color de rosas”, el horario en que se impartió y el poco tiempo de duración atentaron contra el proceso. “Es un tema muy complejo como para tratarse en tan poco tiempo”, dijeron algunos estudiantes. “El tema es demasiado rico para agotarlo en solo un semestre”, opinaron otros.

A pesar de eso, en el corto tiempo y frecuencia que tuvo la asignatura se pueden enumerar logros que, a nuestro juicio, se evidencian en las opiniones recuperadas de las ya citadas entrevistas: “Al poner en práctica lo aprendido logramos revisar nuestra conducta con respecto al género e intentamos modificar conductas de las personas más cercanas”.

“Una muy buena idea fue dejar que los propios estudiantes planificaran clases como la realización de un panel y también la clase final”.

“La dinámica lograda en el grupo y la posibilidad de hacer reflexiones colectivas en torno a un tema tan sensible”.

Este resumen muestra lo que significó la asignatura para un grupo de estudiantes que la vivieron y, sobre todo, la disfrutaron. También evidencia el impacto que tuvo para ellos, tanto en la forma de relacionarse con el resto de la sociedad, en el enfrentamiento posterior a un centro de trabajo con marcadas características machistas, como en la manera de hacer comunicación y de transmitir mensajes no discriminatorios. Y, sobre todo, en la forma de enfrentar la vida en lo adelante.

La asignatura vuelve próximamente a las aulas de la Facultad de Comunicación después de estar un curso ausente (2015-2016). Esperamos que al igual que hizo en su primera edición, marque un antes y un después en la relación de los integrantes del grupo con la universidad, con la comunicación y especialmente con el género.

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Festival de Las Mariposas

festival-de-las-mariposas-endPor Malatesta

Hoy comienza el III Festival de Las Mariposas en esta ocasión dedicado a la figura de Vilma Espín, gestado por el Proyecto Cultural Malatesta,un proyecto sociocultural, multidisciplinario, surgido en la Universidad de las Ciencias Informáticas que tiene como intención convertirse en eslabón fundamental de la vida sociocultural de los jóvenes, al presentar propuestas que estimularán la renovación de sus necesidades culturales, la inexorable instrucción en la forma de apreciar el arte y contribuir de esta manera a su desarrollo cognitivo de forma creativa. Proporcionándole recreación, un mejoramiento de la calidad de vida y maneras de utilizar su tiempo libre, convirtiendo así el arte en la herramienta clave para transformar su panorama social.
Vivimos en un mundo patriarcal, donde el androcentrismo es modelo legado de una generación a la siguiente y reforzado por los medios de comunicación masiva.
A pesar de que la cuestión de la violencia contra las mujeres por razones de género, en la segunda mitad del pasado siglo,
dejo de ser asunto de pareja para y paso a formar parte de las agendas de los gobiernos y organizaciones mundiales, no se ha logrado desterrar de las mentalidades colectivas los estereotipos y normas que dictan como deben ser las mujeres y como deben ser los hombres.
En este esfuerzo se esgrimen las artes, como contrapartida de los lenguajes sexistas y en defensa de los derechos y oportunidades de las mujeres. Ellas en sí mismas son un medio de comunicación con infinito poder de sensibilizar y cambiar mentalidades, por lo cual debe ser consecuente con los discursos que emite y tener una estrecha relación entre cultura, sociedad y comunicación pública.
Desde la convicción que el arte y la recreación constituyen importantes herramientas para llegar a la conciencia de las personas proponemos llevar a cabo el “Festival de las Mariposas” en honor a las Hermanas Mirabal y por la no violencia hacia mujeres y niñas.
Bajo el eslogan, “Con los Jóvenes, Por los Jóvenes”, pretendemos mediante el uso de la danza, la música, el teatro, las artes plásticas y el audiovisual, traído de la mano de artistas que pretenden eliminar las brechas aún existentes entre hombres y mujeres, atraer la atención del espectador, e introducirlo en temas relacionados con la No Violencia y la equidad de género.

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Cómo ser miki y no morir en el intento

los-mikiPor Rodolfo Romero Reyes

Tomado de Revista Alma Mater

Lo que empezó siendo una «moda inofensiva» devino «tribu urbana» y actualmente amenaza con convertirse en clase social. No estoy exagerando. Más allá del tono satírico con el que en esta misma sección me he referido a ellos (Véase: «La primera guerra de las tribus urbanas», en http://www.almamater.cu, revista No. 492, octubre 2010), en estos momentos considero que debemos estar bien alertas a la evolución y desarrollo de los «mikis».

Como suele suceder en la mayoría de las investigaciones serias, mis conclusiones son resultado de varias técnicas, entre las que se incluyen la revisión bibliográfica, la observación participante y el juego de roles (sí, porque incluso intenté por unos meses comportarme como un miki).

Atendiendo al estado del arte, no existe aún una definición conceptual que contemple todas las aristas de las personas jóvenes (y no tan jóvenes) que se suman a este grupo social. Al principio el término era asociado a quienes vestían a la moda, tenían comportamientos «plásticos» (saludos chillones, muecas exageradas, sobreuso de anglicismos), escuchaban música en inglés y tenían una preferencia por el color rosado. Ahora las cosas han cambiado.

Lo sé porque hace unos meses, mientras entrevistábamos para una webserie a una adolescente de Centro Habana, supimos que entre sus aspiraciones estaba tener un amigo miki. Ella se asumía repa y decía que una posible amistad con un miki la enriquecería espiritualmente, le aportaría buenos consejos, la ayudaría. Ese criterio desmiente las teorías iniciales de que los mikis eran fríos y superficiales. También existen apasionados, ardientes y profundos. Si por un lado es positivo que el imaginario que sobre ellos tienen otros grupos haya cambiado para mejor, por otro, es alarmante la forma en que se ha consolidado su estatus social.

La mayoría de quienes se asumen como mikis tienen mucho dinero, por eso visten ropas caras y modernas, visitan bares, frecuentan hoteles, e incluso pueden practicar deportes «exóticos» como el golf, la pesca deportiva, el buceo. Sus zapatos parecen eternos; en el caso de las mujeres, porque tienen varios y se los ponen poco; en el caso de los hombres, porque son de marca, duran mucho y apenas los gastan (solo los usan para acelerar el carro, sostenerse encima de sus estruendosas motos, o caminar cortas distancias; si se ponen viejos los usan para correr).

Sus bebidas son de alcurnia: nada de cerveza Mayabe, ni siquiera Ron Havana Club de 3.85 cuc; eso es para principiantes. Tienen la última generación de dispositivos móviles y en muy contadas ocasiones cogen guaguas. Si salen a pasear, y no tienen carro propio, lo mínimo es pagar un taxi: no se puede sudar antes de llegar al lugar, porque se corre el maquillaje o se pierde el perfume (aunque a los mikis «originales» el perfume no se les cae ni aún después de hacer el amor).

Hasta aquí he mencionado algunos resultados preliminares, pero una vez que intenté insertarme en su mundo tropecé con algunos obstáculos. Solo listaré los cuatro primeros:

*Hay bares frecuentados por mikis en los que, aunque «te tires» las mejores prendas, el muchacho de la puerta te dice que el bar está lleno o que ellos se reservan el derecho a la admisión. Es como si supieran que tú no eres un miki de raza.

*Cuando ahorras para comprarte un perfume que cueste 20.80 cuc (como los Antonio Banderas), ese mismo día descubres que hay perfumes que cuestan 80.00 cuc y que esos son los indicados.

*Si decides inscribirte en un gimnasio supuestamente miki —que cueste 10 cuc al mes— descubrirás, en menos de una semana, que los verdaderos mikis no frecuentan este espacio, sino que ahora hacen spinning y pagan 2 cuc la hora, lo que equivaldría a más de 40 cuc mensuales.

*Por muchas marcas que memorices (para andar como pez en el agua en alguna «conversación miki» que pueda surgir) nunca son suficientes.

Eso ha generado preocupaciones. Si se siguen expandiendo… ¿cómo sería un país dominado por los mikis? ¿Qué ocurrirá con quienes no igualen sus ingresos económicos: repas, emos, frikis? ¿Los libros de historia en el futuro hablarán de mikis, burgueses, obreros y campesinos? ¿Cuál será el grupo destinado a enfrentarlos y ponerle fin a su reinado? Imagino el epitafio del líder del movimiento: «¡repas de cualquier barrio, uníos!».

Otros relacionados:

La primera guerra de las tribus urbanas (I)

La primera guerra de las tribus urbanas (2)

El duelo de las tribus urbanas

¿Se enamoran las mikis?

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El primero en cumplir los 30

los-tres-mosqueteros

Por Rodolfo Romero Reyes

Siempre supimos que él sería el primero en cumplir 30 años, así como sospechábamos que Mabel sería la última (Mabel o Celia, no recuerdo bien). Lo cierto es que ahora, ya es un hecho: Pedro, uno de mis dos hermanos inseparables de la Universidad, acaba de cumplir 30 años.

¿Cómo un amigo se convierte en hermano? Bien Camilo Santiesteban podría dar toda una conferencia sobre el tema o Yuset Sama explicar desde su experiencia en curso. Esa no es una designación que se da por decreto. Sencillamente, lo sabes, te das cuenta.

Revisas tus fotos durante 5 años. Las tienes en carpetas, clasificadas. Ellos, tus hermanos, salen en todas las instantáneas. Si alguien te pregunta por tus mejores recuerdos, aparecerán como protagonistas o como aquellas personas a las que siempre les contabas tus secretas o no tan secretas hazañas.

En el caso particular de Pedro, la cosa va más allá. Si me piden que muestre mi incipiente labor como realizador audiovisual no hice ni siquiera un corto en el que él no apareciera como coautor. Compartimos todos los trabajos prácticos, los inicios de la Papilla, los proyectos de investigación, la pincha con Garcés en Privadamente Público y creo que no hicimos la tesis juntos porque ya eso sería demasiado.

Nos conocimos una vez, en casa de María Antonia. Él venía de ser el título de oro de su tecnológico en informática y yo el creyente de la Lenin (fueron percepciones iniciales de ambos, totalmente falsas). Nos unieron sentimientos políticos, lealtades, ganas de trabajar y cambiar el periodismo —y de paso el mundo—, construimos el grupo de amigos y amigas más lindo que uno pudiera desear si estudia periodismo en la Facultad de Comunicación. Por eso cuando nos propusimos recuperar después de 4 años la raptada Copa de cultura, lo hicimos juntos, yo como Presidente de la FEU y él como Jefe de Cultura. Aquello fue un plan estratégico cuyas bases hasta hoy continúan desclasificadas.

En fin, no debo seguir recordando hazañas. Por supuesto, tampoco momentos tristes, que también hemos compartido juntos. Hablaré de su cumpleaños, porque dentro de un año vendrá el mío. ¿No es así, Pedri?

Cumplir 30 es algo especial porque uno así se lo impone. Cuando llegue mi momento creo que organizaré un mes de celebraciones. No imagino como habrá sido su cumple allá en México, donde pronto será Máster en Narrativas Transmedia y otras Brujerías. En cambio, si visualizo como hubiese sido aquí.

La flaca hubiera prestado su casa en San Andrés, Celia llevaría su grill, Cárol se disputaría con todos para tener el detalle más creativo y cariñoso, Brenda le hubiese dado algún regalo “intensamentebrenda”, Mabel hubiese querido jugar al dominó con él y ganar y ganar y ganar, Urbino llegaría tarde pero en su carro, probablemente le hubiese dado botella a Abdul que no faltaría bajo ningún pretexto, Lima, por supuesto, no lo felicitaría, y el Licen y yo, nada Pedri, te daríamos un abrazo para salir de ti, porque sabes que no caemos en sentimentalismos baratos.

La fiesta empezaría en San Andrés pero terminaría en Playa, en esa casa que nos acogió como parte de la familia de Vicky, de tu papá, de tu hermano miki, de tus primos —especialmente de tu prima—, y de tus tíos… también de tus abuelas, siempre con nosotros.

Sería una gran fiesta. No lo duden, el homenajeado terminaría con la cara en el contén, como tantas veces en la UH. Lamentablemente nos separan geografías, trabajos, familias nuevas… pero cumplir 30 es importante. Y por eso, aunque no pudimos organizar la súper fiesta, comparto estas líneas como regalo, el que te prometí el viernes que tendrías el lunes, y que publico hoy martes. Un abrazo, mi hermano, para ti y para todos los miembros de eso grupo de Periodismo que, aunque no los mencioné a todos porque éramos 46, hubiésemos celebrado tu cumpleaños.

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Sigo sin querer tu piropo

piroposPor Karen Alonso

Tomado de SEMLAC

Hace un tiempo escribí un artículo para el sitio digital Cubadebate sobre el abordaje callejero del que son víctimas muchas mujeres por parte de hombres. La historia estaba basada en experiencias propias y narraba un tipo de acoso al que fui sometida en pleno día, mientras esperaba una guagua. Traté, a través de la vivencia, de colocar en debate un asunto harto conocido socialmente.

Sin embargo, no me limité a hablar del acoso sexual como forma de violencia de género; la intención también fue develar otras maneras que, no por naturalizadas, constituyen una laceración menor a la tranquilidad y dignidad de las mujeres que transitan diariamente por las calles cubanas. Me referí, además, a los piropos, algo que, visto desde la lógica nacional, podría parecer un tema superfluo, innecesario y extremista (si se tiene en cuenta que los catalogo como agresión).

Comparados con crímenes, violaciones en tiempos de guerra y prácticas tradicionales de mutilación de genitales femeninos, los piropos parecen “casi inofensivos”. Pero desatan pasiones. Vale retomar el artículo de Cubadebate que suscitó gran cantidad de comentarios de lectores y lectoras, los cuales fueron en su inmensa mayoría negativos e incluso agresivos.

Tal vez el tono apasionado del escrito dio paso a generalizaciones que bien he aprendido no hacer, pero la preocupación por una reacción tan apabullante motivó que recurriera a esta secuela de “No quiero tu piropo”. Mi objetivo no es retractarme o disculparme. Sencillamente, propongo reabrir el debate.

Me gustaría compartir algunos de los comentarios recibidos por declararme en contra del acoso sexual callejero, práctica en la cual también entran algunos piropos: vulgares, agresivos, de sujetos desconocidos:

Stg del mundo dijo: (…) demonizar el piropo tampoco es la solución dada la naturaleza sociable del cubano. Esta forma de cultura popular ya casi podría interpretarse como un arte o una forma de poesía cuando se genera desde el respeto y la admiración sincera a los atributos que adornen la belleza de una mujer (…).

Un cubano más dijo: Karen, sería también interesante que escribieras algo sobre las mujeres (que no son pocas) que salen a la calle sin ningún pudor con licras sumamente apretadas, transparentes o faldas excesivamente cortas.

Jesús Valladares dijo: Saludos, a muchas les gustan que se metan con ellas, eso alimenta sus egos. La mujer que al final del día haya pasado desapercibida, es mejor que reflexione.

Santiaguera dijo: Chicos !!!!!!! A todos aquellos que les gusten las mulatas de 1.80, caderas despampanantes, busto medio, labios y mirada sensuales, que camina contoneándose y que se sabe poseedora de innumerables atractivos, incluso para algunos no tan expresivos que se voltean para verme pasar ¡DÍGANME PIROPOS QUE ESO ME ENCANTA!

José M. Calero Gross dijo: Karen: al igual que los hombres, que se acicalan y tratan de lucir lo mejor posible para las damas, las mujeres lo realizan para lucir bien a los hombres… ¿o me equivoco?

J.U.H dijo: Me da la impresión al leer el artículo que la periodista esta tan enferma como el cochino que le enseño su miembro (…) ¿Por qué generaliza? ¿Será que no le gustan los hombres? Con todo el respeto que les tengo a todos los homosexuales de este mundo pero para mí detrás de un feminismo extremo siempre hay un lesbianismo.

Este tipo de respuestas son evidencia de que los patrones sexistas y discriminatorios, supuestamente anticuados, siguen vigentes. Si a una no le resultan deseables los acercamientos de hombres desconocidos, entonces automáticamente es una enferma, un bicho raro, o simplemente lesbiana. Y aquí, me gustaría subrayar lo de hombres desconocidos porque no creo que los halagos provenientes de amistades sean perniciosos.

En Cuba, y en gran parte de Latinoamérica y el Caribe, los piropos son un baluarte de la cultura. Estas “frases ingeniosas” son un símbolo de la galantería masculina y se asocian también a la sangre caliente, mezcla de diferentes pueblos, de los varones de este lado del mundo. Bajo esos argumentos, algunas personas justifican los acercamientos y asedios a las mujeres, en virtud de una identidad relacionada con el machismo patriarcal y la supremacía sexual del hombre. Siguiendo a la filósofa Seyla Benhabib, hacer uso de una defensa cultural respecto a prácticas discriminatorias supone un tratamiento desigual y exonera de la acusación a los perpetradores.1

La mayoría de los piropos callejeros son soltados por hombres, lo cual no invalida que existan mujeres que hayan practicado o practiquen esta forma de irrupción sobre cuerpos, mentes y sexualidades ajenas. Sin embargo, son preponderantemente masculinas estas insinuaciones sexuales, casi todas de mal gusto.

Aun así, hay quienes aprueban los piropos, siempre y cuando sean decentes y bonitos, y rechazan las frases vulgares de mayor contenido sexual. Lo que ambas proyecciones tienen en común es que nadie las solicitó, nadie las pidió. Seguramente hay muchas adolescentes y adultas que reciben de buen grado este tipo de acercamientos. No pueden culparse; hemos sido educadas en una sociedad patriarcal, con un desbalance en el poder que se le otorga a ambos sexos. Desde el punto de vista sexual, dicho poder reside en mostrarse, tal cual hacen los pavorreales. La sexualidad masculina se esgrime como arma cada vez que busca colarse, bajo la forma de piropo, en el espacio personal de una mujer.

Es cuestionable que se consideren como una oportunidad para flirtear, coquetear o buscar pareja. Siempre me he preguntado qué esperan los hombres que realizan tales actos, ¿que la mujer se de vuelta y le entregue el número de teléfono? Según Antonieta Moreno, cuando un hombre decide “lisonjear” a una mujer desconocida lo que subyace no es otra cosa que un juego de fuerzas.3 No se presupone una respuesta, ellos están en su derecho de “celebrarte”, de aproximarse, de entrar en tu espacio. Pueden valerse de muchos recursos: miradas que desnudan, chiflidos, roces, groserías, frases cursis. A ti, mujer, te enseñaron que más vale mantenerse callada ante una fuerza mayor que la tuya y que bien pudieras sentirte orgullosa de despertar el deseo viril.

Por demás, en muchas ocasiones se culpa a las mujeres y se culpa a su vestimenta como causa de las miradas lascivas y palabras morbosas de los hombres. De esta forma se reproduce la representación del cuerpo femenino como prohibido y como tentación perenne al “irrefrenable” deseo sexual masculino que no puede ser contenido.

Por otro lado, es discutible pensar que un piropo contribuye a elevar el ego o la autoestima. Pero aun si lo hiciera, no puede suponerse por ello que las mujeres somos seres dependientes, incompletos, necesitados de la aprobación del otro sexo. Contrariamente a lo que muchos piensen, no vinimos al mundo a tratar de agradar a otros.

Un punto que no ha sido comentado hasta el momento es el referente a la mal catalogada igualdad entre feminismo y lesbianismo. Sería demasiado extensa para este artículo una explicación al respecto, razón por lo cual más adelante me acercaré a las propuestas del feminismo en función de aclarar tales malentendidos.

Para finalizar, me gustaría dejar claro que las mujeres somos seres con el derecho a caminar tranquilamente por donde nos plazca, con la ropa que encontremos más confortable. No necesitamos la aprobación de un perfecto desconocido para sentirnos bien con nosotras mismas. No nos levantamos cada mañana esperando ser notadas y de seguro podemos arreglarnos solamente para decir frente al espejo: “Estás hermosa”.

Notas:

1 Benhabib Seyla. Las reivindicaciones de la cultura. Editorial Katz. Buenos Aires, Argentina. 2006. Pág. 153-154

Publicado en de Karen Alonso Zayas | Etiquetado , , , , | 2 comentarios