El suegro querido

Cualquier persona sensata evitaría escribir acerca de su suegro. No por temor a represalias, sino por los celos desbordantes de la suegra, que encontraría una nueva ocasión para afirmar que ella es la persona más prescindible del planeta. «Le compran cigarros, lo  invitan a cerveza, tragos de ron, y una no puede ni siquiera acompañar a su hija al altar porque la tradición impone que sea el padre», me parece escucharla con un discurso más alterado y sin una tan exacta secuencia gramatical.

Amén de la advertencia escribiré de este hombre tan… tan… tan difícil de definir con un solo adjetivo. Lo diagnosticaría con un leve trastorno de identidad: en su trabajo, todo el mundo le dice Carvajal; en la casa y para los amigos es Antonio; en cambio, cuando él se presenta dice: «Claudio, mucho gusto». Para nada es un agente encubierto, solo es un tipo que sabe aprovechar, como ninguno, el hecho de tener un nombre compuesto y un apellido con resonancia.

Padre de psicóloga, no le gusta que le reestructuren el campo. Padre de economista, es rápido sacando cuentas: durante una comida en la pizzería «El Bosque» la cuenta fue 78 y dijo a la velocidad de la luz: «Redondeando, 85 pesos».

Su mayor mérito ha sido —gracias a su porte y aspecto, y al tono infalible con que pronuncia: «buenos días», «compañero» y «correcto»—, que aquellas personas que lo conocen por primera vez, crean que es de esos tipos con habilidades para desarmar un equipo electrodoméstico o poner una tubería. Nada más lejos de la verdad.

De vasta cultura, eso sí. Ha incorporado en su vocabulario palabras que, al menos en mi barrio de Guanabacoa nunca se utilizan: departir, ignoto, malquistar. Ha llamado al 106 para denunciar un hurto, en vez de un robo con fuerza. Cuentan que, en sus olvidados años de servicio militar, gustaba leer el diccionario, de ahí le viene el trauma. Entre las moralejas de la vida que enseñará a sus nietos destaca: «guardia brindado, muere reventado».

Precavido al límite. Tiene calculada las vías de escape para el día que ocurra un incendio en el edificio. Camina con los ojos alertas para que no le caiga encima algo que tiren de un balcón. A sus hijas, desde pequeñas, les enseñó a meterse en el closet del cuarto más seguro de la casa, con casco y todo, en momentos de alarma ciclónica. A ellas, ya universitarias, recomendaba que antes de pernoctar en una habitación ajena revisaran lámparas, espejos, falsos techos y tomacorrientes, en busca de una microscópica cámara de video.

Sus dos frases más celebres datan del quinquenio pasado: «para ser mujer, tengo buenas piernas» y «el último domingo de mayo cae en junio». El día del cumpleaños de sus sobrinos jimaguas, cuando alguien comentó que Diana cumplía 25 años, enseguida interrogó: «¿y cuántos cumple David?».

No se le dan bien las indirectas. Mi cuñada viajó a China por su trabajo y sin que hubiesen pasado dos minutos de su salida, se viró para su otro yerno y le espantó en el rostro: «Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿te vas para tu casa o piensas quedarte aquí?».

De todas sus cualidades admiro su responsabilidad con el trabajo. Admito que a veces se pasa. Cuando llueve, por ejemplo, sale en su moto con chapa particular. «¿Por qué no usas el carro?», le pregunto. «¿Acaso no percibe que llegará entripado en agua?» Su respuesta es tajante: «Tú estás loco, chico; me mojo yo pero el carro hay que cuidarlo».

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Mi primera vez con las narrativas transmedia

Ahora que las narrativas transmedia son parte de mis conversaciones cotidianas, al menos cuando estoy en clases, quiero comentarles cómo ha sido mi primera vez con ellas. Todo empezó con Beatriz Pérez Alonso, una gurú de los medios digitales y las redes sociales en Cuba, y un video que compartió en uno de los tantos espacios en los que acostumbra charlar con quienes no somos tan duchos en la materia.

El video comienza diciendo: «Algo está cambiando. Hoy contar una historia es la mejor herramienta para crear vínculos emocionales con nuestra audiencia. Pero cada vez más los consumidores buscamos experiencias desde diferentes dispositivos, por eso las historias se cuentan y se siguen de formas diferentes. Así nace el Transmedia storytelling (narrativa transmedia) o cómo contar una misma historia pensando en un conjunto, adaptada a todo tipo de plataformas, medios y dispositivos para conseguir crear una experiencia de entretenimiento diferente para el usuario».

La fascinante historia de la Cenicienta, ahora contada de una forma muy diferente, arroja algunas esencias:

 

  • Se necesita un contenido líquido, adaptable, para distribuir por todos los medios disponibles.
  • La historia contada requiere diferentes niveles de profundidad, de acuerdo a los distintos niveles de implicación de cada usuario.
  • Las estrategias transmedias crean un vínculo emocional fuerte con la audiencia, generan repercusión mediática y construyen una audiencia que participa del propio relato.

Para los fans de esa imagen que hemos visto en policiacos, series como el Doctor House o eventos deportivos en los que un policía, médico o entrenador de voleibol dibuja en una tablilla o pizarra sus estrategias, el nuevo reto quedaba servido: no más contar tu historia escribiendo en un trozo de papel o tecleando tu laptop, tampoco tomándote un selfie o haciendo un pequeño documental con los dispositivos que tienes a tu alcance. Llegó el momento de atrapar a las audiencias y hacerlas partícipes de tu relato, de diseñar universos narrativos donde cuentes tres, cuatro historias, diferentes, interconectadas entre sí, donde los usuarios —tus públicos metas— puedan navegar a través de cada una de ellas, y participar de ese relato dibujado en la pizarra de tu cuarto, usando plumones de acrílico, enlazando círculos, trazando flechas, soñando todo un universo comunicativo.

Decía Jorge Carrión —en su artículo «La lección final de Juego de tronos»— que vivimos una «época de audiencias hiperactivas y a menudo cocreadoras». Entonces para quienes no venimos del cine o la literatura, sino de la Comunicación, el desafío implica una nueva forma de asumir campañas, estrategias. A esa pensamiento estratégico —que trabajo nos ha costado incorporar a nuestras prácticas comunicativas— hay que sumarle un componente transmedial, narrativo y participativo.

Entonces, la cercanía del 10mo. aniversario del proyecto Escaramujo —empeño al que nos dedicamos un grupo de amigos universitarios, tanto estudiantes como profesores— devino nueva motivación. Apareció Idalis, estudiante de 4to. año de Comunicación Social, con la idea de hacer una tesis que tributara al proyecto.

La mayoría de las investigaciones que se han desarrollado desde Escaramujo —26 tesis de licenciatura hasta la fecha— se relacionan directamente con la Psicología Social, la Psicología Educativa y la Comunicación para el Desarrollo. Solo en dos ocasiones, se han incorporado experiencias relacionadas con el diseño de estrategias (Dunia Cruz, 2013) o campañas publicitarias (Marlen Berrio, 2015). La propuesta colegiada con Idalis, concluyó en el diseño de una campaña publicitaria basada en narrativas transmedia.

Una vez decidida el tema, empezamos a estudiar. Contamos con la ayuda de dos amigos cercanos el periodista y realizador audiovisual Pedro Enrique Moya, quien se llegó hasta La Habana para compartirnos sus experiencias de narrativas transmedia sobre Los brujos en México, y el comunicador Randdy Fundora, quien en sus tesis de licenciatura había analizado la concepción metodológica de otras tres experiencias foráneas y transmediales desarrolladas de forma satisfactoria.

Entendiendo los aires de transdisciplinaridad que empezó a tomar la experiencia se hizo necesario que en el equipo que participaría del diseño de este universo narrativo participaran, aunque no a tiempo completo, colegas de varias disciplinas: Glenda y Gipsy, por Institucional; Beatriz y Beatriz, sin ser redundantes, por Medios; y yo, por Desarrollo. A tiempo completo estarían Idalis, y parte de esa gran familia que es el proyecto Escaramujo.

Así empezaron nuestros primeros pasos narrativos. Plumón en mano, nos inventamos 5 historias, 4 que corresponden a los ejes temáticos de la campaña —que a su vez se relacionan con las líneas de acción del proyecto— y una que funciona como introducción, enlace, continuidad del universo, a la vez que contiene el producto comunicativo que registra toda la campaña.

Concluyó la fase de planeación. Ahora empieza la implementación. Por tanto, pueden deducir que esta, mi primera vez, aún no concluye. La mayor responsabilidad será de Idalis, quien ya comenzó. En mi rol de tutor solo me queda acompañarla y aportar alguna que otra idea en esta construcción colectiva. Como me siento parte de esa audiencia correlatora que ya empieza a nacer, aquí les comparto mi experiencia por si alguien quiere sumarse.

Como decimos por estos días: #HazQueTuHistoriaCuente.

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La guerra «dracarys» de las tribus urbanas (segunda parte y final)

Cuando muchos avizoraban el fin del reguetón en los Siete Reinos, y la miki Daenerys parecía destinada por la providencia a conquistar el Trono de Hierro, una amenaza mortal hizo reaccionar a las tribus urbanas: el avance indetenible de los Dancing Walkers (DW). El Rey Fabré — ícono de la música popular bailable, quien había sumado a su séquito a uno de Los Ángeles, uno bonitillo ahí, de ojo azules, que rompió con la música pop — , había anunciado en su Muro — de Facebook — , que iba tras El Cuervo.

Por su parte JS, en una borrachera épica, había descargado con la famosa miki. No bastándole semejante desagravio a la cultura repa, la llevó hasta Invernalia, cosa que a Sansa ToGucci no le hizo ninguna gracia. Después de tomar mucho ron en una fiesta donde, aparentemente, todos hicieron las paces, decidieron que, antes de irle pa´ rriba a los vulgares del trap, había que acabar primero con los DW. Todo estaba previsto para lo que suponíamos sería el gran combate, hasta que el chivatón de Sam le fue con el cuento a JS que por sus venas corría también sangre miki.

Mientras, en Desembarco del Rey, Cersei Lannister, autoproclamada reina del trap, ante la lejanía de su amado Jaimaluma — quien también andaba en el fetecún de Invernalia con tremenda rubia — , no le quedó otro remedio que morir con JeiBalvin.

El gran concierto de Laura Pausini sirvió como escenario para que en plena Ciudad Deportiva de Invernalia, se enfrentaran los DW y el resto de las tribus urbanas. El Cuervo retó al Rey Fabré. Mientras transcurría la tiradera entre ellos, JS y Daenerys se pasaron la noche discutiendo con Los Ángeles — los dos leales mikis y el de los ojos azules — . Fabré se impuso sobre El Cuervo y estuvo a punto de robarse los aplausos del público. Justo en el instante en que versionaba «Normalmente», gritó con susto: «¡Niñaaa!», al ver que Arya ToDuraka saltaba sobre él y le hacía poh poh poh con una daga de acero valyrio. En aquel concierto agonizaron íconos legendarios de las tribus urbanas como Jorah, El Temba, y la joven promesa del reguetón, su prima, Lyanni, La Musa; gracias a su heroísmo murieron todos los Dancing Walkers, incluyendo al ángel de los ojos azules.

Después del concierto, y antes de partir a la última batalla, JS le contó su origen miki al resto de Los cuatro; realmente a Sansa y a Arya, porque ya El Cuervo lo sabía. Durante el avance de las tropas mikis y repas para poner fin al trap, JeiBalvin en una emboscada mató a uno de Los Ángeles y capturó a la mulatísima Missandei. Cuando finalmente la rubia miki llegó a las puertas de Desembarco del Rey, exigió el cese del trap, argumentando que la música pop había convencido a los repas para construir un futuro mejor al lado de los inmaculados mikis. Cersei le indicó a uno de sus secuaces que, de un espadazo trap-ero, le arrancara la cabeza a la mulatísima y puso fin al debate.

JS — que se sentía repa, pero se sabía miki — no quería traicionar a Daenerys, pero la rubia se arrebató. «Siempre dracarys, nunca indracarys», murmuró mientras destruía el trap de principio a fin. Bajo los muros de aquel otrora imperio musical yacieron para siempre los cuerpos sin vida de Cersei, JeiBalvin y el mismísimo Jaimaluma.

Sin el peligro del trap, la más miki de las miki, superficial entre superficiales, chica pink y reina del swing, se dirigió — con el único sobreviviente de Los Ángeles — , hacia el trono. En ese instante, JS — recordando aquel «barrio que le vio nacer» y su origen repartero de Invernalia — , sacó de su bolsillo un punzón y lo clavó en el pecho de la chica. El ángel, asustado, echó fuego por la boca, derritió el trono y salió volando de allí.

Después de aquel desenlace inesperado, representantes del Ministerio de Cultura se reunieron para elegir cuál tribu urbana reinaría en los Siete Reinos. Tyrion, único representante del trap, sugirió que fuese elegido de forma democrática; Sam, el chivato, propuso el voto directo; y el jefe inmaculado de los mikis que sobrevivieron a la debacle, juró acatar lo que decidiera la mayoría.

Los candidatos no fueron otros que Los cuatro, descendientes del inolvidable Eddy K. Lejos de todo pronóstico, eligieron a El Cuervo, cuyo único mérito radicó en esperar sentado mientras Arya ToDuraka y JS hacían el trabajo sucio contra Fabré y la miki, respectivamente. Sansa ToGucci, fiel a su formación repa feminista, declaró su independencia y lanzó su carrera en solitario.

Así, con Sansa reinando en el Norte, El Cuervo al frente de los seis reinos restantes, JS sumando adeptos entre los hombres libres de tendencias musicales y con Arya ToDuraka en un barco repleto de bocinas rumbo al nuevo mundo, garantizaron al reguetón y a la tribu repartera, su eterna presencia en la historia de la humanidad.

 

Nota: Aquí puedes leer lo que ocurrió en las primeras siete temporadas (PRIMERA PARTE)

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La guerra «dracarys» de las tribus urbanas (primera parte)

Los Siete Reinos de Westeros estaban unificados bajo el mando de Roberto, quien sentado en el Trono de Hierro, creía tener el control del imperio cultural de la música popular bailable.

Un día nombró como «El mío del Rey» a un temba repartero. Este legendario caballero, Eddard Stark, abrevió su nombre y empezó a firmar los papeles reales como Eddy K. Paradigma inigualable entre los reguetoneros de Invernalia, El Mío tenía muchos seguidores. Alerta de spoilers: la dinastía de Eddy K derivaría en el reinado de Los cuatro: Arya ToDuraka, Sansa ToGucci, El Cuervo y JS.

A Cersei, la primogénita de Bad Bunny — padre de los Lannister y del traptón — , siempre le gustaron mayores y por eso seguía empatada con Roberto, aunque lo tuvo que envenenar para heredar su fortuna y sentar en el Trono de Hierro a su hijo Joffrey, quien por la pobreza del lenguaje, vulgaridad innata y actitudes machistas reprochables, clasificaba como el futuro del trap en la Isla.

El Mío, había descubierto que a la Cersei le gustaba colarse sin pijamas en la cama de su hermano Jaimaluma, pero no pudo contárselo a nadie pues el Joffrey le hizo poh poh poh, acabando así su reinado musical. Tiempo después, el hijo mayor de Roberto se suicidó en defensa propia por bailar el guachineo con la punta del pie en su propia boda. Sus tíos Stannis Vanvan y Renly Calzado, armaron cierta bulla con Yeny, La melisandre — otra salsera del reparto — , pero sus temas no tuvieron mucha aceptación.

Mientras, en el otro extremo de Westeros, los mikis Targaryen pusieron un bar con Khal Drogo, líder de los dothraki, hasta que una bruja de la ONAT le echó a perder el negocio por evasión fiscal. La única sobreviviente de la redada fue Daenerys, quien con sus tres dragones color pastel grabó su primer demo de música pop. Enseguida un grupo de sponsors de la ciudad de Qarth le aconsejaron que reconsiderara el nombre de los tres dragones y ella accedió a bautizarlos como Los Ángeles.

Joffrey se casó con una hippie de apellido Tyrell y a Sansa ToGucci la obligaron a contraer nupcias con Tyrion — principal organizador del concierto de Aguas negras — . Inspirado en ambos matrimonios, Jaimaluma compuso su hit «Felices los cuatro», sin sospechar el trágico final que se avecinaba: Joffrey envenenado, Sansa raptada por el temba Meñique y violada por el emo Ramsay Bolton, la hippie explotada por vender flores sin licencia y Tyrion perseguido después de ajusticiar con una ballesta a Bad Bunny. La canción y el videoclip fueron censurados y como castigo a Jaimaluma le cortaron una mano.

De todo el piquete repartero la única aplicada era Arya ToDuraka. Había disfrutado de una infancia feliz rodeada de mascotas, primero un husky siberiano y después un perro llamado Gregor. Llevaba consigo una lista de sus tareas pendientes, practicaba deportes — esgrima, con su profe Syrio Forel — y fue la primera mujer que matriculó en el curso de Los hombres sin rostro, impartido por Jaqen H’ghar, en el cual obtuvo notas brillantes. Pese a esta correcta formación, debutó como joven promesa del reguetón en Invernalia.

El Cuervo se mantuvo en bajo perfil, compartiendo escenario con Hodor, un repa colosal. Por esas fechas, se presentó en lugares inhóspitos como el Liceo de Regla y el Anfiteatro de Guanabacoa. Allí supo de los Caminantes Bailadores (DW, por sus siglas en inglés) y de su cabecilla el Rey Fabré, quien tenía la fama de cantar música popular bailable en una tarima hasta bien entrada la madrugada, momento en que los Dancing Walkers terminaban felices y con los ojos azules producto del alcohol y de las improvisaciones de Fabré.

Por su parte, JS empezó de agregado con el grupo Gente del Muro, encabezado por el carismático Mance Rayder. Enseguida gozó de gran popularidad entre los hombres y mujeres libres que vivían más allá de la frontera. Retó en una tarima al mismísimo Fabré, y de allí surgió el popular: Aló Baby. Sus colegas repas, molestos por su incursión en la salsa, aprovecharon un momento de calentadera en el concierto y le cayeron a puñaladas.

Cuando Yeny, La Melisandre, supo que un grupito de repas había apuñalado a JS exclamó: ¿Qué cosa? y buscó una pócima que había elaborado su padrino. Con esa mezcla de sandunga, JS revivió, logró la paz entre los hombres libres y los repas del muro. Entonces se percató de que, antes de sacar del juego a sus enemigos del trap, los Lannister, tenía una batalla más urgente: acabar con Fabré y con los carnavales. Para ello se unió a Sansa ToGucci y, antes de unir a todos los repas de Westeros, decidió deshacerse de un piquetico de emos, encabezados por el cruel Ramsay.

Al cierre de este relato, los Dancing Walkers avanzaban a paso de conga; Arya ToDuraka le hacía poh poh a cada uno de sus enemigos; JS era elegido Rey del Norte, con Sansa a su lado; y Cersei se había autoproclamado la reina del trap. Por su parte, la miki Daenerys, Los Ángeles y su representante — la mulatísima Missandei — pegaban el hit «Cuéntale a él» y ganaban así el respeto de miles de mikis inmaculados. El éxito de la rubia es tal, que muchos ven cercano el fin del reguetón en los Siete Reinos y piensan que los repas están destinados al fracaso.

Continuará…

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Amantes de libros

Un libro puede tener un noviazgo, incluso, hasta un feliz matrimonio; sin embargo, no es lo más común en el mundo de la literatura. Estos seres imprescindibles, de páginas adheridas, lomo, solapa, portadillas, cubierta y contracubierta, prefieren tener amantes. Hablemos entonces de ellos: los amantes de libros.

Tienen raras manías, como esa de hojear un volumen recién salido de imprenta, justo frente a sus narices para sentir ese olor inconfundible a nuevo, a literatura, a complicidades innumerables. No se suscriben a gremios específicos: abogados, psicólogos, médicos, custodios, jóvenes que pasan el servicio militar, adolescentes reparteros, creyentes y no creyentes, millonarios, prostitutas… cualquiera puede clasificar como amante y cada uno guarda con celo una historia interesante de por qué y cuándo empezó su incondicional pasión por los libros.

En época de nuevas tecnologías, son consumidores de tablets, readers y cualquier otro artefacto que facilite la lectura, pero no abandonan a sus amores de siempre: los impresos, tengan o no la tapa dura, sean de papel gaceta, bond o bulky cream, viejos o nuevos, primeras ediciones o reimpresiones. Los amantes son fieles, leales.

Rara vez son monógamos. Quien ama a un libro, ama a dos, a tres, a diez. Esa actitud promiscua no es para nada criticable porque este ambiente literario no se rige por las mismas normas sociales que organizan la vida en colectivo. Para ellos, por ejemplo, está permitido robar. Nada de reproches, todo lo contrario. Lo sustraen sutilmente de una feria de libros, una librería o la biblioteca personal de algún conocido; es la forma de materializar amores imposibles.

Cuando se trata de ejemplares únicos y cotizadísimos, hay quienes, como Pablo, los prefieren compartidos.

Los amantes desprendidos prestan los suyos a riesgo consciente de no recuperarlos jamás; les queda el consuelo que quedó en manos de otra persona enamorada que comprometió su corazón. Los otros, radicales, no los prestan ni a sus mejores amigos; ponen el amor por encima de la amistad.

Un buen amante se ocupa de que sus pasiones queden a buen resguardo. Construyen libreros gigantes que organizan y limpian de polvo cada mes. No pueden verlos botados en la calle; los recogen, los restauran, aun cuando sean de temáticas ajenas a sus intereses.

Existen casos clínicos de quienes son tan consumidos por esta relación adictiva que sueñan con escribir uno, para amarlo tanto como a los otros, para que otras personas amen al suyo también.

Otros soñadores, con igual ímpetu y pasión, prefieren ilustrarlos, editarlos, traducirlos, imprimirlos. Y allí, con sus bocetos, con sus manuscritos tachados, armados de musas y diccionarios, o detrás de una imprenta que hace un ruido mágico, esperan ver el libro nacer.

¿Y quiénes los comercializan? ¿Qué siente esa carretillera que todas las mañanas saca los libros del almacén? ¿Y aquel bibliotecario que día a día espera a que otros vengan a pedir prestados sus más sagrados tesoros? ¿Los maestros, los padres que leen a sus pequeños antes de dormir, los cuidadosos que abren el libro a más de 180 grados por suponerlo sacrilegio?

Todos, sin excepción, viven locos de amor; y disfrutan, como nadie, el tierno pecado de tomar en sus manos un libro nuevo, hojearlo justo en frente de la nariz y sentir ese olor al que se volvieron inexplicablemente adictos.

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Intrépida y espontánea

No recuerdo la primera vez que reparé en el largo de sus vestidos; aunque siempre los supuse cortos. Si Arjona la hubiese conocido, ya estuviéramos escuchando una versión de su famosa canción, inspirada en esta mujer de las cinco décadas. Atractivos, muchos, sin duda. Su cualidad más evidente, esa energía quinceañera que la lleva a andar siempre con «los lazos puestos», como ella misma suele decir. Sus entretenimientos: el gimnasio y las salidas. Sí, esto último, sin muchas especificaciones. Le sirven conciertos de jazz, funciones de ballet y teatro, conciertos de Pablo en el Karl Marx o de Silvio en un barrio capitalino; Cimafunk en el Pabellón Cuba o los Orishas en el Parque Almendares. Le decimos Berti y es un alma libre.

Debo aclarar, solamente puedo dar fe del largo de sus vestidos y no más allá. De lo otro sí pudieran hacerlo tres custodios, dos albañiles y una secretaria de su centro laboral; los seis fueron testigos del día fatídico en que el defectuoso pestillo de la puerta delantera, la obligó a abrir el maletero de su auto y trepar en cuatro patas hacia el interior. Ella, tan intrépida y espontánea; enseñó ese día más de lo normal. Porque sí, también es descuidada.

Su anécdota más singular data de una noche de cita en el Vedado capitalino con cierto pretendiente. Aunque se trató de una linda velada, al final, tajantemente, cortó las alas del enamorado cuando le dijo que no se quedaría a dormir con ella. A esa hora — 3:00 a.m. — el joven intentó convencerla primero a ella, y luego a los custodios del edificio en el que había guardado su moto, pero en ninguno de los dos casos obtuvo respuesta positiva. Teniendo en cuenta la hora, ella propuso adelantarlo y cuando el hombre pensó que al menos el empujón sería hasta la Virgen del Camino — sin adentrarse en su San Miguel de residencia — , Berti lo dejó en Línea y G, en la parada del P-2. Sin excusas, ni siquiera inventó que no tenía gasolina. Ella es así, repito, espontánea.

Si quisiéramos señalarle un defecto, sería su nivel de exigencia. Sobre todo para aceptar pareja. Sí, el desafortunado del que antes hablé, no fue el primero, y mucho menos el último, en recibir semejantes desplantes. La culpa no es de ellos, sino de esa lista interminable de requisitos: debe tener casa (porque no quiere meter a nadie en la suya); buen físico; nivel cultural alto; adecuado porte y aspecto; saber lavar, planchar y cocinar; le debe gustar el jazz y no molestarle el largo de sus vestidos; no tiene que tener transporte, pero debe estar dispuesto a irse en guagua de madrugada; y el más importante de todos: no puede tener faltas de ortografía. Con eso, Berti es intransigente.

Sus amigos le hemos aconsejado que flexibilice un poco; al menos con el jazz. Con semejantes cualidades quedan pocos hombres en Cuba, y esos tienen esposa, o maridos, según el caso. Por estadísticas, la Berti tiene pocas posibilidades; pero ella confía en su instinto y sigue a la espera.

Hace apenas unos días tuvo un romance intenso con uno que ya había sido advertido por el grupo de amigos. Seguro de sus cualidades, decidió apostar por el amor con Berti y atrapó su corazón, o al menos, una parte. Su única debilidad era la ortografía, por eso evitaba dejar notas escritas a mano o utilizaba la herramienta de revisión ortográfica de su celular para los mensajes de texto. No quería que nada saliera mal, porque estaba flechado por mi amiga.

En la primera noche de sexo, casi al concluir la que pudo haber sido la cita perfecta, durante uno de los momentos climáticos, el suspiro de aquel hombre le jugó una mala pasada:

— ¡Ay!, ¡qué rico!

Ella, intrépida y espontánea, lo interrogó:

— Pero, ¿con h o sin h?

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Normalmente, niña

Por Rodolfo Romero Reyes

No es solo su ritmo contagioso, la creatividad de sus letras, el uso de nuevos códigos comunicativos o la frescura de sus videos musicales. Algo adicional le garantiza al reguetón la trascendencia: su arte para rimar.

Los decimistas pusieron la parada bien alta. Su obra presume: 10 versos, 8 sílabas cada uno, rimas consonantes perfectas: primero, con cuarto y quinto; segundo con tercero. Los autores de sonetos hicieron otro tanto. ¡Pobres poetas de versos libres, intensos, dramáticos, sublimes, pero sin destreza para los finales exactos!

Por eso los iniciadores, los padres del género, no perdieron tiempo en licencias poéticas y apostaron por rimar a toda costa. Don Omar, optaba desde un inicio por rimas fáciles: «Subió el balón, / cuidao ahí domina Don. / Amárrate los tenis, comenzó la acción. / Control total de la situación / pues no es lo mismo que driblees tú, a que la baje Don». Incluso, en esa misma canción «Donqueo», lograba rimas en ¿inglés?: «Hey, sorry por el turnover. / No lo viste venir, te maté en el crossover. / Si me empata, aunque lo dudo, nos vamos al over».

Por su parte, Daddy Yankee, en aquel tema que constituyó himno regional en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana —«La gasolina»—, apostó por una rima para nada fácil y logró componer: «Ella prende la turbina. / No discrimina. / No se pierde ni un party de marquesina. / Se acicala, va pa´ la esquina. / Luce tan bien que hasta la sombra le combina. / Asesina, / me domina. / Janguea en carro, motoras y limusina. / Llena su tanque de adrenalina / cuando escucha reguetón en la cocina».

Sin embargo, él también fue víctima del mercado y terminó jugándonos cabeza con rimas bastante forzadas como: «Seguroski, cabroski, que todas las gatas se agarren los meloski, (…) esta noche nos fuimos al garetoski».

Con el paso del tiempo se notó cierto declive en las composiciones foráneas. En la canción «Ay, mi Dios», de Yandel, El Chacal, Chino y Pitbull; este último optó por el facilismo al rimar con ¿la misma palabra?: «Te deseo lo mejor, que todo sea perfecto; / tú no puedes con mi vida, bueno, mami, perfecto, / qué tú quieres que te diga que yo soy perfecto».

En el ámbito nacional no podíamos quedarnos atrás. En el afán por lograr rimas consonantes que resultasen insuperables nos inclinamos por terminaciones difíciles. Cuando parecía imposible encontrar palabras que rimaran con agua y que tuvieran un sentido lógico —insisto en esta última parte—, un grupo cubano pegó esta rima por toda la Isla: «¡Aceiteeeee! ¡Agua! / Yo soy una guagua, / cuidado que te cogen las jimaguas».

Otros, para quitarse este problema de arriba, han decidido modificar la terminación de las palabras. El promotor de esta «ideota» fue Osmany García quien para rimar decidió modificar un tanto algunos sustantivos y verbos: bayú, por bayuqui; luz, por luqui; todo, por tuti; boca, por bocuti; caliente, por calentuqui; disfrutes, por disfruti; y así logró componer su tan polémico hit: «Chupi chupi».

Cierro con una cita del último sencillo de Yomil y El Dany, junto a Wildey. Se titula «Normalmente». Obviamente —y vale la cacofonía en este caso—, la premisa que los inspiró fue mostrar su domino de los adverbios de modo.

«Normalmente / contigo voy a darme mi lugar, correctamente, / voy a dejarte tiesa y voy a echarme pieza, ricamente, / voy a hacer mi vida yo, lindamente / porque tú eres mala, mami, tú no sientes»; obsérvese como al final del estribillo se salen del facilismo, de lo predecible, para mostrar una rima asonante que impacta en el auditorio. Ellos saben lo que hacen, evidentemente.

 

 

Tomado de revista Alma Mater

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