El diálogo por la Paz de Colombia solo ha iniciado

Paz en La HabanaJohan Manuel Mosquera Góngora

Ahora todo el mundo sabe que en Colombia se quiere transitar por los caminos distintos al de la confrontación armada, buscando dirimir las diferencias a través de las vías de la concertación y el debate abierto. Al menos serían las intenciones en una lectura muy por encima de lo pactado entre el gobierno nacional de Colombia y una de las guerrillas con más larga historia en el continente. Aun cuando queden otros elementos armados, igualmente importantes, el acuerdo entre las FARC-EP y el gobierno nacional abre una posibilidad entre todos los colombianos para intentar plantar un país al alcance de más colombianos.

La insurgencia que hoy sella un pacto de no agresión bélica contra el ejército, es la misma que no pudo ser derrotada militarmente por uno de los cuerpos armados mejor financiados del continente y que en cuya persistencia por atacar o defenderse; ha demostrado tener la capacidad para generar recursos estratégicos para sobrevivir.

Lo hasta hoy pactado, guardando las respectivas dimensiones y visones de la política; es el resultado del diálogo es entre dos ejércitos: ambos recursos tanto económicos como humanos bien pueden ser destinados a las obras que tanto necesitan el país andino para atender las enormes carencias que presenta la mayoría de la población en el campo y la ciudad.

Por otro lado el gobierno que hoy pacta es el administrador histórico en Colombia.

Colombia no ha sido gobernada por nadie más. Aunque algunos discutan sobre si los gobiernos entre 2002-2010 fueron distintos, hay que decir que tanto en lo económico, la inversión en política social y el desarrollo de la infraestructura nacional, fueron igual de mediocres que el actual. Al igual que se mantuvo intacta la corrupción administrativa, y ni hablar de la violación a los derechos humanos.

En medio de todo este lodo, los directamente afectados han sido los colombianos y colombianas que en el día a día superviven en un país que niega las posibilidades de formas dignas para reproducir la vida.

La guerra ha impedido la gestión y autogestión de nuevas y dignas formas de empleo en el país, ha restringido la participación política (entiéndase que participar en política no es solo votar); y nos ha puesto en un marco donde la única opción ha sido el sálvese quien pueda sin importar la vida que me lleve por delante. No solo la humana, si no toda vida que por obra de la visión de país dominante lleva a cabo megaproyectos inconsultos, ventas indiscriminadas de recursos naturales que ponen en riesgo la supervivencia en los territorios.

La guerra con la insurgencia de las FARC-EP impide que temas como los antes mencionados sean tratados desde una discusión democrática hacia la construcción de un proyecto de país más allá de las mafias familiares incrustadas en los poderes nacional y regional.

El Sí a la Paz de Colombia implica para todos los colombianos y colombianas comprender que el diálogo para una paz estable y duradera solo ha iniciado.

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Libros de obligada consulta…

Colección_Che GuevaraTomado de Juventudes en Cuba

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Saludo inusual

Luis Reyes  Por Rodolfo Romero Reyes

—¡Me cago en La Habana, carajo!—, dijo el viejo emocionado de alegría al verme entrar por la puerta.

A sus 98 años y las frecuentes lagunas mentales, fue una suerte para mí que me reconociese.

Le llevé el libro. Por sangre, él es mi tío abuelo por parte de madre, pero por tradición, Luis Reyes es el gurú de la familia. Todos recurren a él en busca de consejos, reflexiones. Vive en Puerto Padre, uno de los municipios más lindos de Las Tunas.

Hasta allí llegué con Narrar Cuba. Sueño joven de un país. Me pidió que le leyera el título, sus ojos cansados no lo identificaban bien.

—Narrar a Cuba, mire usted—, dijo en voz alta.

—Son entrevistas a veinte jóvenes cubanos de todo el país. Hay uno que es de aquí de Las Tunas.

Se quedó pensativo un rato mientras lo ojeaba.

—¿Sabe por qué ustedes, los jóvenes, pueden narrar a Cuba? Porque antes que ustedes nacieran hubo alguien que la entendió primero y la narró después. ¿Sabes quién? Fidel Castro.

Hizo una pausa.

—¿Y cómo está Fidel?

—Bien, esperando su cumpleaños, ya son 90—, respondí sorprendido por la pregunta.

—Yo cumplo 98 el 15 de diciembre. Lo importante no son los cumplidos, sino los que faltan por cumplir. ¿Y su hermano? ¿Y su mamá?

—Mi hermano trabajando mucho, mi mamá bien, Luis. Todo por la casa está bien.

—Está bueno eso… Narrar a Cuba…

—No le dejó el libro porque tengo uno solo.Luis Reyes 2

—No importa. Cuando hagan el segundo, me lo regala. Hay que seguir narrando a Cuba. Más ahora. No se demoren mucho.

Le doy un abrazo y me dirijo a la puerta. Le tomo una foto. No tiene valor histórico, pero si familiar, al menos para mí. Espero no sea la última. Siempre es igual cada vez que salgo de su casa, me rodea la incertidumbre. Hay quienes van al Cobre, al Rincón, a la loma de la Cruz. Nosotros vamos a casa de Luis Reyes; porque la familia también es Cuba, es Patria, es bandera.

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Gerardo universitario

«Había que coger la 31, después la 68 hasta La Rampa y ahí una tercera guagua que me llevaba hasta Playa. El Instituto Internacional de Relaciones Internacionales (Isri) quedaba en 22 entre 1ra y 3ra. Imagínense que yo vivía en Arroyo Naranjo»
Tomado de Alma Mater

Gerardo irrumpe en la oficina. Hablamos de muchos temas, pero dedicamos un aparte a los tiempos en que estudió en el Isri. El hoy también Héroe de la República de Cuba recuerda con mucho orgullo sus años en la universidad.

«En mi formación como revolucionario la familia jugó un papel fundamental. Mi papá, a pesar de no haber sido combatiente de la Revolución, siempre fue muy comprometido. Mi hermana mayor también tuvo un lugar importante. Ella estudió como cadete en el Instituto Técnico Militar (ITM).

«Pero además de la influencia familiar, mi entrada al Isri abrió un poco más mi visión. Empecé a sentir los problemas del mundo como míos. Yo soy “nacido y criado” en Arroyo Naranjo, en una zona con muchos dilemas sociales de diferentes tipos. Prácticamente no había salido de ese medio hasta que ingresé en el Isri. Siempre había querido ser periodista; aunque un amigo me dijo que iba a llegar la carrera de Relaciones Internacionales, que tenía que estar atento.

«Recuerdo que había una muchacha que se llamaba Belinda, que era el primer expediente del preuniversitario. Un día nos preguntó por la carrera, y como sabíamos que vendrían pocas plazas le dijimos: “Ni te preocupes, que eso no sirve”. (Risas). La desanimamos un poco, y al final terminó estudiando Medicina y mi amigo y yo en el Isri.

«El primer día de clases alguien me explicó: “Tienes que coger la guagua 31, después la 68, te bajas en la última parada de Línea y esperas una 132 o cruzas el túnel a pie. Después las calles empiezan dos, cuatro, seis, hasta 22”. Hicimos eso y cuando nos bajamos de la 68 decidimos no esperar la guagua y atravesar el túnel. Lo que nadie nos había explicado que no era el de Línea, sino el de Quinta avenida. (Risas). «Me habían dicho: “Cuando tú entres, coges la acerita y cruzas”. Nosotros nos metimos por el túnel de Línea. Y dice mi amigo: “Oye, ¿y la acerita dónde está?”. Los carros nos pasaban por al lado —“fiiiuuuuu”— yo creo que fuimos los primeros en cruzar el túnel ese a pie.

«Eso te dice que yo no tenía mucha “calle” fuera de mi entorno, de la Güinera, Vieja Linda, Rosario, Arroyo Naranjo. Llegar al Isri me hizo conocer a un grupo de compañeros con una larga trayectoria como líderes de la FEEM, de la OPJM

«Yo había sido dirigente, pero a nivel de escuela. En esa época el Isri estaba abierto a compañeros de la Facultad Obrera, que habían interrumpido sus estudios por determinadas razones. Es decir, que coincidimos con estudiantes que ya venían con una formación importante.

«El intercambio con todos los muchachos egresados del preuniversitario; el contacto, la interacción con esos compañeros, que incluso formaron su núcleo del Partido allí, fue vital para nosotros. El Isri fue una escuela muy importante para mí, no solo desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales, sino desde mis valores y mi formación como revolucionario».

¿Cómo era la vida en el Isri en aquel momento?

«Teníamos un ambiente cultural rico. Hacíamos algo que le decíamos “fetecún”, era una especie de…, era una “gozadera”. Lo hacíamos sin justificación. Decíamos: “el sábado que viene vamos a hacer una fiesta aquí en la escuela”. Entonces organizábamos algo, pero lo más significativo era que cada grupo preparaba una actividad cultural como un sketch. Un día imitamos a Oscar de León y alguien hizo de camarógrafo; le incorporamos un guion para la entrevista, relacionado con cosas de la escuela, algo humorístico, con algunas críticas.

«El grupo de teatro se llamaba Teatro Nuestro y actuamos en varios festivales nacionales. Recuerdo que apenas entré en el año 1983, participé en mi primer Festival Nacional de Teatro. Estuvimos más de 24 horas para llegar a Santiago de Cuba, porque nos mandaron en el “tren lechero”. El regreso estuvo mejor, fue la primera vez en mi vida que cogí un avión. Teníamos algunos equipos deportivos, a pesar de que el Instituto era pequeño. También teníamos un coro».

¿Cantabas en el coro?

«No, no, no, (Risas). Lo mío era la actuación y traté en algún que otro deporte, pelota, pero era muy malo.

«El tiempo se lo dedicaba al teatro y a hacer el boletín. Se llamaba Chispa y gustaba mucho porque tenía, además de las cuestiones propias de la escuela, secciones de humor, chismes internos».

¿Dibujabas para Chispa?

«Sí, lo que pasa es que el soporte de Chispa era stencil. Entonces hacía algunos dibujos, muy rudimentarios, porque no había posibilidades.

«Una vez me fui para el Latino, y con un carnet de prensa que tenía, —gracias al trabajo en Aspirina como caricaturista en Tribuna de La Habana— llegué hasta el banco de los Industriales. Le digo primero a Marquetti, luego a Javier Méndez, a Medina: “Yo quiero que ustedes me den un autógrafo para un boletín que tenemos en el Isri”. Cuando saqué el stencil (Risas)… me dicen: “Y eso qué cosa es”. “Firmen aquí, les dije, aprieten duro”, y así salió impresa después la dedicatoria de ellos. Todavía estaba por ahí el número ese».

Con una vida tan dinámica, alegre, enamorada… ¿cuán difícil fue pasar tantos años injustamente en prisión?

«Hay muchas cosas malas. Lo peor es la lejanía de la familia, que mueran seres queridos, que nacieran mis sobrinos —a los que conocí cuando tenían ya como quince o catorce años—. No estar en los últimos años de mi madre, la angustia de ella. Eso para mí fue lo peor.

«Lo demás son experiencias que uno ve en prisión. Ver asesinar a alguien prácticamente delante de ti. Estar conversando con una persona ahora, como lo hacemos tú y yo, y diez minutos después verlo salir muerto. Son cosas que ni siquiera en Angola viví.

«Los otros presos, cuando se enteraban de que yo había estado en Angola, me comentaban con cierta admiración: “¡Tú estuviste en una guerra!”. Y yo decía: “Sí, pero yo no vi ningún muerto en Angola y aquí ya perdí la cuenta de cuántos he visto”. Son cosas para las que uno no se prepara».

A los jóvenes cubanos:

«Siempre hemos insistido en la importancia de conocer la historia de nuestro país. Al inicio de la entrevista, preguntabas sobre mi formación, y recuerdo algo que me marcó para toda la vida y fue cuando, siendo un niño, mi papá tenía un buró con llave y un día se le quedó una gaveta abierta. La abrí y saqué una colección de las primeras revistas Bohemia después del Triunfo de la Revolución. En ellas venían las fotos que les habían prohibido publicar durante los años de la dictadura. Fotografías de lo que se encontró en las estaciones de policía cuando fueron ocupadas por el Ejército Rebelde, los implementos de tortura; imágenes de cadáveres, de jóvenes asesinados, acribillados a balazos. Aquellos artículos influyeron de una manera tal que me propuse hacer lo que pudiera para que ese pasado no volviera a Cuba. Un muchacho que no conozca eso, no puede tomar una resolución así. No puedes crearte determinadas convicciones si no sabes ciertos elementos de tu propia historia.

«Me preocupa que algunos jóvenes no se interesen por estudiar la historia de este pedacito de tierra donde están parados. A veces uno se acostumbra a caminar por las calles y a pasarle por el lado a una tarja que está en una pared y ni se detiene a leerla.

«Existen jóvenes de 23 años, 24, que dicen les interesa el destino de su país, pero que ahora no es problema de ellos, “cuando sea mayor a lo mejor”… No se detienen a pensar la edad de Frank País cuando murió asesinado, o la de José Antonio Echeverría.

«Hay muchos jóvenes que se subestiman y se ven en ese escalón inferior cuando hablamos de los destinos de Cuba y del futuro del país. Quizás un poco de responsabilidad sea nuestra, por no haberles enseñado que ellos son los protagonistas de este proceso. No el futuro, sino el presente de la Revolución».

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Destino Argentina. Entrevista con Kaloian Santos Cabrera

Kaloian Santos Cabrera, entrevistado en Narrar Cuba. Sueno joven de un pais

 

 

Por Yohana Lezcano y Rodolfo Romero

Tomado de Juventudes en Cuba

Kaloián lleva cinco años viviendo en Argentina, pero sus fotos se publican sistemáticamente en Cuba y es su Isla un destino obligado cada vez que decide viajar de mochilero por cualquier lugar. Porque siempre vuelve por trabajo, proyectos o vacaciones, por lo activo que se mantiene en el mundo online y porque sus fotos salen en publicaciones cubanas, muchos piensan que todavía vive aquí y que solo está allá estudiando una maestría. El ánimo de conocer su realidad y sus sentimientos en torno al hecho concreto de vivir fuera de Cuba nos hace querer entrevistarlo. Le enviamos preguntas que, alega, no puede responder por escrito, pues anda de un lado a otro. Se graba a sí mismo durante un viaje corto que realiza y nos envía al email los audios comprimidos. Escuchar su voz hace que la entrevista resulte más cercana, como si estuviésemos sentados juntos en algún sitio de La Habana.

¿Cómo, por qué y para qué salir de Cuba?
Simple y llanamente salir de Cuba para conocer otros mundos, otras realidades, para responderse un montón de preguntas sobre el hecho de conocer básicamente. También para buscar aventuras, y eso no quiere decir que salir de Cuba implique olvidarse de la tierra, del propio lugar, sino que, al contrario, se refuerzan mucho más esos sentidos de identidad que tienes para el lugar en que naciste.

Primero Holguín-La Habana, después La Habana-Buenos Aires: ¿cuán diferentes fueron ambos tránsitos migratorios?
Fue como seguir viviendo en el mismo lugar, porque lo que me llevó a ir de un lugar a otro fue justamente el hecho de conocer, de seguir adelante con lo que a mí me gusta, que es hacer fotografías. Es increíble cómo yo no me separé de cada uno de los lugares adonde fui, sino que al contrario, fui adaptándome, y a su vez, adquiriendo las propias cuestiones culturales y los sistemas de vida de cada uno. Me ocurrió primero en mi ciudad natal, después en La Habana, que puede ser una gran urbe, y me ocurrió en Buenos Aires y también en La Plata, que es una ciudad más pequeña. De cada uno de los lugares en que he vivido hasta ahora, guardo cosas hermosas y a su vez cosas que me llevan a vivir bien en esos lugares sin olvidar otros por donde pasé. Por eso cuando vuelvo a Holguín, por ejemplo, me parece que nunca salí de allí.

¿Será que ser fotógrafo te permite realizarte en cualquier lugar con independencia de las coordenadas geográficas?
Siempre he pensado que el lugar donde viva debe ser aquel en el que pueda ser feliz sentimental, ideológica, cultural y profesionalmente. Lo que me gusta hacer, esencialmente, es fotografía documental y fotoperiodismo. Creo que el hecho de haber escogido esta profesión para ejercer en la vida me permite meterme en la membrana social de cada lugar y a la vez compenetrarme, viviendo las diferencias que descubro en ellos. Sentir cada una de esas  cuestiones y llevarlas a la fotografía, es lo que me ha hecho tener un sentido de pertenencia de cada ciudad. Cuando descubres que hay cuestiones que te empiezan a preocupar, otras que empiezas a amar y decides exponerlas en fotografías, ya estás siendo parte de ese lugar.
Siendo fotógrafo vives muchas vidas y aquí sigo haciendo lo mismo. Colaboro con algunos medios argentinos, pero sobre todo con medios cubanos, y esto último me permite tender un puente con mi país.

¿Por qué una parte importante de nuestra generación piensa en emigrar o al menos en estudiar fuera de Cuba?
Por cuestiones lógicas, de querer ser joven, inquieto, y salir a otros mundos. A su vez, también inciden, por un lado, los problemas económicos que hay en Cuba y por otro, el techo profesional con el que a veces chocas y te impide seguir desarrollando tu profesión. Viendo a mi generación y a muchos amigos que viven fuera de Cuba, les puedo decir que la mayoría se van por términos económicos y por abrirse profesionalmente a otras búsquedas. Yo particularmente no siento que emigré, pienso que nunca me he ido de Cuba, que estoy de paso por el mundo, que vengo y vuelvo, que hoy vivo en Argentina y mañana puedo vivir en África, que todo depende de lo que sentimental y profesionalmente sienta que quiero hacer y que quiero vivir. Y eso a mí me da una libertad personal increíble. Lo mismo viviendo en Cuba que viviendo fuera de ella.

¿Has pensado asentarte en Argentina de forma definitiva?
A mí nunca me ha pasado por la cabeza quedarme definitivamente en ningún lugar. Les insisto en la idea de que nunca me fui de Cuba. Más si soy un defensor del sistema social cubano, del propio proyecto de la Revolución con sus miles de virtudes y sus malos pasos. De hecho, el poder viajar y vivir en otras partes, no solo me ha llevado a valorar y a defender a Cuba y su Revolución, sino también a ser más crítico constructivamente de ese proyecto social donde nací, me desarrollé, me formé y tuve muchas de las herramientas intelectuales con las que ahora me abro paso en el mundo.
Esa idea que nos instalan de que cuando te vas físicamente de Cuba te fuiste para siempre, es uno de los mayores errores que pudiésemos acarrear. Aquí en Argentina conocí a uno de los grandes del tango, Aníbal Troilo. Él tiene unos versos en una canción que le dedica a su barrio, que son hermosos y que yo los incorporé a mi filosofía de vida: «Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio, ¿cuándo? ¿pero cuándo? Si siempre estoy llegando». Y a mí me pasa así, nunca me fui, por el contrario, siempre llego. Quedarme definitivamente no es mi filosofía.
Una de las cosas hermosas que tiene Cuba es que siempre es cambiante y no lo siento solamente cuando voy de vacaciones. Afortunadamente yo no me desligo de Cuba, mis fotografías salen constantemente allá y muchos de mis proyectos fotográficos son para hacerlos en Cuba. Tengo la posibilidad de volver periódicamente y seguir conviviendo. Cambiante siempre va a hacer y yo creo que, con sus cosas buenas y con sus cosas malas, eso es justamente lo que nos va a permitir avanzar. Extrañar, siempre voy a extrañar muchas cosas de Cuba, pero también me pasa que cuando estoy allá, extraño cosas de Argentina. En este sentido uno va construyendo su propio mundo, su propio país, con las cosas de un lado y del otro. Por supuesto, físicamente, de Cuba extraño el mar y la cordialidad de la gente, que es algo que no siempre puedes tener en otros lugares.

Holguinero, cubano, argentino, latinoamericano… ¿Dónde está la patria y cuáles son las fronteras?
Yo creo que no vivo en una patria física, en un lugar, sino en una construcción que es un puente desde Argentina a Cuba. Acá no me siento como extranjero y eso me pasó cuando empecé a amar cosas de aquí, otras me daban bronca o no me gustaban, y empecé a denunciarlas. Ese puente solo me separa por diez mil kilómetros de distancia y el pasaje que cuesta 1 200 dólares, por lo que no puedo viajar todos los fines de semana, pero por lo demás, esa es mi patria. Una patria que se asienta en valores latinoamericanos y que no necesariamente tenemos que enmarcarlos en fronteras. Cuando estoy en Cuba o en Argentina, no necesito cambiar el chip. Siempre extraño cosas, pero nunca me he sentido extranjero.
Algo que he aprendido en esta corta vida es que la patria uno la va construyendo. Yo nací, como todos, por casualidad. Fue en Holguín, y por eso cuando fui creciendo, Cuba comenzó a ser mi patria y empecé a enamorarme de ella por diversas razones. Yo era un «muchacho del asfalto», vivía en una ciudad y me iba a La Habana de vacaciones. No conocía nada más que Cuba. Yo aprendí a amar mi país y a sentir lo propio en la piel cuando comencé a viajar por Cuba con dieciocho años. Viajé de mochilero y estuve cerca de diez años haciendo eso, incluso durante toda mi universidad. Compartir con los demás cubanos, vivir en el campo con los que menos tenían, ver esa solidaridad, conocer otros ritmos en cuanto a música, como me pasó en Guantánamo con el changüí e ir a las grandes urbes como La Habana o Cienfuegos. Cada una de esas experiencias me fue formando mi país. Hoy puedo decir que amo a Cuba y la siento como mía más allá del hecho de haber nacido accidentalmente en este lugar.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «Narrar Cuba. Sueño joven de un país», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

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Cinco cuentos del tío Lin (primera parte)

tío linYo… vendí mi bicicleta

(Tomado de revista Alma Mater)

La recopilación de cuentos narrada a continuación es protagonizada por Roger Antonio Chiong Molina. Es hijo del chino Antonio (nombre que adoptó al llegar de Cantón) y de Isabel, una cubana nacida en Remedios. Este singular chino, que mide 1,77 y calza el 43 en sus zapatos, tiene muchas historias que contar.

Sus compañeros de trabajo le dicen «Chiong». Sus viejos amigos y sus compañeros del Partido Provincial lo conocen por «El Chino». Por ser el más pequeño de sus hermanos, Isabel lo llamaba «Rogelín», sus sobrinos «tío Lin» y los más allegados, Roger.

Lo conocí hace unos años. Yo jugaba pelota dentro de la oficina de mi mamá con un compañero de su trabajo. Él entró y con mi corta edad no entendí por qué nos detuvimos. Recuerdo que Fernando me dijo: —Ahora no podemos seguir jugando; el tipo ese es del Partido.

Años después, el «tipo del Partido», se convirtió en uno de mis mejores amigos, a pesar de la diferencia de edad. Los hechos más simpáticos y risibles que le han ocurrido, con el permiso de los lectores de Alma Mater, los compartiré en los próximos números. Espero los disfruten.

Cuento 1

— ¡Rogelín!, ¿cuándo acabarás de armar la bicicleta?— decía incómoda Isabel cada vez que limpiaba el cuarto y tropezaba con las piezas de «aquel traste». Mientras, los días pasaban, el óxido y las telarañas cubrían los metales y le daban un toque medieval a ese rincón de la casa. Los muchachos a esa edad prefieren no hacer nada, pero si se lo proponen logran cosas inimaginables. Así que, un buen día, Rogelín despertó y fue directo para el balcón con las piezas e instrumentos necesarios. Engrasó la cadena y los frenos, apretó cada uno de los tornillos, enderezó el manubrio, lustró con cuidado los guardafangos y en un momento dejó la bicicleta como nueva.

Minutos después salió a la calle para que todos lo vieran pedaleando. Justo en la esquina de su barrio un hombre lo detuvo:

—Te doy 70 pesos si me vendes tu bicicleta— la respuesta fue inmediata:

—No la vendo, señor— y siguió su camino.

En la próxima esquina dobló muy rápido y en ese instante divisó a un muchachito de siete años cruzando la calle a todo correr. El accidente fue inevitable. Rodaron loma abajo, chino, muchachito y bicicleta.

Rogelín se puso de pie, lo vio ileso, su bicicleta destruida y sintió un dolor intenso en la rodilla que desapareció cuando vio venir hacia él, «hecha una fiera», a la madre del pequeño.

—Muchacho e’mierda, siempre estás en lo mismo.

Rogelín comprendió que la gritería no era con él y le volvieron los dolores al momento. La madre se le acercó:

—Revísate a ver si estás bien y no te preocupes por este niño, que es elástico— y se llevó al pequeño.

Nervioso como estaba, salió a todo pedalear. Cuando dobló por el Parque de la Normal, se sintió incómodo y notó que el asiento estaba al revés. Esto lo hizo reír y entonces observó que tenía el guardafango delantero abollado y dos rayos partidos. Caminó adolorido y cabizbajo a casa, con la bicicleta cogida por el manubrio.

Cerca de su hogar encontró al hombre y le preguntó si seguía interesado en comprarle la bicicleta. El hombre respondió afirmativamente, pero Rogelín insistió:

—¿Al mismo precio?, mire, le faltan dos rayos. El hombre sonrió:

—Toma el dinero antes de que me arrepienta.

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Convocatoria Calei2copio 2016

Calei2copioLa Cátedra de Información y Comunicación para el Desarrollo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, convoca a la VII Edición de la Feria de Experiencias en Comunicación e Información para el Desarrollo “Calei2copio 2016”, que tendrá lugar los días 11 y 12 de mayo en la Facultad de Comunicación (San Pedro entre Ermita y Avenida Independencia, municipio Plaza de la Revolución, La Habana).

Calei2copio es un espacio académico expositivo que busca el intercambio de experiencias y aprendizajes entre personas e instituciones que han creado o se han incorporado a algún proyecto que persigue el desarrollo social. El evento cuenta con un jurado integrado por miembros del claustro de la Universidad de La Habana y otros centros de nuestro país que trabajan estas temáticas; quienes premian las experiencias más destacadas a partir de la creatividad en la presentación, las metodologías empleadas para su gestión, los resultados e impactos, entre otros elementos.

El evento constituye además un espacio para enriquecer metodológica y conceptualmente las prácticas de las experiencias participantes; pues propone un programa académico con el eje temático “Emprendimiento para el desarrollo local”. De esta forma, se podrá dialogar con especialistas en el tema y con protagonistas de iniciativas socio-económicas que generan prácticas de beneficio comunitario; al tiempo que se estimula la reflexión en torno a las perspectivas de un sector no estatal cubano que se comprometa con el bienestar humano a cualquier escala territorial.

Se podrá participar de forma individual o por equipos, a través de las siguientes modalidades (se puede participar en las tres, si se desea):

  • Un stand interactivo.
  • Un audiovisual.
  • Un artículo de investigación.

Las solicitudes de participación deberán enviarse por correo electrónico al comité organizador del evento, a través de la dirección caleidoscopio@fcom.uh.cu. Quienes presenten audiovisual y/o stand, deberán anexar a su solicitud un resumen de la experiencia (versión digital por correo e impresa en la Acreditación). Cualquier información acerca de los requisitos de participación y envío de ponencias se puede solicitar a la misma dirección de correo electrónico. El plazo para la admisión de solicitudes vence el 4 de mayo de 2016.

Estructura del informe de resumen de la experiencia:

El informe será presentado en hoja carta, tipografía Arial, puntaje 11, interlineado sencillo. Entre introducción y conclusiones habrá un máximo de 10 cuartillas.

  • Presentación
  • Identificador del centro o facultad
  • Nombre del proyecto
  • Tema del proyecto
  • Integrantes
  • Identificador del proyecto, en caso de tenerlo.
  • Resumen.
  • Introducción.
  • Situación problémica y otros puntos de partida.
  • Necesidad y pertinencia del proyecto.
  • Áreas de estudio que confluyen en el acercamiento.
  • Desarrollo
  • Sujetos con los que se trabaja.
  • Elementos relevantes acerca de los contextos.
  • Particularidades del proyecto: tiempo de duración, apoyos, concepción metodológica, líneas temáticas.
  • Actividades implementadas y planificadas.
  • Resultados esperados y mecanismos de evaluación
  • Conclusiones
  • Bibliografía
  • Anexos

Indicaciones para artículos científicos:

  • Monografías: aproximaciones y sistematizaciones teórico-conceptuales a las dinámicas transdisciplinares de lo infocomunicacional en diálogo interno y con otros saberes en los estudios del desarrollo social.
  • De investigación: exposición de resultados obtenidos en esfuerzos de acercamiento investigativo a temas de desarrollo social.

Estructura:

Arial 11, interlineado sencillo, justificado a la izquierda, máximo de 15000 caracteres sin espacios entre la introducción y las conclusiones. Cada epígrafe y sub-epígrafe deberán numerarse con números arábigos y puntos (1; 1.1; 1.1.1; etc). Las tablas y gráficos deben estar al final del texto y no en el cuerpo del mismo. Se podrá usar un máximo de tres tablas y tres gráficos debidamente numerados (tabla 1; gráfico 1; etc.); en el cuerpo del texto se especificará el lugar donde va cada tabla y cada gráfico. Las notas aparecerán al pie de cada página, se hará uso moderado de las mismas.

El estilo bibliográfico será APA sexta edición y la bibliografía separará la bibliografía citada de la consultada.

En caso de que el artículo haya sido enviado a otra revista o esté siendo considerado, deberá especificarse en el manuscrito.

  • Título
  • Autor(es), correo electrónico.
  • Resumen (evitar iniciar con “el presente trabajo…”; explicar el sentido de la investigación, y anunciar brevemente las ideas que se fundamentarán en el texto) máximo de 1000 caracteres sin espacios.
  • Palabras clave (máximo 5)
  • Introducción
  • Metodología
  • Resultados (dividido en subepígrafes)
  • Conclusiones (listadas por número o viñetas)
  • Bibliografía citada
  • Bibliografía consultada
  • Tablas y gráficos.
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