Versiones musicalísimas

Por Rodolfo Romero Reyes

Tomado de Alma Mater

Una cosa es el arte de versionar composiciones musicales, ya sea para llevarlas a un género más movido o para incorporarle un matiz de humor, y otra, muy distinta, es creer que una canción dice algo que dista mucho de lo que su autor o autora eligió escribir.

El recuerdo más lejano de mis propias malas interpretaciones auditivas data de mi segundo grado. En mi escuela primaria Raúl Marcuello, en Guanabacoa, todo el mundo tarareaba a Cristian Castro, quien entonces debutaba como joven promesa de las baladas romanticonas. El tiempo que duró nuestro amor, o Nunca voy a olvidarte — no sé bien su título — entonaba: «Junté lo más hermoso, que he vivido contigo». Yo, en mi escasa niñez, repetía: «Qué cantero más hermoso, el que he tenido contigo». En aquella escuela había un pequeño huerto que, sospecho, algo tuvo que ver con aquel desatino.

Muchos de los que recordamos «el cocodrilo come fa», pensábamos que, obviamente, hablaba de una vocación del paladar hacia el detergente. Yuset Sama, con menos complicaciones, afirmaba que «el cocodrilo come pan», algo más entendible, supongo.

Con Mi historia entre tus dedos, de Gianluca Grignani, siempre entendí: «Solo por eso tú me besas el merduro» — en vez de: me ves hacerme el duro — , aunque el sustantivo merduro no apareciera en ningún diccionario.

Un amigo cercano, en una canción de Eddy K, entendía: «Abelito, el puma», donde se afirmaba: «Averigua en Cuba, esa es la verdad, los que llenan los lugares por capacidad». Arley, por su parte, creyó que cierta canción del reguetonero Elvis Manuel tenía problemas ideológicos al corear: «se me parte la juventud».

Con vistas a aumentar la muestra de mi investigación indagué entre la familia más cercana. Un tema que mi hermano y yo solíamos cantar mucho era de origen portorriqueño: «En pleno público me desmayé, / por toda la química que había en mí, / la gente decía “Vico” se nos fue, / y de todos los golpes nada sentí». Aunque nunca lo percibí, el brother se confundía: «la gente decía “Vico C” no fue». ¿Quién sería entonces? Porque era obvio que hablaba del cantante; en fin. Del mismo autor: «La palabra paz él no la entiende», en cambio, «la palabra pasa y él no la entiende».

Otra de las infantiles: «Aquellos tiempos, en que abuelita, bailaba el charles cuando tenía mi edad». Hay quien asegura que tenía «miedad», palabra derivada del miedo y que no tiene nada que ver con el sentido de la canción.

Dice mi novia Ana María, a ritmo de Gente de Zona: «Somos tú y yo, el uno para el otro, tú con tu locura y yo creyendo en otro», en vez de «y yo que ya estoy loco». ¿En quién cree ella? Todavía me lo pregunto.

Mi amiga Yerisleydys reguetoneaba: «Oye, menéate, menéate, menéate; oye, menéate arriba de Roberto». ¿De dónde habrá sacado ese nombre?

Con La Macarena hubo decenas de versiones. Ella tenía «un novio que se llama de apellido Vitorino, y en…», aún no puedo descifrar lo que dice exactamente.

Si eso sucede con las canciones en español, con las que son en inglés, el relajo es mucho mayor. «Al fin soy down», en vez de «a fill soun daon»; «Guatavery gonso», por «What a very good soup»; y de los mejores: «Yo tengo un novio en Hawai» o « ¿estos son reebooks o son nikes?», cuando la original profesa: «This is the rhythm of the night».

Entre tantos disparates cada quien prefiere uno. Mi amiga Bertica se queda con «abre la pata y goza», de Queen; Dayani con «Tran_spiren… trans_piren», de Maikel Jackson; y Sama con «Yu_set, I love you».

Mi prima postiza, Lola Marsden, tiene varias en su selección. «Uno, dos y tres, ¿qué pasó, Manchévere?»; «El baile del carnaval que depende mi cholito»; «Bachí, bochú, tambor, yo quiero chiquichiquichiquichá»; «la rosa quengalana» y «con ese cuerpo, Orlando, ¡qué belleza!».

De sus versiones, prefiero una inspirada en las últimas canciones que se han apoderado de los bares y las discotecas de La Habana. Lola jura que esta canción — que además me recuerda a Isabelita — , de Lenier, El Micha y Jacob Forever reza: «Dile que esa noche, que te dejó solita, / dormiste en mi cama desnudita, / que me perdí en el mapa de tu cuerpo, ay, qué nochecita, / Rodolfo es lindo y ojalá que se repita».

 

Nota: Si te ha pasado igual, deja tu experiencia, a modo de comentario al final del texto, para cuando escribamos la segunda parte de este artículo. Gracias.

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Fiesta censurada

Por Nemo (Tomado de Alma Mater)

—¿Por qué tú haces así con el dedo? Hace rato te veo…, espera…, ¿eso es lo que yo creo que es? —dijo la recién llegada.

—Claro, ¿qué pensabas que era?

—Niña, ¡qué asquerosa!, eso no se hace.

—Esta es mi casa, ¿no?— dijo la otra en tono defensivo.

—Es verdad. Yo también lo hago. Además, te lo decía porque a mí lo que me genera es curiosidad, ¿para qué le das tantas vueltas?

—Para que se ponga duro.

Ahí metí la cuchareta en respuesta de apoyo a la última pregunta:

—A ver, si no haces una pelotica, se te queda pegado en el dedo y entonces no tendrías otra opción que hacer lo que todo el mundo critica: pegarlo en el suelo, en una pared o en el piso.

Dije, pero acto seguido me percaté de que aquella conversación, entre mujeres, no era muy común que digamos. De hecho, recuerdo miles de escenas en que las chicas nos critican cuando lo hacemos en público. ¿En qué norma está escrito que eso es algo clandestino? ¿O exclusivo de los hombres? Les comparto entonces algunas ideas muy personales.

Imagino que en algún momento de la historia fue un delito estornudar, soplarse la nariz en público, entre otras. Pero, norma social al fin, evoluciona, cambia, se adecua, tiene matices.

Nuestros antepasados no tenían problemas con eso; imagino al jerarca de la tribu, rodeado de su gente, deleitándolos a todos con su habilidad en la búsqueda nasal. Los niños, por ejemplo, que son la generación más feliz, hasta se los comen y ninguno, que yo sepa, ha muerto de indigestión.

Somos nosotros quienes, en nombre de la sacrosanta cultura, hemos dictado que:

1) No se puede hacer en lugares públicos: restaurantes, oficinas, guaguas, parques, mientras caminas de regreso del trabajo a tu casa, etc.

2) Hay horarios y frecuencias para eso: en la mañana, en la noche, mientras te duchas o tienes otros rituales higiénicos; y, recomendablemente, una sola vez al día.

3) El lugar indicado es el baño… para que se vayan con el agua, supongo.

Como mismo la sociedad dicta esto, otros y otras recomiendan que:

1) Con las uñas largas el proceso es más efectivo.

2) Las temperaturas frías los endurecen.

3) Una cavidad primero, y la otra después, para disfrutar el proceso.

4) Los intrincados suponen un reto; una vez lograda la meta hay mayor satisfacción.

5) La diversidad está garantizada en tamaño, textura, color y composición.

6) No se debe abusar pues los granitos y las postillas suelen ser muy incómodas.

Claro, siempre hay quien se ríe de eso. Los Mojinos Escozíos, por ejemplo, le dedican una canción en la que aluden a los lugares de destino que tiene un niño que incursione en semejante práctica: recomiendan desde pegarlo debajo del zapato hasta dárselo de comer a un gato.

He visto, en preuniversitarios, a jóvenes que mezclan los suyos con la comida de alguna muchacha para que, asqueada, deje su manjar y este sea disfrutado por el piquete varonil.

En el argot adolescente en Cuba, puede que cuando alguien mencione un «mocongo», no sé esté refiriendo a la dignidad más alta en los de Efik—Efiméremo Mocongo Obón.

Incluso, en mi barrio se han suscitado diálogos que, aparentemente, no tienen nada que ver con nada.

—Asere, ¡¿tienes fiesta?! —dice el primero, en tono de burla.

—Sí, y estoy sacando a tu madre que no tiene invitación —responde el segundo para salvar su areté.

Una última cosa. Entre los que evaden la censura se establece cierta complicidad. Estás en una casa y sientes que, aunque está mal, debes sacarlo de ahí. Esperas el momento en que nadie te mira, introduces el dedo rápido en tu nariz, llevas la mano hacia debajo del brazo del sofá o el butacón y entonces… ¡sorpresa! Descubres que en esa casa vive un camarada al que también le gusta la fiesta.

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Noviazgo «repa» forever

Por Rodolfo Romero Reyes

En anterior ocasión,
alguien quizá haya escuchado,
mi romance trasnochado
«En tiempos de reguetón».
Poesía, fascinación,
me encantaba su manera
de ser. Lo que ella dijera
mi mente lo digería.
Lo que más me seducía:
su pinta, tan «repartera».

Después de que aquel romance
llegara a abrupto final,
descubrí que ahora el Chacal
baladas ponía a mi alcance.
Para mí no fue un percance,
dejar de ir tanto al teatro,
porque hasta el anfiteatro
me escapaba a descargar
y con Maluma cantar
siempre: Felices los cuatro.

Ante tanta variedad,
intenté que mi escenario
fuese el universitario;
traté y traté, en realidad.
Busqué novias, y en verdad,
cuando les ofrecí la luna
y mi amor de buena fe,
querían ir al Café,
con Fonsi, Wisin y Ozuna.

A una que me gustaba
le inventé una serenata.
Era una chica sensata
y Derecho ella estudiaba.
Mi guitarra improvisaba:
Ojalá —Silvio—, ya está.
Me devolvió otro Ojalá
—de quien nunca supe el dueño—:
«ojalá que nuestro sueño
se nos haga realidad».

Así creció mi apatía,
no creí que habría un mañana.
La Señorita Dayana,
también Osmany García;
mi «limpio» mundo invadía
esa realidad difusa.
En virtual escaramuza
me llegaba el bisbiseo
de la canción Guachineo,
y de Dayamí, «la musa».

Una década pasó,
entre canciones y gente,
y un día, así, de repente,
la vida nos reencontró.
Esa tarde habló y habló,
le brillaba la mirada.
Su pinta, desenfadada,
y el tosco vocabulario,
trocaron mi calendario;
la sentí hasta enamorada.

Lo volvimos a intentar,
yo, mucho menos permeado,
estaba un poco embullado
y ella intentaba cambiar.
Al jazz me llegó a invitar,
me dedicó una canción,
y dijo con emoción:
«Con tener tu amor me basta,
lo nuestro va a durar ¡hasta
que se seque el malecón!».

También hice concesiones:
dejé la trova un ratico;
del «negrito» y el «coquito»
tuve «a manu» sus canciones.
Palpitante de emociones,
casi soy otra persona.
Bailo con el Ona Ona
y la Charanga Habanera,
me aprendí La Gozadera,
de Marc y Gente de Zona.

Aun tengo mi dignidad:
no escucho a Yomil y el Danny,
tampoco a ese Bad ¿Banny?
que se cree el rey del Trap.
¿Es Trap o Barbaridad?
Cuesta ya diferenciarlos,
entenderlos o escucharlos.
—desde el Cerro, Insurrecto
los supera en intelecto—.
La solución: ignorarlos.

Parece que combinamos,
yo con mi chica morena,
bailamos La Macarena
y a Pitbull no reprochamos.
En realidad, nos amamos,
no importa con que ideario.
Aun parece extraordinario,
que ella siga en mi destino…
¿será mi palón… divino,
o el palito… presidiario?

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Finding Nemo

Por Rodolfo Romero Reyes

La primera vez que utilicé el seudónimo de Nemo fue precisamente en las páginas de la revista Alma Mater. Respondió en aquel momento a una petición de alguien —algún directivo, supongo—, en mi opinión un poco absurda. Me fue comunicada por quien, en aquel entonces, fungía como director de la publicación.

En ese momento yo colaboraba con bastante sistematicidad en la sección: «¿Quién le pone el cascabel al látigo?». En primer lugar porque era la sección que me permitía llevar a un medio nacional el mismo estilo con el que escribíamos en La Papilla, publicación dedicada a «dar chucho» en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. En segundo lugar, había descubierto que ese espacio, con más de 20 años de creado, había sido testigo de autores bien graciosos y carismáticos que yo frecuentemente leía. Y en tercero, porque siempre tuve gran sentido de pertenencia por la publicación que antes fue de Mella, también de Tamara y ahora de Mayra.

Me llama mi director y me informa que una persona no podía publicar dos y tres trabajos en un mismo número. Tampoco se podían monopolizar los espacios y mi nombre aparecía con mucha frecuencia, según él. Pero, como él era mi amigo, me dio una idea: «Te buscas un seudónimo y entonces algunos trabajos los firmamos con tu nombre y otros con el seudo».

Aquella idea, en principio un poca loca, me fue agradando. Entonces decidí buscar. Siempre he sido fan de Silvio Rodríguez y algunas de sus canciones han acompañado parte importante de mi vida: Playa Girón, Historia de las sillas, El elegido, obviamente Escaramujo, y Quién fuera.

De esta última siempre guardé tres imágenes bellas: Silvio desconectado del mundo, con la mano en su oreja, repitiendo «corazón…»; mi amiga Yaima siendo «un poderoso sortilegio» en el umbral de los misterios; y aquella muchacha que buscaba una escafandra, «al pie del mar de los delirios». Me pregunté muchas veces: ¿Quién fuera Lennon y McCartney…? ¿Quién fuera Nemo, el capitán?

El capitán Nemo, comandante del submarino Nautilus, es el protagonista de la novela de Julio Verne Veinte mil leguas de viaje submarino y uno de los personajes de La isla misteriosa. Nemo es un personaje sombrío y misterioso, que esconde su verdadera identidad tras un nombre que alude al episodio de Ulises y Polifemo en la Odisea. Obsesionado por un misterioso pasado, ha renunciado a vivir en sociedad y recorre los mares en un afán de investigación científica (las exploraciones del submarino Nautilus), de justicia (ayuda a los revolucionarios griegos en su lucha de emancipación respecto a Turquía), y de venganza (se dedica a hundir navíos que lleven la bandera de Inglaterra). En Veinte mil leguas de viaje submarino, Nemo y su leal tripulación parecen suicidarse hundiéndose en los torbellinos del Maelstrom.

Más que de los libros, tomé el seudónimo de la canción de Silvio. Así empecé a firmar como Nemo. Después, cuando tuve que escribir sobre mi tesis de licenciatura un artículo para la Editorial Caminos, utilicé la metáfora de «Nemo y su primera expedición», en la cual iniciaba una travesía incierta como parte del Proyecto Escaramujo, un «nautilus educomunicativo» que empezábamos a construir en la Facultad de Comunicación.

Así empecé a firmar indistintamente como Rodolfo y como Nemo. Una amiga que «lanza botellas» de Villa Clara insiste en decir que fue por el pececito anaranjado de la película animada. Yo le confieso que no, pero no me hace caso.

Aunque la idea nunca fue esconderlo, el verdadero nombre de Nemo se volvió un misterio. Todos en Escaramujo lo sabían pero los lectores de Alma Mater no. Hasta el día en que, y aquí viene lo cómico de esta historia, como parte de los cambios editoriales de la revista empiezan a pedir que los artículos deben ir acompañados de una foto de su autor.

Y entonces, en el próximo número, sin que diseñadores, editores o el propio director se dieran cuenta del garrafal error, salió para los estanquillos un artículo firmado por Nemo acompañado de una foto mía. ¿Qué les parece? Ese día cualquiera pudo encontrar a Nemo, sin ninguna complejidad.

Publicado por vez primera en 2015.

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Bonitillo y sencillo

Por Rodolfo Romero Reyes

Tomado de Alma Mater

¿Cómo definir a alguien integral? Cuando escribo la interrogante, me pregunto si la cuestión de la integralidad solo nos preocupa en algunos países, específicamente en aquellos con vocación socialista. Sí, porque quizás en el primer mundo los parámetros son: competitividad, creatividad, inteligencia… No imagino que para ser el jefe de una empresa o el «trabajor/a del año» haya que ser una «persona integral».

En cambio, en Cuba aprendimos que la integralidad es la meta. De ahí que para ser buen estudiante no baste con formarse académicamente, sino que es necesario también contar con determinadas competencias o actitudes. En ese sentido aparecen parámetros como: ser artista aficionado en los festivales de cultura, participar en los juegos deportivos, sobresalir en docencia o en investigación, conocer la historia de Cuba, llevarse bien con los compañeros de aula, mantener buena asistencia y puntualidad, cumplir con las normas de la beca, entre otros.

Estoy de acuerdo con que, teniendo en cuenta el mundo mejor por el que estamos apostando, debemos priorizar la formación integral, aunque no es menos cierto que algunos parámetros de dicha formación resultan ambiguos o subjetivos. ¿Cómo medir que un estudiante tiene «buen porte y aspecto»?

En las enseñanzas primaria y secundaria, la cuestión de la integralidad es premiada con un diploma o el reconocimiento colectivo en los matutinos de la escuela. Pero al llegar a la educación superior, puede determinar una ubicación laboral y de esta forma comprometer el futuro de los estudiantes. Así que ahí el asunto gana mayor seriedad. Hasta existen Asambleas de Integrales, en 5to. año, en las cuales salen a flote los trapos más sucios y clasificados con tal de subir un peldaño en el escalafón.

Por suerte, mi 5to. año de Periodismo pasó ileso de tal evento. Aún no recordamos por qué, pero quizás sabiéndonos uno de los grupos «mejor llevados» e integrados en la historia de la Facultad de Comunicación, algún mensajero celestial decidió que no debíamos pasar por eso, evitando el mal rato que, en algunos casos, suponen estos debates asamblearios.

Pero no todas son malas experiencias y les cuento una, la más simpática. Estaba en el preuniversitario cuando, al llegar al grado doce, se hizo el análisis previo a la conformación del escalafón final.

Uno de los primeros analizados fue Manolo, el tipo más gracioso de mi aula, y probablemente de la unidad 5 de la graduación 31 de la Lenin —sí, porque en la unidad 6 estaban Tato y Fernando que le hacían competencia—. Después de que algunos realzáramos sus virtudes, siempre hubo quien le criticó su poca «participación en los debates estudiantiles». Manolo lo «cogió muy a pecho» y decidió que esa misma asamblea sería el lugar para demostrar que aquel era ya un señalamiento superado.

A partir del siguiente analizado, cada vez que le daban la palabra al grupo, el Manu se «despatillaba» —como los muñequitos verdes de los semáforos—, pedía la palabra y comenzaba a dar sus criterios. Como no conocía mucho a las personas en cuestión —pues era un grupo recién formado con las personas que queríamos estudiar Letras o Ciencias Sociales— y haciendo gala de su buen humor, comenzaba su discurso diciendo:

—Bueno, de Raúl yo pudiera decir que es un muchacho bonitillo y sencillo, y se lleva bien con todo el mundo…

—Patricia, es una muchacha bonitilla y sencilla. Ella e Ileana son muy responsables y estudiosas—. De más está decir que cada vez que mencionaba los dos adjetivos, el aula entera era una gigantesca carcajada. Pero más allá de la mala cara de la profesora guía, que sentía le estaban «saboteando la actividad», Manolón continuaba.

—Julio, es un chamaco bonitillo y sencillo…

Y así, hasta que llegó mi nombre. Me puse de pie y la profe guía preguntó:

— ¿Qué creen de Rodolfo?

Manolo levantó la mano y sorprendió con un repentino cambio en su «speech».

—Rodolfo… ummmm… Rodolfo es un muchacho extremadamente sencillo.

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Equilibrio

—un cuento corto de Kmilo—

Miró a su alrededor y ya
nada era igual. Olía a mierda, a rata sucia, a inmundicia y prédica malsana,
pero que aparentemente nadie parecía percibir. Lo que veían les era familiar,
espejo de sus propios interiores. 

Permaneció callado y
mordió su lengua. Lo hizo tan fuerte que sus tripas gritaron todo. Luego cayó
la guillotina.

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La felicidad está en la lucha

Tomado de Contexto Latinoamericano

Por  Arlette Vasallo García y Rodolfo Romero Reyes

Luego de varios años, movidos
por el ascenso de gobiernos de izquierda al poder en América Latina,
actualmente, el mapa político es muy diferente. La llegada  de gobiernos derechistas en países como
Argentina y el golpe de Estado en Brasil, por solo citar dos ejemplos, han
constituido reveses para las conquistas alcanzadas en el orden social y
económico, no solo en estos países, sino en toda la región.

Este nuevo contexto político
ha afectado a los mecanismos de integración en el área por los que se apostaba hace
apenas tres años. En el caso argentino, la imposición de medidas neoliberales afecta
a la población y beneficia a los más opulentos empresarios; han burlado la
confianza de hasta el más fiel de los votantes, y elevado el clima de
insatisfacción. Asimismo, crece la desestabilización política en múltiples
países como Honduras, Perú y Colombia, lo que evidencia la desorganización de
las fuerzas progresistas y el ascenso de la derecha.

Frente a la ofensiva
neoliberal, es preciso —como asidero necesario— volver sobre Marx, su obra, y
asumir su teoría como programa de lucha, cuando se cumple 200 años de su
natalicio. Instruirnos en sus clásicos —Los
manuscritos…, El Capital
, el Manifiesto
Comunista
— es imprescindible para armar al obrero ante la explotación
capitalista. Recordar en qué posición estamos en este tablero de juego, cuáles
son las partidas que debemos ganar y quiénes son aliados o quiénes enemigos.

El investigador cubano Jacinto
Valdés-Dapena Vivanco, integrante de una generación que vio en la asimilación crítica
del marxismo una urgencia, las crisis son importantes porque de ellas pueden
venir las más grandes revoluciones.

El también profesor titular
y Doctor en Ciencias Políticas plantea que el marxismo rigurosamente
determinista impide uno de los más valiosos aportes: la unidad de la actividad
consciente de los revolucionarios y el cambio social. Por eso exalta la
búsqueda de las nuevas alternativas en la realización de los ideales de Marx, pues
su teoría no se propone una interpretación de la realidad, sino su perenne transformación.

Compartiendo
miradas críticas

«El marxismo es
multidisciplinario, tiene un componente económico, filosófico, y político,
estrechamente entrelazados», asegura Valdés-Dapena para quien es indispensable
estudiar las circunstancias sociales del origen de esta teoría para
comprenderla.

Precisamente en la Europa
culta, avanzada y capitalista del siglo XIX surge esta corriente filosófica que
tuvo como principal pensador al alemán Karl Marx —quien abogó por la
nacionalización de los principales medios de producción y definió las tesis del
materialismo dialéctico— y que contó con el aporte de Federico Engels, introduciendo
el concepto de materialismo histórico.   

«Entre los principales
conceptos está el concepto de enajenación,
que tiene que ver mucho con la actualidad; es el elemento que permite
interpretar como en la sociedad capitalista hombres y mujeres se alejan de su
personalidad, pierden su esencia humana a partir de la pérdida de su identidad.
El hombre pasa de ser sujeto a objeto, dice Marx cuando explica el fetichismo
de la mercancía. Solo en una sociedad futura, en la sociedad comunista, el
hombre se podrá reencontrar así mismo», argumenta el autor de Bolcheviques en el poder.

En La ideología alemana, Marx comienza a define el conceptode formación económico social, imprescindiblepara comprender la sociedad. «Es un término que revoluciona la
filosofía y nos lleva al estudio de la estructura de la sociedad capitalista,
de los elementos de la revolución proletaria y de la sociedad civil —que es el
no Estado, sino el escenario donde se desarrolla toda la vida económica y
social  y material, que es la base sobre
la cual después se ubica el Estado—», recuerda Jacinto.

«Es un concepto que reelabora
como una forma más elevada del estudio de la sociedad, ya no solo es la sociedad
y sus instituciones no estatales, sino la sociedad en su conjunto, las formas
de la conciencia social, la producción económica, las clase sociales, todo. Eso
es un todo en el cual está la base económica y la superestructura con sus
formas de conciencia social: religión, arte, literatura, concepción jurídica,
filosofía, derecho, ciencia», enfatiza.

Si bien Marx no es el
primero en conceptualizar la lucha de
las clases sociales
, añade que es esta la que debe conducir a la revolución
social. Para el marxismo existen dos tipos de revoluciones: la política, en la
que cambia el poder, el Estado, no así las relaciones sociales de producción la
social; y la social, en la que cambia el sistema.

«Todas las categorías y conceptos marxistas tienen un carácter
histórico», nos dice Jacinto. Se impone entonces interrumpir la disertación con
una pregunta: ¿cuán vigentes son entonces?

«El concepto de clases
socialeshoy en día no está muerto,
se transforma en grupos de poder, en grupos de presión, pero lo que sí está
claro es que la economía está representada 
en grupos sociales. Existe una estructura socioclasista que no se puede
negar, donde cada grupo social tiene sus propios intereses como la clase obrera,
la campesina, la nueva intelectualidad. 
El elemento social, las clases sociales, 
que no fue definido teóricamente 
ni por Marx ni por Engels, 
sino  referido, sí es un
fundamento importante a la hora de tomar decisiones políticas. Pues esos grupos
sociales, esas clases sociales, estructuradas en una sociedad determinada  juegan un papel definitivo en su desenlace»,
responde.

«Así pasa con el concepto de
acumulación originaria del capital. ¿Por
qué Estados Unidos mantiene el bloqueo económico contra Cuba? Para impedir una
acumulación originaria socialista del capital que permita el desarrollo de un
proceso de industrialización e independencia económica. Los estadounidenses hacen
una correcta interpretación del estudio de Marx, si nunca acumulas capital
nunca te vas a desarrollar. ¿Y la plusvalía?
He ahí una de las mayores contradicciones del capitalismo: el modo de
producción es social, en otras palabras, la sociedad produce para la sociedad,
pero la apropiación es individual, para los dueños, para las corporaciones,
para las empresas», explica Valdés-Dapena.

Marx llega a sus
concepciones mediante sus estudios filosóficos y Engels a partir de sus
estudios económicos, pero cada uno lo hace con sus particularidades. La obra de
Marx, junto con la Engels, constituye lo que conocemos como marxismo. Que tome
el nombre de solamente uno de los dos, no es conflicto; Engels aseguró ser el
segundo violín: «Marx es un genio. Los demás, a lo sumo, somos hombres de
talento».

Jacinto nos hace una
aclaración: «Infelizmente, Marx y Engels no tocaron el tema del colonialismo en
América Latina. Salvo una referencia a Bolívar y un trabajo de Marx sobre la
dominación británica en la India, ambos se centraron en lo que estaban viviendo:
la revolución europea».

¿Qué pasó entonces después?
¿Cuánto impactaron sus postulados en el futuro inmediato? El profe responde: «La
Segunda Internacional, de 1889 a 1917, jugó un papel fundamental, tanto en la
práctica —el movimiento obrero— como en la teoría. Tenía como objetivo
instaurar la dictadura del proletariado en un nuevo contexto donde la extensión
del sufragio universal por casi todos los países orientó al socialismo hacia
formas más pacíficas. Había entonces tres tendencias, una revisionista, que planteaba
la revisión del marxismo, incorporar nuevos elementos, criticar algunos viejos,
pero sin adulterar sus esencias; una reformista, que apoyaba el tránsito  pacífico a través de las elecciones hacia una sociedad
nueva y adjurar de la violencia; y otra ortodoxa que planteaba que el marxismo
tal y como estaba, no había que modificarlo; esa era la más dogmática, y
desafortunadamente, aún hay personas que piensan así».

Hace una pausa y continúa: «Esta
Segunda internacional  entra en crisis,
cuando durante la Primera Guerra Mundial, los partidos social demócratas se
unen a sus burguesías respectivas. Lenin aborda este fenómeno en lo que para
Valdés-Dapena es una joya literaria: El imperialismo,
fase superior del capitalismo
.

«Lenin demuestra cómo ha
evolucionado el capitalismo mediante de la fusión de los capitales bancarios e
industriales, el papel de las colonias, etc. Como Marx, Lenin es un teórico de
la revolución, es el hombre que habla de la transición al socialismo, que comprende
el papel de las colonias en el sistema económico mundial y su potencial como
catalizadores del cambio, crea la III Internacional con el siguiente principio:
proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, uníos. Es, respondiendo a
su pregunta, quien concreta, de forma casi inmediata, las ideas de Marx.
Incluso, los bolcheviques ven a la Revolución Rusa como la antesala de la
revolución europea o de la revolución mundial. Por eso, en la historia del
marxismo, la historia de la Revolución Rusa es la primera y más importante del
siglo XX», concluye.

Un
último intercambio de ideas

El marxismo, y el Octubre Rojo,
impactan después en Antonio Gramsci, Georg Lukács, Karl Korsch, quienes han
influido en muchos de los movimientos socialistas o marxistas que en la
actualidad se despliegan por el mundo. Una frase de Jacinto, nos produce una
sonrisa cómplice: «Los gurús de hoy, se apoyan en los sabios de ayer». Todavía
nos quedan preguntas y sabemos que el número de páginas de la revista es
finito. Decidimos lanzarnos a un último round
de preguntas y respuestas.

Luego
del derrumbe del campo socialista y la desintegración de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, prevaleció una hegemonía del capitalismo. ¿Se puede
aspirar entonces a un mundo socialista? ¿comunista?

Soy de los que cree que
Estados Unidos no ganó la guerra fría, sino que fue la URSS quien perdió. En la
actualidad el mundo ha comprendido que no puede existir la unipolaridad, las
relaciones internacionales deben ser multilaterales, y no debiera existir
ningún tipo de subordinación. En la actualidad muy pocos países que se declaran
socialistas, pero con sus particulares. ¿Qué los define? El carácter de su
economía, sus políticas sociales, la atención hombres y mujeres,  su política de solidaridad. Vietnam no tiene
nada que ver con China, ni China se parece Vietnam.

Ahora, una cosa es economía
de mercado socialista y otra muy distinta es el «socialismo de mercado». Yo
creo que la sociedad socialista está por construirse y creo, honestamente y sin
chovinismo, que los que más nos hemos aproximado somos los cubanos.

El socialismo que debe vivir
cada país es el socialismo histórico que se desencadena según sus realidades
sociales y económicas, no un «socialismo por receta». Se puede aspirar a una
sociedad que busque la emancipación humana, la liberación del hombre, con
condiciones materiales de vida que garanticen la felicidad de los individuos.

La Revolución Cubana se
inició como un proceso de liberación nacional, antiimperialista, basado en la
obra de José Martí, que luego se radicalizó en un pensamiento marxista
autóctono cubano y fidelista. El mayor reto que tenemos es garantizar una
sociedad que permita al individuo la libertad individual, la  emancipación humana y la solución de los
principales problemas materiales, partiendo de las tradiciones más autóctonas
de nuestro socialismo.

Desde su perspectiva marxista, ¿qué definiría
hoy a un revolucionario? 

Lo primero es tener
convicciones. A las revoluciones se llega por dos caminos, conveniencia o
convicción. Los que llegan por conveniencia son los oportunistas, los otros, los
auténticamente revolucionarios.

Es necesario poseer una fe
inquebrantable en que  lograremos los
objetivos, pero sin maniqueísmos, apostando por la verdad —que es siempre
revolucionaria— y utilizando un pensamiento crítico, no para mortificar, sino
como una forma de conocer el mundo en que vivimos y poder transformarlo. La
emancipación humana es la meta, el hombre y la mujer del futuro deben
reencontrarse  con ellos mismos  desde un punto de vista espiritual; las
personas no pueden ser cosificadas, no se pueden convertir en mercancía, eso
fue lo que Marx siempre nos alertó.

¿Cómo
llegar a esa emancipación? Marx afirmó en su contexto que el único medio para
arrebatarle el poder a la burguesía es mediante la lucha armada, ¿sigue siendo
esa la opción?

Marx explicó que todas las
categorías son históricas y para mí, en el contexto actual, puede o no llegarse
al poder mediante la vía de la de la violencia revolucionaria. Evo Morales, por
ejemplo, dice hay que llegar con los votos y no con las balas. Otros movimientos
insurgentes han encontrado en las armas la única vía, y en la selva el único
refugio.

En el mundo de hoy es muy
difícil llegar por la violencia al poder, aunque no creo que ello implique
invalidarla como un método de lucha.

Lo más grave del momento no
creo que sea la vía para alcanzar el poder. Lo más grave es lo pesimista del
contexto. La aniquilación de los principales líderes en América Latina por parte
de Estados Unidos y otros gobiernos neoliberales ha debilitado a la izquierda
latinoamericana. Me preguntó si existe hoy una izquierda consolidada,
estructurada. Creo que de los movimientos sociales pueden nacer organizaciones
efectivas para asegurar  el poder, pero
no se puede obviar la importancia de los partidos políticos. No tienen que ser
partidos marxistas necesariamente, sino una estructura de partido, con un
programa político, una estrategia revolucionaria. A veces se confía mucho en la
espontaneidad, y no  se trabaja en la
disciplina, en la organización, en la formación ideológica.

A
doscientos años del nacimiento de Marx, 
¿qué  del marxismo habríamos de
rescatar para los jóvenes de hoy?

Su condición humana. Su
método dialéctico para interpretar las condiciones actuales. El optimismo. Habría
que reexaminar su visión  y concepción de
las clases sociales, valorar  el concepto
de formación económico social para su actualización, tener presente el sentido
de la praxis, el sentido de que la filosofía no es especulación sino acción, comprender
y adoptar como estilo de vida la afirmación de Marx de que la felicidad está en
la lucha.

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