Los coritos de las «previas»

«Mijito, tú por Oriente… ¿y mi látigo? ¿Cómo hacemos? La necesito». Así decía el mensaje que enviaba la directora de esta revista a mi celular al percatarse de que, por mi culpa, estaba incompleto este número de Alma Mater. Más allá del doble y hasta triple sentido que le encontré al SMS –de hecho tuve la idea de continuar la saga de los tríos con otra que aborde el tema del sadomasoquismo– decidí escribir estas líneas desde Holguín. Pero la conexión y la agenda apretada de mis colegas holguineros (Johnny, Elizabeth, Chely, Abdiel, Liudmila, Karel, Yuniel y Armandito) hizo que se terminaran de escribir en Las Tunas, en casa de Itsván. ¿El tema? Los coritos de las «previas». ¿A razón de qué? Ninguna en particular, tenía ganas de escribir sobre eso hace ya un tiempo.

En las etapas previas al servicio militar, la mayoría de nosotros tuvo que pasar 45 días movilizados en alguna que otra unidad militar. Durante este periodo se hacen ejercicios de infantería, guardias, prácticas de tiro, ejercicios físicos, gimnasias matutinas… en fin, es una síntesis de lo que nos esperará luego en el servicio militar.

De todas estas cosas lo que más disfrute era la posibilidad de cantar «coritos» durante las marchas. Estos supuestos cantos de guerra, que tanto escuchamos en las películas norteamericanas que tratan de la guerra o de las tropas especiales, son peculiares y diferentes en Cuba. Y aun cuando podemos estar de acuerdo o no con sus contenidos, te ayudan a aliviar tensiones. Uno grita y repite lo que dice el superior, y así descarga toda la ira que produce el peso del AKM, las largas marchas, el ancho uniforme y el aguacero casual que alguna vez te sorprende.

Los primeros coros que recuerdo tenían relación con temas patrióticos y revolucionarios: «En la loma del Jobito/, donde el roble se forjó/, Antonio Maceo gritó/: ¡machete, que son poquitos!». Y aquello funcionaba porque nos creíamos mambises y rebeldes, armados y corajudos, prestos a cualquier emboscada. Otros temas, no eran muy ideológicos que digamos, pero también nos entretenían: «La manzana se pasea/, de la sala al comedor/, no la pinches con cuchillo/, pínchala con tenedor». Y en las provincias más alejadas de la capital, tiempo después, descubrí otros que nos tocaría criticar desde nuestra perspectiva feminista: «La mujer, como la flor/, se riega de mil maneras/, si tú quieres que te quieran/, manguera la noche entera».

Debo admitir que yo fui un afortunado, cuando aquella tarde de mayo le propuse al entonces Teniente Corrales, que me autorizara a improvisar los coros que repetiría mi compañía. Empecé con dos o tres coros patrióticos, pues íbamos marchando hasta el Cacahual, pero enseguida inserté algunas innovaciones: «El Teniente Corrales/, tiene flojas las rodillas/, por eso a sus soldados/, los castiga con cuclillas». La consigna, repetida a coro por mi compañía –la inolvidable 52 dirigida por Pechote–, causó la risa de todo el Batallón y, por suerte, también la de Corrales.

Después que gané un poquito de confianza, empecé con otras: «Hoy cuando me desperté/, yo sudaba a raudales/, es que por culpa del PETTI/, hasta sueño con Corrales». A veces, nos burlábamos, incluso, de cadetes como nosotros, pero que eran de otras compañías: «El político de la tres,/ es tremendo “chivatiente”/, y cuando le damos chucho/: “Capitán, mira a esta gente”».

El coro más arriesgado fue aquel que improvisé cuando el Tte., de una patada, mató a un gato que se había colado a dormir en una de nuestras camas recién tendidas, justo en el instante que empezaba la inspección. La indignación que sintió «la tropa» hizo que de mi garganta brotaran los versos que mi compañía repitió: «El Teniente Corrales/, es injusto a cada rato/, él maltrata a los soldados/, y pa´ colmos, mata gatos».

Inmediatamente me llamó y me indicó con señas que debía hacer 100 planchas como castigo al terminar la marcha. Aproveché que aún nos quedaban 200 metros de la polivalente a los dormitorios e improvisé mi contrarréplica que, como siempre, fue coreada por mis amigos. «Por hacerme el gracioso/, con lo del gato también/, ahora Corrales me dijo/: “Ven y tírate con cien”. / Pero seguiré cantando, / no porque yo sea un guapo/, pero no le tengo miedo/, y tampoco mato gatos».

Entonces, el castigo fue el doble, pero la «previa» terminó y hoy el Capitán Corrales –o Mayor, en dependencia del atraso con salga esta revista– es hoy un gran amigo, al que respeto, quiero y admiro.

Para terminar estas líneas, cuento lo que le ocurrió a un grupito de muchachos habaneros que pasaban el servicio en Guantánamo. En una de aquellas unidades tenían un coro: «–¿Quién tiene miedo aquí? –Nadie. –Y el que tenga miedo –Que se llene de valor y defienda las conquistas de la Patria Socialista». Los pobres infelices habaneros, respondieron al llamado de aquel capitán, de la forma en que habían aprendido aquí en la Habana, donde el lema es un tanto diferente. Empieza igual pero termina: «–Y el que tenga miedo –Que se compre un perro». Obviamente, también fueron castigados. La moraleja de estos últimos coritos es que los gatos y los perros, parecen que no son muy queridos entre los oficiales que dirigen el Servicio Militar.

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500 CUC y reacciones inesperadas

Por Rodolfo Romero Reyes

Hace dos semanas que hice pública mi intención de recaudar para reparar mi cuarto un CUC por persona con aquellos amigos más allegados, a modo de regalo por mi cumpleaños, que será el próximo 23 de mayo. La iniciativa generó en los más cercanos un montón de opiniones. Uno de ellos sugirió que debía dar un parte sistemático de cómo iba la colecta y detallar para qué se emplearía.

Por eso escribo hoy, para contarles a los interesados/as que gracias a que algunos no han esperado por mi cumple, ya he reunido 33 CUC. Hay quienes dicen que a ese paso nunca llegaré a los 500, pero yo no pierdo las esperanzas. Además, ya no se trata solo de reparar el cuarto y el baño, sino de ver y contar cómo termina esta experiencia.

Las primeras sorpresas estuvieron en esos primeros 33. Solo comento algunos ejemplos:

  • Yadira me escribe y me dice: «No te conozco pero soy amiga de Roque ¿cómo te lo hago llegar?». Y a los tres días Roque, que no sabía nada, me dice: Rodo una amiga mía te mandó este dinero, ¿cómo es eso que estás reparando el cuarto?». Imagínense mi sorpresa, la muchacha, a quien aún no conozco, cumplió su palabra.
  • Una amiga de la universidad, pero de otra facultad, que vive en el extranjero me escribió por el chat para decirme que pasara por casa de su mamá, aquí en Cuba, para recoger el dinero (con ella sí me dio mucha pena, le agradecí la intención, pero no pasé. No, no).
  • Una amiga periodista de Granma me entregó 1 CUC de parte de Dainet, una muchacha a la que solo vi un par de veces los días previos a la subida del Pico Turquino en Santiago de Cuba, y que al saber la noticia me envió el dinero.
  • Un amigo de mi aula en la Facultad me escribió y en tono misterioso me dijo: «Te van a contactar de mi parte, acepta lo que te den». Y desapareció del chat.

Por supuesto, que no puedo mencionar los 33 nombres, pero estos 4 me sorprendieron rotundamente. Antes de terminar quiero compartir algunas otras ideas.

  • Esta iniciativa, se pudiera decir de economía solidaria, podría adaptarse a otras experiencias. Pensemos en alguien que necesite alquilarse en La Habana por un año. Solo tiene que encontrar a 12 buenos amigos que le den albergue gratuito por espacio de un mes.
  • Supe de un colega, historiador, que le pidió a dos amigos en España y Argentina que le enviaran 70 CUC cada uno. Ese era el dinero que él necesitaba para administrarlo por un año como si fuese un salario fijo promedio en moneda nacional. Con ese dinero, sobrevivió un año sin trabajar y pudo dedicarse a terminar su libro.
  • Un colega diseñador me dice que hará un afiche para colgar en mi cuarto que diga: «Este cuarto se construyó gracias al esfuerzo de…».

Solo son ideas. Lo cierto es que la iniciativa me ha hecho disfrutar de buenos momentos y he visto aparecer también a amistades lejanas. A finales de abril escribiré un segundo parte, el tercero será en mi cumpleaños y el cuarto, para dar cuenta de cómo invertí el dinero de mis amigos. Hasta pronto y gracias a todas y a todos.

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Campo de sueños

Por Camilo Santiesteban

  • ¿Es este el Paraíso?-, preguntó el aparecido, – no, es Iwoa- contestó Ray. – Pues parace que sí, pues en el paraíso es donde los sueños se hacen realidad- dijo calmadamente y luego se desvaneció en el maizal, después de mirar maravillado todo el lugar.

El diálogo anterior lo memoricé, como pude, del filme «Campo de Sueños», realizada en 1988, protagonizada por Kevin Cotsner y otros tantos actores de calidad probada. Hace ya casi diez años un buen amigo me lo sugirió, con unas de sus desmedidas alusiones.

Hoy lo vi. Es un gran homenaje a figuras del beisbol estadounidense y en general al deporte en esa nación, aunque también en un fuerte llamado a la realización personal o simplemente a seguir un impulso genuino e instintivo, donde a pesar de existir un alto grado de incertidumbre, vemos un pedacito de luz y la buscamos. Si la encontramos, abrimos más la hendija y maximizamos su efecto.

En un momento puede parecer descabellado y poco considerado arriesgar tanto (o todo) por alcanzar la paz con uno mismo, sobre todo porque muchas veces lo único que te dice tu yo interior es que no quieres seguir llevando las cosas de ese modo. Creo que definitivamente es uno de los derroteros hacia la felicidad, instantánea por definición.

Los sueños (como uno los llama) nos marcan objetivos, y no lo son propiamente hasta que se comienza a luchar por ellos.

Se piensa muchísimo, tanto que llega a ser cuestionable (en cierto punto) si se está en el lugar correcto para lograr cada una de las pequeñas metas prometedoras, transportadoras y necesariamente obligatorias para llegar al bien mayor.

Salta por consiguiente la contextualización de mi sueño, volviéndose un proceso que exige valentía, paciencia, optimismo y un poquito de aché. Todo eso si quiero que las utopías dejen de ser sólo eso.

Rondan y entorpecen las distracciones y arrepentimientos, lo primero es transitorio, lo segundo tiene que serlo o estoy jodido.

Los seres queridos y adyacentes no siempre entienden, pero es mejor ser un incomprendido un ratico, que un frustrado un montón de raticos.

Hay que emprender y aprender, ya lo dijo el Che, lo que hay que hacer es luchar todos los días, buscando la satisfacción, la armonía y la paz interna.

Hasta pronto. Gracias.

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¿Cómo reunir 500 CUC?

Por Rodolfo Romero Reyes

Llevo casi dos años esperando que me asignen el subsidio aprobado por el Poder Popular para poder reparar mi casa. Sé que son muchas las demandas en mi municipio de Guanabacoa y por tanto puede demorar 2 o 4 años más. Pero, teniendo en cuenta que necesito urgentemente reparar, al menos, mi cuarto; he optado por otra solución temporal.

Calculé que para resanar las cabillas explotadas del techo, reparar todas las paredes que están en los ladrillos, eliminar la filtración de agua de una de ellas y rehacer el baño -prácticamente desde cero-, necesito mínimamente 500 CUC. Como no tengo de donde sacar este dinero, se me ocurrió una idea que mis amigos más cercanos han aprobado; algunos alegando que es una buena causa y otros diciendo que, con mi cara dura, la iniciativa no debe traer males mayores.

Aprovechando que el próximo 23 de mayo es mi cumpleaños, les pediré a todos los amigos y amigas que lean este texto que, en vez de regalarme por esa fecha algo lindo, gracioso o útil, o invitarme a alguna cerveza, me regalen 1 CUC. Así de sencillo: 1 CUC. Creo que a algunos quizás hasta les sale más barato. La fecha de entrega de este singular “regalo” puede ser desde hoy y hasta el mismo 23 de mayo, fecha en que romperé la “alcancía” para empezar las labores de la construcción. Calculo que de los 3 mil y pico amigos de FB, al menos 2mil viven en Cuba y de ellos, 500 sean amigos cercanos que no olvidarán mi cumple. Obviamente, quien no lo tenga disponible, no está obligado a regalarme nada.

Prometo mantenerlos al tanto de cómo va la colecta. En el momento en que se publican estas líneas, 3 amigos (un tunero, una camagüeyana y un habanero) han dado su “paso al frente”; de hecho, el habanero me dio 2 CUC. Creo que es un buen comienzo, solo me faltan 496. Vamos a ver qué pasa.

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Pensar en Cuba (revista digital de Ciencias Sociales)

Revista digital de Ciencias Sociales

18-Pensar en CubaPor Rodolfo Romero Reyes

Toda generación quiso gritarle al mundo sus verdades. Siempre los jóvenes hemos tenido qué decir y qué hacer. El deseo ha sido virtud. La palabra, fuerza. La acción, el presente conquistado.

Pero cada generación necesitó de un espacio para expresar sus ideas y multiplicarlas en cualquier calle, en cualquier casa. Los cantautores se armaron de guitarras, los poetas de versos, los guerrilleros de un fusil. Entonces las revistas emergieron para convertirse en eco de las tribunas, y ser, en sí mismas, marcha y guerrilla.

La juventud siempre ha tenido la premisa de parecerse a su tiempo. A veces los ánimos son los mismos, y también similares las armas de lucha. Quizás por eso nace esta revista que, pensada por jóvenes, se propone, mediante el diálogo con los más viejos, desandar los caminos de la nación cubana a partir de 1959.

Nosotros, los que vivimos en los últimos 20 o 30 años, hemos escuchado hablar de una épica revolucionaria, de una polémica cultural, de un país bloqueado, de prejuicios y estereotipos, de conquistas sociales, de un imperialismo y de la grandeza de todo el pueblo. Pero no nos bastan los cuentos de nuestros padres y abuelos, queremos estudiar, conocer y profundizar en nuestras raíces más cercanas, igual que cuando pequeños hablábamos y leíamos acerca de Céspedes, Agramonte, Maceo o el General Máximo Gómez.

Precisamente por eso nos hemos propuesto Pensar en Cuba. Pensarla hoy, pero pensarla desde aquí. Porque no nos convencen las historias tergiversadas que escriben otros desde tierras lejanas, quizás abrumados por la nostalgia, la lejanía o batallas ideológicas perdidas u olvidadas. Tampoco queremos libros de historia de Cuba que aburren a veces por haberse vuelto viejos o estar desactualizados. Queremos dialogar con nuestro pasado más reciente, para conocernos primero y para entendernos después.

Los tiempos modernos y los recursos económicos nos obligan a nacer como revista en formato digital. Pero la inconveniencia de no poder guardarla en una gaveta, se hace conveniente al poder nuestros textos pasar de memoria flash en memoria flash, o estar a la vista de miles de personas en la web.

Para este primer número hemos llamado a amigas y amigos cercanos. Profesores reconocidísimos que han dejado en estas páginas ensayos y reflexiones de alto valor académico. También escribimos jóvenes comunicadores y periodistas que intentamos ser un puente que rescate el testimonio de nuestros padres y abuelos. ¿Quiénes nos leerán? Todos aquellos que logremos contagiar con nuestro empeño de Pensar en Cuba. Esperamos que cada día se sumen más porque vivimos convencidos que pensar nuestro país siempre será un ejercicio fértil, urgente y necesario.

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Escaramuzas en Escaramujo

1Los que me conocen saben que desde enero de 2010 una parte muy importante de mi vida gira en torno a un proyecto que hemos ido construyendo en la Facultad de Comunicación y que lleva por nombre Escaramujo. Ya son 5 años compartiendo valores, saberes y herramientas de comunicación con adolescentes de las Escuelas de Formación Integral y otros que cursan la enseñanza secundaria en la capital. Para este noble empeño contamos con el sacrificio, la pasión y la entrega de estudiantes universitarios de Psicología, Comunicación y Periodismo.

Aunque este equipo se toma el trabajo muy en serio, podrán imaginar que como a todo grupo de amigos y amigas, constantemente les suceden cosas cómicas o simpáticas.

Por eso, cuando decidimos reunirnos a celebrar nuestro 5to aniversario, pasamos gran parte de la noche rememorando historias. Recordamos que Diana, en uno de nuestros juegos, es siempre la mejor “asesina”, que Isely quedó atrapada en un baño por 40 minutos y que Yohana en una ocasión nos conmovió al contar una idea que supuestamente se le había ocurrido a una niña en un taller y al final descubrimos que la idea había sido de ella.

También se contó la historia de Adrián y Betty, quienes fueron a una función de ballet en el Karl Marx que supuestamente empezaba a las 8.30pm. Llegaron a las 7.00pm y vieron pequeños grupos de personas en las afueras del teatro. Esperaron pacientemente a que los dejaran entrar pero, para su sorpresa, las personas se dispersaron, se cerraron las puertas y se apagaron las luces. Fue entonces que se percataron que la función había sido a las 5.00pm y que aquellos, a los que vieron en la acera, salían después de haber disfrutado el espectáculo.

Y es que se trata de jóvenes talentosos pero que a veces se despistan. Laura, por ejemplo, llegó a una taller a las 7 de la mañana (había salido desde Guanabacoa hasta Marianao) cuando estaba previsto para las 7 de la noche. Magela repitió la palabra ¡Agua! en innumerables ocasiones mientras el grupo le recordaba para que se empleaba ese elemento en el juego del Capitán Planeta. Y Mavis ganó 100 CUC únicamente por dejarse cortar el pelo en un supuesto concurso de belleza.

A veces nos gastamos bromas, como aquella vez que le hicimos creer a una de las coordinadoras que alguien de su taller se había enamorado perdidamente de ella. Pero, en la mayoría de las ocasiones, el chiste aparece solo, como el día en que Charly quiso compartir con el grupo una de las frases que disfrutaba escuchar en la intimidad y en vez de decir: «Coge, papi»; dijo; «Toma, papi». Ese día las carcajadas fueron interminables.

El mejor de los cuentos, sin dudas, pertenece a Zulema y con este voy a terminar. En una ocasión preparábamos una técnica en la que había que leer fragmentos del texto martiano «Un paseo por la tierra de los anamitas». En algún momento del texto los hombres ciegos agarran a un elefante por diferentes partes de su cuerpo e intentan describirlo. Uno de los coordinadores explica que en una ocasión anterior para recrear aún más el pasaje de La edad de oro, les habían pedido a cuatro personas que se vendaran los ojos, mientras un quinto leía el texto en voz alta.

Zulema muy sorprendida preguntó: « ¿Y cómo lograron traer a un elefante?».

Inmediatamente el coordinador, entendiendo el disparate que había pensado la Zule, decidió seguirle el juego: «Bueno, las puertas no eran tan pequeñas como las que ves ahora aquí. Hubo que pedir un permiso especial al zoológico. Además, no era un elefante grande, tenía solo unos meses de nacido».

Entonces la joven matancera, complacida con la respuesta, dijo asintiendo con la cabeza: « ¡Ah, bueno!» Y continuaron trabajando. Tres días después decidieron contarle la verdad, para que no se fuera de allí creyendo que en algún momento de la historia de Cuba un elefante había pisado aquella aula universitaria.

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Yo quiero ser como ellas

Por Sheila Matos Grillo

Uno de los mejores recuerdos que tengo de mi infancia, es de cuando mi mamá me puso la pañoleta azul; sí, porque después del ensayo clásico de varios días haciendo una M de niños que decían “moncadistas siempre listos” (luego de las palabras solemnes de una pionerita agraciada con el don de la oratoria), el muchacho que debía ponerme la pañoleta, el último día de ensayo me dijo:

-Yo no voy a venir mañana, pero no se lo digas a los maestros que sino me regañarán, díselo a tu mamá.

Yo, siendo fiel a estos primeros momentos de complicidad asociada a la fuga (la Universidad se convertiría en el escenario de perfeccionamiento de esta técnica… a mi mamá -pocas veces, pero lo confieso- le decía que estaba en la biblioteca y a los profes -bueno, muy poquitas veces, para ser sincera- les decía que estaba enferma), decidí decírselo a mi mamá. Su respuesta no fue explícita con palabras (no es una mujer de muchas palabras), solo les puedo decir que ese día estuvo ella, fue ella quien me puso la pañoleta.

Serían muchas las otras historias que podría contarles a ustedes sobre mi “Mariana Moderna”, ella es de las que durmió poco y trabaja aún mucho; es de esas mujeres modernas, admirables, y pionera como el proceso cubano lo demandó; es de esas mujeres que formó parte de los proyectos sociales y de la incorporación de la mujer a la compleja dinámica social cubana de la década de 1980; es de esas mujeres que en la inquietud constante se forjó, salió adelante, se convirtió en profesional y mamá. Yo la admiró como mujer, no es porque sea mi mamá, sino porque como ella misma suele decir: “Yo soy una mujer realizada en Cuba Socialista”.

Es una de esas mujeres que ante la adversidad de la vida profesional no claudicó, se superó a si misma cada vez más. Es de las mujeres que es hija, madre y profesional y nunca dejó una guardia a la espera (tengo historias de guardias, policlínicos y hospitales para hacer un libro), o a mi abuela o a mi desatendidas. Es una de esas mujeres duras que vivieron en Cuba en la década de 1990, pero siempre la recuerdo sonriendo. Y si no les parece suficiente todo esto, es de las mujeres que le dijo a la única hija que tiene en ciertas circunstancias de la vida: “me voy para que crezcas”.

Y sería muy falsa yo si olvidara a mi primera maestra, a mi “Carmela”, esa otra mujer que me enseño sobre la dulzura, el amor, la tolerancia ante la diferencia, la bondad humana y sobre todo, a tener fe en el mejoramiento humano. Me enseño también sobre la constancia a tener cuando de objetivos a lograr se trate y algo muy importante, fue la mujer que me enseñó a leer y creo que de alguna manera me mostró el camino hacia la libertad usando los libros como herramienta. Esa es otra mujer moderna, de esta época que me enseñó a querer y a poder, pues como nos solía decir: “el que quiere, puede”. Es una mujer, que como madre, un día de esos… de apagón, ante la premura de su hijo para hacer un proyecto de ingeniería buscó la solución: “por cada hoja que yo queme, tú haces una línea en el papel”.

Esas…esas son mujeres enteras y las otras tantas modernas o no tan modernas y de las que no me alcanzaría el espacio para hablar, son mujeres de nuestro tiempo; que han librado las vicisitudes de la época para criar a los hijos, atender el hogar, ser profesionales y dejar disfrutar a los otros de su agradable presencia. A esas mujeres que decidieron cambiar su historia y la mía, solo les puedo ofrecer mi respeto y el más profundo deseo de ser como ellas.

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