Arnaldo

Cinco jóvenes cubanos, amigos y revolucionarios.

Aunque no he hablado con él personalmente, he estado al tanto de cada detalle. Lo apoyo con total transparencia. Por estos días tuve ganas de escribir algo, pero recién leo a nuestra amiga, y me doy cuenta que no hace falta decir nada más. Un abrazo, con fervor revolucionario…

La esquina de Lilith

Arnaldo le tiene miedo a las alturas y a alguna otra cosa de la que no me acuerdo, pero no a la vida, no al periodismo, no a las verdades. Arnaldo escribe con el corazón y con las tripas. Llora. Sueña. Se levanta.

La objetividad según la entiende es pie en tierra y oído atento, es pueblo que habla y siente. Es verdad. Es lógica. Es justicia, no importa si no está en papeles.

Arnaldo tiene una madre que es “pura” y brújula. Pocas cosas materiales, muchos amigos, el fondo de una botella donde a veces pone a nadar las penas , la guerrilla y los guerrilleros. Tiene unos ojos buenos, que parece que siempre estuvieran cansados, y un abrazo, sobre todo un abrazo para el amigo, para el desvalido, para la pobre vieja, para el hombre que caza cocodrilos y al final de la jornada solo el pecho tiene…

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Fidel entre dos infancias

Por Silvio Rodríguez

Tomado del Blog Segunda Cita

Escuché hablar de Fidel por primera vez en mi infancia, bastante antes del 1º de enero de 1959. Por entonces su nombre se decía en voz baja y a veces se percibía en los murmullos de los mayores. Una noche lo escuché mencionar en la radio, también a bajo volumen, en casa de unos parientes que tenían onda corta. Allí escuchábamos una emisora clandestina que trasmitía desde las montañas de la Sierra Maestra, donde aquel nombre prohibido y sus amigos se peleaban a tiros con el ejército.
Así que lo primero que aprendí de Fidel es que a veces había que ser discreto: no se podía decir su nombre, no se podía decir que escuchábamos aquella emisora, como tampoco se podía decir que en la panadería de enfrente se vendían bonos del 26 de julio. Por lo mismo también fue secreto que, de mis soldaditos de juguete, mis afines eran los rebeldes, y que sus enemigos eran los mismos enemigos de los rebeldes de la realidad.

Apenas dos años después del triunfo revolucionario, Fidel, para mi, fue aquel hombre joven, enérgico y barbudo que a unos metros por encima de mi cabeza, en la playa de Varadero, despedía a un ejército de la enseñanza que al amanecer partiría a los campos y montañas de Cuba, armados de faroles y cartillas de alfabetización.

Aquel fue el primer discurso en directo que le escuché, y se me quedó el gusto, porque desde entonces muchas veces volví a estar cerca de donde Fidel se paraba a hacer historia. Incluso cuando mi servicio militar, si alguno de mis escasos permisos coincidía con un acto público, ahí estaba yo, lo más cerca posible de la tribuna. Puedo contar que estuve en el estadio en que aquel joven colombiano, armado de su acordeón, nos dio a conocer “Cuba sí, yanquis no”. Y también aquella vez de la escalinata universitaria, cuando alguien omitió la palabra Dios de un escrito de José Antonio Echeverría, y Fidel se indignó e hizo el memorable discurso donde nombró a los estrechos de miras como “mancos mentales”.

Confieso que cuando Fidel habló de los “elvispreslianos” me sentí en conflicto, porque a mi, desde chiquito, me gustaban las canciones y la guitarra de Elvis Presley. Pensé que sus palabras, más que a la música, se referían a jóvenes que se la pasaban en la ingravidez, ajenos a las urgencias del país. Fue un punto incómodo, pero que nunca me puso en tres y dos, porque mis jerarquías sentimentales siempre fueron maduras.

La primera vez que estuve un poco más cerca de Fidel, fue a través de terceros. Me refiero a cuando alguien cercano tuvo un encuentro directo con él y pude escuchárselo contar. Esto pasó la noche más difícil de la Crisis de Octubre, cuando el Jefe de la Revolución se reunió con algunos dirigentes, entre ellos los responsables del semanario Mella, donde yo trabajaba. Aquella reunión fue para informar sobre la posibilidad de que, al amanecer, Cuba sufriera dos impactos nucleares. La idea de ese ataque –que según leí después fue de Robert Kennedy—, era dividir nuestra alargada isla en tres pedazos, para facilitar un desembarco posterior. Un consejo que se dio en aquella reunión fue que, cuando el ataque ocurriera, procuráramos mirar hacia el oeste, para no quedar ciegos por el resplandor y poder resistir la invasión en el tercio de país que quedaríamos.

Yo tenía 15 años. Después de escuchar que el mundo se acabaría por la mañana, cuando mis compañeros subieron y me quedé solo, me refugié en la luna. Mirándola, algo me dijo que todo aquello era demasiado para que fuera cierto. Puede que me ayudara a pensar así una conga demencial que iba Belascoaín abajo, a dos cuadras de donde yo estaba con mi fusilito. Pero lo cierto es que mientras unos cavilaban sobre la suerte del mundo y otros rumbeaban que éramos socialistas, Fidel estaba despierto, organizando la resistencia después de la hecatombe nuclear. Era el mismo Fidel que en aquel lugar llamado Cuatro Palmas, después del arduo desembarco del yate y de la derrota de Alegría de Pío, dijo a los pocos que quedaban que ahora sí iban a hacer la Revolución. El mismo hombre del que algunos de sus compañeros pensaron que se había vuelto loco. Por eso creo que una de las cosas que hizo a Fidel ser Fidel fue su extraordinaria capacidad de previsión, y su certeza de que siempre va haber un después para seguir luchando.

Y quizá porque yo disto de ser así –ya que carezco de esa grandeza–, porque a mi la realidad puede llegar a abrumarme e incluso a persuadirme, debo decir que ese supuesto loco, ese inconforme impenitente, ese rebelde con causa me reclutó desde la infancia.

Hay otros ángulos de Fidel, menos públicos, que no dejan de ser muy seductores: como cuando confiesa que lo que más le gustaría sería pararse en una esquina, o cuando acepta el reto de quién hace la mejor paella y se pone un delantal, o cuando dice que le hubiera gustado ser poeta.

Seguramente hay una multitud de Fideles habitando el mismo esqueleto y conformando al hombre que tuvo la energía y la suerte de llevar adelante una vida exigente, difícilmente comparable, tan auténtica que arrastró consigo a sus contemporáneos y que todavía hoy convoca y suma pensamientos. Por eso no dudo de que hay Fidel para muy largo rato.

A menos que venga otro período oscuro en el que otros injustos logren devolverlo a otra montaña, a otro silencio como el de cuando escuché su nombre allá, en mi infancia. Si ese velo cayera, no dudo que Fidel vuelva a romper el mutismo impuesto y que otro día, con otro nombre luminoso como el de aquel enero, volverá a obtener la victoria.

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Entrevista inédita a comandantes del ELN en La Habana

Crecí admirando a los guerrilleros y a las guerrilleras. El Che, Fidel, los barbudos de la Sierra, resultaron íconos de mi adolescencia. Después supe de Tania la guerrillera, de los hermanos Martínez Tamayo, conocí a los hijos de Pachungo, Morogoro, Machín, Tumaine… Me cautivó la mística del subcomandante Marcos y entendí que un «pasamontañas» podía disimular sentimientos genuinos detrás de miradas tiernas o desafiantes.

Siempre simpaticé con los hombres y las mujeres que escogían el difícil camino de irse a pelear a las montañas para conquistar el sueño de un mundo más justo y equitativo. Gracias a los libros de Ocean Sur conocí las historias de Marulanda, Simón Trinidad, Tanja Nijmeijer, Raúl Reyes, guerrilleros colombianos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), que fueron para mí héroes modernos. Hasta ese momento conocía solo a esta parte de la guerrilla en Colombia, quizás la más mediatizada. Había escuchado hablar de otra fuerza revolucionaria tan veterana como las FARC, el Ejército de Liberación Nacional, pero a estos insurgentes me costó tiempo ponerles rostro. Mi primer acercamiento fue hace alrededor de un año, cuando un amigo a quien conocía solo por su «nombre de guerra», se me presentó oficialmente como guerrillero del ELN.

A partir de ese momento conocí su historia, sus luchas, y las características de su propuesta de negociación por la paz. Cuando supe que existiría la posibilidad real de una entrevista, me sentí afortunado. Horas después, estreché las manos de los comandantes Nicolás Bautista y Antonio García, en la casa en la que viviera por muchos años otro guerrillero legendario (actual Centro de Estudios Che Guevara). Después de los saludos iniciales y un breve intercambio acerca del libro ¡Papá, son los muchachos!, empezó el diálogo.  

Recientemente se reunieron en La Habana jefes de las FARC-EP y el ELN, ¿cuáles fueron los aportes esenciales del encuentro para el proceso de paz colombiano?

Nicolás: Nosotros vinimos porque este era un encuentro aplazado desde hace cerca de dos años. Aunque el gobierno se había comprometido a facilitar este encuentro, lo fue posponiendo. Recién conocimos que, no solamente por disposición del gobierno, sino también por contribución de gente que está interesada en el proceso de paz de Colombia, se dio el encuentro. El encuentro fue básicamente para ponernos al día entre las FARC y nosotros. Nos permitió conocer de primera mano detalles de su proceso, con mucha más precisión. Igualmente, nosotros les expresamos donde íbamos, las posibilidades, las dificultades. Terminó con una rueda de prensa donde concluimos que, si bien hay diferencias de enfoque, de desarrollo, de visión, también hay identidades comunes. Lo principal es que, independientemente del desarrollo de las agendas, ambas tienen el objetivo común de lograr la paz completa para Colombia.

Antonio: Lo que hicimos con los compañeros de las FARC fue conversar sobre la experiencia de la negociación de ellos y también de nuestra, de los obstáculos que ellos habían tenido, de los que hemos tenido nosotros, de los ritmos que ellos tienen —ellos van más adelante, nosotros vamos más atrás—; hablamos con mucha franqueza. Identificamos que hay diferencias, que son dos procesos diferenciados, con ritmos distintos. No nos vamos a poner a pensar ahora cuáles son los errores, cuáles son los problemas. Seguramente la realidad los va a evidenciar, esperamos a que eso suceda. Pensamos que hay cosas sobre las cuales vamos a tener que seguir actuando, de tal manera que los dos procesos, en algún momento, puedan concluir en acción política, que puedan contribuir a aportar soluciones a los problemas de la sociedad para que avancemos en una posible democratización de Colombia.

Mucho se habla y se ha hablado de la paz, ¿qué tipo de paz persigue el Ejército de Liberación Nacional?

Antonio: Nosotros luchamos por la paz que resuelva la participación de la sociedad, que le permita participar en el diseño de su destino. Que sea la misma sociedad quien formule las soluciones a los problemas. Nosotros pensamos que la negociación tiene que contar con la participación de la gente. De ahí pueden salir soluciones, pero todo va a depender de lo que diga la sociedad: un gran diálogo nacional donde la misma gente formule propuestas de transformación para Colombia.

Nicolás: En Colombia se corean por parte de las masas movilizadas una consigna: «La paz con cambios, la paz con transformaciones». Eso, por supuesto, tiene un contenido muy profundo. La paz no puede ser un asunto cosmético para que todo siga igual, la paz de Colombia requiere cambios profundos sobre todo en la democracia, en la justicia, en la equidad social y en la soberanía. Un proceso que no culmine allí, realmente no es bienvenido por parte de las mayorías, sobre todo de las mayorías que son excluidas. Todo el mundo habla de paz, pero sin duda, la clase en el poder tiene una visión bastante diferente a la nuestra de lo que tiene que ser la paz. Para ellos la paz es una realidad donde nadie le estorbe, para el proceso arrollador del neoliberalismo y para los propósitos del capital foráneo de arrasar con el país; esa es la paz del neoliberalismo. La paz de los revolucionarios, por el contrario, es una realidad nueva, donde haya justicia social y donde haya democracia.

Se avecina un año electoral en Colombia, ¿cuánto puede afectar esa realidad?

Nicolás: No puede ser que la paz sea utilizada para los beneficios políticos particulares que existen en Colombia, por el contrario, las elecciones deberían ser un factor de fortalecer el proceso de paz. Por supuesto, que es muy difícil, pero ese es nuestro propósito. No deben existir fracturaciones respecto a los esfuerzos por la paz en aras de posicionar a los candidatos respecto a las elecciones; deben ser más bien los esfuerzos de ellos para fortalecer el proceso de paz.

La situación en Colombia es tan compleja que lo más importante es mantener los propósitos que sabemos no culminan en este gobierno. Nosotros tenemos eso claro, el proceso de lucha por la paz del ELN va mucho más allá del gobierno de Santos. El Comandante Pablo Beltrán ha dicho que nosotros no nos vamos a levantar de la mesa, y eso es cierto. La paz es entre nuestros adversarios y la sociedad, decimos nosotros; pero si el adversario no quiere es muy difícil entonces. Aun así, nosotros tenemos como objetivo persistir por la paz hasta el final, la paz es el objetivo que buscamos los revolucionarios. Con ese sueño nos levantamos en armas y con ese sueño nos hemos mantenido. El futuro de Colombia o de cualquier pueblo del mundo es la paz, por derecho, por ley, pero además por naturaleza; no puede ser la guerra, nosotros hemos aceptado la guerra como último recurso y siempre hemos planteado la urgencia de la paz.

Antonio: Los problemas por los cuales estamos alzados en armas están ahí latentes. Cada día la gente nos lo está repitiendo: problemas de salud, educación, transporte, vivienda; todos los bienes públicos, el problema de la soberanía nacional, el modelo económico; todo eso sigue en la realidad de Colombia, nada ha cambiado. Esperamos que la reflexión que se haga del proceso de paz nos aporte soluciones.

El proceso de negociación previo entre FARC y gobierno es un importante antecedente. ¿genera optimismo, preocupaciones?

Nicolás: Nosotros les decíamos a los compañeros de las FARC que lo ideal hubiese sido que ambos procesos hubiesen ido mucho más articulados y sincronizados. Eso no fue posible, pero tampoco es tan malo que los dos procesos sean desiguales porque los unos y los otros nos podemos mirar en cada acierto o en cada dificultad.

La negociación con las FARC ha tenido como elemento positivo, que se vaya impactando en el país con la necesidad de nuevas realidades, nuevas posibilidades y un nuevo desarrollo. En cambio, lo que más nos preocupa de ese proceso es que no logramos constatar en la oligarquía colombiana una disposición a la paz. Es muy común que se le escuche decir a cualquier político decente, por decirlo de alguna manera, o a alguien en la calle, que a las FARC no les están cumpliendo. Los mismos compañeros de las FARC son conscientes de que no les están cumpliendo.

Cuando alguien tiene la osadía de irse delante, es bueno; pero el que va un poco atrás también puede medir hasta dónde hay posibilidades y cómo mejorar asuntos que puedan aportarle al proceso. Porque el proceso de paz es el mismo, aunque pongamos énfasis en temas distintos o tengamos puntos de vista diferentes.

Antonio: El gobierno negoció con una guerrilla y ahora lo hace con la otra; pero en Colombia se han venido presentando grandes movilizaciones de la sociedad. Hay decenas de miles de personas en protestas, los maestros, los estudiantes, en ciudades como Buenaventura, hay decenas de miles de personas protestando. Todas esas protestas se deben a que el gobierno no les ha cumplido sus peticiones negociadas. Si un gobierno no es capaz de negociar conflictos de orden social con las comunidades, qué puede pasar más adelante. Estamos ante un gobierno que no está en condiciones ni siquiera de cumplirle a los sectores sociales. ¿Qué vamos a hacer entonces? ¿Vamos a esperar que más adelante le cumpla a las FARC, le cumpla al ELN? A las FARC le ha venido incumpliendo. Para mencionar un solo caso, no tuvo listos los campamentos donde ellos se iban a concentrar y hacer todo el proceso de legalizaciones. Era el punto que más le interesaba al gobierno —porque lo que más le interesa es que la guerrilla deponga las armas—, y ni siquiera los campamentos estuvieron listos.

El cumplimiento de todos los acuerdos es algo más grave aún. El acuerdo final se ha modificado dos o tres veces, se sigue negociando, es un proceso que no ha terminado, abierto, que cuestiona varios elementos que son esenciales en un proceso de solución política. Estamos en un proceso de negociación compleja. Tenemos mucha esperanza de avanzar, pero es bueno que la negociación del proceso de paz se haga con la máxima seriedad y el máximo cumplimiento.

¿En qué momento de las negociaciones está el ELN y cuál sería la próxima meta a alcanzar?

Antonio: La negociación entre el ELN y el gobierno colombiano ya está en una fase pública luego de haber estado prácticamente cuatro años negociando una agenda. Son cinco o seis temas sobre los cuales creemos necesario conversar y llegar a acuerdos. Hemos negociado una agenda, pero no hay nada sustancial. En estos momentos estamos en la fase pública en lo que consideramos la primera parte de la negociación, en la que para nosotros es fundamental poder diseñar la participación de la sociedad, de qué manera, quiénes, qué temáticas, en qué escenarios se va a llevar un diálogo nacional, donde la sociedad misma sea la que diga cuáles son los problemas que debe examinar, cómo analizar la realidad. De ese análisis identificaríamos en una especie de consenso nacional y soluciones viables que puedan abrir un camino a una posible democratización de Colombia.

Nicolás: Si hacemos una línea imaginaria, podríamos decir que los compañeros de las FARC, al haber firmado acuerdos y estar en la implementación de ellos, estarían de esa línea para allá. El ELN, al tener una agenda definida, pero al no haber comenzado a construir acuerdos, estaría de esa línea para acá. No porque nosotros lo queramos, sino porque el gobierno, primero, fue demasiado resistente a aceptar la agenda que terminó por construirse. A ellos les da mucho temor la participación de la sociedad y la exigencia de la democracia para Colombia, que es un asunto transversal en toda la agenda con el ELN. Lo otro difícil fue llegar a un acuerdo sobre la dejación de las armas porque nosotros no aceptamos el punto de dejar las armas porque nosotros todavía no sabemos si eso sea posible. Por esta y otras razones, pero estas pesan mucho, ha sido muy difícil llegar a los primeros acuerdos con el gobierno. Para ellos, por ejemplo, la participación de la sociedad no puede ser vinculante, para nosotros es una condición.

La guerra de más de medio siglo ininterrumpido que se ha vivido en Colombia la ha padecido la gente de a pie, la gente humilde, las grandes mayorías, por tanto, ellas deben ser constructoras de este proceso de paz. Creemos que esto es indispensable. No ayuda mucho que nosotros, sintiéndonos sus representantes, negociemos lo que a ellas les corresponde. No es preguntarles: ¿ustedes qué piensan?; sino, vengan, construyamos, entre todos, el proceso de paz; qué país quieren, qué país sueñan, hasta dónde hoy, hasta dónde mañana. Por eso ha sido tan difícil avanzar en este proceso, porque el gobierno quiere algo exclusivo, algo particular.

Por estas, entre otras razones, nuestro proceso va muy lento. Nosotros no tenemos desespero, no tenemos angustias. Además, más grave aún es el hecho de que todos los integrantes de la clase en el poder no participan en el proceso de paz que estamos llegando a construir. La extrema derecha está por bloquearlo; qué futuro tiene la paz si la clase gobernante está fracturada, qué fortaleza indestructible puede tener un proceso de paz con un gobierno que no logra arrastrar ni siquiera a los poderes del Estado para un proceso de paz.

Un ejemplo es lo que ocurrió con el plebiscito. Hubo unos acuerdos, se pierde el plebiscito, y entonces hay que renegociar, eso les ocurrió a los compañeros de las FARC. El proceso de paz es uno solo, por tanto, un auténtico movimiento en Colombia, con fortalezas, para el resto del mundo y de manera particular en el continente, tiene que ser uno solo, con objetivos comunes.

Antonio: En este primer ciclo que ya pasó, se trataba de diseñar la participación de la sociedad, pero el gobierno quiso introducir de manera impositiva un tema que debe discutirse, en nuestra opinión, más adelante, y que tiene que ver con la confrontación militar. Lo hicieron con el sentido de buscar una imposición y romper el orden que se había establecido en la discusión de la agenda. Somos dos partes que se sentaron a conversar y ambas partes tenemos que acordar lo que hablan. Ya definimos un orden, entonces ninguna de las partes debe imponerle a la otra, como ellos pretenden, ningún cambio fuera de lo acordado. Vamos a mirar en este segundo ciclo, para ver cómo evolucionan las conversaciones. Pensamos que siempre los problemas tienen solución, que se puede evolucionar, siempre que sean conversados en los términos de la bilateralidad.

Lo ideal del segundo ciclo es construir el diseño y la participación de la sociedad en el proceso de paz: quiénes deben participar en ese gran diálogo nacional, qué organizaciones, qué fuerzas sociales, qué fuerzas políticas, cuántos, en qué escenarios, regionales, nacionales, qué temáticas deben discutirse. Eso es lo que deseamos pueda resultar de este segundo ciclo.

Las guerrillas han sido víctimas de culpas, estigmas e incomprensión. ¿Qué significa ser guerrillero o guerrillera en la Colombia del siglo XXI?

Antonio: Una cualidad esencial es la rebeldía. El Comandante Fidel mencionaba siempre otras cualidades que deben caracterizarnos: la decencia, la humildad, la solidaridad, la ternura, el amor a los demás, a toda la humanidad. Sobre todo, un guerrillero o guerrillera siente amor hacia los más pobres, los más humildes. Amar al ser humano independientemente de sus condiciones. Cualquier forma de gobierno o de sociedad tiene que identificarse con el ser humano y volverlo a esa condición natural. La rebelión es un derecho natural y también es un derecho normativo. Nacemos rebeldes y la rebeldía quizás fue la que hizo al hombre rebelarse primero contra la naturaleza, y después contra amenazas de cualquier tipo. Hoy ser guerrillero es rebelarse contra los sistemas de dominación política.

Nicolás: El Che definió qué es un guerrillero. Un reformador social. No puede concebirse un guerrillero diferente al que defiende y da la vida por el bien de los pueblos, por la justicia social y por la soberanía. Quien lo aplique de la manera más creadora es el auténtico guerrillero. Tenemos las armas como símbolo de rebeldía porque se comprobó que por la vía democrática no era posible lograr los objetivos para que los intereses de ese pueblo se cristalicen y desarrollen en la construcción de un país y de bienestar común. Para mí, ayer u hoy, los propósitos, las conductas, los esfuerzos y objetivos del guerrillero son los mismos, en el siglo pasado cuando nos hicimos guerrilleros y hoy, cuando creemos que la resistencia sigue teniendo plena vigencia en Colombia.

(Tomado de Contexto Latinoamericano)

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Declaración de blogueras y blogueros cubanos

Cuba existe también en la blogosfera. Es el testimonio cotidiano y el pensamiento libre de una nación y de un pueblo en toda su variopinta cultura de resistencia y de vida. Justamente por ese patriotismo que nos identifica como comunidad, es que denunciamos las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos por ofensivas e insultantes con nuestro pueblo. Trump  frena, retrocede, se descoloca en la historia,  asume la peor de las posiciones y lo hace rodeado de sujetos con un amplio prontuario criminal.

Los blogueros cubanos que suscribimos esta declaración, así como en su momento seguimos y animamos el acercamiento entre las dos naciones, a pesar de sus diferencias,  rechazamos la vuelta al discurso ofensivo y la política de las cavernas, tantas veces  derrotada;  reprobamos toda intención de fuerza contra la Isla, al tiempo que descalificamos a terroristas y políticos tramposos como interlocutores válidos para los cubanos.

El presidente Trump ha de saber que su mandato no se extiende a Cuba y  sus ofensas  en el show de la “era del hielo” solo sirven para reforzar el sentimiento antiimperialista, como una razón más de unidad.

El trazo del camino seguido, y las cualidades de la rueda que le transita, son legítimos por la génesis popular que le dio vida, sin presión de ningún tipo, forjada desde el pueblo al que pertenecemos, y al cual se debe nuestro relato- sorprendente e impetuoso- de la vida tenaz en esta tierra, que lucha día a día por una sociedad y un mundo mejor.

Quienes deseen sumarse a esta declaración lo pueden hacer a través de las diversas plataformas de Redes Sociales donde ha sido publicada, o reblogueándola en sus páginas personales.

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Recostado a un árbol

La última imagen que tengo de él es bien nítida. Pasaba en un auto y lo descubrí a eso de las cuatro de la tarde, recostado a un árbol de ese parque vecino, leía un libro. Pensé: «las personas que pasan por la acera no imaginan que ese de allí es Fernando Martínez Heredia», «¿Qué estará leyendo?», «Debería bajar del carro —si tuviera la cámara— y hacerle una foto que sirva de portada de revista; sí, porque algún día le haré una larga entrevista a Fernando y esa foto irá en la portada, es tremenda foto, ¿verdad?».

La primera imagen cercana también es reciente. Lo había visto antes en eventos, conferencias, a través de sus artículos, en la universidad. Pero la primera conversación larga fue aquella tarde en que nos dimos a la tarea de fundar la revista Pensar en Cuba. Allí estaba él.

Cualquiera que no lo conociera bien, podría imaginarse que el maestro rememoraría los tiempos en que nació Pensamiento Crítico o nos daría consejos desde su sabia experiencia. En cambio, Fernando parecía un muchacho más, daba ideas para poner en la pizarra, le gustaba lo que se proponía, disfrutaba tanto… Después leyó cada número con detenimiento. Al salir la segunda entrega, me dijo por teléfono: «El número tres será el más difícil. Siempre las buenas ideas se agotan en los dos primeros, si logramos un buen número tres, garantizas el futuro de Pensar en Cuba». Y así fue, llegamos hasta el número ocho.

Nos encontrábamos de vez en cuando. En la oficina de la AHS, en eventos sobre el Che Guevara, en el Marinello. Sin importar quiénes estuvieran presentes, hacía un aparte para el abrazo cálido y algunas palabras. No sé cómo Fernando lograba en tres oraciones preocuparse por mi familia, debatir algún tema de actualidad y darme ideas para nuevos proyectos. Compartía sus preocupaciones con énfasis, sabía que eran las preocupaciones de una buena parte de Cuba. Apostaba por los jóvenes y por eso nos dedicaba tiempo, palabras y energías.

Llego a la funeraria. Me abraza un amigo, comenta: «Ha muerto un guerrero, están naciendo otros». Cuba está aquí. Contemporáneos que vieron crecer al joven y desafiante Fernando, amigos y colegas de la época de Pensamiento…, sus alumnos —los del aula y los de toda la vida—, instituciones oficialistas y alternativas, directivos de prensa y periodistas sancionados, personas de izquierda, de centro y hasta de derecha flexible, escritores, intelectuales, artistas, conspiradores, dirigentes de la FEU, jóvenes desvinculados, ministros, oficiales de la Seguridad del Estado, Héroes de la República de Cuba, profesores, amigos de la familia, los hijos del Che Guevara.

¿Cómo alguien puede ser querido por personas tan diferentes y ser, de hecho, tan querido?

Saludo a tantos se cruzan en el camino a mi abrazo con Esther. La abrazo por unos segundos y no le digo nada. No quiero que llore. Esther es fuerte, muy fuerte. Voy hasta las cenizas. Sus fotos, medallas, coronas, el carné de la Asociación de Combatientes con una imagen de Fidel. Hay tantas personas.

Mi amiga me pide que salgamos, no le gusta estar aquí, el ambiente es triste, hay mucha gente. La tomo del brazo y salimos a las escaleras. Unos minutos después sale Esther, se sienta en uno de los escalones y enciende un cigarro. Son buenas imágenes, ¿verdad? Esther sentada, fumando; Fernando recostado, leyendo. Me marcho rápido, no quiero hacer lobby. Alguien me habla de una exposición de fotos de Ernesto Guevara que se inaugurará mañana en la UCI, salgo de mis pensamientos y le hago caso, es el Che, es 14 de junio, a Fernando le hubiera gustado.

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El palón divino

Foto: Zona arqueológica El Infiernito.

Tomado de Revista Alma Mater

Por Rodolfo Romero Reyes

Por mucho que uno intente ser repa, escuchar y entender el reguetón, e incluso ser defensor en algunos espacios de este género, la realidad te supera. El ejemplo mejor soy yo —modestia, apártate que viene la galleta—, disfruté la adolescencia con los orígenes de esta música contagiosa, tuve novias de las que algunas canciones de Don Omar, Daddy Yanque, Wisin, Yandel, evocan recuerdos; estudié periodismo mientras se separaban Baby Lores e Insurrecto y se unían el Chacal y Yakarta, culminé mi servicio social con Alexander garantizando la inmortalidad de su sello Gente de Zona y, aun así, la vida me da sorpresas.

En una reunión de trabajo alguien pregunta, asumiendo que, aunque la mayoría no sabría, yo seguramente daba en el clavo: «Caballero, ¿ya escucharon la canción del «Palón divino»? Mi respuesta negativa fue seguida de un grupo de comentarios: «Sí, el otro día lo pusieron en la guagua»; «Mi sobrina la tiene» y —este para mí es el más desafortunado—: «yo descubrí el palón divino en Camagüey, con los muchachos del Fajardo que estaban en las Universiadas».

De ahí en adelante pasó lo que siempre pasa cuando un grupo de profesionales descubren un tema nuevo de reguetón, empiezan a denigrar el género. Intenté salir en su defensa, pero al escuchar la frase más pegajosa del nuevo hit me quedé prácticamente sin argumentos: «Soy negro, soy feo, pero soy tu asesino, no es la cara ni el cuerpo ma, es mi palón divino».

Una de las cosas buenas que tiene el reguetón es que siempre nutre de contenido la sección humorística de esta revista. Como saben quiénes nos leen asiduamente, intentamos indagar un poco para no irnos con la de trapo. En este caso, el autor del tema es Chocolate, quien compuso letras inolvidables como «Parapapanpan, cógelo suave que esto aquí no es un campismo» y «¡Qué viva la leche!», versionó junto a Chacal y Yakarta la canción infantil «Dale pal hospital», compartió con ellos la autoría de «Sexo, yo lo que quiero es sexo» y popularizó el baile más famoso de la temporada anterior «El guachineo».

Es decir, no es de los reguetoneros el de peor trayectoria. Tampoco es el primero que menciona al «palo» en las canciones. Recuerdan «échale un palo, dos más, tres palos» o «esto es un palo por la cara»; aunque no se referían directamente al miembro reproductor masculino. Este había sido denominado anteriormente como «tuba» —que se partía en dos y en tres—, «tubo» en la canción de Los tres gatos, «la cañandonga», «el tubazo», «mi amiguito el Pipi», «la guaripola», entre otros.

En este punto se observa cierto androcentrismo. Si bien es verdad que el reguetón en su mayoría es falocéntrico, también el mundo repa ha destinado sustantivos un tanto creativos para referirse a las partes íntimas de la mujer como «El pudín» y «La popola».

¿Dónde radica el éxito de Chocolate entonces? Primero: la supremacía de su falo que lo ubica vencedor en todas las ligas —obsérvese que gana por tamaño, palón, y también por su omnipotencia, divino—; segundo, refuerza mitos populares —es negro, de ahí el palón—; tercero, defiende que las mujeres no son superficiales pues no se fijan en la cara ni en el cuerpo; y cuarto, antes de que el tema agote sus semanas de popularidad tuvo la capacidad de componer una nueva canción que continúa la saga.

Para todo artista hacer la segunda parte de una película, novela o canción, es un reto con independencia de que sea cine, literatura o música. En cambio, el talentoso joven cubano aparece enseguida con una composición en la que mantiene su espíritu crítico de la primera entrega —sigue siendo feo—, pero le ofrece a su mujer —en este caso, mulata— un rol menos pasivo que ese al que habitualmente están condenadas en otras canciones de reguetón.

Obviamente, producto de lo fugaz que resultó el tiempo empleado para componer, se ve como Chocolate usa palabras similares, misma melodía e idéntico lenguaje vulgar. La segunda parte de esta canción, que ya se repite y tararea en discotecas, barrios y universidades de todo el país, dice: «Yo sé que yo soy tu asesino, pero tengo que reconocer que tú eres mi asesina, que yo sé que yo te di a ti con mi palón divino, y después tú me metiste a mí con tu tota divina».

Un detalle que la crítica no pasa por alto es la magnitud del «sexo fuerte» que practican los reguetoneros. Fíjense que tanto el palón como su opuesto femenino no se utilizan para compenetrarse sino como instrumento de violencia: él le da con su palón divino y ella también lo golpea con su divinidad.

Lo que sí es seguro, amigos y amigas, es que, desde la primera parte de esta serie musical, Chocolate evitó el fenómeno conocido como «la tiradera». La guerra de tronos por el título del «palón divino» queda reducida a un grupo muy selecto, integrado únicamente por el Micha —en esa liga no compiten ni Alexander, ni Jorgito Junior, mucho menos el Yonqui. El resto, podrán intentarlo, pero les auguro un fracaso. ¿Qué pudieran cantarle, en respuesta, Osmany García, Baby Lores, Yomil? «Soy blanco, bajito, ni siquiera tengo palón, lo que tengo es un palito».

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La venganza de Pamela

Pudo haber sido peor. Si en vez de irrumpir en la actualidad, hubiese nacido siglos atrás, nuestra historia hubiese sido bien distinta. Imaginen al destacado almirante diciendo a viva voz: «Esta es la tierra con más pinta, a la que ojos humanos le han echado un looking». Intenten visualizar por un momento a la tropa del Generalísimo en su primera carga, cantando su himno de combate: «¡Machete afila ́o! ¡Machete afila ́o! Tírenlos contra el muro». ¿Cómo hubiese transcurrido la mayor tiradera de la historia entre el miki Martínez Campos y un repa tan patriota como Maceo protestando, con tremendo aguaje, a la sombra de los mangos de Baraguá?
Por suerte, el reguetón es un virus moderno. Lamentablemente no tiene cura, se propaga con gran facilidad, contiene una cepa bastante contagiosa, aunque dicen los médicos que es posible evitarlo. Yo, que critico la banalidad y estoy en contra de todo lo que es mediocre, incluyendo las actitudes personales mediocres, debo confesar que tengo momentos de duda. «¿Perrear o no perrear? He ahí la cuestión».
Desde su llegada no todo ha sido desolación. De hecho, algunos reguetoneros han usado recursos expresivos y estructuras gramaticales que demuestran determinado intelecto: «Luces tan bien que hasta la sombra te combina» (Daddy Yankee: 2004) o «Tu madre y tu padre contigo botaron la bola; yo tengo el abono que está pidiendo esa amapola» (DY: 2004); «En cuestiones del amor unos son fresa y otros, chocolate» (Alea y Tabío citado por Los cuatro: 2010); «Me pongo triste cuando llega diciembre, es que me duele tanto la soledad» (El Chacal: 2011); «Eres más Guasón que Jack Nicholsón» (DY: 2013); o «Quizás son cosas que tú no comprendas, quizás son cosas que a ti te sorprendan, pero quiero decirte algo: aún conservo tu bolsita de merienda» (Yonqui: 2012).
También hay otros con composiciones inexplicables como:«Tú eres guasa guasa» (Calderón: 2003); «Móntame en la camella» o «La gata está pidiendo que le funda el foco, saoco, papi, saoco» (Wisin y Yandel: 2004); «Mami pon la olla que aquí está tu caldo» (DY: 2005); «Sacude y saca petróleo» (Elvis Manuel: 2006), «Yo nunca me perdí, ahora fue que me encontré» (Jacob Forever: 2016) y «A ella le gusta el ona» (Harrison: 2016).
Algunas intentaron utilizar recursos infanto-juveniles para llegar a sus públicos más diversos. El tema más pegado de aquellos tiempos fue La caperucita roja, del Clan 537. Todo el mundo recuerda su estribillo:
—Caperucita, deja que yo te coja.
—Ay, lobo, si tú eres mala hoja.
Los que la tachaban de vulgar, no recuerdan una parte importante de la letra en que se decía:
Aladino te está dando vueltas, /
con Robin Hood y el Señor de los anillos, /
y me enteré que este fin de semana /
la bestia te invitó a su castillo. /
El Zorro, Tarzán, Cuasimodo /
y los tres mosqueteros /
pidiéndote la mano, /
Spiderman te echó la escopeta /
y Shrek te invitó su pantano.
Aunque no me explico qué hacía en ese grupo de pretendientes el Señor de los anillos, no se puede negar que hay un intento de elaboración superior al de otras canciones del género. En este artículo no ocuparé espacio para hablar de las vulgaridades, malas palabras y faltas de respeto que inundan el reguetón, pues no me alcanzaría la revista completa, y tampoco me publicarían el texto por normas básicas de educación.
Terminaré con un ejemplo, de los más recientes que escuché y que me hizo confirmar una vez más que el problema no tiene solución. Estaba en Holguín y Susana, una joven de 17 años, me pasó un tema —lo último—, que algunos podrán defender como creativo. En la letra de la canción la muchacha le comentaba a un muchacho que ella tenía «un novio que se llamaba Pamelo, y se apellidaba Chú». De ahí en adelante, con ritmo contagioso, la cantante repetía su nombre completo unas quince veces PameloChú, PameloChú, PameloChú.
Para que nadie los acuse de «desenfoque de género», el muchacho le respondía que él también tenía una novia que se llamaba Pamela Chú, y repetía su nombre muchas veces.
Pero ojo, los reguetoneros tienen conciencia y noción del peligro. Con una letra tan fácil, vulgar, espantosa, necesitan ponerle un título que intente ser profundo, rimbombante, literario. Y es así que esa canción, sin más letra o historia que las que ya les comenté, inexplicablemente se llama: La venganza de Pamela.
Publicado en de Rodolfo Romero Reyes, Humor | Etiquetado , , | 1 Comentario