Ciudad Deportiva, La Habana, año 2064

Por Rodolfo Romero Reyes

Daniela llegó a la Ciudad Deportiva casi al mediodía. El concierto, previsto para las 8.00 p.m., pronosticaba ser el evento del año: con una asistencia de un millón y medio de personas, 300 mil más que las que 47 años atrás se dieron cita en este mismo lugar para ver a Mick Jagger y a su piquete, en vivo y en directo. Sus abuelos sí habían participado en aquel, cuando ni siquiera eran novios; lo recordaban como el suceso cultural más mediático de aquella década. Ni Daniela ni sus amiguitas —casi todas rondaban los 16— tenían idea de quiénes eran los músicos que iban a tocar esa noche; venían más bien para subir fotos y videos a sus respectivas redes sociales.

Para su sorpresa, aproximadamente a las 4.00 p.m., empezaron a llegar personas de la tercera edad que preocuparon seriamente a los jóvenes ambulancieros y enfermeros del grupo de aseguramiento. Desfilaron viejos de 70 años llenos de tatuajes, dientes de oro, vestidos con camisas antiquísimas llenas de carteles prominentes con letras doradas, y viejas con blusas y licras apretadas como símbolo de la tan representativa cultura «repa» de principios de siglo. Entraron otros con atuendos más escogidos pero también pasados de moda: veteranos con las cejas sacadas, shorts mikis y piernas visiblemente depiladas que iban acompañados de tembas pijas, de esas que todavía usan Pandoras. De pronto, otra sorpresa: ella sabía que sus durakos padres asistirían al concierto, pero no imaginó que llevarían también a… sus abuelos. Entre los dos sumaban 152 años. Aquello parecía la Ciudad del Adulto Mayor.

Justo a las 8.00 p.m. miles de luces encendieron todo el campus. De la estructura metálica de 12 pisos, montada especialmente para la ocasión, descendieron dos invitados puertorriqueños. Con 86 y 85 años respectivamente, se conservaban mejor que The Rolling Stones cuando habían tocado en La Habana en 2017. El primero se acercó el micrófono y gritó: « ¿Dónde están las mamis que van romper su cintura?», y todas las mujeres levantaron sus manos al tiempo que armaban una bulla arrebatadora. «Bien, mi gente, me gusta que estén activaos, pero primero vamos a comenzar recordando un tema que hizo historia en esta Isla —y empezó a cantar, bajando el volumen de su voz y logrando un tono medio romántico y melancólico—: «Pobre diabla… se dice que se te ha visto por la calle vagando…». Hizo silencio, y la multitud continuó: «…llorando por un hombre que no vale un centavo».

Después de dos o tres de aquellos temas antológicos, su colega inició un remix que incluyó «Gasolina», «Lo que pasó, pasó», «Rompe», «Ella me levantó», «Pose», «Dale caliente», «Machete», «Somos de calle», «Dura» y «Que tire pa´lante». Antes de concluir su presentación, provocó al auditorio: «Ahora quiero que las cubanas y los cubanos de más de 50 se muevan al ritmo de “Shaky Shaky”». Ahí sí tembló el terreno de la Ciudad Deportiva. Daniela nunca imaginó que su abuela, tan psicóloga y coordinadora editorial, pudiera moverse de aquella manera.

Más allá de la fascinación y despelote que generaron los populares puertorriqueños, los aplausos llovieron cuando salieron los tres cubanos. Randy, a sus 81 años, parecía que tenía 60; El Micha, con su caminao característico y el bastón que desde hace dos décadas lo acompaña, conservaba el mismo timbre en su voz; y el más veterano de todos, Alexander, salió con un collarín de esos que indican los médicos para proteger la cervical; en él llevaba escrito con plumón rojo ¡Felicidades!, pues ese mismo día El Monarca cumplía 94 años.

Después de cantar varios temas que iban desde «La campaña» y «Soñé» —canciones de Gente de Zona que nunca en su vida Daniela había escuchado—, y pasar por los clásicos «El animal», «Bailando», «La Gozadera», «Más Macarena», «El mentiroso» y «Poquito a poco» —que tampoco la muchacha conocía pero que sus padres durakos sí—, El Micha entonó su clásico: «Con dinero y pasma´o», que enardeció al público asistente.

Concierto de locos. Daniela y sus amigas no imaginaron que las personas mayores tuviesen acumulada tanta adrenalina. En solo dos horas, el césped se inundó con el sudor de la gente, mientras los camarógrafos intentaban capturar y transmitir en directo tanto perreo.

Casi al final, salió otro señor mayor. Los más tembas empezaron a corear: « ¡Insurrecto!, ¡Insurrecto!, ¡Insurrecto!». El anciano llegó al micrófono con dificultad. Explicó que él no cantaría, envió un saludo a otro espécimen de aquella dorada generación, El Chacal, quien no había asistido al concierto por problemas de enfermedad, y acto seguido, anunció la gran sorpresa.

Una muchacha sexy, vestida de enfermera, empujaba la silla de ruedas a la que el cantante boricua se encontraba atado desde hacía nueve años. A pesar de sus limitaciones físico-motoras, y a sus ya siete décadas de vida, mantenía alguna que otra presentación internacional. Sin embargo, nadie imaginó que en 2064, La Habana estuviera contemplada entre sus escenarios.

El público entero enmudeció para escuchar con atención a aquel ídolo de tantas generaciones. La madre de Daniela tomó a su esposo del brazo, ambos se recostaron a los abuelos, de cuyos ojos salían, incontenibles, las lágrimas por la emoción.

El hombre, con la mano temblorosa y auxiliado por la enfermera, se acercó el micrófono a los labios. Aquello fue lo más grande, la multitud estalló en una gigantesca ovación cuando desde todos los gigantescos bafles, se escuchó la cadencia inconfundible: «¡¡¡Ella es callaíta!!!».

Publicado en 1 ¿Quién le pone el cascabel... ? (humor) | Etiquetado , , | Deja un comentario

Los niños, verdaderos incendiarios

Por Nemo

Al “camarado” y “colego” Ulises, quien siempre
se portó bien y de quien nunca me dieron quejas

Los niños, y las niñas, tienen una gracia innata que los hace acreedores de un cariño intenso por parte de quienes los rodean. Un chiste, una frase, algo ingenioso cuando no se pasa de los 8 o 9 años de edad, tiene más trascendencia familiar que las teorías de Albert Einstein en su círculo estrecho de amistades.

Es así como una anécdota infantil puede quedar guardada en la memoria familiar durante décadas.

Comparto una de las mías, y que a mi novia le encanta:un amigo de la familia llegó a la casa y delante de todos intentó sacar «guara» conmigo: «Yo te conozco a ti desde que eras así de chiquitico». Y prácticamente unió el dedo pulgar con el índice. Con solo 5 años, rebatí enseguida: «Eso es mentira, porque yo nunca he sido así de chiquitico».

Otra similar corresponde al hijo de una amiga; él estaba en segundo grado y solía dejarle notas a la madre cuando ella llegaba tarde del trabajo. Cierto día, después de evaluar lo ajustado que le quedaba un bikini a una de las niñas de sexto grado que participaban en la tabla rítmica, escribió a modo de resumen para su mamá: «Hoy conocí a una niña que tenía las nalgas así — y dibujó una C, en mayúscula — y me enamoré de ella»; así dejó plasmado su retrato más exacto de aquel primer instinto sexual.

Los padres deberían cuidarse cuando tienen hijos con talento para la actuación. En la época del inolvidable director de televisión Abel Ponce, muchos niños hacían figuraciones en sus tan gustados policiacos. El padre de uno de aquellos intentó cierto día justificar su ausencia:

— Mijo, no he podido venir a verte porque estoy trabajando día y noche.

— No, papá, el que trabajé en «Día y noche» fui yo — ripostó el hijo con apenas seis años.

A veces pareciera que los más pequeños de casa necesitan transmitir una idea, aun forzando las palabras.

Durante una reciente conversación alguien comentó que había matriculado a su hijo en ajedrez. La hija más pequeña del matrimonio que los visitaba en ese momento, se entrometió en la adulta conversación para exponer su argumento:

— Yo sé cuál es el ajedrez. Es el juego que tiene peones. ¿Peones viene de peo?

— No — responden y ríen los adultos. Y la pequeña continúa.

— Ustedes saben quién se tira tremendos pe´os: mi papá — y la carcajada resultó explosiva.

Otras ocurrencias. Luisi, cuando tenía cinco años, con una mano sostenía el peine y con la otra su propia barbilla, pues así era como su madre lo peinaba.

Dayma empezó a comer por sí misma y se hacía el avioncito.

La madre de David y Oscar, gemelos, dejó los pequeños al cuidado de la abuela; cuando regresó uno de ellos dormía como una piedra y el otro daba tremenda perreta. La señora aseguraba haberle dado el biberón a los dos; la madre, comprendió enseguida: los pequeños se habían cambiado y uno de ellos tomó doble, sin que la abuela pudiera percatarse.

El hijo de una amiga periodista acostumbraba decirle: «Eres muy linda, mamá»; ahora, que el pequeño ve el mundo conojos más conscientes, a cambio de su elogio habitual, le espantó: «Mamá, tú eres linda pero tienes la nariz muy grande».

El último de estos «cuentos infantiles» ocurrió en casa de un amigo cuando llamó su suegra. La hija más pequeña, que tiene 4 años, fue quien salió al teléfono.

— Abuela, ¿cómo estás…? ¿Con quién quieres hablar? ¿Con mi papá? — mi amigo le hizo señas, intentando evadir la llamada.

La pequeña continuó: — Dice que no está.

El padre, ante el craso error de la niña, reaccionó con nuevas señas.

— Ah no, que se… ¿está bañando?… Ay, abuela, mejor te lo paso porque de verdad no entiendo nada de lo que me dice.

Publicado en 1 ¿Quién le pone el cascabel... ? (humor) | Deja un comentario

Diseño ¿o el arte de la guapería?

Por Nemo

Dedicado a Víctor Carralero, a Yuset Sama y al resto de esta singular cofradía.

Ilustración: de CARRALERO. *Pérez Quintosa es el nombre del preuniversitario del autor de la ilustración.

 

No bastan habilidades para los trazos y las grafías; tampoco estudiar cuatro o cinco años y alcanzar el título universitario; consumir centenas de tutoriales puede resultar un ejercicio estéril. Así es amigos, nada es suficiente. Para ser un buen diseñador o una buena diseñadora hay que dominar el arte de la guapería.

No confundir guapería con violencia. Si uno observa detenidamente, la mayoría de las personas que estudian diseño no suelen ser grandotes o violentos. Más bien todo lo contrario. Eso sí, son guapos, o al menos se rigen por las reglas que determinan los ambientes guaposos.

Como toda persona de respeto, demarcan siempre sus límites. Solo que utilizan para ello una rara unidad de medida: los pixeles. Las cosas deben estar en su justo lugar, ni un pixel más a la derecha, muchos menos a la izquierda. Se ofenden con solo escuchar que algún elemento queda pixelado.

Los diseñadores verdaderamente «durakos» —en este caso usamos el vocablo como derivado del adjetivo duros— no suelen venir de una escuela vocacional. Siempre habrá sus excepciones: Adrián Berazaín, el Yoyo Ibarra, por eso se dedican a la música. Diseñador que se respete adquirió parte de su areté en Ceiba 7, en Comandancia o en algún pre rudo del municipio Alquízar.

Sin mucho alarde defienden «la rutina», o al menos, su rutina. Esa de dormir las mañanas, llegar tarde a los lugares, casi nunca entregar en tiempo y pasar largas horas de madrugada trabajando o jugando FIFA. Son seres nocturnos, como Batman.

Prefieren el lenguaje barriotero: hacen «pinchas», no trabajos; descargan, no ilustran… y así sucesivamente.

Tienen claras sus jerarquías, de ellas hay una que prefieren: están por encima de cualquier informático; aunque en el gremio adversario piensen exactamente lo mismo.

Son claros, tajantes. Un guaposo no invierte el tiempo inventando justificaciones. Te dicen: «Me quedé dormido, ¿y qué?»; «no pude terminar el trabajo. Tuve que llevar a la perra al veterinario»; «la musa no bajó»; así de sencillo. En lo que un obrero, campesino, científico o programador, intenta explicar las causas de su incumplimiento con el plazo previsto, ellos te dicen: «para serte sincero, se me olvidó».

Sus frases son ocurrentes y dejan claro que no se dejarán meter el pie. Los que trabajan en Alma Mater pegaron un cartel con una que es una joya: «Dios y los diseñadores hicimos un trato: él no diseña y nosotros no hacemos milagros».

Las personas de ambiente no dudan, siempre tienen las cosas claras. En lo que un periodista o historiador puede debatirse entre si pertenecen o no al gremio de los intelectuales, los diseñadores no pierden el tiempo en debates sin sentido, todos ellos y ellas, desde que estudian en el ISDI son artistas; el más modesto reconocerá que es, a lo más mínimo, un artista incomprendido de su tiempo.

No se dejan agitar por nadie, menos por sus jefes. «El trabajo tiene que estar listo mañana». Te encaran con facilidad: «eso lo recibí el jueves, para el lunes no va a estar».

Ellos tienen una ventaja sobre ti: estudiaron varios años. Además, su entorno les agudiza la vista; ven mucho más allá. En lo que uno distingue rojo, amarillo y azul; ellos hablan del magenta como si fuera lo más elemental; conocen el ocre, el blanco roto, el azul Prusia, el marfil…

Su especialidad en la guapería es la violencia psicológica subliminar; algo que casi raya con el bulling. Uno va, les explica una idea, el concepto —creyendo ingenuamente en la añeja ley de que el cliente siempre tiene la razón— y ellos escuchan atentos, en silencio, como si te estuviesen haciendo caso; al final, harán algo totalmente distinto. Y cuidado, infeliz mortal, si se te ocurre enfrentarlos y manifestar alguna inconformidad con la entrega final de su trabajo. Te miran a los ojos, como si quisieran intimidarte, y te contestan con alevosía: «No te pongas bravo, mi hermano, pero aquí las soluciones gráficas, las encuentro yo».

Publicado en 1 ¿Quién le pone el cascabel... ? (humor) | Etiquetado , , | Deja un comentario

¿#HazQueCuente logró ser una campaña transmedia? La opinión de un tutor

Por Rodolfo Romero Reyes

Año 2020. ¿Quieres contar una historia? Puedes hacerlo de la manera que prefieras, pero si lo que deseas es cautivar a otros, atraparlos con tu relato, que pasen de interesarse a implicarse, podrían resultarte útiles las narrativas transmedia. Esta herramienta, si se le quiere llamar así, caracterizada por fraccionar pedazos de una historia de manera intencionada para hacerla llegar a una comunidad a través de las múltiples plataformas comunicativas que ya se han hecho parte de la vida cotidiana, ha devenido estrategia imprescindible para el diseño de estrategias y campañas comunicativas.

Hace cinco meses iniciamos en el proyecto Escaramujo una campaña de comunicación promocional basada en narrativas transmedia. Luego de diseñar un universo narrativo con cinco historias, decidir a mitad de campaña centrarnos solo en cuatro de ellas, y habernos pensado como cierre de la misma acciones comunicativas en torno al evento académico Adolescer, que recién finalizó en La Habana, se impone un momento de evaluación colectiva.

Obviamente el proceso más riguroso lo realizará Idalis quien, desde su rol de coordinadora general de la campaña —pues el diseño e implementación de la misma ha sido su investigación como tesis de licenciatura en Comunicación Social que defenderá en junio próximo—, deberá, a modo de conclusiones, reflexionar de manera más académica sobre este ejercicio. Desde mi rol de tutor y escaramujo acompañante solo me detendré en intentar responder una pregunta que desde el inicio nos hacían —y nos hacíamos— muchas personas al conocer el tema de la investigación en curso: ¿Logramos ser transmedia? Intentaré responder a esta pregunta, mediante ejemplos concretos, atendiendo a algunos elementos que considero elementales en estas narrativas:

  1. Un universo narrativo con contenidos fragmentados

Tres preguntas encierran las esencias de Escaramujo que nos propusimos compartir: con y para quiénes es nuestra labor educomunicativa, quiénes la realizamos y por qué es un proyecto de investigación. De ahí que se contaran tres historias: la no. 2 (11 adolescentes que han vivido procesos educativos en Escaramujo), la no. 3 (10 jóvenes universitarios que han coordinado dichas experiencias y la no. 4 (dos profesores que han vinculado su labor docente e investigativa a este proyecto).

Una cuarta historia (la no. 1) sirvió de guía, de enlace y también para registrar los tres relatos restantes: una estudiante de comunicación que decide hacer su tesis de licenciatura relacionada con Escaramujo. Para conocer el relato completo es necesario recorrer cada historia y armar este, digámosle, rompecabezas narrativo.

  1. Conocimiento de tu comunidad

La campaña tuvo como público la comunidad universitaria de algunas facultades en cuatro provincias del país. Ser parte de esta comunidad le permitió al grupo creativo que se fue gestando en torno a la campaña diseñar acciones que permitieran llegar de forma efectiva y utilizar plataformas que son frecuentadas por esta comunidad. Además, se suma la investigación previa realizada por Idalis como parte de su tesis de licenciatura.

  1. Multiplicidad e idoneidad de plataformas

Sin renunciar a los espacios físicos, se priorizaron contenidos en espacios digitales, específicamente en las redes digitales Facebook, Instagram y Youtube, respondiendo a una encuesta digital previa aplicada en la comunidad. De igual forma se seleccionaron las revistas Somos Jóvenes y Alma Mater, por la creciente y reciente interacción que sostienen con la comunidad universitaria. Además, en el ámbito web se posicionaron fragmentos de estos relatos: en el sitio web de Escaramujo (blog de wordpress), el blog Letra Joven, la página en Facebook del evento Adolescer, los espacios en medium de Somos Jóvenes y Alma Mater. En el ámbito físico, además de las sueltas de libros en las cuatro facultades[1] ubicadas en La Habana y la repartición de sueltos en las tres facultades de Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba,[2] se previó la participación en eventos como ICOM 2019, Adolescer 2020, el Consejo Nacional de la FEU 2020 (utilizando un artículo publicado precisamente en Alma Mater), los programas radiales Contigo somos más y Tiempo FEU, y los espacios televisivos Conexión y Corazón Universidad.

  1. Contenidos capaces de expandirse desde la narrativa diseñada hasta aquellas que hayan sido atrapadas por la historia

En la historia no. 3 encontramos ejemplos de este tipo de contenidos: los post «Mis 10 momentos en la vida de Escaramujo», en el cual los 10 personajes universitarios contaron, mediante fotos y con una pequeña infografía, sus experiencias vividas.

La plantilla permitió que otros integrantes del proyecto hicieran su propia infografía o subieran, como un álbum para Facebook, sus propias imágenes, como hizo Marian.

Una foto de portada permitió que parte del público interno homogenizara durante 5 meses su presencia en esta red social.

La opción de cambiar la foto de perfil con un pulóver de Escaramujo motivó a estudiantes y profes, ajenos al proyecto, a tomarse fotos similares y etiquetar al proyecto.

  1. Libertades para que, en base a la narrativa diseñada, se generen contenidos paralelos

En el grupo de Facebook, la convocatoria a mostrar adolescentes con los se habían compartido determinadas experiencias y profesores que «hubiesen marcado la diferencia», permitió que algunos de los integrantes del grupo presentaran a nuevos personajes y contaran sus propias historias.

  1. La comunidad introduce en su realidad cotidiana elementos del universo narrativo

Escoger como slogan —y a la vez como hashtag— «Haz Que Cuente», permitía tener variaciones para cada una de las historias principales:

#HazQueTuAdolescenciaCuente,

#HazQueTuAcciónCuente,

#HazQueTuHistoriaCuente, y

#HazQueTuConocimientoCuente.

Esto se hizo pensando en que la comunidad los incorporara a su vida cotidiana. Afortunadamente ocurrió, a veces de forma intencionada como HazQueTuRolCuente o HazQueTuVozCuente.

En cambio otras iniciativas fueron más espontáneas: Haz Que Tu Diseño, Tu Sueño, Tu tesis, Tu campaña, Tu reportaje, Tu proyecto, La lectura… cuente, y esto no siempre haciendo referencia a contenidos relacionados con la campaña.

  1. Prosumidores y acciones no previstas en el diseño inicial

Podemos mencionar varios ejemplos:

  • quienes participaron en el ejercicio de construcción colectiva en la página en Facebook del proyecto en el cual, por mayoría, se decidieron y/o modificaron objetivos, públicos, canales, etcétera, de la campaña;
  • los directivos de la revista Somos Jóvenes quienes, a partir de los tres trabajos presentados correspondiente a la historia no. 2, solicitaron agregar una entrevista en la cual se mezclaron contenidos de la historia no. 3;
  • medios como Inter Press Service (IPS), la revista Lazo Adentro, Negolution, Juventud Rebelde y el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana que, a raíz de la campaña, propusieron reportajes inspirados en algunos de los personajes de nuestras historias;

  • la editorial Ocean Sur que, a partir de la publicación del libro digital Escaramujo: de la rosa y de la mar, y del impacto que tuvo su divulgación en redes sociales propuso imprimir 300 ejemplares del mismo previamente a la Feria Internacional del Libro de La Habana;
  • las revistas Caudales y Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina que solicitaron artículos que se publicaran en los meses posteriores a la campaña;
  • la Red UNIAL que nos solicitó participar en la primera edición del Congreso de Educomunicación, y
  • el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), que se ofreció para presentar en el evento Adolescer su último libro Experiencias de transformación social con la infancia y las juventudes. Prácticas a debate, que incluye un artículo sobre el proyecto Escaramujo.
  1. Participación del público interno y del público externo

En la historia no. 3, por ejemplo, aunque solamente se pensaron 10 universitarios como personajes, participaron casi la totalidad de los miembros del proyecto, sobre todo en La Habana.

Gracias a las acciones de la campaña se sumaron a espacios tradicionales del proyecto como el curso de formación en educomunicación popular o el evento académico Adolescer, el doble o el triple de las personas que normalmente han asistido a estos espacios.

El alcance de las acciones en la web resultó significativo. Las mejores estadísticas se registran en Facebook —allí se concentró la mayor cantidad de acciones comunicativas— donde, por ejemplo, de 1 663 likes registrados en septiembre de 2019 se alcanzaron 3 265 al cierre de enero de 2020, y el mejor alcance de sus publicaciones de 1 432 a 20 056 en noviembre, que resultó el mes más intenso de la campaña.

  1. Contenido original y único para cada historia y en cada plataforma

Aquí solo me referiré a los productos más significativos de cada historia.

La no. 2 utilizó la serie de reportajes periodísticos «Historias adolescentes» publicada en Somos Jóvenes en el mes de octubre, además se posicionaron testimonios más breves de adolescentes en postales en Instagram y en cápsulas audiovisuales para Youtube.

Revista Somos Jóvenes

 

Tomado de nuestro perfil en Instagram.

La experiencia de universitarios (no. 3) se contó en la serie periodística «Acciones que cuentan» en la revista Alma Mater que incluyó 5 artículos en la web, un reportaje infográfico para la edición impresa y uno hipermedial como cierre de la serie.

Edición impresa de la revista Alma Mater.

Estuvo acompañada de otras acciones y productos como un spot y 10 audiovisuales de universitarios contando su experiencia.

Para esta historia también se previó un cortometraje del que solo se llegó a concretar el guion.

La historia no. 4 tuvo como productos de mayor envergadura el libro Escaramujo: de la rosa y de la mar, y la sexta edición del evento académico Adolescer, el cual se convirtió en espacio físico aglutinador. En redes sociales se compartieron un conjunto de infografías que resumieron 26 de las 34 investigaciones realizadas por Escaramujo. Además, la participación en ICOM, 16 artículos académicos publicados en el blog y la iniciativa «Mi tesis en menos de un minuto» —que permitió socializar resultados de investigación de personas ajenas a Escaramujo— hizo de esta historia la más completa, diversa y transmedia.

La historia no. 1 tuvo como productos principales el timeline de Facebook de la diplomante y el informe final de la investigación, entiéndase su propia tesis de licenciatura.

Foto de perfil de Idalis en Facebook.

  1. Conexión entre contenidos de una misma historia y con otras

La conexión de contenidos existió. El mismo timeline de Idalis daba cuenta de contenidos de su propia historia que se relacionan con las tres restantes. Uno de los profes, protagonista de la historia no. 4, y la propia Idalis que es la historia no. 1, participaron en al menos tres acciones de Facebook que tenían que ver con la historia no. 3. Algunos de los universitarios cuyos roles principales fueron abordados en la historia no. 3, participaron en acciones y productos de la historia no. 4 como el libro, ICOM o el evento Adolescer. Y estos son solo algunos ejemplos; en la tesis final de Idalis se podrá apreciar esta conexión con mayor profundidad.

  1. Serialidad y subjetividad

La imagen de portada que en el Facebook de Idalis indicaba el por ciento en que avanzaba la investigación fue una constante en la medida que pasaba el tiempo.

Los lectores del blog se acostumbraron a, una vez por semana, encontrar un nuevo artículo académico. Los post semanales de Idalis daban cuenta del camino recorrido. Cada una de estas acciones sistemáticas permitieron a la comunidad creada alrededor de este relato, conocer la historia de Escaramujo contada desde diferentes personas, en diferentes dimensiones, y les ofrecieron la posibilidad de obtener como conclusiones algunas de esas ideas: Escaramujo es un proyecto que se ha construido de forma colectiva, en él participan voluntariamente jóvenes universitarios cubanos alegres, diversos, cuyas acciones impactan positivamente en adolescentes, de los cuales una parte importante viven en situaciones de vulnerabilidad social. Además, tiene rigor académico, investigativo. La tesis de Idalis, su recorrido, ha permitido enlazar subjetivamente todas estas dimensiones.

  1. ¿Logró la campaña conectar con otras y otros?

Eso debes decirlo tú.

Notas:

[1] Facultad de Comunicación y Psicología en la Universidad de La Habana y las facultades de Ciencias Sociales y Humanísticas Ciencias de la Educación en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.

[2] Facultades de Lenguas y Comunicación (Universidad de Camagüey), Ciencias Médicas (en Universidad de Ciencias Médicas) y Ciencias Sociales (en la Universidad de Oriente).

Artículos relacionados:

De tutor a codiplomante: el universo transmedia

Mi primera vez con las narrativas transmedia

Publicado en Textos académicos | Etiquetado , , | Deja un comentario

De tutor a codiplomante: el universo transmedia

Por Rodolfo Romero Reyes

Los avatares de las tutorías llegaron a mi vida por esas casualidades del destino. Todavía es tema de debate en mi círculo cercano de amigos, si —ya recién graduado— Yohana me propuso ser su tutor, o yo le pedí que fuese ella mi diplomante. Lo cierto es que, desde aquella muy gratificante primera experiencia, no he podido desprenderme de este rol acompañante de las tesis de licenciatura.

Si quisiera hacer una balance estadístico podría calcular el porciento de cuántas de mis 10 diplomantes han sido de Periodismo o de Comunicación, de La Habana o de Pinar del Río, incluso, podría citar —como una curiosidad— el hecho de que la número 1 y la número 10 hayan sido hermanas (las archiconocidas Lezcano). Si en cambio, eligiera hacer chistes sobre mi desempeño podría enumerar las clasificaciones que me han asignado durante estos procesos: van desde el «tutor calendario» —ese que todo lo planifica—, hasta el «tutor 2.0» —al que solo ves en Facebook.

Afortunadamente cada una de estas experiencias me ha enriquecido como profesional. De la mayoría he dejado algún testimonio y, cómo después del 10 está el 11, ha llegado el momento de contar mi más reciente experiencia en la que, sin temor a equivocarme, debo confesar que he pasado de tutor a codiplomante.

Concebir una campaña promocional para el proyecto Escaramujo basada en las narrativas transmedia motivó a la estudiante Idalis Ordoñez a adentrarse en un mundo que se anunciaba interdisciplinar. Solamente el tema implicaba contenidos relacionados con la comunicación institucional, los medios y la comunicación para el desarrollo. Obviamente, de las tres, mi área de confort era la última, por mi modesta experiencia en procesos educomunicativos. Sin embargo, ¿cómo no sucumbir al entramado mediático y de redes sociales de este tipo de narrativas? ¿o no desear aprender más sobre comunicación institucional?

Apenas ofrecí pistas en materia de lo acumulado en Escaramujo, en cambio, empecé a estudiar a la par de Idalis temas relacionados con su tesis. Uno de los procesos que más me motivó fue la creación de un universo transmedia que contribuyera a socializar la práctica educomunicativa de Escaramujo en la comunidad universitaria cubana.

¿Cómo contar quiénes somos y qué hacemos? Me preguntó por Messenger Idalis un día. En ese entonces le escribí:

Contar la historia de Escaramujo es narrar las peripecias de un grupo de universitarios que han salido de esa «burbuja académica» que a veces nos encierra, para ir a tocar con la mano y trasformar un mundo de marginalidad y de vulnerabilidad social que casi siempre nos es ajeno. Es compartir valores, aprendizajes, modos de ver y asumir la vida, con adolescentes que tienen otros referentes. Es también una forma de incidir en su formación vocacional y en su futuro inmediato.

Contar la historia de Escaramujo es una forma de visibilizar a los más de 600 adolescentes que han pasado por nuestros talleres, de sensibilizar con sus historias —a veces tristes—, de entender que es necesario emprender acciones de impacto social desde las universidades en pos de construir una sociedad más justa y más inclusiva.

Contar la historia de Escaramujo es mostrar una forma de hacer diferente, dialógica, participativa; de crecer en grupo y con el grupo; de utilizar la comunicación como medio, fin y esencia de nuestro trabajo de transformación e impacto social; de desempeñarnos desde la docencia y la investigación de una forma más altruista y comprometida con nuestro tiempo.

Contar la historia de Escaramujo es el pretexto para que te sumes a nosotros en este empeño martiano de, humildemente, contribuir a la educación de los demás.

Anjá, y ahora: ¿cómo compartir estas esencias en historias?

Obviamente existen tres dimensiones de Escaramujo que no pueden faltar: se trabaja con adolescentes, es un proyecto impulsado por la acción de jóvenes universitarios cubanos y tiene un marcado componente académico e investigativo que avala metodológicamente la práctica de transformación social.

Elegimos para cada dimensión, pensarnos una historia. También necesitábamos una historia coordinadora que funcionase como hilo conductor. Horas de trabajo entre Idalis y yo dieron el siguiente resultado.

Habría una historia 1, la de Idalis, una estudiante de 5to. año de Comunicación Social que se enfrenta a su tesis de licenciatura y emprende la realización de una campaña. Obviamente, sería la historia más larga, empezaría antes de la campaña y culminaría meses después, hasta que la muchacha lograra graduarse.

También una historia 2. En ella 11 adolescentes darían cuenta de su paso por Escaramujo. Usarían la fórmula: antes y ahora, y los productos comunicativos se publicarían sobre todo en Instagram y en Youtube. El producto principal sería la serie de 3 reportajes «Historias adolescentes», que se publicaría en la revista Somos Jóvenes.

La historia 3 sería la de 10 universitarios que han sido parte de esta primera década del trabajo en Escaramujo. Ellos contarían 10 de sus momentos en el proyecto (en infografía para Facebook) y harían video-selfies con la consigna «Escaramujo y yo» que se publicarían en Youtube. Sin restarle fuerza al spot de la campaña o al cortometraje, La serie «Acciones que cuentan», pensada para la revista Alma Mater y de forma hipermedia, constituiría el producto principal.

La última historia se centraría en el grupo de estudiantes y profesores que investigan como parte de la práctica educomunicativa de Escaramujo. Dos de ellos, compilan textos para un libro que recogerá parte de dicha investigación. El libro, editado por Ocean Sur, será el producto principal. Su versión digital circulará en redes como Facebook, Instagram y Telegram.

Cada historia irá acompañada del slogan principal y sus adaptaciones respectivas variaciones:

#HazQueCuente
#HazQueTuAdolescenciaCuente
#HazQueTuAcciónCuente y
#HazQueTuConocimientoCuente,

en el mismo orden que mencionamos cada argumento.

Uno de los atractivos de este slogan, es la facilidad que tiene para que otros públicos se apropien de él, a la vez que le hacen un guiño comunicativo al proyecto:

#HazQueTuHistoriaCuente / #HazQueTuDiseñoCuente /#HazQueTuTesisCuente

Dibujar en una pizarra 10, 15 veces, ese universo narrativo con nombres de los personajes, flechas indicando canales y productos comunicativos, lograr la conexión no forzada entre cada historia, y pensar en posibles viajes de usuarios, es una experiencia sin duda excitante.

Después de pensar cada detalle, como si fuésemos ingenieros o arquitectos, inició esta campaña hace ya cuatro meses. Cuando apenas quedan 30 días para que finalice —con el evento Adolescer, que hemos concebido como cierre de la campaña—, es gratificante ver como en ese esquema han ido surgiendo pequeños círculos en rojo que indican contenidos ajenos a nuestro universo inicial, acciones emprendidas por la iniciativa de otros, públicos que han decidido participar de este correlato, aportando ideas, vínculos y sentidos.

Y este, es uno de los atractivos en mi opinión de las narrativas transmedia: esa mezcla rara de creatividad, participación y el acto mismo de contar historias, que te hace sentir determinada dosis de adrenalina  y que, por momentos, más que tutor, te sientas diplomante.

Publicado en Textos académicos | Etiquetado , , | 1 Comentario

El suegro querido

Cualquier persona sensata evitaría escribir acerca de su suegro. No por temor a represalias, sino por los celos desbordantes de la suegra, que encontraría una nueva ocasión para afirmar que ella es la persona más prescindible del planeta. «Le compran cigarros, lo  invitan a cerveza, tragos de ron, y una no puede ni siquiera acompañar a su hija al altar porque la tradición impone que sea el padre», me parece escucharla con un discurso más alterado y sin una tan exacta secuencia gramatical.

Amén de la advertencia escribiré de este hombre tan… tan… tan difícil de definir con un solo adjetivo. Lo diagnosticaría con un leve trastorno de identidad: en su trabajo, todo el mundo le dice Carvajal; en la casa y para los amigos es Antonio; en cambio, cuando él se presenta dice: «Claudio, mucho gusto». Para nada es un agente encubierto, solo es un tipo que sabe aprovechar, como ninguno, el hecho de tener un nombre compuesto y un apellido con resonancia.

Padre de psicóloga, no le gusta que le reestructuren el campo. Padre de economista, es rápido sacando cuentas: durante una comida en la pizzería «El Bosque» la cuenta fue 78 y dijo a la velocidad de la luz: «Redondeando, 85 pesos».

Su mayor mérito ha sido —gracias a su porte y aspecto, y al tono infalible con que pronuncia: «buenos días», «compañero» y «correcto»—, que aquellas personas que lo conocen por primera vez, crean que es de esos tipos con habilidades para desarmar un equipo electrodoméstico o poner una tubería. Nada más lejos de la verdad.

De vasta cultura, eso sí. Ha incorporado en su vocabulario palabras que, al menos en mi barrio de Guanabacoa nunca se utilizan: departir, ignoto, malquistar. Ha llamado al 106 para denunciar un hurto, en vez de un robo con fuerza. Cuentan que, en sus olvidados años de servicio militar, gustaba leer el diccionario, de ahí le viene el trauma. Entre las moralejas de la vida que enseñará a sus nietos destaca: «guardia brindado, muere reventado».

Precavido al límite. Tiene calculada las vías de escape para el día que ocurra un incendio en el edificio. Camina con los ojos alertas para que no le caiga encima algo que tiren de un balcón. A sus hijas, desde pequeñas, les enseñó a meterse en el closet del cuarto más seguro de la casa, con casco y todo, en momentos de alarma ciclónica. A ellas, ya universitarias, recomendaba que antes de pernoctar en una habitación ajena revisaran lámparas, espejos, falsos techos y tomacorrientes, en busca de una microscópica cámara de video.

Sus dos frases más celebres datan del quinquenio pasado: «para ser mujer, tengo buenas piernas» y «el último domingo de mayo cae en junio». El día del cumpleaños de sus sobrinos jimaguas, cuando alguien comentó que Diana cumplía 25 años, enseguida interrogó: «¿y cuántos cumple David?».

No se le dan bien las indirectas. Mi cuñada viajó a China por su trabajo y sin que hubiesen pasado dos minutos de su salida, se viró para su otro yerno y le espantó en el rostro: «Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿te vas para tu casa o piensas quedarte aquí?».

De todas sus cualidades admiro su responsabilidad con el trabajo. Admito que a veces se pasa. Cuando llueve, por ejemplo, sale en su moto con chapa particular. «¿Por qué no usas el carro?», le pregunto. «¿Acaso no percibe que llegará entripado en agua?» Su respuesta es tajante: «Tú estás loco, chico; me mojo yo pero el carro hay que cuidarlo».

Publicado en 1 ¿Quién le pone el cascabel... ? (humor) | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Mi primera vez con las narrativas transmedia

Ahora que las narrativas transmedia son parte de mis conversaciones cotidianas, al menos cuando estoy en clases, quiero comentarles cómo ha sido mi primera vez con ellas. Todo empezó con Beatriz Pérez Alonso, una gurú de los medios digitales y las redes sociales en Cuba, y un video que compartió en uno de los tantos espacios en los que acostumbra charlar con quienes no somos tan duchos en la materia.

El video comienza diciendo: «Algo está cambiando. Hoy contar una historia es la mejor herramienta para crear vínculos emocionales con nuestra audiencia. Pero cada vez más los consumidores buscamos experiencias desde diferentes dispositivos, por eso las historias se cuentan y se siguen de formas diferentes. Así nace el Transmedia storytelling (narrativa transmedia) o cómo contar una misma historia pensando en un conjunto, adaptada a todo tipo de plataformas, medios y dispositivos para conseguir crear una experiencia de entretenimiento diferente para el usuario».

La fascinante historia de la Cenicienta, ahora contada de una forma muy diferente, arroja algunas esencias:

 

  • Se necesita un contenido líquido, adaptable, para distribuir por todos los medios disponibles.
  • La historia contada requiere diferentes niveles de profundidad, de acuerdo a los distintos niveles de implicación de cada usuario.
  • Las estrategias transmedias crean un vínculo emocional fuerte con la audiencia, generan repercusión mediática y construyen una audiencia que participa del propio relato.

Para los fans de esa imagen que hemos visto en policiacos, series como el Doctor House o eventos deportivos en los que un policía, médico o entrenador de voleibol dibuja en una tablilla o pizarra sus estrategias, el nuevo reto quedaba servido: no más contar tu historia escribiendo en un trozo de papel o tecleando tu laptop, tampoco tomándote un selfie o haciendo un pequeño documental con los dispositivos que tienes a tu alcance. Llegó el momento de atrapar a las audiencias y hacerlas partícipes de tu relato, de diseñar universos narrativos donde cuentes tres, cuatro historias, diferentes, interconectadas entre sí, donde los usuarios —tus públicos metas— puedan navegar a través de cada una de ellas, y participar de ese relato dibujado en la pizarra de tu cuarto, usando plumones de acrílico, enlazando círculos, trazando flechas, soñando todo un universo comunicativo.

Decía Jorge Carrión —en su artículo «La lección final de Juego de tronos»— que vivimos una «época de audiencias hiperactivas y a menudo cocreadoras». Entonces para quienes no venimos del cine o la literatura, sino de la Comunicación, el desafío implica una nueva forma de asumir campañas, estrategias. A esa pensamiento estratégico —que trabajo nos ha costado incorporar a nuestras prácticas comunicativas— hay que sumarle un componente transmedial, narrativo y participativo.

Entonces, la cercanía del 10mo. aniversario del proyecto Escaramujo —empeño al que nos dedicamos un grupo de amigos universitarios, tanto estudiantes como profesores— devino nueva motivación. Apareció Idalis, estudiante de 4to. año de Comunicación Social, con la idea de hacer una tesis que tributara al proyecto.

La mayoría de las investigaciones que se han desarrollado desde Escaramujo —26 tesis de licenciatura hasta la fecha— se relacionan directamente con la Psicología Social, la Psicología Educativa y la Comunicación para el Desarrollo. Solo en dos ocasiones, se han incorporado experiencias relacionadas con el diseño de estrategias (Dunia Cruz, 2013) o campañas publicitarias (Marlen Berrio, 2015). La propuesta colegiada con Idalis, concluyó en el diseño de una campaña publicitaria basada en narrativas transmedia.

Una vez decidida el tema, empezamos a estudiar. Contamos con la ayuda de dos amigos cercanos el periodista y realizador audiovisual Pedro Enrique Moya, quien se llegó hasta La Habana para compartirnos sus experiencias de narrativas transmedia sobre Los brujos en México, y el comunicador Randdy Fundora, quien en sus tesis de licenciatura había analizado la concepción metodológica de otras tres experiencias foráneas y transmediales desarrolladas de forma satisfactoria.

Entendiendo los aires de transdisciplinaridad que empezó a tomar la experiencia se hizo necesario que en el equipo que participaría del diseño de este universo narrativo participaran, aunque no a tiempo completo, colegas de varias disciplinas: Glenda y Gipsy, por Institucional; Beatriz y Beatriz, sin ser redundantes, por Medios; y yo, por Desarrollo. A tiempo completo estarían Idalis, y parte de esa gran familia que es el proyecto Escaramujo.

Así empezaron nuestros primeros pasos narrativos. Plumón en mano, nos inventamos 5 historias, 4 que corresponden a los ejes temáticos de la campaña —que a su vez se relacionan con las líneas de acción del proyecto— y una que funciona como introducción, enlace, continuidad del universo, a la vez que contiene el producto comunicativo que registra toda la campaña.

Concluyó la fase de planeación. Ahora empieza la implementación. Por tanto, pueden deducir que esta, mi primera vez, aún no concluye. La mayor responsabilidad será de Idalis, quien ya comenzó. En mi rol de tutor solo me queda acompañarla y aportar alguna que otra idea en esta construcción colectiva. Como me siento parte de esa audiencia correlatora que ya empieza a nacer, aquí les comparto mi experiencia por si alguien quiere sumarse.

Como decimos por estos días: #HazQueTuHistoriaCuente.

Publicado en Textos académicos | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios