Declaración de blogueras y blogueros cubanos

Cuba existe también en la blogosfera. Es el testimonio cotidiano y el pensamiento libre de una nación y de un pueblo en toda su variopinta cultura de resistencia y de vida. Justamente por ese patriotismo que nos identifica como comunidad, es que denunciamos las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos por ofensivas e insultantes con nuestro pueblo. Trump  frena, retrocede, se descoloca en la historia,  asume la peor de las posiciones y lo hace rodeado de sujetos con un amplio prontuario criminal.

Los blogueros cubanos que suscribimos esta declaración, así como en su momento seguimos y animamos el acercamiento entre las dos naciones, a pesar de sus diferencias,  rechazamos la vuelta al discurso ofensivo y la política de las cavernas, tantas veces  derrotada;  reprobamos toda intención de fuerza contra la Isla, al tiempo que descalificamos a terroristas y políticos tramposos como interlocutores válidos para los cubanos.

El presidente Trump ha de saber que su mandato no se extiende a Cuba y  sus ofensas  en el show de la “era del hielo” solo sirven para reforzar el sentimiento antiimperialista, como una razón más de unidad.

El trazo del camino seguido, y las cualidades de la rueda que le transita, son legítimos por la génesis popular que le dio vida, sin presión de ningún tipo, forjada desde el pueblo al que pertenecemos, y al cual se debe nuestro relato- sorprendente e impetuoso- de la vida tenaz en esta tierra, que lucha día a día por una sociedad y un mundo mejor.

Quienes deseen sumarse a esta declaración lo pueden hacer a través de las diversas plataformas de Redes Sociales donde ha sido publicada, o reblogueándola en sus páginas personales.

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Recostado a un árbol

La última imagen que tengo de él es bien nítida. Pasaba en un auto y lo descubrí a eso de las cuatro de la tarde, recostado a un árbol de ese parque vecino, leía un libro. Pensé: «las personas que pasan por la acera no imaginan que ese de allí es Fernando Martínez Heredia», «¿Qué estará leyendo?», «Debería bajar del carro —si tuviera la cámara— y hacerle una foto que sirva de portada de revista; sí, porque algún día le haré una larga entrevista a Fernando y esa foto irá en la portada, es tremenda foto, ¿verdad?».

La primera imagen cercana también es reciente. Lo había visto antes en eventos, conferencias, a través de sus artículos, en la universidad. Pero la primera conversación larga fue aquella tarde en que nos dimos a la tarea de fundar la revista Pensar en Cuba. Allí estaba él.

Cualquiera que no lo conociera bien, podría imaginarse que el maestro rememoraría los tiempos en que nació Pensamiento Crítico o nos daría consejos desde su sabia experiencia. En cambio, Fernando parecía un muchacho más, daba ideas para poner en la pizarra, le gustaba lo que se proponía, disfrutaba tanto… Después leyó cada número con detenimiento. Al salir la segunda entrega, me dijo por teléfono: «El número tres será el más difícil. Siempre las buenas ideas se agotan en los dos primeros, si logramos un buen número tres, garantizas el futuro de Pensar en Cuba». Y así fue, llegamos hasta el número ocho.

Nos encontrábamos de vez en cuando. En la oficina de la AHS, en eventos sobre el Che Guevara, en el Marinello. Sin importar quiénes estuvieran presentes, hacía un aparte para el abrazo cálido y algunas palabras. No sé cómo Fernando lograba en tres oraciones preocuparse por mi familia, debatir algún tema de actualidad y darme ideas para nuevos proyectos. Compartía sus preocupaciones con énfasis, sabía que eran las preocupaciones de una buena parte de Cuba. Apostaba por los jóvenes y por eso nos dedicaba tiempo, palabras y energías.

Llego a la funeraria. Me abraza un amigo, comenta: «Ha muerto un guerrero, están naciendo otros». Cuba está aquí. Contemporáneos que vieron crecer al joven y desafiante Fernando, amigos y colegas de la época de Pensamiento…, sus alumnos —los del aula y los de toda la vida—, instituciones oficialistas y alternativas, directivos de prensa y periodistas sancionados, personas de izquierda, de centro y hasta de derecha flexible, escritores, intelectuales, artistas, conspiradores, dirigentes de la FEU, jóvenes desvinculados, ministros, oficiales de la Seguridad del Estado, Héroes de la República de Cuba, profesores, amigos de la familia, los hijos del Che Guevara.

¿Cómo alguien puede ser querido por personas tan diferentes y ser, de hecho, tan querido?

Saludo a tantos se cruzan en el camino a mi abrazo con Esther. La abrazo por unos segundos y no le digo nada. No quiero que llore. Esther es fuerte, muy fuerte. Voy hasta las cenizas. Sus fotos, medallas, coronas, el carné de la Asociación de Combatientes con una imagen de Fidel. Hay tantas personas.

Mi amiga me pide que salgamos, no le gusta estar aquí, el ambiente es triste, hay mucha gente. La tomo del brazo y salimos a las escaleras. Unos minutos después sale Esther, se sienta en uno de los escalones y enciende un cigarro. Son buenas imágenes, ¿verdad? Esther sentada, fumando; Fernando recostado, leyendo. Me marcho rápido, no quiero hacer lobby. Alguien me habla de una exposición de fotos de Ernesto Guevara que se inaugurará mañana en la UCI, salgo de mis pensamientos y le hago caso, es el Che, es 14 de junio, a Fernando le hubiera gustado.

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El palón divino

Foto: Zona arqueológica El Infiernito.

Tomado de Revista Alma Mater

Por Rodolfo Romero Reyes

Por mucho que uno intente ser repa, escuchar y entender el reguetón, e incluso ser defensor en algunos espacios de este género, la realidad te supera. El ejemplo mejor soy yo —modestia, apártate que viene la galleta—, disfruté la adolescencia con los orígenes de esta música contagiosa, tuve novias de las que algunas canciones de Don Omar, Daddy Yanque, Wisin, Yandel, evocan recuerdos; estudié periodismo mientras se separaban Baby Lores e Insurrecto y se unían el Chacal y Yakarta, culminé mi servicio social con Alexander garantizando la inmortalidad de su sello Gente de Zona y, aun así, la vida me da sorpresas.

En una reunión de trabajo alguien pregunta, asumiendo que, aunque la mayoría no sabría, yo seguramente daba en el clavo: «Caballero, ¿ya escucharon la canción del «Palón divino»? Mi respuesta negativa fue seguida de un grupo de comentarios: «Sí, el otro día lo pusieron en la guagua»; «Mi sobrina la tiene» y —este para mí es el más desafortunado—: «yo descubrí el palón divino en Camagüey, con los muchachos del Fajardo que estaban en las Universiadas».

De ahí en adelante pasó lo que siempre pasa cuando un grupo de profesionales descubren un tema nuevo de reguetón, empiezan a denigrar el género. Intenté salir en su defensa, pero al escuchar la frase más pegajosa del nuevo hit me quedé prácticamente sin argumentos: «Soy negro, soy feo, pero soy tu asesino, no es la cara ni el cuerpo ma, es mi palón divino».

Una de las cosas buenas que tiene el reguetón es que siempre nutre de contenido la sección humorística de esta revista. Como saben quiénes nos leen asiduamente, intentamos indagar un poco para no irnos con la de trapo. En este caso, el autor del tema es Chocolate, quien compuso letras inolvidables como «Parapapanpan, cógelo suave que esto aquí no es un campismo» y «¡Qué viva la leche!», versionó junto a Chacal y Yakarta la canción infantil «Dale pal hospital», compartió con ellos la autoría de «Sexo, yo lo que quiero es sexo» y popularizó el baile más famoso de la temporada anterior «El guachineo».

Es decir, no es de los reguetoneros el de peor trayectoria. Tampoco es el primero que menciona al «palo» en las canciones. Recuerdan «échale un palo, dos más, tres palos» o «esto es un palo por la cara»; aunque no se referían directamente al miembro reproductor masculino. Este había sido denominado anteriormente como «tuba» —que se partía en dos y en tres—, «tubo» en la canción de Los tres gatos, «la cañandonga», «el tubazo», «mi amiguito el Pipi», «la guaripola», entre otros.

En este punto se observa cierto androcentrismo. Si bien es verdad que el reguetón en su mayoría es falocéntrico, también el mundo repa ha destinado sustantivos un tanto creativos para referirse a las partes íntimas de la mujer como «El pudín» y «La popola».

¿Dónde radica el éxito de Chocolate entonces? Primero: la supremacía de su falo que lo ubica vencedor en todas las ligas —obsérvese que gana por tamaño, palón, y también por su omnipotencia, divino—; segundo, refuerza mitos populares —es negro, de ahí el palón—; tercero, defiende que las mujeres no son superficiales pues no se fijan en la cara ni en el cuerpo; y cuarto, antes de que el tema agote sus semanas de popularidad tuvo la capacidad de componer una nueva canción que continúa la saga.

Para todo artista hacer la segunda parte de una película, novela o canción, es un reto con independencia de que sea cine, literatura o música. En cambio, el talentoso joven cubano aparece enseguida con una composición en la que mantiene su espíritu crítico de la primera entrega —sigue siendo feo—, pero le ofrece a su mujer —en este caso, mulata— un rol menos pasivo que ese al que habitualmente están condenadas en otras canciones de reguetón.

Obviamente, producto de lo fugaz que resultó el tiempo empleado para componer, se ve como Chocolate usa palabras similares, misma melodía e idéntico lenguaje vulgar. La segunda parte de esta canción, que ya se repite y tararea en discotecas, barrios y universidades de todo el país, dice: «Yo sé que yo soy tu asesino, pero tengo que reconocer que tú eres mi asesina, que yo sé que yo te di a ti con mi palón divino, y después tú me metiste a mí con tu tota divina».

Un detalle que la crítica no pasa por alto es la magnitud del «sexo fuerte» que practican los reguetoneros. Fíjense que tanto el palón como su opuesto femenino no se utilizan para compenetrarse sino como instrumento de violencia: él le da con su palón divino y ella también lo golpea con su divinidad.

Lo que sí es seguro, amigos y amigas, es que, desde la primera parte de esta serie musical, Chocolate evitó el fenómeno conocido como «la tiradera». La guerra de tronos por el título del «palón divino» queda reducida a un grupo muy selecto, integrado únicamente por el Micha —en esa liga no compiten ni Alexander, ni Jorgito Junior, mucho menos el Yonqui. El resto, podrán intentarlo, pero les auguro un fracaso. ¿Qué pudieran cantarle, en respuesta, Osmany García, Baby Lores, Yomil? «Soy blanco, bajito, ni siquiera tengo palón, lo que tengo es un palito».

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La venganza de Pamela

Pudo haber sido peor. Si en vez de irrumpir en la actualidad, hubiese nacido siglos atrás, nuestra historia hubiese sido bien distinta. Imaginen al destacado almirante diciendo a viva voz: «Esta es la tierra con más pinta, a la que ojos humanos le han echado un looking». Intenten visualizar por un momento a la tropa del Generalísimo en su primera carga, cantando su himno de combate: «¡Machete afila ́o! ¡Machete afila ́o! Tírenlos contra el muro». ¿Cómo hubiese transcurrido la mayor tiradera de la historia entre el miki Martínez Campos y un repa tan patriota como Maceo protestando, con tremendo aguaje, a la sombra de los mangos de Baraguá?
Por suerte, el reguetón es un virus moderno. Lamentablemente no tiene cura, se propaga con gran facilidad, contiene una cepa bastante contagiosa, aunque dicen los médicos que es posible evitarlo. Yo, que critico la banalidad y estoy en contra de todo lo que es mediocre, incluyendo las actitudes personales mediocres, debo confesar que tengo momentos de duda. «¿Perrear o no perrear? He ahí la cuestión».
Desde su llegada no todo ha sido desolación. De hecho, algunos reguetoneros han usado recursos expresivos y estructuras gramaticales que demuestran determinado intelecto: «Luces tan bien que hasta la sombra te combina» (Daddy Yankee: 2004) o «Tu madre y tu padre contigo botaron la bola; yo tengo el abono que está pidiendo esa amapola» (DY: 2004); «En cuestiones del amor unos son fresa y otros, chocolate» (Alea y Tabío citado por Los cuatro: 2010); «Me pongo triste cuando llega diciembre, es que me duele tanto la soledad» (El Chacal: 2011); «Eres más Guasón que Jack Nicholsón» (DY: 2013); o «Quizás son cosas que tú no comprendas, quizás son cosas que a ti te sorprendan, pero quiero decirte algo: aún conservo tu bolsita de merienda» (Yonqui: 2012).
También hay otros con composiciones inexplicables como:«Tú eres guasa guasa» (Calderón: 2003); «Móntame en la camella» o «La gata está pidiendo que le funda el foco, saoco, papi, saoco» (Wisin y Yandel: 2004); «Mami pon la olla que aquí está tu caldo» (DY: 2005); «Sacude y saca petróleo» (Elvis Manuel: 2006), «Yo nunca me perdí, ahora fue que me encontré» (Jacob Forever: 2016) y «A ella le gusta el ona» (Harrison: 2016).
Algunas intentaron utilizar recursos infanto-juveniles para llegar a sus públicos más diversos. El tema más pegado de aquellos tiempos fue La caperucita roja, del Clan 537. Todo el mundo recuerda su estribillo:
—Caperucita, deja que yo te coja.
—Ay, lobo, si tú eres mala hoja.
Los que la tachaban de vulgar, no recuerdan una parte importante de la letra en que se decía:
Aladino te está dando vueltas, /
con Robin Hood y el Señor de los anillos, /
y me enteré que este fin de semana /
la bestia te invitó a su castillo. /
El Zorro, Tarzán, Cuasimodo /
y los tres mosqueteros /
pidiéndote la mano, /
Spiderman te echó la escopeta /
y Shrek te invitó su pantano.
Aunque no me explico qué hacía en ese grupo de pretendientes el Señor de los anillos, no se puede negar que hay un intento de elaboración superior al de otras canciones del género. En este artículo no ocuparé espacio para hablar de las vulgaridades, malas palabras y faltas de respeto que inundan el reguetón, pues no me alcanzaría la revista completa, y tampoco me publicarían el texto por normas básicas de educación.
Terminaré con un ejemplo, de los más recientes que escuché y que me hizo confirmar una vez más que el problema no tiene solución. Estaba en Holguín y Susana, una joven de 17 años, me pasó un tema —lo último—, que algunos podrán defender como creativo. En la letra de la canción la muchacha le comentaba a un muchacho que ella tenía «un novio que se llamaba Pamelo, y se apellidaba Chú». De ahí en adelante, con ritmo contagioso, la cantante repetía su nombre completo unas quince veces PameloChú, PameloChú, PameloChú.
Para que nadie los acuse de «desenfoque de género», el muchacho le respondía que él también tenía una novia que se llamaba Pamela Chú, y repetía su nombre muchas veces.
Pero ojo, los reguetoneros tienen conciencia y noción del peligro. Con una letra tan fácil, vulgar, espantosa, necesitan ponerle un título que intente ser profundo, rimbombante, literario. Y es así que esa canción, sin más letra o historia que las que ya les comenté, inexplicablemente se llama: La venganza de Pamela.
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Inicia jornada festiva por mi cumpleaños No.30

Por Rodolfo Romero Reyes

Admito que este post tiene unas semanas de atraso.

Y sí, se acerca mi cumpleaños número 30. Quizás por lo redondo del número me lo he tomado más en serio que en años anteriores y he decidido celebrar con mis amistades durante tres meses, desde febrero hasta mayo.

Ya comencé. En febrero tres amistades cercanas me invitaron a: 1) ir a un concierto de jazz que costaba 30 CUP la entrada, en honor a mis 30 años; 2) invitarme a comer con tour incluido por la ciudad, y 3) dedicarme una canción en un concierto delante de un montón de gente, obviamente esta amiga es cantante.

Si tengo suerte, lograré vivenciar 30 momentos especiales de aquí al 23 de mayo de este año, con lo cual las coincidencias númericas serían más especiales aún.

En fin, lo escribo porque quiero compartir mi alegría con mis lectores más cercanos. A quién no le interese este post, no hay lío, los/as seguiré queriendo, jajaja.

Y para los que guiándose por mis canas, piensen que no son 30, les cuento que nací en 1987. Así que calculen, recuerden que cuentas claras, conservan amistades.

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La venganza de los tutores

Por Rodolfo Romero Reyes
Tomado de Alma Mater
Meses atrás esta sección publicó «El tutor clasificado», una construcción colectiva que hicieron algunas diplomantes con las que he compartido tesis en mis casi seis años de profesor universitario.
Algunos docentes de la Facultad de Comunicación de la Universidadde La Habana (Fcom) leyeron el texto y me preguntaron: ¿Y cuándo vas a etiquetar a los diplomantes? Les devolví la interrogante y en una suerte de creación colectiva mis colegas Tania, Heidy y Geisel —aún no sé por qué Dasniel no se ha sumado—, propusieron clasificaciones para aquellos y aquellas que al llegar a su quinto o sexto curso asumen la investigación académica como cierre de su formación.
Estaríamos hablando de diplomantes:
Globos: Siempre están en el aire.
Oxigenados: Se especializan eninflar globos.
Barrocos: Hacen un PPT abarrotado de información, figuras y colores.
Emancipados: No aceptan que sus tutores participen en la predefensa.
Dietéticos: Regularmente afirman: «Mañana empiezo y me pongo con todo».
Sordomudos: No te escuchan nunca, pero tampoco pueden explicarte nada de su proyecto.
No-hispanohablantes: «¡¡¡Ay, el idioma español!!! ¿Dónde estás que no te veo? ¡Ni te oigo, ni te leo!».
Tardíos: No llegan puntuales a ninguna de las consultas, e incluso se retrasan el día de la exposición final.
Tímidos: Les da pena rebatir ideas, expresarse alto, aplicar instrumentos, hacer la predefensa, e incluso, discutir la tesis.
Generosos: No paran de mandartextos que según ellos les pueden servir a sus compañeros diplomantesdietéticos.
Guatacones: Ponen al tutor en el primer lugar en los agradecimientos, lo atiborran de elogios exagerados y palabritas cursis.
Alcohólicos anónimos: El ochenta por ciento de la tesis la hicieron en el bar, pero el tutor nunca lo supo —en parte porque nunca lo invitaron.
Sacrificados: Cada día les aparece algo urgente que les impide avanzar en la tesis: tienen que limpiar el teclado, formatear el texto o leer en wikipedia la vida de la tía de Canclini.
Magos: Los ves ahora y después… ¡ya no los ves! Se dan tremendas perdidas. Cuando finalmente aparecen se les borró todo, las memorias no les sirven, tuvieron que atender a familiares que llegaron «de afuera».
Tecnológicos: Tienen superlaptops con programas que no son compatibles con nadie. Graban todas sus consultas en sus superteléfonos y después con sus superaudífonos lo transcriben todo. Sueñan con un dispositivo que teclee mientras ellos les dictan sus ideas.
Actores: En las consultas todo es mesurado, tranquilo, despejado. Ellos escuchan con atención, intercambian ideas, avanzan… En cambio, en la discusión de la tesis se presentan irreconocibles, con exagerados maquillajes y vestuarios extravagantes. Hacen toda una representación en su exposición que a todos deja boquiabiertos.
Y para cerrar, los que son «de marca»:
Diplomantes Walt Whitman: Se cantan y se celebran a ellos mismos.
Los «Papas calientes»: Pasan de mano en mano y ningún tutor quiere quedarse con ellos.
Diplomantes Ban Ki-Moon: Sus tesis resolverán el cambio climático, erradicarán el hambre en África y acabarán con el yihadismo.
DOTA: Pasan horas enteras pegados a las computadoras, noches completas sin dormir, jugando, jugando, jugando.
Victoria Secret: Lo único que hacen es pensar en la ropa que van a modelar durante la defensa, en la «percha» para la graduación y para la fiesta, además del bufet para el brindis que seguramente prohibió el rector.
Web 2.0: Por el muro de Facebook y su perfil en Twitter sabes cómo están, en qué han avanzado y cuáles son sus siguientes pasos. Lamentablemente, cuando despachas con ellos off line descubres que todo era pura realidad virtual.
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Homenaje (Parte 2)

Admiro mucho estos homenajes que hace mi amiga Ana Carla. Sigan su blog, y sus locas ideas.

AnaCrónica

frida-ana

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