Tremenda descarga

Nemo

Si le llamó la atención el título de este cometario me atrevo a hacer al menos una suposición: usted no tiene total seguridad de qué se va a tratar en las siguientes líneas. Sé que usted sabe lo que significa el adjetivo tremenda: muy grande; puede indicar también algo horrendo o majestuoso (tremendo susto, tremenda «niña») o «tomarse las cosas a la tremenda» cuando alguien exagera en una reacción. Ahora, ¿sabe usted lo que es una descarga? O mejor dicho, imagina a qué tipo de descarga me referiré.

Si vamos al «mataburros» encontramos que la descarga es entendida como: 1) acción o efecto de descargar, aliviar el peso o mercancías de algún transporte cargado; 2) descarga cerrada: fuego artillero que se hace de una vez por un grupo de gente armada; y 3) disparo.

Ahora, en Cuba en el siglo XXI, ampliamos esta lista de significados:

  1. Reprimenda que te da alguien cuando haces algo que no debes: «El profesor me descarga cada vez que no hago la tarea».
  2. Relación amorosa de carácter espontáneo y efímero que se inicia, se desarrolla y se termina en una noche; es muy común entre adolescentes y, en ocasiones, contiene elementos sexuales en su definición.
  3. Acción mediante la cual un grupo de jóvenes privilegiados acceden al contenido disponible en Internet.
  4. Reclamo enérgico y universal de todas las madres y abuelas cuando sus hijos y nietos no hacen los deberes en el hogar.
  5. Encuentro de un grupo de amigos —en época de nuestros padres— que se reunían en una casa para compartir, jugar dominó y tomarse alguna cervecita.
  6. Peña realizada por un conjunto de trovadores —casi siempre los mismos— donde quien protagoniza la descarga invita a sus amigos a descargar.
  7. Programa sabatino de la televisión cubana por el cual deben pasar los artistas, músicos, humoristas y presentadores para poder cumplir con la emulación en el ICRT.
  8. Acción de despachar una mercancía de dudosa procedencia en casa de un tipo de dudosos antecedentes penales: «¿Ya descargaron lo que tú sabes en casa de quien tú sabes?».
  9. Término utilizado para mostrar fanatismo a alguien o gusto por algo específico: «Muchacha/o, ¡cómo te descargo!» o «Le descargo cantidad a esos zapatos».
  10. Extraña adjetivación que junto a sustantivos electrónicos significa ánimo caído: «Tengo las pilas descargadas».
  11. Proceso inevitable que sufren los mejores amigos de los mikis: los celulares. La velocidad de su descarga depende de la cantidad de llamadas contestadas, la alarme de mensajes, la reproducción de música, el Bluetooth, la Wifi, los datos móviles, etc.

En fin, estas son solo algunas acepciones. ¿El título de este comentario? De eso les cuento otro día porque si me paso de las líneas establecidas ya usted saben a quién le van a «descargar pa´ trás».

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La evolución del lenguaje

Por Nemo

En el mundo moderno todo evoluciona. La tecnología, el pensamiento, las costumbres sociales y, por supuesto, también el lenguaje. El presente texto quiere reseñar algunos de los más significativos cambios ocurridos en la comunicación interpersonal en los últimos años.

Ya una muchacha no es una reina, una princesa o una musa, sino «la Diva», «la chacala», «la señorita intelectual» y, en el mejor de los casos «mi bailarina del V.I.P.».

También este proceso evolutivo ha rescatado términos comúnmente conocidos y los ha otorgado nuevos significados semánticos. Por ejemplo, si tú estás en el boom ya no eres «el tipo» o «el que todo lo puede», ahora los más destacados en su arte son considerados «los salvajes», «la máquina de hacer dinero», «la combinación perfecta», «el tsunami», etc. De modo que cuando alguien pretenda demostrar su superioridad solo tenga que decir: «yo soy el animal».

Los recursos literarios como el símil, la metáfora y la personificación también han evolucionado, algo entendible si sabemos que quienes escriben los temas musicales que popularizan dichos términos son «los mejores bolígrafos de la República». ¿Cómo describir un carro policial?: «la yabó de la felpa azul». ¿Cómo resumir diversos criterios sobre la diversidad sexual?: «en cuestiones del amor, unos son fresa y otros, chocolate, si tú no sirves para matar, entonces deja que te maten».

También hay una nueva forma de hacer valer el honor y el respeto entre caballeros. La tradicional costumbre de retarse a duelo para resolver el desagravio, tiene ahora otra modalidad: «Es que tú no me soportas, es que tú no me respiras, es que tú quieres pegarte, pero a costilla del tira-tira». En efecto, se trata de «La tiradera», género cultivado por prestigiosos letrados como Jacob Forever, Alexander, Jorge Junior, el Micha y los precursores el Baby, el Insu y el Chacal.

En su eterna rivalidad por ratificarse como «los reyes del trono» han llegado a la conclusión de que lo único que les falta es «suicidarse en defensa propia», porque como dice Insu: «todas esas tallas son por gusto». Eso sí, es obligatorio reconocerles su originalidad y creatividad. Ellos no hacen lo que aquellos teóricos de las «lámparas sin aceite» o del «Saoco, mami, saoco». Los lingüistas de la Isla logran una mayor construcción conceptual con frases como: «En materia de ambiente somos un municipio destacado», «Tú te sabes mi nombre, a mí no me digas na´, si se va a formar que se forme». Eso sin descontar la capacidad para fusionar letras de Van Van, música de The Beatles y ritmos del Benny Moré. A veces, incluso, rinden homenaje con letras como esta: «Báilalo bonito, báilalo sabroso, ponte un sombrero y un bastón, generoso, generoso».

Los críticos no se han mantenido al margen. Rufo Caballero —refiriéndose a uno de los asesinatos liricales de Baby Lores e Insurrecto— calificó la relación de ambos reguetoneros como de «amor-odio» y entabló —y cito— «guiños artísticos» entre la producción audiovisual de ambos cantantes.

A pesar de los talentos del patio, lingüistas foráneos llevan ventajas en aportes literarios. Nadie puede negar que Daddy Yanque con el celular solo para «llamadas de emergencia», se adelantó a una realidad que sufriríamos todos por las tarifas de Etecsa. Incluso, fueron aventajados en materia de piropos; Don Omar puso la parada alta con «Pobre diabla» y el Daddy lo superó cuando dijo: «luces tan bien que hasta la sombra te combina». Pero nosotros nos pusimos «letales» e inventamos los piropos recíprocos: «Yo soy fanático a ti y tú a mi calidad» y los piropos en cuatro tiempos: «Yo soy un loco, un loco con una moto, un loco con celular, celular que tira fotos».

Esta evolución permite a personas como yo, con escasos conocimientos lingüísticos, sumarme a su producción literaria. Me siento inspirado por un futuro demo que titularé —en contraposición al concepto de «un pan de Dios»—: «La gaceñiga del Diablo».

Contagiado con este aire moderno, tengo un mensaje para el lector o lectora que no esté muy a gusto con estás líneas. Ten siempre presente que «la calidad es la calidad»; si estás inconforme recuerda este corito: «conmigo no, cógela con Puerto Rico».

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Pocas veces…

No te acuerdas, gentil bayamesa…

Por Rodolfo Romero Reyes

Pocas veces entras al cine con la certeza absoluta de que los protagonistas de la película van a morir al final. Pocas películas te hacen llegar a casa y empezar a escribir.

Esa noche, de un jueves cualquiera, le pones rostro a una historia que tus maestros te enseñaron cuando eras niño: cuatro estudiantes jugando en un cementerio, otro arrancó una flor, los tres restantes —y te indignas— por sorteo, y uno de ellos ni siquiera estaba en La Habana.

Personalizas a una figura que bien recuerdas por su amistad con Martí, pero del que ignoras luchó hasta el cansancio por encontrar los restos mancillados, soñó con hacerles un monumento y escribió un libro que nunca has leído y que anhelas ver publicado por una editorial próximamente.

Te alegras de que todavía existan personas que quieran hacer películas como esta, y que no hayan olvidado ni un detalle: el maestro que no permite que se lleven a los estudiantes, el abogado español que los defiende con justeza ante el tribunal, los también jóvenes abakuá —de quienes leíste en un reportaje que escribió una amiga— que intentaron, como un comando militar, salvar a aquellos que fueron inevitablemente fusilados.

Descubres que la niña que comía rositas de maíz al principio del filme, ahora va contando en voz alta hasta que reafirma que son ocho. Escuchas al joven que, en los momentos en que Fermín cava en la supuesta tumba, desesperado, murmulla: «Sigue, sigue…»; y alguien a dos butacas de distancia le confirma: «Por eso siempre hay que seguir». Y te sorprendes cuando al final, sin ser la premier o estar presente alguno de los actores o actrices, el público aplaude, y sales de allí con lágrimas en los ojos.

Piensas entonces en las cinco veces que, siendo estudiante, marchaste desde la escalinata hasta La Punta, escuchaste las palabras de algún dirigente de la FEU, y llegaste hasta un monumento… ahora te arrepientes de que quizás no hiciste todo aquello con la debida solemnidad.

¿Héroes? Eran tan jóvenes que algunos probablemente no tenían ideales bien formados; otros sí, como Anacleto, como Ángel. Sus historias, su trágico final, reflejan la crueldad de una época.

Lo peor, piensas, es que «los voluntarios» eran cubanos; como también lo fueron los policías que servían a Gerardo Machado; o los esbirros sanguinarios de Fulgencio Batista que torturaban y mataban universitarios en un momento de la historia mucho más reciente.

La película es triste, pero mueve tu patriotismo más que diez charlas políticas o tediosos turnos de reflexión y debate. No se te olvida la voz de Anacleto; cuando sabe la sentencia definitiva grita ¡Viva Cuba Libre! Piensas entonces que vives en un país en el que, pese a las dificultades, las personas no dejan morir sus tradiciones ni su historia, en el que las familias azotadas por un tornado no quedan a merced del destino y en el que nadie nunca vendrá a tu aula a sacar estudiantes para luego asesinarlos. Y eso, te repites, hay que cuidarlo y defenderlo.

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Mis Les Luthiers

Fotos: Kaloian Santos Cabrera

Mi abuela Fela —abuela por parte de Lili— no debe acordarse de que ella fue la primera persona que me mostró un video con el espectacular grupo humorístico argentino. Cinco hombres vestidos de traje, con los rostros muy serios, dramatizaban algo muy cómico. En la primera escena que vi, no llevaban ningún instrumento. De ahí que no asocié, de primera y pata, el porqué de su nombre.

No había pasado mucho tiempo del primer «visionaje», cuando empecé a rastrear cualquier destello de su obra. Además de utilizar la música como elemento esencial de sus puestas en escenas y derrochar creatividad al incorporar instrumentos informales creados a partir de materiales rústicos de la vida cotidiana, hacían gala de un humor muy fino e inteligente. Empecé a memorizar diálogos y parodias, hasta convertirme en uno de sus fans.

«Las majas del bergantín», así se llamaba aquella primera obra en la que uno de los marineros, en singular melodía, contaba que: se había tatuado en su panza, / el continente europeo, / y no quería mostrar Italia, / «porque se vería feo».

Uno de los diálogos más simpáticos tenía lugar cuando el vigía avisaba de la presencia de un barco enemigo. Allí se deba un diálogo que recuerdo más o menos así:

—Veo el barco pirata y a su jefe, que tiene una pata de palo y lleva un loro en el hombro.

— ¿Cuál es su tamaño?

—Más bien pequeñín, unos diez centímetros, supongo…

— Pregunto por el barco — le rectificaba el capitán, haciendo acopio de paciencia.

— Sesenta metros de largo.

— Se dice es-lo-ra—, le rectifica nuevamente el capitán. A lo que el creativo marinero responde:

— Yo dije loro, generalizando.

— ¿Lleva algún botín?

—Sí, en la pata que no es de palo.

Así fue como aquellos cinco veteranos raptaron mi atención. He seguido de cerca su carrera más reciente, los he visto ponerse más viejos y sufrí la muerte de, para mí, uno de los más geniales: Daniel Rabinovich.

Él podía numerar todos los nombres de embarcaciones que empezaban con b: bote, barco, buque, bajel, balandro, balsa, e incluir: fragata…, solo si una que se llamaba Bilbao; así hacían reír; trastocar erróneamente un monólogo: «Se refrió, Mastropiero. Con esto, termino», en vez de: «se refirió a Mastropiero con estos términos»; o incluso confundir en la lectura a «una vieja leyendo ebria»; con «una vieja leyenda hebrea».

Los diálogos que sostenían Marcos Mundstock y el propio Daniel, eran memorables.

—Una frase que siempre digo: los niños de hoy… serán hombres mañana.

— ¿Mañana? Vaya manera abrupta de crecer.

En una ocasión Daniel hilvanó una idea como esta: « Muchas veces mis alumnos me preguntan si la hermenéutica telúrica trastrueca la peripatética nutrética de la filosofía aristotélica por la inocuidad fáctica de los diálogos socrático no dogmáticos, y yo les respondo que no, que no lo sé». ¿Y quién podría saberlo, verdad?

Les Luthiers no solo disfrutan el absurdo de confundir a Terpsícore, la musa de la danza, con Esther Pícores, sino que se inventan la musa de la limpieza —gamuza—, o la musa de los escarabajos —la escaramuza.

Aunque hacen reír muchas veces con un estilos simplón, también llenan de sentidos críticos sus creaciones. Cuando interpretan a los políticos afirman cosas como: «no somos como los políticos de antes que se cansaban de robar… nosotros somos incansables».

Precisamente, interpretando a unos políticos que quieren cambiar el Himno Nacional, se da una de las situaciones más hilarantes que recuerdo. En la historia que narran es necesario cambiar de enemigo. La canción Patria hace alusión a los españoles, pero según los políticos eso ahora no conviene por las relaciones bilaterales entre ambas naciones. Entonces suponen crear un nuevo enemigo: los noruegos. Ante la incredulidad del músico compositor, que alega, no existe conflicto entre la nación latinoamericana y Noruega, los políticos alegan que inventarán un «problema de límites».

La solución del músico es tan creativa como en el resto de las estrofas versionadas. Con ella termino, invitándote a que descubras la obra de un grupo que, por más de cincuenta años, ha hecho a los argentinos sonreír.

«Atrás invasores noruegos,
olvidaos de vuestra avidez,
quedaos en Oslo, no salgáis de Oslo,
oslo decimos por última vez».

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Enfermo de Internet

Llegó tarde a las nuevas tecnologías. A mediados del 2011 fue que tuvo la osadía de abrirse una cuenta en Facebook. Siempre él había criticado a todos sus amigos que pasaban horas en el chat, perdiendo el tiempo, como solía recriminarles. Sin embargo, Fabeook le cambió su vida. Rápidamente empezó a reencontrase con amigos con los que no coincidía desde el pre y otros que después de graduado, a penas había visto.

A medida que aumentaba su lista de amigos, crecían sus ganas de hacer más y más. Fue por eso que entró a Twitter y empezó a seguir a conocidos y desconocidos, a populares y a insignificantes, hasta que empezó a incrementarse su lista de seguidores. Por aquellos días salió Google + y también entró. Su única obsesión era conocer más y más personas, intercambiar con ellos, hacerles preguntas, darles consejos. Incluso empezó a enamorarse de dos o tres ciber-chicas que hacían comentarios calientes por el chat.

En eso se le iba la jornada de trabajo. Ya no conversaba con sus compañeros de trabajo después del almuerzo, a penas usaba el teléfono y la cantidad de trabajo pendiente se incrementaba en su computadora. Incluso pasaba por su trabajo los sábados y los domingos para revisar todos los correos, buzones y recaderos digitales que tenía en todas las redes sociales a las que pertenecía. Mientras se transportaba de su casa al  trabajo twitteaba desde el móvil y no dejaba de pasar varios sms. Abrió uno, dos, siete blogs… hasta que un día se dio cuenta que estaba enfermo.

Fue al médico muy preocupado. El diagnóstico fue sencillo: dependencia extrema a las nuevas tecnologías. La receta del doctor no implicaba tabletas ni inyecciones. Debía estar un día a la semana sin acceso a las nuevas tecnologías y poco a poco disminuir la frecuencia con que asiduamente se conectaba.

Dispuesto a superar su adicción escogió los martes. Pidió permiso en el trabajo alegando que una vez por semana tendría consulta. Llegó por fin el primer martes, dejó el móvil en casa y salió a caminar bien temprano. Salió convencido de que se volvería un hombre más libre, menos tenso y más saludable.

Luego de caminar seis cuadras, aquel hombre comenzó a preocupare: la ciudad estaba completamente desierta.

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¿Asunto de dos?

Por Monica Lezcano Lavandera y Rodolfo Romero Reyes
Tomado de Revista Alma Mater

Lo más difícil para Claudia fue convencer a su novio. Llevaban apenas cuatro meses. Como siempre le hablaba de «amor eterno» y valores como «lealtad» y «fidelidad», ella no quería correr el riesgo de que ante su propuesta él se fuera a disgustar. Reynier no lo sabía, pero su novia tenía un heterogéneo pasado.

En su etapa preuniversitaria, mantuvo una conducta amorosa y sexual acorde a la que imaginaron sus padres para una muchacha de su edad. Y siendo fiel a la sentencia que asevera: «los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres», justo antes de graduarse vivió experiencias que le permitieron dudar de lo que, hasta ese momento, había aprendido.

Lo primero que hizo fue, a propuesta de Abelito — su novio de doce grado — , participar de un trío con una muchacha de su aula. Aquella vivencia aislada no la hizo dudar de su orientación sexual: seguía sintiéndose heterosexual y atraída por los hombres, aunque había disfrutado aquella noche inolvidable.

Abelito hizo que ella se liberara. No solo en su práctica sexual cotidiana, sino también en su formación cultural. Leyó muchos libros y debatió con sus compañeras de cubículo teorías sobre el libre amor y la emancipación de la mujer. Cuando llegó a la universidad era otra Claudia y empezó a entablar amistad con otras personas que pensaban como ella y se consideraban swinger.

Asunto de dos… o más

Diversos libros publicados en Europa en las décadas de los sesenta y setenta hablaban del intercambio de parejas o swinging –en inglés–, también referido como un estilo de vida. Ese modo de vínculo amoroso incluye diversas actividades sexuales realizadas entre parejas heterosexuales, bisexuales u homosexuales en un mismo local. Entre ellas las más comunes son observar cómo otras personas tienen sexo, tener relaciones delante de otros, besar o realizar el acto sexual con una tercera persona además de tu pareja, o intercambiar compañeros.

Kenia se convirtió en una especie de iniciadora para Claudia en este mundo, aunque su conocimiento no era propiamente de pareja swinger. Ella, en primer año, había pasado un curso de masajes corporales. Daba sesiones profesionalmente a hombres y mujeres. En una ocasión tuvo como clientes a un matrimonio joven que la invitó a su casa. A mitad de sesión ellos le preguntaron si podían tener sexo delante de ella. A pesar de sentir cierto rubor, Kenia aceptó. Vio y disfrutó aquella escena, según le confesó a Claudia.

Aunque nunca participó directamente, Kenia se hizo amiga de ellos y supo que al menos en La Habana las personas o parejas swinger organizaban fiestas, encuentros, y se habían convertido en una especie de comunidad.

Facebook ¿quedó detrás?

En solo unos meses, Claudia conoció a muchachas y muchachos swinger y con algunos de ellos compartió un poco más que una amistad. Luego supo de un sitio web en el que podía hacerse un perfil falso o real y por esta vía conocer a otras personas con un estilo de vida similar.

«La manera de registrarse en Cubaswinger es muy sencilla. Creas un usuario y una contraseña. El segundo paso es llenar una ficha de datos en la que incluyes una descripción física, tu edad, sexo, el de tu pareja si es que tienes, y después seleccionas lo que estás buscando: mujeres solas, hombres solos, parejas heterosexuales, o parejas gay. Este es un paso importante porque te vinculas automáticamente a la gente que busca lo mismo que tú», comenta Amanda, quien es miembro de esta comunidad virtual hace seis meses.

«Poner una foto que te identifique es opcional, pero cuando no hay foto la gente desconfía de que sea verdadero el perfil; ya después puedes crear álbumes eróticos. La mayoría de la gente no enseña la cara, solo partes sensuales del cuerpo», agrega la joven.

El ciberespacio es propicio para que las personas desaten sus sentimientos más íntimos y sean capaces de transgredir ciertos límites que lejos del amparo virtual resultan difíciles de traspasar. Una propuesta relacionada con el sexo, comentar alguna fantasía, se hace más fácil cuando se tiene la posibilidad de escudarse en un chat, o desde un perfil falso.

Para Raulito, de 26 años, las mayores ventajas de este sitio son los encuentros en bares, playas y piscinas que ahí se anuncian. Las fiestas casi siempre se hacen en bares temáticos. Si eres miembro no tienes que pagar la entrada, pero si no, puedes pagar y divertirte también.

Yanet no piensa lo mismo, a ella lo que más le llama la atención es el chat al que se puede acceder, incluso sin registrarse, en el cual se puede enviar y recibir mensajes o fotos, y conversar directamente si es que la otra persona está conectada en ese momento. «En el chat no se habla con rodeos. Nada de poemitas ni detalles románticos. Se habla directo, se intercambian fotos, y si te cuadra quedas para una cita, si no, buscas otra opción».

¿Será acaso una evolución de la vida en pareja? ¿Moda? ¿Tendencia? Si el uso de las nuevas tecnologías puede traer aparejado prácticas que antes no eran tan frecuentes — el selfie es un ejemplo — , no quiere decir que ellas vayan a modificar todos los aspectos de nuestra vida no virtual.

Nadie afirma que las parejas, digamos, más tradicionales, aquellas que no deciden incluir terceros en su relación, vayan a extinguirse o camino al fracaso.

De hecho, las parejas swinger son minorías, pero no por eso deben ser criticadas o rechazadas. Son personas que buscaban, y obviamente, se han ganado, su espacio — también digital.

Al igual que otros servicios en la web, la plataforma decidió, a partir de mediados de 2018, que aunque registrarse seguía siendo gratis, esto solo sería por unas 48 horas. Ahora para mantener el perfil es necesario transferir 2 CUC de saldo al número de celular de Eduardo, el administrador. En caso de que acceda desde otro país se puede transferir dinero a un número de cuenta que también te proporcionan. Si no se efectúa el pago, no se puede acceder a la información de otros perfiles, a las fotos o a las fiestas que se anuncian.

El sitio tiene también sus desventajas. Muchas personas falsean la información, mienten sobre su sexo, su edad o ponen fotos robadas. Existen muchos casos de hombres que se dicen mujeres, y chatean con otras mujeres para pedirles fotos. La manera más confiable de saber si la otra persona es real es analizando las fotos y viendo si coinciden los detalles del cuerpo.

Cecilia lleva dos años inscrita en Cubaswinger. Ella ha tenido varias experiencias a través del sitio, y ha podido darse cuenta de que hay más hombres solteros dispuestos a tríos con una pareja, que mujeres solas. Esta última, es la opción que más buscan las parejas heterosexuales, pero es bastante difícil encontrar una candidata.

También hay muchas personas mayores, de 40 ó 50 años, que quieren disfrutar de «carne fresca», pero lo más notable son las mujeres que quieren tener sexo con otras mujeres.

«Soy lesbiana y desde hace meses me inscribí en el sitio con mi pareja. Queremos tener relaciones con uno o dos hombres, y la verdad es que nos han sobrado las propuestas», agrega Elaine, quien ya se ha hecho asidua a este espacio.

Fantasías y realidades

Generalmente las parejas swinger comparten puntos de vista similares sobre el amor libre y lo conciben desligado a lo que tradicionalmente hemos entendido como matrimonio o vida en pareja. Incluso, algunas tienen normas internas y límites en sus prácticas. ¿Mantiene la pasión? ¿Conservan el erotismo? El diálogo con algunos y algunas de este grupo, puede darnos ciertas pistas.

«Yo llevo con mi novia tres años — dice Ever — , y nos gusta intercambiar parejas. No es fácil llegar a una discoteca, ver a otra pareja que nos gusta, ir directo a ellos e invitarlos o decirles algo. Eso lleva una dosis de confianza en uno mismo, porque no todo el mundo lo entiende de forma natural».

El caso de Lieta es diferente. Quisiera «probar» un trío con otra muchacha y su novio. Ella cree que lo mejor sería hacerlo con una amiga, para que exista confianza, pero tiene miedo de que, en el momento de la «acción», se dé cuenta que no le gusta el sexo con mujeres.

Alberto, por su parte, revela que comenzó en el mundo de los swinger por una crisis que tenía en su relación, y le pareció que esta era una manera creativa para salvar el noviazgo de años.

«Mi novia y yo hemos tenido sexo con otras parejas, y no creemos que por eso nos queramos menos. Simplemente buscamos una manera diferente de vivir nuestra sexualidad, y explotar todos los sentidos a la hora de la intimidad», sentencia Adrián.

Aceptar y convivir con las diferencias

Después de pensarlo mucho, finalmente Claudia le contó a Reynier que antes de conocerlo, aproximadamente durante dos cursos, ella frecuentó las fiestas swinger.

Reynier la entendió, pero al mismo tiempo defendió su opción de que él no participaría ni estaba de acuerdo en que en un futuro, ella participara nuevamente de estos espacios.

Hasta el momento, Claudia mantiene su relación con Reynier y lo ha asumido como una nueva etapa en su crecimiento. «Estoy enamorada. Puse en una balanza las cosas y decidí por él». Pero alerta: «No quiere decir que sea definitivo. A lo mejor un día, Reynier se embulla y se decide a experimentar».

Nota: Con el propósito de preservar su privacidad, los entrevistados prefirieron el anonimato o el empleo de otros nombres.

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Mapa conceptual de los besos

Para los pocos entendidos en besos, su reducido entramado conceptual se reduce a los besos de «piquitico» y «con lengua». De hecho, en edad adolescente, son los más frecuentes y también resultan fáciles de diferenciar. Con el tiempo y la experiencia, las personas besadoras han aumentado la gama de definiciones sobre este intercambio de saliva, olores, sabores, y sensaciones que ocurre a través de los labios. A continuación enumeraremos algunas de las conceptualizaciones más populares:

Detectives: aquellos que intentan descifrar qué comiste, si consumiste bebidas alcohólicas y en qué cantidad.

Gremiales: los que se dan solo entre personas del mismo sector. Aunque algunos no lo crean hay periodistas que solo besan a periodistas.

Jurásico: la lengua de la persona que besa es tan larga que parece uno de esos dinosaurios de Spielberg que podrían tragarte de un solo bocado.

Virtuales: los que se envían por Facebook o por otros chat. Divergen en estilos, formas o intensidad: muaa, muak, bss, bsos, un beso grande, besitos, besis, kiss, etc.

Nomos: son clásicos, se dan frotándose la punta de la nariz. Son un homenaje a tantos y tantos dibujos animados que nos enseñan el singular hábito de estos pequeños personajes.

Voladores: se lanzan; algunos haciendo un sonido peculiar con los labios, otros utilizando los dedos de las manos y soplando como el beso fuera la plumilla de Forest Gum; a veces van acompañados de una mayor acrobacia como si fuese un lanzamiento de béisbol o simulando un lanzamiento con arco y flecha, al estilo de Cupido.

Río Cauto: extremadamente largos, de esos que te dan tiempo a pensar en que tienes que ir a pagar el teléfono, lo que elegirás para cocinar y a dónde quieres ir a bailar el viernes próximo.

Tres gracias: se necesitan seis labios para concretarse. Son muy comunes en tríos de dos mujeres y un hombre; en otras fórmulas para la misma ecuación, no suelen ser tan frecuentes.

Tatuados: son los que te marcan, no para siempre, ni por su intensidad, sino porque los labios autores llevan exceso de brillitos, creyones permanentes, o algún hongo que se transmite por contacto.

Ositos del cariño: son similares a los besos de piquitos pero se dan muy seguidos y en cantidad ilimitada. Cientos de besos por segundo que recorren el cuerpo ajeno pero solo por pequeñas porciones.

Rescatistas: son en los que la lengua busca, infructuosamente en la boca ajena, a su par, sin encontrarla. Los labios opuestos apenas se abren y ella busca y busca para poder concretar lo que en teoría sería un beso de lengua. ¿Será que hay personas que no tienen?

Trituradores: llevan adjuntos pequeñas e incisivas mordidas. Se dan en labios, espaldas y otros lugares íntimos del cuerpo. Ojo con la fuerza que se le imprime a la mordida, de la sensualidad al canibalismo pueden ir pequeñas fracciones de newton.

Hollywood: tienen dos versiones. En el formato película antigua, parecen intensos pero apenas participa la lengua, e implican movimientos laterales del cuello para dar apariencia de mucho apasionamiento. En el formato full HD, son los besos que llevan implícito movimientos corporales y faciales de gran erotismo; onda Brad Pitt y Angelina Jolie.

Clandestinos: se dan sin que nadie se dé cuenta. De ahí que se aprovechen lugares discretos como parques de noche, calles deshabitadas, elevadores vacíos. En estos últimos la adrenalina es mayor, pues debes estar atento si durante el recorrido de tus pisos alguien inoportunamente oprime el botón y lo obliga a realizar una parada emergente; ahí el beso se interrumpe. A veces, si se llega a la planta baja sin interrupciones, hay parejas que deciden volver a subir.

Obviamente, cada besador o besadora le imprime al suyo un matiz peculiar. De ahí que, amén de las clasificaciones, cada categoría se puede dimensionar en tantas variantes como decidan los ejecutores; con ojos abiertos, o cerrados, mayor o menos cantidad de saliva; etcétera.

PD: omitimos la categoría de beso «negro» y beso «glandioso», no por pudor, ni mucho menos, sino porque, como pueden apreciar, nos quedamos sin espacio.

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