Convocatoria Calei2copio 2016

Calei2copioLa Cátedra de Información y Comunicación para el Desarrollo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, convoca a la VII Edición de la Feria de Experiencias en Comunicación e Información para el Desarrollo “Calei2copio 2016”, que tendrá lugar los días 11 y 12 de mayo en la Facultad de Comunicación (San Pedro entre Ermita y Avenida Independencia, municipio Plaza de la Revolución, La Habana).

Calei2copio es un espacio académico expositivo que busca el intercambio de experiencias y aprendizajes entre personas e instituciones que han creado o se han incorporado a algún proyecto que persigue el desarrollo social. El evento cuenta con un jurado integrado por miembros del claustro de la Universidad de La Habana y otros centros de nuestro país que trabajan estas temáticas; quienes premian las experiencias más destacadas a partir de la creatividad en la presentación, las metodologías empleadas para su gestión, los resultados e impactos, entre otros elementos.

El evento constituye además un espacio para enriquecer metodológica y conceptualmente las prácticas de las experiencias participantes; pues propone un programa académico con el eje temático “Emprendimiento para el desarrollo local”. De esta forma, se podrá dialogar con especialistas en el tema y con protagonistas de iniciativas socio-económicas que generan prácticas de beneficio comunitario; al tiempo que se estimula la reflexión en torno a las perspectivas de un sector no estatal cubano que se comprometa con el bienestar humano a cualquier escala territorial.

Se podrá participar de forma individual o por equipos, a través de las siguientes modalidades (se puede participar en las tres, si se desea):

  • Un stand interactivo.
  • Un audiovisual.
  • Un artículo de investigación.

Las solicitudes de participación deberán enviarse por correo electrónico al comité organizador del evento, a través de la dirección caleidoscopio@fcom.uh.cu. Quienes presenten audiovisual y/o stand, deberán anexar a su solicitud un resumen de la experiencia (versión digital por correo e impresa en la Acreditación). Cualquier información acerca de los requisitos de participación y envío de ponencias se puede solicitar a la misma dirección de correo electrónico. El plazo para la admisión de solicitudes vence el 4 de mayo de 2016.

Estructura del informe de resumen de la experiencia:

El informe será presentado en hoja carta, tipografía Arial, puntaje 11, interlineado sencillo. Entre introducción y conclusiones habrá un máximo de 10 cuartillas.

  • Presentación
  • Identificador del centro o facultad
  • Nombre del proyecto
  • Tema del proyecto
  • Integrantes
  • Identificador del proyecto, en caso de tenerlo.
  • Resumen.
  • Introducción.
  • Situación problémica y otros puntos de partida.
  • Necesidad y pertinencia del proyecto.
  • Áreas de estudio que confluyen en el acercamiento.
  • Desarrollo
  • Sujetos con los que se trabaja.
  • Elementos relevantes acerca de los contextos.
  • Particularidades del proyecto: tiempo de duración, apoyos, concepción metodológica, líneas temáticas.
  • Actividades implementadas y planificadas.
  • Resultados esperados y mecanismos de evaluación
  • Conclusiones
  • Bibliografía
  • Anexos

Indicaciones para artículos científicos:

  • Monografías: aproximaciones y sistematizaciones teórico-conceptuales a las dinámicas transdisciplinares de lo infocomunicacional en diálogo interno y con otros saberes en los estudios del desarrollo social.
  • De investigación: exposición de resultados obtenidos en esfuerzos de acercamiento investigativo a temas de desarrollo social.

Estructura:

Arial 11, interlineado sencillo, justificado a la izquierda, máximo de 15000 caracteres sin espacios entre la introducción y las conclusiones. Cada epígrafe y sub-epígrafe deberán numerarse con números arábigos y puntos (1; 1.1; 1.1.1; etc). Las tablas y gráficos deben estar al final del texto y no en el cuerpo del mismo. Se podrá usar un máximo de tres tablas y tres gráficos debidamente numerados (tabla 1; gráfico 1; etc.); en el cuerpo del texto se especificará el lugar donde va cada tabla y cada gráfico. Las notas aparecerán al pie de cada página, se hará uso moderado de las mismas.

El estilo bibliográfico será APA sexta edición y la bibliografía separará la bibliografía citada de la consultada.

En caso de que el artículo haya sido enviado a otra revista o esté siendo considerado, deberá especificarse en el manuscrito.

  • Título
  • Autor(es), correo electrónico.
  • Resumen (evitar iniciar con “el presente trabajo…”; explicar el sentido de la investigación, y anunciar brevemente las ideas que se fundamentarán en el texto) máximo de 1000 caracteres sin espacios.
  • Palabras clave (máximo 5)
  • Introducción
  • Metodología
  • Resultados (dividido en subepígrafes)
  • Conclusiones (listadas por número o viñetas)
  • Bibliografía citada
  • Bibliografía consultada
  • Tablas y gráficos.
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Para Pensar en Cuba

RodolfoTomado de Juventud Rebelde

Especialistas de diversas disciplinas de las Ciencias Sociales piensan la historia de la nación desde el triunfo revolucionario hasta nuestros días. La revista digital Pensar en Cuba, con un equipo de lujo, entrega trimestralmente sus prolíficos abordajes

Por Ana María Domínguez Cruz

«Nosotros, los que vivimos durante los últimos 20 o 30 años, hemos escuchado hablar de una épica revolucionaria, de una polémica cultural, de un país bloqueado, de prejuicios y estereotipos, de conquistas sociales, de un imperialismo y de la grandeza de todo el pueblo. Pero no bastan los cuentos de nuestros padres y abuelos… Queremos estudiar, conocer y profundizar en nuestras raíces más cercanas, llegar a entender el proceso del cual somos parte. Precisamente por eso nos hemos propuesto pensar en Cuba».

Estas líneas encabezaron, en octubre de 2014, el editorial del primer número de Pensar en Cuba, una revista digital on-line de Ciencias Sociales, con una frecuencia trimestral. Su objetivo es abordar la realidad cubana a partir del triunfo de la Revolución, desde una perspectiva académica multidisciplinar.

Temas como la vida en los años 60, la manipulación de la migración, el pensamiento revolucionario, las agresiones mediáticas contra la Isla, la relación con América Latina y la política estadounidense hacia Cuba en la última década han sido abordados en los primeros seis números.

Integran su equipo de realización jóvenes periodistas, editores, diseñadores y colaboradores de mucha experiencia, asesorados por un consejo integrado por intelectuales reconocidos como María del Carmen Ariet, Fernando Martínez Heredia, Jacinto Valdés-Dapena, Elier Ramírez Cañedo y Mario A. Padilla.

Su joven director, el periodista Rodolfo Romero Reyes, comentó a JR que «aunque en apariencia pueda parecer una inconveniencia el no poder guardarla en el librero, pues los tiempos modernos y los escasos recursos económicos nos obligaron a nacer como una revista en formato digital, creemos que así se multiplican las posibilidades de reproducirse de computadora a computadora, en las redes sociales o en los teléfonos celulares».

Dirigida a jóvenes historiadores, estudiosos de las Ciencias Sociales, politólogos, estudiantes (de pre y posgrado) de carreras de Ciencias Sociales —principalmente Historia, Sociología, Filosofía, Ciencias Políticas, Periodismo, Comunicación Social, Economía y Derecho— cubanos y extranjeros, interesados en temas relacionados con el desarrollo de la sociedad cubana, Pensar en Cuba potencia un espacio académico en torno a la realidad cubana, acotó.

«En la revista rescatamos la memoria histórica y profundizamos en hechos que han sido significativos, polémicos o insuficientemente analizados a lo largo de estos casi 60 años. Presentamos, además, la experiencia de vivir la Revolución desde la perspectiva de los hombres y las mujeres comunes que se vieron envueltos en su vorágine», agregó Romero Reyes, quien puntualizó que Pensar en Cuba forma parte de las proyecciones concebidas por el Memorial de la Denuncia, un proyecto museológico que pronto abrirá sus puertas en el municipio capitalino de Playa.

En la recién finalizada Feria del Libro en La Habana se presentó el último número de esta publicación, correspondiente al trimestre enero-marzo, y la ocasión fue propicia para dialogar con la destacada editora y profesora universitaria Sonia Almazán, quien es una de las colaboradoras y más críticas lectoras de la publicación.

Los textos que integran la sección Artículos y ensayos hacen un recuento de las ambiciones de Estados Unidos en relación con Cuba —comentó—, y cómo estas constituyen parte de la cultura política norteamericana, concebida desde el pensamiento fundacional de Thomas Jefferson y John Quincy Adams.

Una de las propuestas más atractivas del número lo constituye el dossier que presenta algunos memorandos que han sido desclasificados en Estados Unidos sobre Cuba —documentos que indican el interés por ambas partes de una normalización de las relaciones y la necesidad de un diálogo de entendimiento—, resúmenes de algunas conversaciones sostenidas en décadas anteriores y fragmentos de la conferencia ofrecida por Barack Obama el 19 de diciembre de 2014.

Con un amplio despliegue en redes sociales como Facebook y Twitter, y un canal de videos en Youtube, Pensar en Cuba intenta atrapar la atención de los usuarios al ofrecer una mirada joven al período de nuestra historia más reciente.

¿Retos de la revista? El investigador Jacinto Valdés-Dapena, miembro del Consejo Asesor y responsable de arbitrar los trabajos de los colaboradores, expertos investigadores y jóvenes estudiosos, identifica como desafío la convergencia generacional. «No es solo un reto de esta época, pues lo ha sido en todas. Creo que la revista aporta una visión novedosa de la teoría social, y lo hace de forma original y creadora en la que se refleja el mundo de hoy. A los más jóvenes les permite acceder al conocimiento de los eventos más importantes que acontecen en el ámbito social y del pasado, para formar una visión de futuro, desde las ciencias sociales, sin calco ni copia».

Para Rodolfo Romero Reyes, el principal reto es llevar la imagen de la Revolución cubana a la juventud. «Para ello se ha propuesto contar el acontecer histórico de los últimos años con una visión renovadora y de forma diferente. Pretende en las próximas ediciones abarcar los principales debates y polémicas de nuestros tiempos, con un sentido de identidad cultural y la cubanía».

«En momentos en que pensar en Cuba se vuelve un ejercicio útil, necesario y primordial, defendemos la existencia de una publicación que, con ese nombre, tiene entre sus premisas rescatar la historia Patria, un noble e imperioso empeño», aseveró Romero Reyes.

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Censuran noticias sobre asesinatos

BertaPor Rodolfo Romero Reyes

Tomado de El blog del editor

La semana pasada ningún medio compartió la noticia de que habían asesinado a la madre de cuatro hijos maravillosos. Tampoco fue portada en los diarios el hecho de que una joven que estudia en Cuba perdió a su madre producto de un criminal tiroteo. No se dijo que justo antes de cumplir 45 años de edad una mujer moría asesinada a unas pocas horas de celebrarse el día internacional de la mujer.

La mañana en que ocurrían estos hechos, que en realidad eran uno solo, desperté en casa y encendí Telesur. Berta Cáceres había sido asesinada. Mucha gente escuchaba por primera vez ese nombre, pero la mayoría de los militantes cubanos conocíamos a Berta, sus luchas y las de los indígenas hondureños.

Un amigo fue despertado a las cuatro de la mañana con la inesperada noticia. Otro compa, que iba camino a otro país, desvió su itinerario para acudir a sus funerales y darle la última despedida. Ayer en la noche leí sus palabras. Las de Néstor Napal, en un correo interno que circuló entre amigos. Las líneas de Joel Suáres, en algún sitio cuya dirección no recuerdo. Las comparto con ustedes para que conozcan a la madre, amiga, militante, mujer y hondureña que es y seguirá siendo Berta Cáceres.

Una compañera como Berta Cáceres junta muchas virtudes. Quiero subrayar tres:

Berta supo, como pocos, combinar lo particular con lo general, su participación en las luchas de comunidades hondureñas, al lado de su gente, con la denuncia del capitalismo y el patriarcado como autores y causas del despojo.

Aprendió a combinar la agudeza intelectual para el análisis con la vivencia genuina de su espiritualidad, que la alimentaba y le sumaba ternura.

Y logró también que sus cuatro hijos, cada cual desde su mirada, levanten su ejemplo, sin reservas, y griten su indignación ante el crimen; que todos quieran continuar la misma lucha.

No son muchos los líderes populares que pueden sumar todo eso. Por eso Berta está entre las imprescindibles.

Sus asesinos son los dueños de los negocios que ella combatió, aunque inventen otras historias. No conocen otra forma de combatir la resistencia que producen. Los compañeros y las compañeras que han luchado junto a Berta se encargarán de demostrar que matándola se equivocaron.

Saludos, Nestor

Berta inmensa

Me levantó con sobresalto una llamada a las cuatro de la madrugada. Desde Nicaragua un amigo español-nica-salvadoreño, internacionalista de vieja data, amigo de todos y todas, en gritos de rabia y llanto, me atravesaba con la terrible noticia. Ella fue de nuestra familia, encontró en nosotros un hogar y solidaridad, no sólo en el Centro. Las redes que animanos, la de educadores y educadoras populares y la ecuménica Fe por Cuba, desde muy temprano en la mañana comenzaron, en sus correos y llamadas, a desatar los hilos de afectos y del testimonio de sus encuentros con el COPINH, con ella y sus hijos.

Marilyn desde El Salvador patea de rabia. Pareciera que ahoritica mismo, Ricardo, el santiaguero y Cadir, el camagüeyano, nos remitieran desde Honduras las fotos de su encuentro con COPINH y Berta allá en tierra hondureña. Y también acostumbrados a ver el mundo desde la pacificación de la existencia que han signficado todos estos años aquí en la isla, junto a la épica del encuentro, nos alcanzaron su preocupación por ella, por ellos, por sus vidas. Apenas fue en noviembre.

No recuerdo ya dónde la vi por primera vez, creo que fue en los intentos de reconstruir la solidaridad Norte-Sur, con la gente de EPICA y el parto luego de la Convergencia de los Pueblos de las Américas (COMPA); luego vinieron los días de la Campaña contra el ALCA, y desde ella y la energía y movilización que desató, la campaña contra la militarización de las Américas, el evento allá en la Utopía de lodo y tortillas con frijoles, en La Esperanza, Intibucá, la movilización frente a la base gringa en Palmerola; las movidas a los foros sociales, los Talleres Internacionales de Paradigmas Emancipatorios, y otros empeños solidarios y de resistencia. Alba Movimientos, la articulación, contó con su aliento. Vocera del grupo de trabajo sobre militarización, presentó nuestras conclusiones al Papa Francisco en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares en el Vaticano. Procurándole resguardo y bendición de primera mano ya la habíamos encomendado para el grupo de bienvenida. De nada le valió. La prensa oligárquica de su país, a tono con su familia transnacionalizada, ignoró la foto. Chocaba con amenazas y planes contra ella. Ni siquiera ante la santidad de una hija de Dios, que tenía como encomienda del sumo pastor rezar por él y cuidar la casa común, se detienen los sicarios al servicio de proyectos del capital transnacional.

Fue amasando, con su cultura de pueblo lenca y las exigencias ancestrales de defensa de la soberanía del territorio y el cuidado de la Madre Tierra, para sumar a sus resistencias y la de su gente, la lucha contra el patriarcado y la opresión de las mujeres. Tuvo costos que enfrentó con dignidad. Fue una convicta y confesa creyente en la solidaridad de los pueblos, por abajo y a la izquierda, de gestos y actuaciones bien lo saben los cubanos, colombianos y de antaño, los salvadoreños. Puso en alto la voz de la resistencia en el púlpito de nuestra Iglesia Bautista Ebenezer, aquí en Marianao, en La Habana. La recuerdo hormiguita durante las jornadas de movilización contra el golpe en Honduras, tuvo todo nuestro apoyo en todos los órdenes. Y la única medida de seguridad que tomó, bajó tanta amenaza, fue que sus hijos Salvador, Laura, Camilo y Bertica, de a poco, viajaran al exterior a estudiar. Claudia Korol y Buenos Aires recibieron a Laura y Salvador. Sancti Spíritus acogió a Bertica. Ella los alimentó cuanto pudo con ternura de madre y de compañera de retoños crecidos, les estimulo permanentemente al compromiso militante con la justicia y con su pueblo lenca. Doña Berta, su mamá, con quien hablé hace un rato, curada de tanto dolor desde los duros años ochenta en su Honduras y Centroamérica, terminó de crecer a Berta en el cuidado solidario de refugiadas salvadoreñas. Inquebrantable mujer de fe y catocilismo popular, en sus días de hospitales y cuidados en La Habana, encontró aquí, desde una humilde ecumenía que se robustece aún con golpes, años y achaques, las bendiciones de un pastor bautista y de un sacerdote argentino, sobreviviente de secuestros y dictaduras.

La última vez que nos juntamos a comer en nuestro hogar, su sonrisa era cómplice del retozo de Luna y los primeros pasos de Alba (mi hija). Sobre la mesa, la alegría revoloteba dispuntándole a “los potros de bárbaros Atilas; o (a) los heraldos negros que nos manda la Muerte”.

La última vez que nos encontramos en La Habana, amigos y amigas hablamos con ella de esa posibilidad, la alegría resentía por los golpes de bárbaros Atilas a su gente y a sus ríos, pero nos dijo «esta duro compita, puchica madre, toca enfrentar esos malditos».

Ella fue inmensa en su compromiso, inmensa en su humildad y sencillez, tremenda en su solidaridad, no siempre los revolucionarios alcanzan esa estatura. Parece que le es más dado a las revolucionarias. Por eso hoy ha sido unánime el sobrecogimiento, la rabia e indignación, los trabajadores y trabajadoras de la cocina de nuestro Centro sintieron que faltaba una comensal en la mesa, todos sabían a quién habían asesinado, bastó una simple mención y entre nosotros, nosotras, cruzaba una mirada húmeda, una palmada en el hombro. Allí se iniciaba el camino de la resurrección.

Joel Suárez

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¿Cómo ganarse 100 CUC en Cuba?

ilustracion-deyaimelPor Rodolfo Romero Reyes

Tomado de la revista Alma Mater

Un amigo me hizo la invitación. Yo no me pierdo ningún espacio que propicie buenos debates o sirva para socializar. Acepté sin conocer siquiera el tema a tratar. Confié ciegamente en la cercana recomendación y llegué al lugar de la cita.

Tarde, como siempre, no pude escuchar a quienes presentaron la reunión ni cuál fue la consigna inicial. Cuando tomé asiento en el círculo que formaban los participantes, había uno de pie que se estaba presentando:

—Mi nombre es Alberto, manejo una «guagüita» estatal, viajo con frecuencia a Varadero y de regreso, como vengo solo, me gano 100 CUC en un solo viaje cobrando una buena tarifa por cada pasajero. No gasto dinero en combustible porque es gasolina del Estado—. Tomó asiento y el hombre que estaba a su lado empezó a hablar.

—Me llamo Carlos y yo me gano la misma cantidad de dinero pero de forma legal. Mi papá tiene un carro particular, yo compro la gasolina y en cinco viajes al aeropuerto, hago ese dinero. Solo que demoro 3 o 4 días, porque no siempre caen carreras bien pagadas.

—Yo soy Isabel, guía de Turismo. A veces he recibido propinas en un día por esa cantidad.

—Bueno, soy botero y me llamo Ramón Arteaga. Tengo licencia y hago ese dinero en dos días y medio, depende de la carrera. Cuando es una zona muy transitada y los días que el transporte público está malo, se hace buen recaudo.

—Soy Yadira. Me da un poco de pena decir mi profesión, pero ustedes se la imaginan. Si salgo con un extranjero que pague bien, en una noche puedo tener esa cantidad.

—Soy Ernesto, no he cumplido 30 años, estudié en la Cujae. Ahora no ejerzo mi profesión porque trabajando en un taller de artesanía me gano 100 CUC en tres días.

—Soy Patricia y tengo 17 años. Trabajo en una cafetería que clasifica como cooperativa. Es en una zona céntrica en Matanzas. Trabajo de 8:00 a.m. a 2:00 a.m. y luego descanso dos días; por tanto trabajo en el mes solo 10 días, suficiente para ganar ese dinero.

—Trabajo como profesora particular de Historia. Repaso a estudiantes para ingresar en la Vocacional o en la Universidad. Tengo aproximadamente 100 alumnos que reciben clases una vez por semana. Cobro a 1 CUC la hora; es decir que, sin contar los alumnos que pagan más de un repaso semanal, en cuatro días llego a la cifra que todos han dicho.

—Soy editora y trabajo para una revista extranjera con frecuencia mensual. Por editar cada número gano 200 CUC. Serían entonces 100 cada quince días.

—Yo trabajo arreglando uñas, soy Mariana y tengo 24 años. Lo hago solo los fines de semana y gano 20 CUC con 20 clientes, así que necesitaría cinco semanas.

—Soy Miriela y atiendo las relaciones públicas de una empresa mixta en Cuba. Recibo un salario mensual que equivaldría a 100 pesos convertibles a la semana.

—Mi nombre es Alfredo y represento a una ONG en Cuba, mi salario es equivalente al de Miriela.

—Yo soy periodista, me llamo Alex, y colaboro con un medio de prensa extranjero como corresponsal en Cuba. Escribo un artículo a la semana y recibo 25 CUC cada vez. Así que saquen la cuenta.

La señora que continuaba a su izquierda se paró y se fue. Después supimos que trabajaba en un organismo de administración pública.

—Me gano ese dinero en un mes como secretaria en una embajada. Me llamo Aurora.

—Trabajo en una empresa de software estatal, y ganamos por producción. Recibo un salario que oscila entre 2 500 y 3 000 CUP; es decir, que con un mes y una Cadeca tengo ese dinero en la mano.

Finalmente llegó mi turno. Me puse de pie y dije:

—Yo soy periodista al igual que Alex. En mi caso, por colaborar con la sección Quién le pone el cascabel al látigo, de la revista Alma Mater, recibo al mes 100 CUC.

Entonces, un señor que al parecer dirigía la reunión me dijo:

—Disculpe, pero le voy a pedir que se retire porque a este lugar vinimos a hacer una investigación sociológica y no estamos para chistecitos.

Salí del local abochornado. En serio, para mí hasta ese momento aquello era un taller en el que la consigna era hacer bromas acerca de cómo adquirir todo ese dinero. Pasé tremenda pena cuando supe que todo aquello era una pura, y durísima, realidad.

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Los «hijos de papá»

186547609535178684_G2WBeFQV_bPor Rodolfo Romero Reyes

Tomado de la Revista Alma Mater

No recuerdo qué edad habré tenido yo cuando escuché por primera vez la frase: los «hijitos de papá». Sí recuerdo los contextos. Amigos o familiares hablaban de sus escuelas, diferencias sociales o recuerdos de juventud y hacían alusión a ellos, casi siempre de forma despectiva. «La Lenin siempre fue la mejor porque allí estudiaban los “hijos de papá”» o «A todos nos castigaron menos a él, por ser hijo de quién tú sabes», eran frases comunes. Aunque debo admitir que no siempre se referían en tono de reclamación: «Ella era una muchacha súper sencilla, para nada parecía ser “hija de…”».

Poco a poco, y con el paso del tiempo, entendí el significado de aquella frase que no aparecía en los diccionarios. «Hijos o hijas de papá»: dícese de los descendientes de alguien de la alta esfera pública: un intelectual destacado, un político, ministro, diputado, militar o funcionario de renombre.

El estereotipo dice que estos padres deberían tener mucho dinero, influencias, recursos (desde celulares modernos, computadoras, autos, etc.), salir por televisión, entre otros aspectos a considerar.

En mi caso particular, debo admitir, para mi desdicha económica, que siempre me he mantenido al margen del concepto. Mi madre y padre, ambos son graduados de técnico medio, excelentes trabajadores, mas siempre ganaron el salario propio de los obreros en Cuba. Por lo tanto, yo y mi hermano éramos hijos de papá y de mamá, claro, sin las comillas que entrañaba el otro concepto (las comillas y todo lo demás, valga la aclaración).

Uno podría pensar que esa desigualdad entre padres, genera en las escuelas determinadas diferencias. Ahora, después de ciertos análisis epistemológicos, he llegado a la conclusión de que esas diferencias no existen. En mi caso tuve la suerte de que en mis escuelas no había «hijos de papá». ¿Por qué? Porque los «papás» no viven en Guanabacoa.

Tiempo después, interactuando con otros amigos y amigas de municipios capitalinos como Playa y Plaza de la Revolución, descubrí que, al parecer, los «hijos de papá» asisten juntos a las mismas escuelas, que quedan cerca de sus casas o trabajos, lo cual resulta una bendición porque de esta forma tampoco se observan en el ámbito diferencias sustanciales.

En el pre y en la universidad el asunto toma otros matices porque los «hijos de papá» —y a veces «de mamá»— tienen ladas particulares, el último modelo de laptop que salió al mercado y mucho dinero para gastar en fiestas y en bares. Ahora incluso, después de enero de 2013, van de vacaciones a Europa, Estados Unidos y algún que otro país latinoamericano.

Ojo, tener todo eso no es para nada un delito. No por eso podríamos decir que son malas personas. Conozco a muchos que son inteligentes, buenos profesionales, personas solidarias y justas.

Por eso, desde hace mucho comprendí que no debía hacerles la guerra, sino tratar de entender a estos «hijos» y «nietos» para poder sumarme a su maquinaria y ser parte de. Mi primer análisis fue: debería hacerme amigo cercano de varios de estos muchachos y así disfrutar de sus recursos. Luego deseché el plan cuando me percaté de que mis mejores amigos obviamente proceden de mis mismas escuelas y por tanto, están en mi misma condición económica.

La segunda opción, de carácter literalmente utópica, es transformarme en «hijo de papá». Cuestión imposible por el simple hecho de que mis padres van a seguir siendo los mismos.

Por tanto, y en virtud de lo antes expuesto, mi nuevo plan, puesto en marcha desde enero de 2016, es convertirme yo en un «papá». De esta manera, mis hijos se ajustarán al concepto en discusión. Los llevaré a la escuela en mi carro, utilizarán la última tecnología y vestirán ropa a la moda. Serán los primeros «hijos de papá» que vivirán en Guanabacoa. Aunque, pensándolo bien, cuando logre mi propósito voy a mudarme para Siboney o para Nuevo Vedado y de esta forma contribuir a que en la escuela de mis hijos se mantenga determinada equidad social.

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Un amigo que estaba preso

Ramón

Tomado de la revista Pensar en Cuba

La primera vez que escuché su voz fue por teléfono. No nos conocíamos personalmente pero ya éramos amigos. Conversamos unos minutos pues la comunicación se entrecortaba por la distancia. Cuando pasé el celular para que saludara al resto de la familia presente, sentía una gran alegría por haber conversado con él. Estaba orgulloso y quería compartir aquella emoción con mis personas más allegadas. ¿Por qué yo estaba tan feliz? ¿Acaso se puede estar orgulloso de un amigo que esté preso?

En este caso sí. La condena fue injusta. Él y los demás se portaron dignamente y asumieron el precio de defender a la Patria desde las trincheras más difíciles. Por eso siempre los admiré. De todos, me resultaba el más cercano por mi relación con Elizabeth, Laura y Lisbeth, también por ser contemporáneo con Aylín. Una vez lo entrevisté vía correo electrónico y habló conmigo sobre el Che Guevara. En otra ocasión me mandó a decir que leía sistemáticamente mi blog, Letra Joven, y que le gustaba mi sentido del humor.

Cuando saliste de Cuba, ¿valorabas la posibilidad de caer preso? ¿Qué sentiste cuándo cerraron la celda por primera vez?

Cuando aceptas esta misión, la aceptas con todos los riesgos. Entre ellos no solo caer preso, sino morir. Porque cuando estás penetrando redes terroristas, si te descubren, pueden ponerte un día una bomba en el carro o en la casa. El solo hecho de estar vivo es una victoria, esa es la verdad.

Caer preso, sí, era una posibilidad, pero en el fondo yo creía que era muy improbable. Es como dijo el Che Guevara cuando estaba en México y pasaron preguntando a quien avisar en caso de muerte. Es ahí cuando te das cuenta que sí te puedes morir, pero no importa porque tú estás defendiendo una causa justa.

Aquel momento inicial del arresto fue aplastante. Fue el instante más difícil, te cae toda la realidad arriba de los hombros y uno piensa: ¿y ahora, mi familia? ¿Cuándo la vuelvo a ver? ¿La volveré a ver? Todas esas preocupaciones se te vienen encima.

Pero pasan los días y sientes la tranquilidad de que la familia está en Cuba, protegida, que nadie le va a ir a hacer daño, que el gobierno cubano no las va a abandonar y que nuestros compañeros de combate en Cuba nunca van a abandonarla. Eso da mucha tranquilidad. Sin embargo, duele mucho la lejanía y, más en el caso nuestro, que era un caso tan político y complicado.

Empezaron a decir muchas mentiras, tergiversaciones, y encima de eso, a los 8 meses inventaron el cargo de «conspiración para cometer asesinato» contra Gerardo. Sin embargo, vivíamos con el convencimiento de que íbamos a regresar.

Nunca lo dudé. Ni ninguno de los Cinco lo dudó tampoco. Uno se dice: «yo estoy preso por defender a mi país, yo no estoy preso porque decidí un día robar un banco. No, yo lo que hice, lo hice porque hacía falta esa tarea para Cuba y la Revolución». Y ese hecho en sí mismo te da mucha fortaleza, porque sabes que estás defendiendo una causa justa y no hay justificación ninguna para que se te ataque de esa manera.

¿Hubo momentos de pesimismo?

Siempre fui muy optimista. Yo soy, y mis hermanos me los han dicho, el más optimista de los Cinco, quizás el más soñador. Cuando la situación estaba más negra, yo siempre pensaba: mañana se puede acabar, esa es la verdad.

También hay momentos en que tú te retraes y meditas: bueno, hasta cuándo va a ser esto, en qué momento saldré. Pero nunca tuve dudas de que iba a pasar, de que íbamos a regresar a Cuba. Incluso, en el peor de los momentos, cuando nosotros fuimos a resentencia y a Gerardo todavía le quedaban las 2 cadenas perpetúas más 15 años, aun en esas circunstancias, nosotros sabíamos que habría alguna solución.

Se dice que en la prisión te respetaban porque sabían que dominabas artes marciales…

Te voy a hacer una anécdota que simboliza mucho lo que es Cuba y lo que es Fidel en cualquier lugar de mundo.

Cuando a nosotros nos mandan para las prisiones, después de ser sentenciados –yo tenía una cadena perpetua más 18 años, Tony una cadena más 10 años, René 15 años, Fernando 19 y Gerardo 2 cadenas perpetuas– a mí me toco ir para Bonham. A Gerardo lo mandaron para California, que era una prisión malísima y a Tony para Florence, Colorado. Los tres que teníamos al menos una cadena perpetua fuimos para prisiones de máxima seguridad, lo peor del sistema. Después de esas solo están las que salen en las películas y son bajo tierra. Fernando y René estaban en prisiones de mediana seguridad, pero también en muy malas condiciones.

A la mía le decían «tierra sangrienta». Nosotros siempre fuimos conscientes que obviamente no permitiríamos faltas de respeto de ningún tipo. Se lo dije incluso a los compañeros de la Embajada: «yo no voy a permitir faltas de respeto, a quien me falte al respeto le meto un trancazo. Con esa idea llegué a la prisión».

Cuando llegué me estaba esperando un capitán. Eso le pasaba a todo el mundo. Hay un team del personal de la prisión que hace una entrevista preliminar para ver dónde te van a ubicar. Eran el capitán y tres oficiales más. Me dicen: «así que tú eres el preso político, o sea, que odias a mi presidente Bush». Yo me di cuenta que me estaba provocando para que yo respondiera y mandarme para el hueco. Opté por reírme. Me dice: «Ahhh, te crees que eres un tipo duro». Tú vas a ver lo que es duro, te voy a mandar para el hueco una semana y después te voy a poner con el cubano más malo que haya en la prisión esta, el más malo de todos.

Me manda una semana para el hueco y cuando salgo, voy caminando por el pasillo y veo a un flaco alto, recostado en una silla con un pañuelo en la boca, tipo el guapo de los años ochenta en Cuba. Desde que lo vi dije: «este es el cubano malo». Ya yo estaba tenso y sentía la adrenalina, que es la premonición del combate.

Me dice: «oye tú, ven acá; sí, tú mismo». Pensé: ahhhhh, ya me fajé. Me detengo como a dos metros de él, para no acercarme mucho. Andaba con dos más que eran como sus guardaespaldas. Guardé distancia para tener tiempo de reaccionar, al menos coger a uno y darle un «estrallón». En la mente iba maquinando la escena.

–          Ven acá, chico, ¿tú eres uno de los cinco espías esos de Fidel que dice la prensa por ahí?

–          Mira, compadre, sí, yo soy uno de los hombres de Fidel y qué tú vas a hacer, a ver, vamos a resolver esto…

Entonces el tipo me grita:

–          ¡Mi hermano, pero si ustedes son unos guapos! Ustedes son los hombres de Fidel.

O sea, el hecho de ser de Fidel, aun en una cárcel norteamericana de las peores, nos daba un rango de distinción; eso… y saber artes marciales. A mí después entre los cubanos y a modo de broma me decían el samurái.

Cuando los presos de allí se enteraron que no traicionamos a Cuba, que fuimos a un juicio que duró casi siete meses, que leímos un alegato en la corte en contra del gobierno de los Estados Unidos… Todo eso nos hizo ganar prestigio.

¿Cómo era un día promedio en la prisión?

Un «día promedio» era bastante aburrido. Una de las cosas más malas que tiene estar preso es la monotonía, por eso yo buscaba una forma constante de romperla. Cambiaba hasta la hora de hacer deportes, unas veces por la mañana, otras por la noche. Uno se levanta a las 5:45 a.m. o 6:00 a.m.; a esa hora se abren las puertas, que fueron cerradas a las 9:30 p.m. o las 10:00 p.m. de la noche anterior. Lo primero es salir a desayunar. De regreso, tienes que ir a trabajar. Todos los presos tienen que realizar un trabajo. Yo casi siempre hacía lo mismo: limpiar el piso, organizar los cuartos o laborar en la lavandería. También impartí clases de español a las personas que hablaban inglés. Las clases las daba en inglés, pero para enseñar. Y aquello de aprender un español básico le gustó mucho a la gente; incluso, después querían que yo les enseñara español de mayor nivel, gramática y estructuras más complicadas del verbo.

En la mañana trabajaba de 8:00 a.m. a 12:00 m. generalmente. Almorzaba de doce a una. Después trabajaba desde la 1.00 p.m. hasta las 3:30 p.m. Yo lo que hacía, por lo regular, era buscarme un trabajo que me ocupara poco tiempo y en el horario opuesto hacía deporte. Jugaba mucho handball, en parte por eso fue que me afecté un poco la rodilla. También hacía pesas, planchas, abdominales.

A las 3:30 p.m. tienes que regresar a la unidad y te cierran en los cuartos para el conteo de las 4:00 p.m. Ese es un conteo que se hace a nivel nacional. En todas las prisiones estadounidenses cuentan a esa hora. A las 5:00 p.m. abren nuevamente la celda para realizar la comida hasta las 6:00 p.m. Después se puede salir para la recreación o hacer deporte.

Las unidades cierran a las 8:00 p.m., pero puedes estar fuera de la celda hasta las 9:30 p.m. o 10:00 p.m. En ese horario puedes ver películas, televisión o las noticias. Allí se acostumbraba ver muchas novelas mexicanas, yo prefería las noticias.

En todo el tiempo que estuviste en prisión, ¿cuáles fueron las noticias más duras que recibiste, las más difíciles de asumir? ¿Cuáles fueron las buenas?

Recibía malas noticias cada vez que fallecía alguien en la familia, por ejemplo, cuando murió mi abuelita Leonila que era como una segunda madre. Ella era la esencia de la familia, y de los Salazar. Ese momento fue impactante. También cuando las niñas se enfermaban, o mi esposa, mi papá. Esas son las noticias más duras porque sientes mucha impotencia. Quieres hacer mucho y no puedes hacer nada, solo llamar por teléfono y dar aliento.

Nosotros teníamos la suerte de que muchos compañeros hacían lo indecible porque nuestra familia estuviera bien y eso nos daba mucha tranquilidad. Pero, sin duda, esos fueron los momentos más difíciles. Cada vez que había una noticia familiar de gravedad, una operación, eso era devastador.

Uno de los momentos más felices fue la victoria en el 2005 cuando ganamos la apelación en Atlanta. Aquello fue descomunal. Todo el mundo pensaba, hasta los mismos abogados, que nosotros habíamos ganado el caso y nos iríamos para Cuba. Cuando eso sucede, generalmente te dejan libre o los fiscales vuelven a hacer otro juicio en un lugar diferente. Después vino el contragolpe y en un mes lo viraron todo para atrás, incluso en violación de la lógica y las propias leyes de los Estados Unidos.

También fueron lindos momentos las graduaciones de las niñas, del Pre, de la universidad. Los cumpleaños, en cambio, tenían un doble filo: alegría y tristeza porque yo no estaba allí. Otro momento feliz: cuando el Comandante dijo que volveríamos. Eso nos dio mucha fortaleza, mucha alegría.

¿Qué pensaste cuando te dijeron que venías para Cuba?

El primer pensamiento fue para la familia, mi esposa, las niñas, mi papá porque mi mamá murió en 1998. Pensé en Cuba, en el pueblo cubano. ¿Cómo me irían a recibir? ¿Qué iba a pasar?

Todas esas interrogantes las tienes. Sabes que va a ser algo grande. No tienes idea de la dimensión de lo que va a suceder, pero la alegría de poder caminar libre por las calles y de poder abrazar a quien quieras, es inmensa. En la prisión uno se restringe mucho, incluso en el contacto físico, porque debido a las propias características de la prisión no tiendes a estarte abrazando con la gente. La tendencia es a estar distante. Y cuando uno es libre, es lo contrario. A mí que me encanta abrazar y demostrar afecto.

A veces pensamos que los héroes salen de la nada. Me gustaría saber cómo eras cuando joven, cómo era tu vida en la Cuba de esa época.

Mi juventud fue feliz. Lo que más me enorgullece de esa época es que no teníamos nada. No era como ahora que los muchachos tienen computadoras y videojuegos. En la época nuestra era todo muy simple. Me acuerdo de los juegos con los aros metálicos y las bolas. Recuerdo mi juventud muy tranquila, feliz y realizada. A mí me encantaba hacer deporte y me gustaba mucho estudiar. Desde pequeño siempre estuve involucrado en todo tipo de actividades deportivas y de estudio.

¿Qué deportes en particular?

El primero de todos los deportes que practiqué fue boxeo, en La Lisa. Yo estudiaba en la secundaria y abrieron un gimnasio allí y me apunté. Entonces estuve un tiempo practicando boxeo hasta que me noquearon la primera vez y mi mamá me dijo que ya no habría más. A mí me gustaba el boxeo, pero mi mamá siempre hizo mucho énfasis en que estudiáramos. También jugaba ajedrez desde pequeño. Hubo otro momento en que me embullé con un amigo y tratamos de entrar a la escuela de ciclismo, pero no había bicicletas y lo único que hacíamos era correr por Quinta Avenida.

Después estuve un tiempo en la Escuela Nacional de Remo, porque me gustaba, pero nunca llegué a hacerlo, pues se me complicaba con los estudios en la Secundaria y en el Pre. Igualmente traté de apuntarme en pesas, pero los pesistas deben tener el codo inclinado para adentro y yo desconocía ese detalle.

Después comencé a practicar artes marciales. Karate fue lo primero. Lo practicaba en la calle y casi medio secreto, porque cuando aquello solo lo podían practicar los compañeros del Ministerio del Interior. Empecé practicando con un muchacho que era de Los Camilitos y él me enseñó algunas técnicas de golpear y patear hasta que empecé en una escuela que se hizo más o menos oficial, también en La Lisa.

Al entrar en la Universidad de La Habana practiqué con más seriedad el deporte y las técnicas. Estuve en Judo un tiempo y participé en los juegos Manicatos y Caribe. Lo mismo participaba en artes marciales, tiraba la jabalina y la bala. Eso lo hacían los muchachos para coger puntos para la carrera de la facultad. Recuerdo mucho el deporte; siempre me ha gustado y siento que lo necesito.

¿Cómo era la vida universitaria de esa época? ¿Qué hacían? ¿Adónde iban? ¿Qué música escuchaban?

¡Imagínate, la época de la universidad! Yo empecé en la universidad en 1981. Estudié Economía hasta 1986. En aquella época estudiaba mucho y hacía deporte. Sonaban mucho los Beatles y nos gustaba su música, porque significaba rebeldía; muchas cosas que con el tiempo se han entendido mejor. También el grupo Abba. Disfrutábamos de los románticos de todos los tiempos: Roberto Carlos, Nelson Ned, y todas esas canciones nos tocaban mucho, al igual que todo lo que venía de Silvio y Pablo.

Pero, de aquella época lo que más me impactó fueron los programas de la serie En silencio ha tenido que ser y Julito, el pescador. Creo que por eso me enamoré tanto de esa idea, del trabajo operativo.

Era una época muy bonita, porque incluso eran los años ochenta donde nosotros cogíamos una guagua por 10 centavos. Yo iba a la universidad con 25 centavos en el bolsillo y pasaba un hambre tremenda, pero una pizza valía 1 peso con 20 centavos. Con poco dinero podías alimentarte. Así hice la universidad, con mucha satisfacción propia, mucho apoyo de mi familia, sobre todo de mi mamá que siempre estuvo ahí empujando para que estudiáramos, y también de mi primera esposa que me ayudó mucho. Fue un periodo de mucho aprendizaje desde todos los puntos de vista.

¿Y tú formación política también es de la universidad?

Eso pasa naturalmente y no te das cuenta. No te das cuenta porque estás recibiendo educación política desde la primaria, desde el mismo preescolar. Recuerdo que en los matutinos, nosotros siempre decíamos «pioneros por el comunismo, seremos como el Che». Esos elementos que decías y repetías, no te percatabas hasta qué punto se convertían de verdad en algo íntegro de tu personalidad. Y ese proceso es importantísimo porque a la hora de definirte como un hombre, vas a esa esencia y te das cuenta que de verdad tú quieres ser como el Che.

Cuando estás en una situación como la que pasamos nosotros, recurres a esos recuerdos y te mantienes firme porque tú admiras al Che, a Camilo, a la historia de Cuba. Ese aprendizaje patriótico lo estás recibiendo desde las clases de Historia, de los libros o de la misma música revolucionaria. Sin darte cuenta, porque pienso que es un proceso del que no te percatas, eso se va integrando a tu personalidad y a tu forma de pensar.

En la etapa del preuniversitario participé en muchos actos y casi siempre tuve alguna responsabilidad como dirigente estudiantil. En la universidad debatíamos mucho, dentro y fuera del aula. Allí, sin querer o con doble intención, uno profundizaba mucho más en los estudios del marxismo-leninismo. En Economía, lo típico era estudiar la economía de la Unión Soviética y la planificación de la economía nacional. Todo eso te va formando políticamente.

¿Qué es lo más difícil que se deja atrás cuando uno decide cumplir una misión como la que cumplieron ustedes?

La familia es lo más difícil, no poder decirle nada a nadie, por principios elementales de la labor que realizas. Y no es por falta de confianza, es que no se puede decir, son las reglas del trabajo operativo. El decirlo conlleva a que puedes poner en riesgo la actividad y las misiones secretas que estás desarrollando, no solamente tu identidad, sino la de otros compañeros también.

En ese sentido no a todo el mundo le gusta guardar secretos, esa es la verdad, y menos secretos de tal magnitud. Entonces son secretos con tu familia y con tu esposa. Mi esposa se quejaba de que yo no tenía compañeros de trabajo. Y eso es algo elemental, ¿quién no tiene compañeros de trabajo y los invita a su casa?, pero es que mis compañeros de trabajo todos eran secretos y yo no podía presentarle a ninguno. Entonces a veces invitaba a los oficiales públicos que me atendían para que fueran un día y se tomaran una cerveza en la casa.

¿Cuán difícil fue perderte la infancia y la adolescencia de tus hijas?

En el caso de los hijos es mucho más complicado, porque los hijos son tus jueces, los jueces más implacables que todo ser humano tiene. A ellos no les interesa si eres patriota, héroe, militante o si estás cumpliendo una misión. A ellos les interesas como padre y si cumpliste con ese rol.

Mis niñas entienden que es por mi trabajo, pues ya son adultas y tienen una preparación política-ideológica muy alta. También son muy revolucionarias, pero por esas cosas normales de la vida te sacan las cuentas. En sus graduaciones nunca he podido estar, y eso a ellas no se les va a olvidar.

Su llegada a Cuba fue el gran suceso. Alegría, llantos, emociones, patriotismo, una inyección de energía revolucionaria. ¿Cómo lo vivieron ustedes?

Muy afectivo y hasta hoy no ha cambiado. Nosotros desde que nos bajamos del avión el 17 de diciembre hasta hoy, todo ha sido alegría y júbilo, abrazos, besos y hasta fotos.

A veces suceden cosas cómicas, por ejemplo, a mí me confundieron con Gerardo. Y unos días después, saliendo de una actividad, los vecinos le preguntan a Gerardo que cuál de los Cinco es él, que si es Gerardo, y les dice: No, yo soy Ramón Labañino.

Nos han sucedido cosas muy bonitas. Recientemente me invitaron a una primaria, porque había una niña que cumplía años, y yo fui pensando en un aula con unos muchachitos. Cuando llegué habían paralizado a toda la cuadra. Fue una emoción tremenda, vecinos y los niños formados en la calle para recibirnos.

Hay lugares por donde no podemos caminar. A mí me da pena a veces porque hay actividades políticas serias, en la que hay compañeros de la dirección del lugar o de la dirección del país, y los muchachones se acercan, nos rodean y nos abrazan a todos.

Más que todo, nosotros, los Cinco, lo que sentimos es la necesidad de dar gracias, abrazar a la gente y demostrar ese afecto, porque la verdad es que gracias a toda esa gente es que estamos libres.

¿Cuánto cambió Cuba en el tiempo que no estuvieron aquí?

Cuba ha cambiado muchísimo y yo no lo veo como algo negativo. Algunas personas se inquietan y yo no tengo esa preocupación. Hay mucho negocio en todos lados y a mí eso me impactó, pero me impactó positivamente porque quería ver eso en Cuba. Yo soy economista y pienso que en Cuba se puede hacer eso para el beneficio de nuestro socialismo, no va en detrimento de él en lo absoluto.

Los pequeñísimos negocios y las cosas que el gobierno no tiene que echarse encima de los hombros pueden hacerlo los pequeños propietarios personales. Antes caminábamos largas distancias y no podíamos tomarnos un vaso de agua o encontrar algo para comer, ahora eso cambió.

Es bueno ver que Cuba ha cambiado y para bien; y tiene que seguir cambiando para bien. Pienso que obviamente tenemos las preocupaciones de todos y es que no queremos que esto se convierta en un capitalismo salvaje, ni queremos regresar al capitalismo, pero tenemos que avanzar hacia un socialismo más sustentable.

Después se tendrá que corregir alguna que otra línea y lo haremos en el camino, porque algo positivo que tiene nuestro socialismo es que es mejorable. Nosotros no necesitamos regresar al capitalismo para mejorar lo nuestro como hizo la Unión Soviética. Nosotros, dentro de nuestro propio sistema social, podemos mejorar. Además, veo una juventud mucho más emprendedora. Una juventud a la que le gustan esos cambios.

Como parte de los cambios aparece una nueva relación entre Estados Unidos y Cuba. ¿Cómo ves ese acercamiento? ¿Tienes preocupaciones, esperanzas?

Es un acercamiento para ocupar Cuba. No es que somos amigos ahora. No. Incluso, ellos lo definieron como vecinos. Somos vecinos. Ahora depende más que todo de Estados Unidos, no tanto de Cuba, porque Cuba siempre ha actuado de manera honesta y transparente. Nosotros somos así y no hemos cambiado un ápice. Nosotros seguimos siendo internacionalistas, proletarios, y seguimos pensando que el socialismo es la mejor opción. Depende mucho de Estados Unidos, si vamos a ser buenos vecinos o malos vecinos. Pienso que la administración de Obama tiene buenas intenciones para que seamos los vecinos más aceptablemente positivos. Lo primero es quitar el Bloqueo, eso es una política de guerra fría que hace muchísimo tiempo debió haber sido destruida.

¿Cómo llevas esta vida tan dinámica ahora?

A veces tengo ganas de sentarme en el malecón y no puedo. Lo que más quiero es sentarme un día en el Malecón, a las tres de la madrugada. Siempre termino el día muy cansado, son muchas actividades. Hemos tenido que ajustarnos. Hace un año atrás nosotros estábamos presos y la vida de la prisión es muy monótona, lenta. Aquí no, obviamente la vida en la calle es rápida. Entonces, estas aquí y ahora mismo te dicen que tienes una actividad en media hora, tienes una fiesta o una comida con tu familia, el cumpleaños de una niña, algún aniversario. Son las cosas normales de la libertad, pero al principio nos chocaba porque teníamos un ritmo diferente de vida, pero poco a poco uno se acostumbra.

Ya en libertad, ¿cuáles han sido los momentos más importantes?

El momento más importante de todos fue el encuentro con el Comandante. Eso fue un sueño hecho realidad. Después de eso nosotros cinco nos sentimos más completos. Seres humanos más felices en ese sentido, porque cumplimos esa parte bonita de la historia.

Antes había visto de cerca a Fidel, pero conversar con él, eso nunca. Uno siempre tiene el sueño de que eso pase, en algún momento, reunirte con él, verlo de cerca, hablarle.

Lo que más me impresionó es la humildad y la forma afable de tratarnos. Él estaba loco por hacernos sentir bien, todo el tiempo, y nos trató como a sus hijos. Y así nos sentimos nosotros, hijos de Fidel. De él fue de quien recibimos todas las enseñanzas, quizás hasta el verbo, la forma de pensar, incluso si algún día llegara el momento de dirigir, es de él de quien tenemos que seguir aprendiendo.

La primera pregunta que nos hizo fue que si en la cárcel había mosquitos. Él empezó a hacernos la historia de cuando cayó preso en Isla de Pinos, en el Presidio Modelo, y que aquello estaba en malas condiciones. Después compartió con nosotros sus ideas de cómo mejorar la economía del país, cómo mejorar nuestro socialismo. Habló de política internacional, de todo lo que estaba pasando con la Unión Soviética, del deshielo y los cambios climáticos, cómo alimentar a la población que dentro de unos años será una población inmensa.

Hubo un momento en que Gerardo quería entregarle un sellito de los Cinco al Comandante y quería tener la oportunidad de ponérselo en el pecho. Le pidió permiso a la esposa, Dalia, pero cuando fue a ponérselo, no sabemos en qué momento, Tony se lo quita y se lo pone él. Eso gesto impulsivo de Tony le valió luego una broma cuando, ya de regreso René dice: «Bueno, caballeros, mañana el titular del periódico Granma será Comandante en Jefe se reúne con Antonio Guerrero y sus cuatro hermanos».

Broma y aparte, los Cinco tuvimos un momento para compartir con él y dialogar. Estuvimos como cinco horas con él. Nos pusimos de acuerdo para irnos y nos levantamos a la misma vez. Le dijimos que debía descansar. Fidel nos miró y nos dijo: «¿Y ustedes por qué se van? No se vayan tan pronto». Pero nos daba pena porque él debía descansar.

Después que nos despedimos, viré para atrás y le pregunté: «¿en qué usted cree que nosotros cinco podemos ser más útiles?» Me respondió: «sean científicos». Aquella tarde también recalcó lo importante de utilizar todo el reconocimiento político que nosotros teníamos en bien de nuestro pueblo. Nos dijo: «hablen, conversen, lo que hemos estado haciendo, vayan a los lugares a hablar de Cuba, expliquen las cosas, trasladen nuestras ideas y experiencias».

Otra experiencia fue escalar el Pico Turquino, por el reto y por el simbolismo de encontrarnos con Martí en las nubes. Ya yo había subido el Pico en 1988 cuando estaba trabajando como oficial legal en Cuba. Subí por Santiago. Esta vez nunca dudé que iba a subirlo. Hubo un grupo de compañeros muy buenos que me ayudaron mucho. Subí con el alma, pero nunca dudé y siempre echaba para adelante.

Tenía esa deuda con mis hermanos. Cuando estábamos en el hueco, en Miami, en medio de todo el desastre de acusaciones, pensamos en subir el Turquino. El optimismo nunca lo perdimos. Ser optimista es un arma de combate en esas circunstancias. Y cuando yo lo dije, aquello se convirtió en una meta para nosotros.

Dijimos que cuando regresáramos subiríamos y después, nuestras hijas también insistieron en la idea. Para mí fue duro, fue un esfuerzo físico extraordinario, pero cuando uno tiene la voluntad de hacer las cosas las hace.

Una última pero inevitable pregunta tendría que ver con la humildad que caracteriza a cada uno de los Cinco…

Sí. Nosotros somos cinco naturales. Somos como somos. Y somos así porque tenemos un origen humilde y somos hijos de este pueblo, de un pueblo humilde, honesto, trabajador y sacrificado. En esta historia los héroes no somos nosotros, el héroe es nuestro pueblo. Nosotros, si acaso, somos una parte de ese pueblo. La Revolución cubana nos dio la oportunidad de estar ahí y cumplir con ella. Ahora, con independencia del reconocimiento y el cariño que el pueblo nos da, tenemos un acuerdo interno entre los Cinco, y es llamarnos a contar. Es un acuerdo entre revolucionarios. Si por alguna razón nos vemos fallando en algo, inmediatamente entre nosotros nos llamamos la atención. Eso forma parte de la filosofía nuestra, de los Cinco. Nunca podemos fallar, ni a esta Revolución, ni a su gente.

Publicado en de Rodolfo Romero Reyes, Entrevistas | Etiquetado , | 1 Comentario

Evocación

Aleida MarchPor Karen Alonso

Evocación es un capítulo perdido en la vida del Che Guevara. Quienes tenemos la suerte de conocerlo, desde nuestros primeros pasos como pioneros y pioneras, sabemos que al gritar firmemente ¡seremos como el Che!, nos referimos al luchador, al guerrillero, al internacionalista, al comunista. Adjetivos son los que le sobran a una figura que no puede ser encadenada a ninguno. Sin embargo, la curiosidad por el héroe despierta interrogantes de su vida personal que no por privada deja de pertenecer a un pueblo latinoamericano que aún lo extraña.

Pienso que por esa misma razón Aleida March “desgrana sus recuerdos” en un libro que debió costarle mucho esfuerzo escribir. Como ella misma reconoce, no tiene ninguna vocación de escritora con lo que se deduce el acto supremo que significó compartir recuerdos muy preciados de mujer y de esposa.

Siempre he pensado que para hablar o escribir de algo: un suceso, una persona, un libro; resulta esencial pensar en la emoción de la sensación primera. Entonces, es imposible no recordar el efecto de las remembranzas de Aleida cuando, hace varios años, leí Evocación.

Esta singular mujer cuenta, de manera sencilla, la formación de su personalidad como base para el entendimiento de un camino que la llevó a involucrarse de lleno en la lucha revolucionaria de la Cuba de mediados de siglo. El surgimiento de la combatiente tiene lugar con el ingreso al Movimiento 26 de Julio. De esta manera en el libro se describen sucesos históricos que marcaron el devenir de un país y varias generaciones. Contados por boca de una luchadora clandestina primero y guerrillera después los relatos se sienten en carne propia: el fallido alzamiento del 5 de septiembre, la huelga del 9 de abril.

Esos primeros pasajes del libro son un preludio necesario para contar acerca del primer encuentro con el Che. Al llegar a este punto, Evocación parece una novela cargada de romanticismo, sincero y militante. Un relato de amor y de combate que comenzó con la frase “vamos a tirar unos tiritos conmigo” y la invitación a subir a un jeep de donde, como bien dijera la autora, no volvería a bajar. El inicio de una historia en común…

El médico argentino, comunista, Comandante del Ejército Rebelde Che Guevara poseía un aura especial. Dotado de inteligencia, don de mando y seguridad inspiraba un profundo respeto entre una tropa de la que también formó parte Aleida. Según cuenta, tales capacidades hicieron crecer una admiración que trascendió las incipientes relaciones afectivas que surgían en medio de reflexiones táctico-estratégicas.

Encontrar al Che, más hombre que héroe, irremediablemente nos cautiva. Sentirlo, siempre a través de los ojos, recuerdos y palabras de Aleida, no deja de ser un precioso regalo. Particulares sensaciones produce saber a un Ernesto Guevara lleno de poesía pues para él era “una de las formas más hermosas de expresarse”.

evocacionEl libro nos deja deseando más, podemos descubrirnos queriendo conocer y apropiarnos de los silenciosos pasos del Che ante la “fortaleza tomada”. Es entonces cuando se cae en la cuenta, por lo menos así me sucedió, que el libro no puede sino sugerir ciertos pasajes que justamente por esa sutil insinuación se vuelven tan preciados y una y mil veces imaginados.

A pesar de que Evocación es un libro sobre el Che, es Aleida March la protagonista. Su decisión de compartir detalles no descubre solo a Ernesto Guevara, sino también a ella. Este es otro obsequio recogido en doscientas páginas que permite una lectura crítica de momentos cotidianos no exentos de incomprensiones.

Vivir con un hombre de la talla del guerrillero heroico debió significar, y así se entiende en el texto, un profundo crecimiento personal. Unido a ello estaba la creciente responsabilidad con un proyecto socio-político de dimensiones nacionales, que rozaba las continentales, en el cual muchas veces la participación como pareja podía ser interpretada como favoritismo. Fue por ello que Aleida aprendió desde los inicios de su matrimonio a no acompañar a su esposo en cada viaje de trabajo, a pesar de ser su secretaria personal.

Las lecciones de la vida conyugal en ocasiones fueron fuertes, como la vez que debió enfrentarse a un legrado sola porque la popularidad del Che le impedía aparecer en lugares públicos sin ser abordado por multitudes; o los celos que tuvo que enfrentar para seguir compartiendo una vida juntos.

Debo decir que me identifico muchísimo con Aleida. Puedo entender casi todos sus conflictos, sus celos, sus inseguridades. Admiro la forma en que actuó luego de la muerte de su esposo, la forma en la que aún actúa. Entiendo que tuvo que pasar por momentos muy difíciles y creo que, a pesar de ello, supo estar a la altura.

La respeto, no solo por tener el valor de enamorarse de un símbolo; sino además por la entereza para salir adelante. Si bien es cierto que hizo falta arrojo para luchar en el Congo y en Bolivia, también fue necesario para criar cuatro hijos, para quedarse, para esperar. Yo en su lugar no hubiera sido tan valiente.

Publicado en de Karen Alonso Zayas | Etiquetado , | 1 Comentario