Para que no muera la utopía (primera parte)

Sale huyendo de Colombia unos meses después de una movilización sindical que frenó la privatización de los servicios públicos en la ciudad de Cali, Colombia. Recorre el continente viviendo en distintos lugares hasta llegar a asentarse en Cuba con sus hijos y esa mezcla de hermano y “asere”, que lo distingue entre sus vecinos.

Económico de formación, filósofo y politólogo de profesión, y un eterno revolucionario de vocación; Camilo Martínez, investigador y doctorante, echa una mirada crítica, desde su experiencia, al movimiento social latinoamericano.

Tu labor como activista social la desarrollas desde que eras estudiante colombiano ¿cuán complejos eran aquellos momentos?

Es muy difícil hacer política en un contexto social como el que se vive en Colombia. Es un país donde se practica el terrorismo de estado desde hace varias décadas, que se traduce en una extrema violencia dirigida a fragmentar el tejido de los movimientos sociales y las comunidades organizadas. Actualmente hay alrededor de 7 mil 500 presos políticos, la mayoría de los cuales son dirigentes y activistas sociales. El problema de los presos políticos es algo que Colombia viene arrastrando desde los años 60. Cuando era más joven participé en el movimiento estudiantil e integré algunos Comandos Unitarios, desde los cuales se organizaban los distintos sectores sociales y populares en torno a las luchas comunes. Desde allí se organizaban los paros, las huelgas… acompañados de sindicalistas, estudiantes, miembros del movimiento popular urbano, entre otros. Entonces formé parte de la red de movimientos populares que articulaban las resistencias a la guerra y el terrorismo de estado y las alternativas concretas que surgían desde los campesinos, los movimientos de mujeres, de indígenas y afrocolombianos, específicamente en aquellas zonas golpeadas por la guerra.

… ¿las áreas donde están establecidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)?

Tanto los lugares de influencia de las FARC como en los que se ubica el Ejército de Liberación Nacional (ELN), son zonas de muchos conflictos. En Colombia mueren al año de 25 a 30 mil personas por causa de la guerra y la inmensa mayoría no son combatientes. Es decir, la guerra se utiliza como un pretexto para golpear y desplazar a las comunidades. Por eso, una de las acciones nuestras era organizar la solidaridad internacional en torno al acompañamiento de las comunidades en resistencia mediante “Caravanas por la vida”, que eran grupos de solidaridad europeos y norteamericanos que iban a Colombia para convivir con los campesinos de las zonas de conflicto, evitando así que fueran agredidos por el ejército o los grupos paramilitares.

Una victoria importante la tuvieron en el año 2001, cuando los sucesos de “La torre de la victoria”…

Sí, eso fue cuando en diciembre del 200l querían privatizar los servicios públicos (agua, teléfono, luz, alcantarilla, etc.) de la empresa municipal de servicios públicos de la ciudad de Cali, llamada EMCALI. Allí el Sindicato de Trabajadores la Empresa Municipal de Cali (SINTRAEMCALI) decidió enfrentar la privatización y tomó los edificios administrativos durante 36 días; imagínate que con la privatización los ciudadanos hubiesen tenido que pagar hasta 10 veces más por su agua, luz y teléfonos. Los trabajadores electricistas tomaron el edificio de la administración central y protegieron la entrada mediante la electrificación de las puertas con más de 2mil volt, de modo que los comandos militares y las fuerzas antimotines no pudieron entrar.

Durante 36 días los pobladores de las comunas pobres de las periferias de Cali, los estudiantes y las amas de casa, muchos de ellos convocados a través de los Comandos Unitarios, apoyaron y sostuvieron a los trabajadores de la empresa pública con su trabajo voluntario y solidario. Montamos en una tarima una especie de feria, y allí pelábamos papas y preparábamos comida que se les subían a los sindicalistas que habían tomado el edificio. El resultado fue que el ejército no entró y el gobierno tuvo que suspender la privatización. Era impresionante ver el alboroto popular cuando salían los trabajadores triunfantes de la torre administrativa saludando al pueblo.

Una vez concluidos los hechos, ¿hubo represalias por parte del gobierno?

En Colombia, de que te pasan la cuenta, te la pasan. Después de aquello hubo represalias, asesinatos selectivos, pusieron una bomba en casa de Julio Galeano y  mataron a la familia de otro compañero. Entonces el Gobierno recurrió al pretexto de siempre: señaló (falsamente) que el movimiento sindical no era más que una fachada de la guerrilla para justificar la represión. Muchos de los que participamos en esa lucha – estudiantes, comuneros, docentes, defensores de derechos humanos – fuimos amenazados y tuvimos que abandonar la ciudad de Cali, o en otros casos, abandonar al país. Al igual que yo, te puedes encontrar a cualquier cantidad de colombianos regados por el mundo que han tenido que salir como consecuencia de su participación en una lucha social.

Después de salir de Colombia, vivió en distintos países hasta llegar a México, donde estuvo unos años. Allí intercambió experiencias con los compañeros del movimiento zapatista y aprendió de su novedosa lucha y propuesta política. Su actual área de trabajo académico es el seguimiento del proceso popular revolucionario en América Latina, desde un enfoque de los movimientos sociales y populares. Desde esa perspectiva, Camilo nos dio su opinión acerca de la actualidad del movimiento latinoamericano.

Hace unos cuántos meses se desarrolló en Colombia el “Congreso de los Pueblos”, ¿cuánto aportó esa experiencia a la lucha colombiana?

Siempre es importante intercambiar experiencias de resistencia y de alternativas para crear esa “Otra Colombia Posible”. Por ejemplo, fue muy útil que las comunidades negras del litoral Pacífico pudieran compartir con los indígenas del sur occidente y ellos a su vez con las comunidades campesinas organizadas. Finalmente, son los movimientos sociales y populares los verdaderos sujetos de la emancipación latinoamericana. El Congreso de los Pueblos fue convocado bajo la consigna “el mandato de los mandatos”, es decir, un proceso de articulación de los distintos mandatos populares que han surgido desde el movimiento campesino, indígena, negro, estudiantil y urbano-popular, con el fin construir una plataforma política unificada pero basada en el respeto a la diversidad. Se trata de construir y levantar lo que llamamos un sujeto popular, que ha sido muy golpeado por los casi 50 años de guerra sucia y terrorismo de estado.

Continuará…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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