Comunicación, educación y cultura

 de Carlos Núñez Hurtado.

Al igual que con la promoción y educación popular, la comunicación ha venido pasando por diversas etapas en la búsqueda de su definición, en la teoría y en la práctica, de su verdadero sentido de clase: la comunicación popular.

Su proceso ha sido de hecho el mismo; las diferentes corrientes de pensamiento y los acontecimientos históricos en nuestro continente han influido por igual a quienes, desde diversas opciones profesionales, han seguido en la acción popular el camino práxico hacia una mejor práctica encauzada por una concepción teórica más clara y orientadora.

El mismo fenómeno toca los procesos de investigación y sus «profesiones», por lo que hoy tanto se habla de «investigación participativa» o «investigación acción».

Podríamos abundar en todas y cada una de las modalidades de trabajo, en las que se concreta y expresa la lucha organizativa y política de los sectores populares, ya sea de carácter económico, social, ideológico o estrictamente político.

A nuestro juicio, el problema sigue siendo de enfoque y de concepción, pues se maneja la realidad y su práctica transformadora, de una manera parcializada y hasta funcionalista.

La realidad es una — múltiple y compleja—, pero una integralmente interrelacionada.

El hecho de privilegiar una u otra línea de acción, debería depender de condiciones objetivas, restringiéndose a un nivel táctico; para ello, deberían formularse estrategias que globalicen la realidad y la manejen integralmente.

Es claro, que hemos abundado tanto, que en muchas ocasiones el problema es de concepción y en otras, de metodología; la formación que se ofrece a nivel de ciencias sociales, metodológicamente se expresa (en la gran mayoría de los casos) de acuerdo con las escuelas funcionalistas que provienen del Norte.

Es urgente caer en cuenta de dicho «cuello de botella» en el que se encuentran dirigentes, promotores y/o asesores del movimiento popular. Por ello, reafirmamos lo que para nosotros es una convicción; solo una concepción y una práctica metodológica dialéctica se puede ir superando este escollo. Al tener la realidad y la práctica como punto de partida y de teorización para las acciones transformadoras, podrá aparecer en los diagnósticos la complejidad integrada y por tanto, la formulación de estrategias operativas que contemplen esa misma dimensión integral.

Así pues, pretendiendo superar esa «profesionalización» del cambio social (sin negar lo específico de los aportes de cada ciencia) nosotros podemos afirmar que educación y comunicación, son dos aspectos de la lucha ideológica en total relación.

Educación, comunicación y cultura —según lo hemos entendido— son componentes inseparables y complementarios de un mismo proceso.

Por ello, en realidad podemos hablar lo mismo de «comunicación — educativa» (como algunos intentan expresar esta relación) que de «educación — comunicativa», pues todo hecho educativo implica un acto de comunicación y toda comunicación de hecho, incide en el nivel de conciencia, objetivo del proceso de educación.

Ampliamente estudiado y señalado es el impacto en los medios de comunicación social o comunicación masiva, en la conciencia y por tanto en los hábitos de comportamiento de la población. Por ello no vale la pena profundizar en el tema, sino solamente insistir en la afirmación de que el nivel de información y de conocimientos; los criterios, hábitos, costumbres y actitudes; en una palabra el nivel educativo y sus características, dependen definitivamente del manejo de la comunicación —e incomunicación— que en nuestras sociedades se da en todos los niveles (interpersonal, grupal, colectivo y masivo).

Por eso, hablando del proceso popular y su desarrollo, comunicación y educación no pueden ser contemplados ni estudiados por separado, pues lo comunicativo en dichos procesos es la dimensión pública y/o masiva del hecho educativo (que puede moverse a otros niveles más reservados, que obviamente implican también un acto de comunicación). La comunicación popular entendida como tal y con alcance colectivo y/o masivo, debe ser vehículo de masificación, el «micrófono» que amplifica y difunde los contenidos que se producen en el proceso de acción — reflexión — acción de los grupos y organizaciones. La comunicación popular es pues, la dimensión colectiva masiva de la educación popular y lo educativo, es el momento privilegiado de la apropiación consiente, activa y crítica, al nivel personal o masivo, de los hechos, situaciones o significados de comunicación.

Por eso hemos señalado con anterioridad, que educación popular no es ni en su concepción ni en su método, sinónimos de talleres, cursos u otros tipos de eventos formativos; sino que incorporando o no esa modalidad, la aplicación de una concepción y una práctica dialéctica en el trabajo organizativo popular, produce un proceso de reflexión y análisis sobre la práctica, que genera nuevos niveles de conciencia y de comunicación.

Estos nuevos niveles de conciencia que se producen, esas nuevas acciones que se generan y esa comunicación que se desarrolla y se implementa, es Educación Popular.

Como tratamos en el capítulo anterior, la cultura y sus «lenguajes» son el ingrediente fundamental y la materia prima del proceso educativo; referido a nivel de educación popular, su importancia se ve definitivamente reforzada, pues es fundamentalmente a base de expresiones culturales (danza, baile, literatura oral, mitos, etc.) como el pueblo comunica su forma de ver, sentir, resistir y luchar.

De hecho, son este tipo de expresiones culturales espontáneas, las que más pertenecen a la «cultura de masas»; son los códigos que más naturalmente representan y generan la identidad de clase de los sectores populares.

Esta «identidad», aunque contiene multitud de elementos negativos, representa un elemento de valorización y reconocimiento como clase subalterna que es, frente a la hegemonía de la clase dominante, su propia expresión cultural.

Por tal motivo, si en las tareas más expresamente educativas hemos tratado de fundamentar el valor de la incorporación de las expresiones culturales como el lenguaje de la educación popular, cae por su propio peso el valor que representa el trabajo crítico de dichas expresiones, en las tareas típicas de la comunicación popular.

Esto, que parece tan obvio, en la práctica no se da; basta como ejemplo analizar el lenguaje (contenido y forma) de la así llamada prensa y literatura popular. En su mayoría, pueden llamarse populares por su orientación clasista, pero son totalmente impopulares en sus códigos de comunicación.

Lo mismo puede decirse del discurso político, de los mítines, del también llamado teatro popular, que la mayoría de las veces, es teatro de autor, intelectualizado y complejo; o de la tendencia a usar términos y expresiones complejas (como sinónimo de lenguaje revolucionario) en reuniones y asambleas populares.

El desprecio por lo popular, su cultura y sus códigos, lo encontramos también en fiestas y celebraciones, donde el peso de la dominación, la falta de conciencia e imaginación, hacen de los actos festivos populares, una burda y ridícula imitación de las formas de celebración de la burguesía… o una simple repetición acrítica de las clásicas celebraciones a base de machismo y alcohol.

No debería haber acto grupal, colectivo o masivo de educación — comunicación, en que la plena conciencia crítica no lograra rescatar los valores de clase y sus códigos de expresión cultural, así como cuestionar y desechar los que no le pertenecen.

Algunos ejemplos: textos en prensa popular, formas de trasmitir un mensaje, interpretaciones culturales de conceptos, etcétera.

Comunicación y educación alternativa

En general, a toda esta tendencia en busca de una auténtica comunicación popular, se le ha dado en llamar «comunicación alternativa».

Con ella, se pretende identificar la tarea de comunicación que realizan grupos o sectores populares como «alternativa» en relación o frente a la comunicación electrónica —masiva y enajenante— en manos y al servicio de la clase dominante.

Subsiste, en muchísimos de estos enfoques, un análisis de la comunicación como alternativa con respecto a los «medios», lo que de hecho relativiza la dinámica propia del movimiento popular.

Se dice que la comunicación alternativa surge como un cuestionamiento y como una defensa de los sectores populares, frente al sistema total de comunicación – información de la dominación. Esto es cierto, pero a mi juicio contiene una limitación de orientación y de origen.

De orientación, por cuanto esta interpretación se sitúa y ubica en la lógica de la misma dominación; tanto peso adquiere la asfixia de la incomunicación y la falta de espacios de auténtica comunicación, que la única manera de pensar en algo diferente (alternativo) es en relación y en función de quienes nos dominan y sus medios. Parecería desconocerse y negarse la riqueza existente (como resistencia, fundamentalmente, pero existente) de códigos, símbolos y aun «sistemas» de comunicación que persisten y actúan coyunturalmente de manera sorprendente.

Ejemplos de esta capacidad de «comunicación alternativa» han sido dados en muchos países en situaciones de presión aguda o guerra, adquiriendo niveles masivos, aunque no hayan pasado por los medios tradicionales.

Para nosotros, sin desechar la dimensión frente a los medios, la comunicación y educación popular (y alternativa) surge —está surgiendo— como respuesta a la necesidad que genera el desarrollo del proceso organizativo popular, su toma de conciencia y la necesidad de expresar y comunicar sus planteamientos ideológicos y sus luchas.

Es una manifestación más del proceso popular ante el sistema total de dominación (económico, social, cultural y político) y no solo frente a los sistemas de comunicación o incluso, solamente ante los medios.

En sus dimensiones formales y en sus niveles de alcances (regional, nacional e internacional) la comunicación alternativa lo es en relación con la propiedad, modo, uso e influencia manipuladora de los medios de difusión masiva; y este es el principal enfoque que se le da a lo alternativo. Pero a nivel de base y organizaciones o movimientos populares clasistas, es, o debe ser y expresar, una alternativa al modelo político dominante y por tanto, no debe quedarse y perderse en un mero antagonismo ante los medios.

En esta línea: ¿Por qué no plantear entonces mejor una ALTERNATIVA DE COMUNICACIÓN y/o EDUCACIÓN, en vez de una comunicación alternativa?

Pensar así, incorporar una visión de liberación y no solo de defensa. Proponer una concepción estratégica y no sólo táctica. No se trata de un simple juego de palabras; la alternativa política que se va construyendo, deberá plantearse y expresarse a todos los niveles, en forma integral e integrada. Por tanto, debe crearse un planteamiento teórico y metodológico que manifieste el papel de la lucha ideológica, a través de la creación de alternativas orgánicas de la comunicación y educación.

No se puede desconocer la fuerza manipuladora de la dominación, pero precisamente por ello, hay que cambiar el enfoque y la perspectiva meramente reactiva y defensiva, por otra, cuya lógica opere desde el reconocimiento de la capacidad de expresión y comunicación que el pueblo tiene; del análisis, reconocimiento, recuperación crítica y evolución sistemáticas de la cultura popular y sus códigos.

Con imaginación y creatividad, hay que recuperar o crear espacios e instrumentos que ayuden a desarrollar y fortalecer una alternativa ideológico – cultural de carácter clasista; y esta alternativa (y sus manifestaciones operativas) debe ser parte integrante del accionar político – organizativo de diferentes sectores populares (campesinos, obreros, intelectuales, etc.).

Por ello y acorde con el sentido de integralidad y complejidad expresado en el capítulo anterior, no entendemos ni aceptamos la implantación de proyectos de implantación popular —realizada por «especialistas»— sobre grupos, comunidades o sectores, cuyo nivel de desarrollo ideológico y organizativo, no estén acordes con la posibilidad de crear verdaderamente sus alternativas de comunicación – educación.

Esta tarea, además de funcionalizada, sigue planteando la necesidad de crear «medios alternativos» (normalmente pobres o artesanales) pero sin plantearse al servicio o en relación orgánica con qué alternativa se crean dichos medios.

Es cierto que se puede pensar en el desarrollo de algunas tareas de lucha ideológica a través de medios alternativos; o como táctica de penetración al «punto de entrada» en algún sector, territorio, gremio u organización; pero justamente esto supondría tener clara la estrategia de la cual se formula esta táctica concreta, cosa que normalmente no sucede.

Por lógica reactiva, muchos promotores dirigentes piensan en crear o desarrollar medios de comunicación pobres, como algo connatural a todo trabajo popular.

Así, como reacción a la gran prensa, se hace «el periodiquito», muchas veces fiel reflejo en forma y estilo (aunque no en contenido) justamente de la prensa que cuestionan.

Aparece el volante, con el mismo sentido acrítico y verticalista de la propaganda que se cuestiona.

Algunas veces, un grupo lleva o monta teatro político; quizás busque la participación de la comunidad, pero la mayoría de las veces, simplemente lleva un mensaje para ser «consumido» por la comunidad. El modo de producción teatral se parece mucho al modo de producción burgués, aunque el contenido y las relaciones de producción varían sustantivamente. A todo esto se le llama comunicación popular o alternativa… pero ¿a qué proceso popular organizativo responden? ¿Cómo nacen y/o se vinculan estos medios con dicho proceso? ¿Realmente existe ese proceso? Los medios entre sí ¿se vinculan? ¿Se complementan? ¿Se esfuerzan? ¿Quién produce y cómo se produce el contenido y la forma? ¿Se entrega el mensaje cerrado o es una verdadera devolución abierta y provocadora de reflexión? ¿Qué otras formas de comunicación se ensayan, aunque necesariamente se parezcan a los medios tradicionales?

Estas y muchas otras preguntas deberían analizarse para tratar de comprender lo que nosotros llamamos una alternativa de comunicación.

Una alternativa de comunicación sería, por tanto, la expresión sistemática, coherente, creativa, complementaria, abierta y horizontal, que un grupo de organización logra ir desarrollando como un arma de lucha ideológica que expresa e intercomunica su nivel de conciencia, su avance organizativo y sus luchas.

Adquiere por tanto características de sistema de comunicación y como tal, puede ser un arma valiosísima de educación, de información, de defensa y de movilización. Pertenece, se desarrolla y adapta a las condiciones objetivas de la organización (fuerza, madurez, cultura, lenguaje, etc.) y las condicionantes (positivas o negativas) de la coyuntura.

Como sistema, puede incorporar los llamados medios alternativos (normalmente lo requerirá) pero no se agota en ellos, pues todo proceso educativo dialéctico, desarrolla procesos comunicativos a muy diversos y complementarios niveles.

Niveles de comunicación

Basado en un proceso permanente de análisis y reflexión crítica, el diálogo es un arma privilegiada de una nueva comunicación. Y este se da en el nivel interpersonal, grupal, colectivo y/o masivo. Todos estos niveles de comunicación pueden ser dialogales, aunque adquieran características particulares por sus propias dimensiones. El nivel de profundidad a través del diálogo, caracteriza la comunicación interpersonal.

El intercambio de experiencias, el mutuo enriquecimiento y normalmente la generación de dinámicas y códigos propios, son característicos del trabajo grupal.

Este, además, requiere de nuevos métodos de trabajo y del apoyo de nuevos materiales didácticos que favorezcan el diálogo y la comunicación constante y sistemática, entre varios compañeros.

La comunicación colectiva (grandes grupos, asambleas, comunicación interna hacia la organización) conserva características grupales, pero incorpora métodos e instrumentos propios de la comunicación masiva.

Así, se puede trabajar con el diálogo, pero requiere métodos que lo agilicen y logren la comunicación y el acuerdo colectivo, partiendo de lo parcial o grupal. Otras veces requerirá de la comunicación o información personal, o tendrá que trabajar con ciertos medios indirectos (boletines informativos, encuestas y/o evaluaciones, etc.).

Existe de hecho la mediación tecnológica, pero nada impide que sea horizontal y participativa; que sea un nuevo nivel y expresión del diálogo de los involucrados en el proceso.

La comunicación masiva rompe los límites de la comunicación entre los miembros de la organización; o entre estos y los que en algún momento participan conscientes y voluntariamente de algún nivel de comunicación.

Es la comunicación abierta a la población, a los involucrados y los no involucrados; es la expresión franca y pública de la lucha ideológica; es el intento por cuestionar lo incuestionable, por hacer notar lo anormal de la normalidad; por hacer evidente lo obvio. Intenta establecer un diálogo y una confrontación ideológica provocadora con quienes se resisten a cambiar, pues han asumido más profundamente la enajenación del sistema.

Este nivel masivo requiere necesariamente mediaciones instrumentales (medios) y tecnológicas para producir o comunicar con los medios.

Pero estos cuatro niveles de comunicación no son excluyentes; sino por el contrario, pueden y deben estar presentes en todo proceso educativo y organizacional, pues al darse en forma simultánea se complementarán y reforzarán mutuamente, haciendo más eficiente y eficaz el sistema de comunicación popular.

Hemos dicho que por razones objetivas y/o consideraciones tácticas, la presencia y la secuencia de aparición, intensidad, apropiación o desarrollo, así como la lógica de su implementación, un sistema de comunicación popular puede adquirir características cronológicas, pero debe poder operar simultáneamente, de acuerdo con sus características particulares, constituyéndose así en una alternativa de comunicación popular, que usa distintos medios alternativos.

Comunicación, educación y organización popular

Los diferentes niveles de comunicación – educación a que hemos hecho mención, dependerá en su implementación y desarrollo del nivel organizativo que se haya alcanzado, pues de acuerdo con las circunstancias, se desarrollarán distintas fases de promoción y/o consolidación de la organización y, según hemos señalado con anterioridad, a más niveles de organización deberán corresponder nuevas necesidades de educación y comunicación.

Acorde con ellas, deberán irse creando e implementando nuevos instrumentos y códigos de comunicación.

Reiteramos: «Nadie requiere sino de los instrumentos que expresen el grado de desarrollo de la organización y sus luchas».

Por ello pues, no deberían darse desfases entre contenido y forma, pues en ocasiones, «importaciones» formales o tecnológicas vienen a condicionar a los «grupos de comunicación» que acaban atrapados por la forma o dependiendo de los instrumentos tecnológicos.

Tal es el caso, por ejemplo, de grupos de teatro popular que, habiéndose iniciado con gran riqueza testimonial y de contenido, aunque con mucha carencia de recursos técnicos son inquietados, comienzan a preocuparse de dichos aspectos formales, sin establecer con claridad el proceso de tecnificación en función de su desarrollo ideológico – político y el de su organización.

Así, con frecuencia hemos conocido casos de grupos de personas que poco a poco van perdiendo su gran riqueza testimonial, el valor de la creación colectiva, la acuciosidad en el análisis de los temas, su sentido mismo de clase y se van tratando de convertir en «artistas», que se quieren decir populares (y que lo son por el origen de clase), pero que en todas sus aspiraciones e inquietudes han asimilado la posición pequeño burguesa del artista, promotor o intelectual no orgánico que abunda en centros o instituciones de apoyo y sobre todo, en dependencias oficiales.

La calidad en la expresión, el dominio técnico y formal de los lenguajes específicos de los instrumentos de comunicación (palabra, gráfico, color, ritmo, etc.) son un objetivo a lograr en los grupos populares, pues no entendemos la posición que sostiene que lo popular, aun lo artístico, tiene que ser feo, mal hecho. Pero nunca podrá supeditarse el desarrollo ideológico – político y organizativo al desarrollo técnico.

En esta clara relación entre avance organizativo y desarrollo de los instrumentos de comunicación, se podrá ir creando la alternativa o sistema de comunicación a que hemos hecho mención antes y así, será posible alcanzar los niveles masivos de educación – comunicación.

Pero es importante distinguir de nuevo entre la «comunicación masiva» (que nos refiere muy automáticamente a los medios de comunicación) y «lo masivo de la comunicación».

La primera afirmación puede agotarse en la posibilidad de que un promotor, un agente social cualquiera o un pequeño grupo, alcancen niveles amplios o extensos —masivos— de comunicación, porque utilizan medios o instrumentos que por su misma naturaleza tienen una amplia cobertura, como lo sería la radio, una prensa subsidiada, circuitos de televisión, etcétera.

Pero si esto se hace sin relación con un proceso organizativo, la metodología vuelve a ser de tipo bancario , y el contenido, instructivo o informativo; los mensajes no son producidos por la población y aunque su contenido sea liberador, no se puede lograr el objetivo de mayor trascendencia: ir logrando que las masas organizadas vayan creando sus medios, produciendo sus mensajes, rescatando su cultura, generalizando sus códigos y en general, produciendo y controlando su alternativa de comunicación masiva, aunque trabajen con instrumentos de alcance limitado en su aspecto tecnológico y formal.

Este proceso requiere de hecho la creación o adaptación de instrumentos llamados «pobres» o «artesanales», que por su bajo costo, pueden ser apropiados por los grupos u organizaciones, sin gran problema económico. Tal es el caso de la impresión con «mimeógrafo de palo» o «rústico», del teatro popular de los festivales, títeres, etcétera.

Este tipo de medios o instrumentos pobres o artesanales serán los que con mayor frecuencia caracterizarán las experiencias de comunicación popular, pero debemos dejar en claro, que el sentido popular de la experiencia comunicativa estará dado por su sentido de clase y su servicio orgánico al movimiento popular, y no por el carácter pobre, artesanal o popular de los instrumentos comunicativos que se manejen; una línea muy poco desarrollada en el trabajo de comunicación popular, se refiere a la «reutilización» y «recuperación crítica» de los medios sofisticados que utilizan las clases dominantes y de los mensajes que trasmiten.

Efectivamente, la concepción ya cuestionada sobre la «comunicación alternativa» produce, además de una actitud defensiva y reactiva ante los medios, una falta de imaginación y creatividad para buscar la utilización táctica de estas «armas del enemigo», al servicio de una estrategia educativa y comunicacional dentro de una perspectiva ideológica – política clásica.

La fuerza de penetración, el alcance realmente masivo, son en la actualidad patrimonios de quienes detentan el poder y la propiedad de los grandes sistemas de comunicación y sus medios.

Luchar ideológicamente contra esta aplastante realidad, deben combinar múltiples estrategias, entre las cuales debería ocupar un lugar importante la utilización de la propia fuerza y energía que el sistema genera.

Es común pensar que ante la música enajenante, debe aparecer y trabajarse la «música protesta», «el canto nuevo». Esto en sí mismo es correcto, porque se produce un contenido y una forma diferentes, apegados a la realidad cultural, con una temática y una concepción que responde de hecho a los intereses populares.

Este trabajo, cada vez más desarrollado, sienta las bases de un renovado quehacer artístico musical y logra dignificar el rol del canto en los procesos sociales, pero lamentablemente queda atrapado en el gusto y preferencia del todavía pequeño sector que ya tiene una conciencia crítica. Pertenece, junto a la prensa crítica, el cine político, el arte renovado en general, al patrimonio ideológico cultural, de los que ya están conscientes del sistema social y de cómo nos domina en todos los planos.

Las grandes mayorías, las masas orgánicas, las verdaderas multitudes, ni están conscientes, ni tienen acceso, ni es de su gusto o capacidad de asimilación consciente, todo el bagaje informativo y cultural de carácter liberador que se busca comunicar para crear conciencia y organización.

Ellas reciben aplastantemente, constantemente, totalmente, mensajes y formas de signos opuestos a sus intereses y gustos tradicionales, todos sabemos y constatamos que el efecto de enajenación colectiva, de pérdida de identidad nacional y sentido de entrega a la dominación, son un hecho creciente y preocupante.

Jamás mensajes renovadores y críticos serán trasmitidos por los medios masivos tradicionales. ¿Por qué no pensar entonces en la ya mencionada recuperación crítica, vitalización y devolución sistemática de los mensajes, contenidos y formas que el propio sistema utiliza?

En párrafos anteriores mencionábamos que algunos aspectos de la «cultura del pueblo», positivos o negativos, pueden de hecho ser utilizados como instrumentos educativos, siempre y cuando seamos capaces de recuperar críticamente y devolver sistemáticamente, los contenidos y/o formas rescatados, y a través del distanciamiento, provocar un proceso de reflexión para la práctica transformadora.

Con este criterio, podríamos empezar a usar los contenidos, las formas y las mediaciones tecnológicas del sistema, para combatirlo, dando un impulso más fácilmente masificable, que con el solo uso de medios pobres.

Pongamos algunos ejemplos: con frecuencia no hemos encontrado con la dificultad que muchísimos promotores o educadores manifiestan, en tal sentido de no poder llevar a cabo sus reuniones, juntas, círculos de cultura, etcétera, porque las personas prefieren quedarse en sus casas viendo la telenovela, la película sabatina o el fútbol.

A veces intentamos combatir esta situación con argumentos y reflexiones muy válidos, pero inútiles ante el peso de la enajenación masiva. Otras, nos ayudamos de material didáctico, para hacer atractivo el proceso, queriendo en el fondo competir con los medios.

La mayoría de las veces, el contenido y la forma utilizados son aburridos, intelectuales, discursivos (recordemos todo lo dicho respecto a las técnicas). En suma, nos centramos y quedamos atrapados en la lógica ya cuestionada de una «comunicación alternativa» tradicional. ¿Por qué mejor no pensar en sumarnos a ver las telenovelas con ellos? Podríamos generar un teleforo después de la sesión, y con una buena preparación y hábil coordinación, llevar al grupo a cuestionar el contenido de aquellas formas que tanto les atraen, utilizando precisamente las mismas formas.

Evidentemente, con la utilización de otros materiales críticos podría irse cambiando, hasta ir cambiando la actitud ante los medios, conforme se va logrando desarrollar la conciencia crítica.

El impulso masivo será más factible de lograr, porque la concientización lograda será comunicada en forma natural al comentar críticamente en el mercado, la plaza o las vecinas, lo que de hecho comentan y se aplican todos los días sobre la suerte de sus personajes y héroes.

Los grupos más avanzados pueden repetir la experiencia del teleforo intencionado; la gran ventaja es que el código es conocido y gustado masivamente, lo que no siempre pasa con nuestras producciones alternativas.

Podría, con el tiempo, montarse una obra de teatro que reinterprete la telenovela (o algunas de sus partes) provocando reacciones multiplicadas de cuestionamientos en actos masivos, que ya se han alimentado de actividades masivas previas.

El caso de la música es también ilustrador, una canción trabajada para introducirle un factor de distanciamiento crítico (cambio de código, parodia, exageración, etc.) se convierte en excelente factor de comunicación masiva, con la ventaja —una vez más—, de usar códigos identificados y gustados popularmente. Nuestro audiovisual «El Tahúr», es un ejemplo probado al respecto. Su capacidad de inducir más sabiamente se da cada vez que el radio se toca esa canción y los radioescuchas comentan de forma natural, su nueva visión sobre el tema tratado. Se reproduce así (aunque en forma modesta y limitada) el proceso de cuestionamiento por el que ellos mismos pasaron al ver y discutir el audiovisual.

Los impresos podrían también darnos recursos educativos, las historietas, fotonovelas y demás géneros que circulan profusamente, pueden ser tomados como base formal para elaborar nuestros normalmente densos, aburridos e intelectualizados folletos

La forma de trasmitir los contenidos escritos, puede ser mucho más atractiva si estudiamos y recuperamos críticamente, las que utiliza con gran éxito el sistema.

Pero, además podríamos usar los mismos pasquines para ser discutidos y analizados (al igual que la telenovela). Se han hecho ejemplos de utilizarlos y cambiarles el contenido, que es reelaborado por un grupo de discusión que ha descubierto en su propio análisis, los antivalores manejados. Se conserva el dibujo o la fotografía y se elabora un nuevo contenido crítico.

Esos pequeños ejemplos no quieren sino ilustrar y desarrollar la imaginación y la creatividad y la línea de la recuperación y utilización crítica y sistemática de «las armas» ideológicas con que el mismo enemigo nos agrede.

Quizá sea heterodoxo el pensar que en una biblioteca popular, guiada y atendida permanentemente (no sólo como lugar de lectura individual), junto con libros y revistas críticas, enciclopedias y todo el bagaje tradicional con que se forma el acervo de dichos centros, convivan historietas o fotonovelas, que serán leídas y reelaboradas crítica y colectivamente en los centros de estudios.

Quizá igualmente lo sea el pensar en clubes juveniles implementados no sólo con dominó, ajedrez y tantos otros juegos de salón que normalmente no atraen a la mayoría de los jóvenes, y dotados de libros piadosos y doctrinales en un ambiente aséptico cargado de afiches moralistas; sino también dotados con un equipo de video-tape, donde los jóvenes, guiados y cuestionados vean los programas que nunca han cuestionado (pero que les gustan mucho) y vean poco a poco otro tipo de materiales video grabados, que abundan cada vez más y que nos hablan de un mundo real y diferente al que nos hace percibir el sistema global de dominación.

Quizás sea heterodoxo o difícil de alcanzar, pero por último, bien vale la pena buscar alternativas que nos alejen de la posición marginal e ineficaz por la que hemos transitado casi siempre.

Nuestra experiencia demuestra que sí se puede pensar de otra manera, logrando mucho mayor éxito. En el último capítulo y prácticamente como un anexo, incluimos la sistematización de una experiencia realizada bajo la responsabilidad de IMDEC, que ilustra el origen práxico de estas reflexiones.

Comunicación-educación y lucha ideológica

(De los momentos culturales, a las coyunturas ideológico-culturales)

Continuando con la misma idea trabajada líneas atrás en relación con la utilización y recuperación crítica de los propios elementos generados por el sistema, queremos referirnos al manejo masivo —no sólo grupal o colectivo— de dicho impulso dado por el sistema y/o la tradición cotidiana.

La temática desarrollada por los instrumentos de comunicación popular, obedece a los intereses, prioridades, líneas particulares, etcétera, de las organizaciones o grupos que los manejan o apoyan; esto, por supuesto, es normal y lógico.

Ya hemos insistido en la falacia de una inexistente neutralidad; o en lo erróneo de una posición «basista», que se agota en su falta de estrategia en términos de lucha ideológica; por tanto, la orientación y conducción de los grupos deben manifestarse en los contenidos de sus instrumentos de comunicación.

Pero muchas veces esta intencionalidad está tan presente en quienes tienen bajo su responsabilidad los programas de comunicación, que les impide sentir e interpretar los intereses —reales o inducidos— con que el pueblo se está movilizando de acuerdo con lo que nosotros llamamos los «momentos culturales». El mensaje «intencionado» tiende a perder interés en la población, cuando este pasa por encima de aquello que lo está agitando y que ha logrado impactarlo a nivel ideológico — cultural.

Este impacto —obviamente— las más de las veces no será precisamente positivo y de carácter liberador, sino que corresponde a los mismos intereses ideológicos del sistema; son los momentos de mayor presión ideológica y de mayor enajenación colectiva.

Pero al igual que comentábamos en relación con las telenovelas, fotonovelas, canciones, cine, etcétera, tienen una fuerza potencial de concientización enorme, si logramos aplicar creativamente el mismo principio de vitalización, recuperación crítica y devolución sistemáticas.

Nos referimos a «momentos» (espacios de tiempo y/o lugar) en donde los «valores» son puestos en juego en su máxima intensidad, como por ejemplo: la Navidad, Semana Santa, las fiestas patronales de los pueblos o barrios, los «días de celebración especial» —la madre, el padre, el niño, el compadre, etcétera—, las conmemoraciones históricas — la independencia, la revolución— o momentos de intensos bombardeos ideológicos generados por alguna coyuntura económica (devaluación por ejemplo) o políticas (elecciones); o por acontecimientos de relevancias políticas (desastres, tragedias, visitas de personajes etc.).

Estos y otros muchos «momentos» son hábilmente manipulados por el sistema para fortalecer sus intereses económicos, políticos e ideológicos. Invariablemente — y con gran creatividad muchas veces— logran incluso crear y desarrollar símbolos o mitos del patrioterismo, del deporte, de los espectáculos, de las religiones e incluso, hasta de animales (recordemos el insólito caso del osito panda que dio «identidad nacional» a un pueblo tremendamente golpeado e incrédulo), tragedias como la de San Juanico, dejaron en la mayoría de la población la idea de que México está unido y es solidario. Esto eliminó de la conciencia general, la responsabilidad de los culpables directos y la de los indirectamente involucrados.

Todos estos ejemplos de «momentos» o coyunturas ideológico – culturales, muchísimas veces no son tomados en cuenta por quienes desarrollamos tareas de concientización y educación, a través de instrumentos de comunicación popular.

Cuando mucho, llegamos a la denuncia radical, normalmente en términos sumamente generales (el «sistema», el «capitalismo», «el gobierno», «el imperialismo», etc.) sin lograr hacer la conexión pedagógica entre eso que queremos analizar o denunciar con lo cotidiano de la vida y la forma como nuestro pueblo lo vive, lo siente y lo expresa.

Pero muchas veces tenemos que constatar, que estos elementos ni siquiera son considerados o tomados en cuenta por los educadores, que fieles al programa de capacitación o educación, a sus percepciones y a líneas políticas, siguen «formando a las bases» con la rigidez del contenido preestablecido.

Así encontramos, que mientras todo el mundo habla y es agitado —y manipulado por los medios— en relación con alguna circunstancia de las ya descritas (fechas, épocas, conmemoraciones, acontecimientos, etc.), generándose un «momento cultural», los periódicos populares, las reuniones de capacitación, las escuelas de formación, las obras de teatro, etcétera. Nos siguen hablando de temas teóricos o históricos, de gran valor es cierto, pero desconectado en su oportunidad o forma de tratamiento, con la intensidad de dicho momento cultural.

El gran reto está planteado en los mismos términos que apuntáramos para el trabajo grupal: la vitalización y recuperación crítica del momento cultural para convertirlo, mediante la devolución sistemática, en una auténtica coyuntura ideológico-cultural.

¿Cómo, a partir por ejemplo de la recuperación del «Día de la Madre» y jugando con sus elementos culturales e ideológicos podemos dar nuestro contenido, intencionalidad y línea? ¿Cómo no quedarse en una mera denuncia al consumismo? ¿Cómo lograr un verdadero saldo educativo y político que repercuta en el desarrollo de las organizaciones?

Estamos convencidos —y nuestra práctica así nos refiere— de que es posible en la medida de poder manejar una alternativa de educación – comunicación que permita el tratamiento del «momento cultural» de forma sistemática, cubriendo los niveles interpersonales, grupales, colectivos y masivos, y utilizando creativamente los medios de comunicación al alcance o en poder de los grupos.

Lo importante es obtener un verdadero saldo educativo y organizativo, haciendo del trabajo cultural, una auténtica expresión de la lucha ideológica.

De nuestra experiencia en el trabajo urbano, presentamos un ejemplo, aunque aislado, ilimitado, al presente fuera de contexto, que puede ayudar a comprender nuestra idea.

Para el Día de la Madre (10 de mayo) la organización planteaba una campaña que convertía el hecho cotidiano (que aunque social, es vivido en la intimidad familiar) en un hecho público, en un tema de debate que era analizado y cuestionado en todos los niveles.

Para ello, desde marzo se lanzaba en el periódico del barrio, en los festivales quincenales y por todas las organizaciones existentes, la convocatoria de todos los eventos y concursos con que se «celebraría» la fecha. Así, con un tema definido: «qué significa ser adre en una colonia como la nuestra», se promovían el concurso de pintura infantil, de composición literaria, de poesía, de canciones, de sociodramas, etcétera. Estos concursos recibían mucha aceptación por parte de la comunidad que participaba intensamente.

En los festivales quincenales se iban presentando los participantes en los diferentes géneros (canciones, poesía, etc.) y se iba haciendo la selección de quienes pasarían a siguientes etapas, hasta llegar a la «final».

Simultáneamente, en los diferentes grupos (cooperativas, comunidades de bases, grupos de mujeres, etc.) se iba reflexionando sobre la temática en relación con el papel de la mujer en la sociedad, el significado de ser madre, el consumismo, etcétera.

El periódico del barrio seguía informando y además ofreciendo temas de reflexión. En los festivales, el equipo coordinador informaba comentaba y presentaba audiovisuales, programas especiales, etcétera. Así, al llegar al 10 de mayo (o el domingo más próximo) en una larga jornada se realizaban los finales de los concursos, secciones de pintura al aire libre y por supuesto un gran festival final.

De esta manera, durante dos meses aproximadamente, el equipo lograba tomar un «momento cultural» (que el mismo tiempo el sistema promueve e impulsa haciendo que toda la gente piense, hable y se preocupe por festejar —gastando— a la madre), hasta reconvertirlo en su contenido y orientación a través de la reflexión y comunicación sistemática, en lo que hemos dado llamar una «coyuntura ideológica cultural».

La utilización de la fuerza e impulso que el sistema genera, era también utilizada por el proyecto, haciendo así realidad la teoría del «boomerang», los elementos del contenido eran obviamente críticos al consumismo, a la imagen abnegada y sumisa de la madre, etcétera.

Las formas, sin embargo, intentaban recurrir a las culturalmente aceptadas y gustadas por la comunidad, pero rescatadas y revitalizadas, para ser ordenadas y devueltas sistemáticamente; era la vitalización de la mentira social; los efectos, comprobados y medidos tanto por la entusiasta participación de la población, como por evaluaciones llevadas a cabo en determinados momentos del proceso por equipos externos especializados, nos mostraron el impacto real que en términos de conciencia y actitud, lograba esta forma de enfrentar la lucha ideológica.

Lo mismo sucedía con otras coyunturas, con otros «momentos culturales», o con el tratamiento que se le daba a nivel ideológico, a las propias luchas reivindicativas que la organización promovía y conducía.

En el último capítulo, como ya hemos referido, presentamos una breve sistematización más completa, de dicha experiencia. En síntesis, la fuerza e impacto de nuestros esfuerzos de comunicación/ educación, dependerá de:

1. El manejo integrado de los aspectos comunicativos (y sus instrumentos) con los educativos (y sus métodos y técnicas), haciendo de ambas tareas una sola expresión de la lucha ideológica.

2. La relación que estas tareas tengan con la organización popular, para sí convertirse en acciones e instrumentos al servicio y en poder de las propias organizaciones.

3. El manejo simultáneo y sistemático de todos los niveles (con sus modalidades) de comunicación/educación: interpersonal, grupal, colectivo y masivo.

4. Al también simultáneo y masivo uso de diversos y muy variados instrumentos de comunicación (prensa, teatro, música, títeres, murales, afiches, etc.), pero utilizados en forma integrada —multimedia— en su contenido y forma.

5. El reconocimiento, rescate crítico, vitalización y devolución sistemática de los elementos de la cultura popular (códigos de clase) que se encuentran presentes en la cultura del pueblo.

6. De la capacidad de relacionar contenido y forma de nuestro quehacer con la dinámica de la realidad concreta, las luchas por transformarla, y las formas y momentos como la población vive, interpreta, expresa y actúa esa realidad.

7. En síntesis, dependerá del esfuerzo por comprender y desarrollar verdaderas «alternativas de comunicación-educación» en manos y al servicios de las organizaciones populares y su proyecto histórico de liberación.

Creo que ha quedado suficientemente aclarada la posición que sustenta esta reinterpretación de los aspectos de la comunicación- educación-cultura y organización.

Sin embargo, y con ánimo de precisar ciertos puntos que hemos escuchado como crítica, queremos dejar en claro que no sostenemos ni avalamos ninguna posición basista o espontaneísta; por el contrario, viendo a fondo en el planteamiento, se trataba precisamente de superar estos enfoques, que sin modificar —o si quiera plantearse el problema metodológico— acuden con novedad al encuentro del mundo cultural y comunicativo, desarrollando una práctica «culturalista» y/o «folklorista» que pretende ser revolucionaria porque se acompaña de un lenguaje cargado de contenidos transformadores, pero que nunca logra hacer contacto con la realidad.

Si se piensa —como tanto se sostiene— que la lucha (y sólo la lucha) es la que enseña, se puede caer en una posición «reivindicalista», que aunque muy espectacular y fuertemente verbalizada no deja de ser una expresión táctica y por tanto, en peligro de provocar reacciones desmovilizadoras y de confusión, si no responden a una clara formulación estratégica.

Y no puede haber coherencia y correspondencia entre estrategia y táctica, sin un manejo metodológico correcto.

Porque efectivamente, la práctica enseña y es la verdadera fuente de conocimiento y su criterio de verdad; pero es necesaria una práctica consciente, sistemática y críticamente reflexionada —teorizada— para convertirse en una verdadera praxis que permita aprovechar lo táctico, obteniendo un saldo estratégico (políticoideológico).

Y para ello es —a nuestro juicio— indispensable pensar con un enfoque nuevo superador: el ámbito de lo ideológico.

Así, la insistencia de reconocer lo cotidiano, de vibrar con la sensibilidad popular, de caminar al ritmo —aunque lo impulsemos— del pueblo, de saber dialogar, de atreverse a usar armas del propio enemigo etcétera, buscan justamente establecer una relación dialéctica entre práctica y teoría, entre lucha política y lucha ideológica, entre estrategia y táctica para así, superando todo enfoque basista, espontaneísta y populista, podamos lograr manejar la coyuntura de tal manera que nos ayude a develar la estructura; en pocas palabras desarrollar y fortalecer la conciencia y la organización política de clase, con auténtica identidad cultural y con sentido y ubicación histórica.

Nota final: Carlos Núñez Hurtado es educador popular mexicano. Durante años fue coordinador general de IMDEC, Instituto mexicano de desarrollo comunitario. Presidente de la cátedra Paulo Freire de la Universidad de Guadalajara, es también autor de varios libros.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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