Elementos de la teoría del aprendizaje grupal

Por Equipo de Comunicación del CMMLK

Para comprender los grupos

El grupo conforma una realidad psicosocial compleja

Si adoptamos una terminología proveniente del psicoanálisis podemos dar una imagen de lo que ocurre —desde un punto de vista psicosocial— en la interacción entre personas que llamamos “grupo” (definido como conjunto de personas reunidas en torno a una meta común). El encuentro de personas al interior del grupo conforma una “trama vincular” entre ellas, que se traduce en un conjunto de “mutuas representaciones internas” entre los participantes. La relación cara a cara nos obliga a reconocer la presencia de los otros; al mismo tiempo, nuestra presencia individual no pasa inadvertida para los demás. Este hecho “moviliza internamente” en los sujetos una serie de “fantasías inconscientes” que lo llevan a conformar una imagen fantaseada del grupo en su conjunto y una imagen fantaseada de cada uno de los demás participantes.

A la vez, esta persona va construyendo, fantaseadamente, su propia imagen al interior del grupo. Procesos psicosociales generados por la interacción grupal se desarrollan en esta trama de relaciones vinculares entre los participantes. En estos procesos los sujetos realizan una serie de “transferencias”, una serie de “proyecciones” en el grupo y en los demás, que son necesariamente producto de sus historias personales y de las evocaciones que motiva en él la situación grupal y las imágenes externas del resto de los participantes.

En una primera instancia de conformación grupal todas las mutuas representaciones son fantaseadas por la biografía del conjunto de participantes y por el “aquí y ahora” que actúa como motivador o recordador de dicha historia puesta en acción al interior del grupo.

En una situación grupal los sujetos necesariamente movilizan sus respectivos “mundos internos”, mundo conformado por el conjunto de experiencias de vida que los individuos traen al grupo y que evocan para buscar una representación de la situación grupal. La situación grupal motiva a los sujetos a evocar sus recuerdos, sus vivencias similares anteriores para adquirir seguridad y movimiento en el grupo. Esta presencia de los “mundos” en la realidad grupal se le denomina la “verticalidad” de los sujetos, a la que se le opone el concepto de “horizontalidad” referida al “aquí y ahora” de la trama vincular de los participantes al interior del grupo.

Hemos denominado en este sentido la realidad grupal como una realidad psicosocial compleja. Es decir, por comprometer la verticalidad y la horizontalidad de los participantes y del grupo y dar origen a una entidad que supera a los individuos aisladamente considerados.

Estas representaciones, que el grupo hace de sí mismo —y que ligan los “mundos internos” de los participantes con el “aquí y ahora” grupal— varían y se transforman a lo largo del proceso que sigue el grupo. En este proceso se conforma como grupo en la medida en que se logre transitar del predominio de las “transferencias” y “proyecciones” de cada uno hacia el otro producto de la experiencia anterior, a un real conocimiento surgido de la experiencia común del grupo y frente a la cual los participantes se han abierto.

En un segundo nivel la conformación grupal moviliza en los individuos un conjunto de “ansiedades” provenientes tanto de la experiencia individual pasada como de la interacción grupal. En una primera etapa surgirán prioritariamente de la “verticalidad”, para luego jugarse en la “horizontalidad” de la relación grupal. Se expresan en las esperanzas depositadas en el grupo así como en las frustraciones que se producen en el proceso grupal.

La importancia de considerar estos “factores subjetivos” en el funcionamiento grupal radica en que son los propios del accionar del principal instrumento con que cuentan los grupos para llevar adelante sus metas: las personas. Sólo comprendiendo lo que les ocurre a las personas al formar parte de un grupo, podremos plantearnos seriamente las tareas que esas personas pueden realizar y las mejores formas de hacerlo.

La idea de “constantes” en los procesos grupales

En todo grupo existen procesos comunes, lo que permite que se puedan determinar constantes; si embargo, cada grupo posee características particulares por sus objetivos, composición, etc.; también se pueden determinar algunos procesos que son propios de cualquier grupo y pueden ser investigados en forma sistemática para determinar su validez y aplicabilidad a situaciones grupales muy diferentes.

Esta observación de procesos reiterativos y recurrentes en la “trama vincular” de los grupos da origen a un “marco de referencia” sobre éstos.

Este marco de referencia, en la medida en que lo desarrollemos, puede ser instrumento muy valioso en manos del educador, ya que le entrega claves para “leer” lo que ocurre en un grupo y poder encarar, por lo tanto, de mejor forma su trabajo con él. También puede hacerse intuitivamente, pero la sistematización de los elementos permite facilitar y ordenar esta labor, lo que posibilita guiar con mucha mayor precisión el proceso grupal. Nótese que hablamos de guiar el “proceso grupal” y no el grupo. Se trata de esclarecer con el grupo aquellos elementos que condicionan —positiva o negativamente— la consecución de la tarea que se han propuesto. El rol que le cabe al educador es ir señalando los rasgos de esos procesos grupales e ir capacitando al grupo para reconocer por sí mismo esos elementos. De esta forma se podrán enfrentar aquellas situaciones que dificultan el trabajo del grupo y mejorar el grupo sujeto de una acción determinada.

Constantes en los procesos grupales

Elementos para la evaluación grupal

Los procesos de investigación grupal, que han ido observando los fenómenos grupales en forma sistemática, han ido elaborando pautas de observación que nos permiten actualmente disponer de formas de evaluación. Ellas nos sirven de punto de referencia para interpretar los procesos grupales a partir de la clasificación de modelos de conductas o de las distintas formas de interacción que han llegado a ser sistematizadas.

En primer lugar presentaremos un conjunto de elementos que nos sirven para evaluar el funcionamiento del grupo. Son procesos que, en general, se tienen en todo grupo y cuya conjunción configura una “situación grupal” determinada, su utilidad es ayudar a “medir” el “desarrollo” del grupo y posibilitar el enfrentamiento de problemas específicos.

La teoría de los grupos operativos (Pichon-Riviêre, Bleger), denomina “vectores” a los elementos que permiten la evaluación grupal. Cuando hablamos de “vector” queremos señalar la línea de relación que se produce al interior del grupo entre los distintos participantes y de los participantes con el coordinador. Se usa el concepto de vector, extraído de la geometría, que señala la unión de dos puntos al interior de la circunferencia. Estos vectores no son etapas que se van recorriendo etapas que se superen. Por el contrario, son aspectos recurrentes en los que el grupo avanza, retrocede y asume determinadas características para luego crear interrelaciones nuevas y originales.

AFILIACIÓN E IDENTIFICACIÓN

Se trata de fenómenos que viven los sujetos en los procesos grupales en los que se guarda una determinada distancia con el grupo, sin incluirse totalmente en él.

Por regla general, en los momentos de afiliación se produce el “diálogo de sordos”. Cada participante interviene preocupado de lo que él va a decir, sin escuchar a los demás, salvo en aquellos aspectos que pueden tener relación con su apreciación al interior del grupo. Los participantes se encuentran preocupados por su imagen, por aparecer bien, de una manera tal de ser o llegar a ser aceptado por el grupo.

El conjunto de personas reunidas constituye una ocasión para mostrarse; en la medida que son personas desconocidas entre sí, todos estos momentos son de gran ansiedad, de mucho miedo a ser rechazado, miedo a hacer el ridículo, de mucha fantasía de que a los demás no les está pasando lo mismo que a uno, etcétera.

En función de los esquemas de aprendizaje anteriores, el coordinador del grupo se nos presenta como protector o amenazante, como autoridad que debe dirimir la aceptación o rechazo personal. Esto se puede reconocer en el hecho de que los participantes se dirigen al coordinador más frecuentemente que hablarse entre sí. Pareciera que el único que importa que escuche es el coordinador.

Se puede interpretar por la presencia de esquemas internalizados del aprendizaje escolar cuando la única relación susceptible de ser valorada era la del profesor-alumno.

Los sujetos activan sus esquemas de aprendizaje internalizados con anterioridad y tratan de actuar consecuentemente con ellos en los momentos de afiliación.

En la medida que el sujeto no cambie ese esquema y se adecue a las nuevas normas grupales, el proceso de afiliación puede tender a prolongarse. Para que ello ocurra, es necesario que el grupo establezca formas de reconocimiento y afiliación (no siempre explícitas) que permitan al participante no estar siempre luchando por su identidad, sino ponerse en función del “nosotros”, de la tarea común.

PERTENENCIA

Una vez que se ha desarrollado el primer proceso, puede decirse que los sujetos pasan a sentirse “parte” del grupo, hay un sentimiento de pertenencia logrado. Esto se hace notar con bastante claridad, cuando ya los participantes dejan de usar el “Uds.” para dirigirse al grupo, y el “yo” para sí mismo.

Emplean con naturalidad el “nosotros” o no emplean pronombres para aportar una idea. Hay un sentimiento de integración, menor tensión y por lo tanto, mayor confianza para aceptar lo que puede hacerse en común. Ello permite al grupo elaborar formas de trabajo común para abordar una tarea.

Se pueden diseñar estrategias, lograr acuerdos, asignar tareas, etcétera.

La pertenencia hace posible, en definitiva, la planificación. Antes de lograrla, cada uno está defendiendo lo suyo.

PERTINENCIA

Aquí se trata de medir hasta qué punto las acciones, opiniones, aportes, etcétera, de cada uno son “pertinentes” a la tarea grupal; es decir, en cuánto apoyan al grupo en la consecución o esclarecimiento de la tarea a realizar. Es necesario determinar la proporción del esfuerzo grupal que no ha sido “pertinente” para evaluar la productividad del grupo. Lo que es o no pertinente varía de acuerdo con las fases por las que atraviesa el grupo.

CLIMA O DISTANCIA GRUPAL

Este aspecto, esencialmente afectivo, se refiere a la disposición negativa o positiva a trabajar con un miembro del grupo. Esto configura el clima, la “situación” de grupo. Condiciona enormemente la productividad grupal y requiere ser explicitado como aspecto para darle un tratamiento grupal.

De otra manera igual afecta, pero bajo formas implícitas: gente que se corre, silencios incómodos, escasa participación, etcétera. Éstos y otros elementos (como los procesos de cooperación, comunicación y aprendizaje) condicionan como conjunto, unificadamente, una situación de aprendizaje. Desde este punto de vista, dicha situación puede ser considerada como “frente al cambio”. Si se logra una actitud positiva frente al cambio que para cada uno implica actuar en grupo, estaremos posibilitando un real aprendizaje.

La actitud frente al cambio demuestra capacidad o incapacidad de superar estereotipos, de rotar roles dentro del grupo, de abordar situaciones similares recurriendo a nuevos recursos y formas de acción. Por ello destacaremos ahora tres procesos especialmente relevantes que puede decirse ocurren en todo grupo: el juego de roles, la resistencia al cambio y los momentos grupales. Los referidos procesos dependen en cierta manera, de la evolución que vayan teniendo los elementos antes señalados.

Roles al interior del grupo

La dinámica grupal consiste en un juego de asunción y adjudicación de roles, los cuales son asignados por el grupo a una persona que los asume. Se manifiesta una dinámica del individuo que con sus características e historia busca asumir en un determinado momento, cierto rol.

Para estos efectos, podemos entender por rol la ubicación que un individuo ocupa en la trama de relaciones producidas al interior de un grupo. Lo característico de un rol es complementarse entre sí. Los roles no son posturas que se den en forma aislada. Por el contrario, el rol se define por la relación que un individuo establece con los demás participantes de un grupo.

Cada rol al interior de un grupo constituye un portavoz, una especie de representante del conjunto grupal. Así por ejemplo, cuando una persona interviene en el grupo está hablando “a nombre” del grupo que ha motivado dicha intervención. En el grupo un rol es ocupado por la conjunción de la verticalidad del individuo y la horizontalidad del propio grupo. En un grupo un miembro, por regla general, habla por todos.

Podemos ejemplificar con dos de los roles más comunes el de líder y el de chivo expiatorio. El líder es aquél que ocupa una persona como unificador del grupo, representante del sentir o del pensar grupal en cierto momento del desarrollo grupal. Entre los líderes podemos distinguir el líder afectivo que representa el sentir grupal; el líder de la tarea, la pertinencia; el líder saboteador, la impertinencia, el prolongador de la pretarea, el representante de la resistencia al cambio, etcétera.

Complementario al rol de líder se encuentra el rol de chivo expiatorio. Se trata de aquél en el que el grupo deposita todas sus ansiedades, temores y frustraciones. Es el depositario de la “transferencia” negativa. En el rol de chivo expiatorio se manifiestan los mecanismos de segregación grupal.

Este rol surge como complementario del liderazgo mediante el cual el grupo procura preservarlo de la contaminación negativa que ésta pueda tener. Se trata de un proceso de disociación entre lo positivo que puede estar en el líder y lo negativo que puede reconocerse en el conjunto del grupo.

Además de estos roles podemos encontrar muchos otros directamente ligados a las características especiales de los participantes. Lo importante a tener en cuenta es la fijación de los roles en una misma persona y a la influencia que tiene en un determinado rol la horizontalidad grupal y la verticalidad de sus miembros. En la fijación o “esterotipia” de los roles se manifiesta la resistencia al cambio.

Resistencia al cambio

El aprendizaje grupal supone la comprensión de las pautas sociales de conductas internalizadas que generan y organizan las formas observables de interacción. En la medida que estas pautas son recogidas como propias estamos en condiciones de modificar y asumir pautas nuevas y distintas a las habituales de cada uno. Cuando esta comprensión no se produce, ni se objetiva para ser analizada críticamente, estamos en presencia de una postura de resistencia al cambio.

En un grupo podemos reconocer una situación como ésta en “la pauta “estereotipada” de conducta resultante de un estancamiento en el proceso de aprendizaje de la realidad y de deterioro de la comunicación; se viciaría el abordaje del objeto de conocimiento y situación de tarea.

La resistencia al cambio nos está revelando los mecanismos de defensa de los individuos y el encerramiento en su mundo interno. El miedo a la pérdida —a lo conocido— y el miedo a lo desconocido —el miedo al ataque— impiden la desarticulación.

El aprendizaje supone cierto grado de desarticulación para una posterior articulación renovada. La huida de esta situación de cambio la denominamos resistencia al cambio.

Por supuesto, el proceso de cambio, de superación no debe ser entendido como lineal. Consideramos el aprendizaje como espiral, con avances y retrocesos sin volver nunca al punto inicial. La historia grupal se incorpora paulatinamente al proceso de crecimiento de cada uno de los participantes.

Con esto queremos decir también que el cambio de actitud es un cambio que no surge de una linealidad, es fruto de una acumulación de experiencia y de saltos o rupturas de cada uno de los miembros y en el grupo en su conjunto.

Momentos en los grupos

En el proceso de un grupo podemos distinguir la apertura, el desarrollo y el cierre. En el primer momento se conforma el grupo viviendo intensamente los procesos de afiliación y pertenencia. En el desarrollo se vive la conformación y puesta en práctica de un proyecto grupal. En el cierre el grupo comienza a vivir el duelo de su separación al término.

En las sesiones de trabajo podemos distinguir la pretarea, la tarea y el proyecto. La pretarea es el momento en que el grupo da vueltas alrededor del trabajo, de lo que corresponde hacer. En este momento se ponen en juego técnicas defensivas del grupo movilizadas por la resistencia al cambio y destinadas a postergar la elaboración de ansiedades que funcionan como obstáculo. Por una parte se quiere empezar, pero se tiene miedo de no poder abordar la tarea con el éxito y la productividad que se desea.

La tarea consiste, precisamente, en la realización del trabajo que ha convocado al grupo. Es en ese momento que se aborda el objeto de trabajo a través de una elaboración que implica una ruptura de la “pauta estereotipada”, que funciona como estancamiento del aprendizaje y deterioro de la comunicación.

El proyecto surge cuando se ha logrado una pertinencia de los miembros y el grupo ha podido concretar una planificación para abordar la tarea.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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