Comunicación, desarrollo y cambio social

Por Rafael Obregón

Introducción

La comunicación y desarrollo es una disciplina joven pero a la vez cargada de transformaciones profundas en su definición, estudio y aplicación. Para quienes empiezan a explorar la relación comunicación y desarrollo es fundamental comprender sus antecedentes y evolución conceptual, conocer las críticas, aciertos y avances, y explorar las más recientes tendencias y debates. De este modo, se puede contar con elementos básicos para el análisis de esta disciplina y de sus procesos aplicados e investigativos anclados en las dinámicas que caracterizan la estrecha relación comunicación-desarrollo.

El desarrollo no es un elemento exclusivo de las políticas, las economías, o la modernidad. El desarrollo es propio a todas las acciones internas y externas que los humanos emprenden cotidianamente con el objeto de alcanzar un estándar de vida que satisfaga sus ideales de existencia. Diversos autores difieren en sus respuestas y acciones ante los cuestionamientos que plantea el desarrollo: “¿En qué consiste el desarrollo y cuáles son las metas a conseguir?; ¿Qué variables son las estratégicas para alcanzar los objetivos del desarrollo?; ¿Qué obstáculos de la realidad socioeconómica hay que afrontar y qué políticas son las más adecuadas para superarlos?”.

La comunicación cobra importancia en tanto que genera espacios y escenarios para que los cuestionamientos anteriores se masifiquen, se apropien y alcancen. La comunicación contribuye a la reflexión sobre lo que las comunidades o sociedades creen qué es el desarrollo, facilita entornos para que se determinen las metas y estrategias, permite analizar las realidades de los pueblos y establecer políticas a seguir, y se convierte en una herramienta clave para promover procesos de cambio a nivel político, social, comunitario e individual.

El presente texto es una breve guía sobre la comunicación y el desarrollo. Aborda el contexto en que surge, los paradigmas, modelos y estrategias dominantes y las críticas que se han formulado, y algunos referentes sobre los retos y desafíos de la comunicación y desarrollo, en particular desde la perspectiva de comunicación para el cambio social.

El lector encontrará enlaces vinculados al portal de la Iniciativa de Comunicación para América Latina, uno de los recursos online de libre acceso más completo. Estos enlaces le llevarán a otras lecturas y recursos, que se recomiendan para ampliar la información y profundizar en los temas que aquí se abordan en forma breve.La comunicación surge como una disciplina (materia de estudio) desde principios del siglo XX orientada y analizada por investigadores provenientes de la sociología, la piscología, la política, la semiología, y la filosofía entre otras. Como parte de las ciencias sociales, la comunicación social se desarrolla en dos grandes campos: la comunicación pública y la comunicación interpersonal. La comunicación para el desarrollo se enmarca en la esfera de la comunicación pública al mirar la relación de la sociedad, la comunidad y los individuos con el desarrollo.

El papel de la comunicación en los procesos de desarrollo se ha enmarcado en los siguientes paradigmas:

– Paradigma dominante (difusionista/modernista)

– Paradigma de la dependencia

– Paradigma alternativo (participativo)

Paradigma dominante

La comunicación y desarrollo como campo de estudio se remonta a finales de los años 1940s, al finalizar la II Guerra Mundial y como resultado del éxito alcanzado por el denominado Plan Marshall liderado por los Estados Unidos en el proceso de reconstrucción económica de Europa. El surgimiento de dos grandes bloques ideológicos, uno liderado por los Estados Unidos y el otro por la Unión Soviética, condujo a una carrera por la “conquista” de los países que hacían parte del denominado Tercer Mundo. Al mismo tiempo, en África y en algunas regiones de Asia se generaban procesos de liberación y emancipación de muchos países aun instituidos como colonias, mientras en América Latina emergían procesos revolucionarios frente a la larga dominación de dictaduras civiles y militares.

Durante ese período los Estados Unidos alcanzaron grandes avances a nivel industrial y tecnológico que le permitieron utilizar ideas, herramientas y productos para posicionar la tecnología y su diseminación como una innovación salvadora y modelo digno de exportar al mundo menos desarrollado. La máxima expresión de este pensamiento se encuentra en la obra Las Etapas del Crecimiento Económico de William Rostow. Urrea (2002) señala:

(…) los economistas tuvieron que desarrollar un enfoque para analizar el proceso de crecimiento económico en sociedades que eran mayormente agrarias, caracterizadas por casi una ausencia de estructuras económicas “modernas”. La cultura se consideraba el obstáculo que impedía adoptar actitudes y conductas modernas. Por consiguiente, la meta era inculcar información y valores modernos -mediante la alfabetización, la educación y la tecnología de medios- y fomentar la adopción de innovaciones y cultura originadas en el mundo desarrollado (Black, 1999). La doctrina del historiador económico, Walt W. Rostow, fue una de las más influyentes. Según la doctrina de Rostow, todos los países pasaban por las mismas etapas históricas de desarrollo económico y los actuales países subdesarrollados se encontraban, simplemente, en una etapa anterior de este progreso histórico lineal (Gardner & Lewis, 1996). La teoría de las etapas lineales fracasó, porque suponía que existían las mismas actitudes y arreglos en las naciones subdesarrolladas. (par. 7 y 8)

En este paradigma el desarrollo es entendido como el crecimiento de la producción y el comercio, lo cual requiere de tecnología que permita alcanzar niveles de masificación y consumo óptimos. Simultáneamente, durante los años 1950s, 60s y 70s se impone por parte de los países líderes una visión paternalista orientada a eliminar la brecha existente entre países ricos y pobres, una de cuyas estrategia básicas era el incremento de los ingresos de las familias rurales de los países empobrecidos. La Alianza para el Progreso en América Latina es un ejemplo de programas influenciados por esta perspectiva. Conocido también como el modelo de modernización o difusionista, se caracterizaba por asumir el desarrollo como un proceso deseable, necesario y homogenizador en el que los modelos a seguir eran los de occidente (Estados Unidos y Europa Occidental).

El papel de la comunicación en este paradigma se orienta entonces a promover procesos de cambio a través de la introducción de innovaciones en un sistema social haciendo uso de los medios de comunicación masiva y de la influencia que podían ejercer los líderes de opinión en personas y comunidades. Como lo plantea el modelo de dos pasos (two-step flow), la innovación se promueve a través de:

– Los medios a los lideres de la opinión.

– Lo lideres de opinión a la comunidad/individuos.

En efecto, para alcanzar la modernización se partía de la necesidad de eliminar el déficit de información que impedía el desarrollo, déficit que según las teorías económicas no existía en los países desarrollados. Debido a que los modelos de desarrollo de los países del primer mundo representaban el camino a seguir a nivel mundial, los medios de comunicación se utilizaron para transmitir y diseminar los valores de la modernidad, y promover el uso de nuevas tecnologías y la adopción de innovaciones. Daniel Lerner, uno de los mayores impulsores de este modelo, argumentaba que la exposición a los medios; la urbanización; la alfabetización; el ingreso per cápita; y la participación política constituían las variables más importantes del desarrollo.

Una de las teorías más influyentes fue la Difusión de Innovaciones de Everett Rogers. Su perspectiva difusionista de la comunicación recibió posteriormente duras críticas, pues se le acusaba de ignorar el contexto socio-cultural en que se aplicaba. Rogers reconoció las críticas observando que la comunicación, más que transmisión de información, era un proceso y hacia mediados de los años 1970s la define como un “proceso a través del cual los participantes crean y comparten información entre sí con el propósito de alcanzar un entendimiento mutuo”. (par. 8)

El mercadeo social, los primeros esfuerzos de educación sanitaria y promoción de la salud, y el edu-entretenimiento son enfoques que se implementan como parte de este paradigma, impulsados por agencias de cooperación multilateral y bilateral. Una buena ilustración sobre estos enfoques la plantea Waisbord, S. (2001) en Family Tree of Theories, Methodologies and Strategies in Development Communication: Convergences and Differences (link). Waisbord los define de la siguiente manera:

Mercadeo social: Hace uso de técnicas de mercadeo con el fin de promover productos y prácticas de beneficio social a través del suministro de información que contribuya a incrementar la demanda.

Promoción de la salud y educación en salud: Enfatiza los cambios de comportamiento individual (consumo de tabaco, dietas altas en grasa). Con el paso del tiempo, la promoción de la salud se redefinió como un proceso que va más allá de la transmisión de información sobre salud a los individuos, e incluye la promoción de políticas públicas y la movilización social (par. 5).

Edu-entretenimiento: Hace uso de los medios masivos para promover cambios de comportamiento a nivel individual y comunitario a través de la diseminación de información. Apoyada en la teoría de aprendizaje social de Albert Bandura, la premisa de la estrategia es que los individuos aprenden comportamientos como resultado de la observación de roles y modelos. La auto-eficacia, la percepción que un individuo tiene sobre su capacidad de asumir un comportamiento, surge como un concepto clave. Waisbord cita varios ejemplos exitosos, así como los retos que la estrategia enfrenta (par. 6).

Críticas al paradigma

Las críticas al paradigma enfatizaron primariamente su enfoque vertical y la inatención a las dinámicas locales, aspectos también reflejados en las iniciativas y procesos de comunicación privilegiados en su momento. La planeación central, el ignorar las prioridades de los participantes de los programas, y la escasa atención a las múltiples dimensiones socio-culturales y políticas, entre otros factores, condujo a que el cierre de la brecha entre países primer y tercer mundistas no fuera posible, dando pie al surgimiento de paradigma de la dependencia.

Otras críticas formuladas a este paradigma incluyeron:

– Su excesiva naturaleza etnocéntrica

– El atribuir el subdesarrollo primariamente a causas internas

– El desconocimiento de las consecuencias negativas de la modernización

– El fracaso del modelo jerarquizado de comunicación

Desde el punto de vista comunicativo, la exposición a los medios perdió fuerza como indicador confiable del desarrollo. La comunicación se había convertido en una herramienta clave para promover las ideas desarrollistas e introducir un conjunto de innovaciones en aéreas diversas como la salud, la agricultura, y la educación. Los medios masivos de comunicación se definieron como amplificadores y diseminadores de esas ideas, en línea con las perspectivas que atribuían un gran poder a los medios. Teorías como la difusión de innovaciones subrayaron la diseminación de información y la persuasión de masas y grupos poblacionales como prioridades, desconociendo alternativas comunicativas locales.

Waisbord. S (2001) señala:

inicios de los años 1960s, la comunicación y desarrollo se dividió en dos grandes enfoques: uno que, si bien ha sido revisado, se mantiene alineado con las premisas y metas de las teorías difusionistas y modernistas, y otro que ha apostado por una perspectiva participativa de la comunicación en contraposición a las teorías centradas en la diseminación de información y cambio de comportamiento (p. 30)

Paradigma de la dependencia

Considerado como el segundo gran momento teórico de la historia del desarrollo, la teoría de la dependencia [surge] como crítica de la modernización, no del desarrollo, según la cual el subdesarrollo está causado precisamente por las relaciones de vinculación de los países del tercer mundo con la economía mundial, y lo que hay que cambiar son esas relaciones de vinculación y las relaciones internas de explotación. La teoría de la dependencia cuestionó el desarrollo capitalista pero no el desarrollo, y postuló un desarrollo socialista, o desarrollo con equidad. (Escobar, A. 2003 par. 12.)

Este paradigma aparece como una respuesta al fracaso de la empresa modernista. Alimentado por postulados neo-marxistas, estructuralistas y críticos plantea la necesidad de buscar alternativas de desarrollo que permitan enfrentar las relaciones de desigualdad que dominan las relaciones entre países, que en esencia son la principal causa del subdesarrollo (Par. 6).

Beltrán denomina a esta época el decenio del fuego al señalar que al empezar esa década, una pléyade de bien documentados analistas académicos comenzó a producir en varios países de la región una importante literatura de protesta y de propuesta (…)Denunció al mismo tiempo la dependencia de Latinoamérica de potencias foráneas y la dominación interna de las mayorías empobrecidas por la minorías enriquecidas, tanto en términos de la comunicación como en los del desarrollo (par. 39).

Durante este período aflora un despertar académico y uno social que promovieron soluciones integrales y necesidades de cambios. Por ejemplo, Beltrán señala la necesidad de formular políticas nacionales de comunicación. En medio de las contribuciones que sobre el tema realizaron varios académicos internacionales, el debate suscitado llegó a mediados de los años 70 a la Unesco y como resultado de ello se crea la Comisión McBride, que presentó en 1980 su informe final a la Asamblea General de dicho organismo. A pesar de su naturaleza necesariamente conciliatoria por haber sido obtenida por consenso apaciguador, este trascendental documento acogió en gran parte el pensamiento renovador y justiciero de la comunicación como herramienta de democracia. Pero, lamentablemente, el impulso transformador de los países no alineados no lograría pasar de la enunciación a la acción. La resistencia de los países desarrollados al cambio se probó abrumadora y paralizante. Y así vino a quedar guardado en la nevera del tiempo el sueño del cambio justiciero (par. 44).

En el campo comunicativo se consolidan los Estudios Culturales y ello conduce a reivindicar las prácticas culturales y populares y a plantear nuevas formas de relacionamiento comunicativo. Medina señala que los estudios culturales “se oponen al determinismo economicista, que ve toda cultura e ideología determinada por las condiciones económicas. Reconocen así la libertad del sujeto, la cierta autonomía del mundo espiritual, desafiando la dualidad marxista de la oposición estructura-superestructura (par. 45-46, 2007).

En América Latina, por ejemplo, se dan dos desplazamientos teórico – metodológicos. Uno que pasa del énfasis en el mensaje como estructura ideológica a la recepción crítica, en el que se rescata la posibilidad y capacidad de audiencias y públicos de renegociar significados y sentidos, y otro que pasa de la recepción crítica al consumo, el cual surge como un distanciamiento frente a la perspectiva de análisis anteriores y recupera elementos centrados en la noción de sujeto.

Críticas al paradigma

Este paradigma señala como causal del subdesarrollo factores externos propiciados por los países desarrollados, pero omite factores internos que, en igual o en mayor medida, limitan la implementación de acciones que permitan el surgimiento de las comunidades. En otras palabras, la implementación de un nuevo modelo de desarrollo ajustado a la realidad de los países subdesarrollados implica la realización de cambios estructurales que garanticen equidad, igualdad y democracia en las naciones.

En el plano comunicativo las iniciativas planteadas tampoco generan mayores transformaciones, especialmente aquellas asociadas con el posible equilibrio de los flujos informativos a nivel internacional. Luis Ramiro Beltrán (2002) en su artículo Comunicación para el Desarrollo en Latinoamérica, una evaluación sucinta al cabo de 40 años, expone claramente el resultado de la comunicación a partir del surgimiento del Nuevo Orden Internacional de la Información (NOMIC)

En 1976 el Movimiento de los Países No Alineados proclamó su intención de promover la creación de un Nuevo Orden Informativo Internacional, que se consideraba tan necesario como el Nuevo Orden Económico Internacional ya propuesto. (…) La Comisión Mac Bride, en honor a su neutral secretario general irlandés, trabajó bajo el fuego nutrido de los medios de comunicación. Logró, sin embargo, entregar en 1980 su visionario documento final, una cuidadosa obra de conciliación y equilibrio. Sus propuestas principales, todas favorables a la equidad, la libertad y la democracia en la comunicación a nivel nacional e internacional, se condensaron en una recomendación aprobada por la Conferencia General de la UNESCO, llevada a cabo ese año en Belgrado. Y así finalizó la década, con una sensación de apaciguamiento (par. 58-61).

No obstante, los debates propiciados por los proponentes del paradigma de dependencia condujeron a una reflexión permanente, generalmente de carácter crítico, frente al rol de los medios y la comunicación en los procesos de desarrollo y cambio social. Organizaciones de cooperación técnica internacional como la UNESCO jugaron un papel importante en el avance de dichos debates, proceso que contribuyó a la creación de condiciones que posteriormente dieron lugar al crecimiento y consolidación del modelo alternativo.

Paradigma Alternativo

La transición experimentada en muchos países, especialmente en América Latina, de dictaduras civiles y militares hacia modelos de gobierno democrático y el colapso del modelo soviético, crearon nuevas condiciones geopolíticas a nivel internacional que dieron mayor cabida a procesos de movilización social y a una mayor pluralidad de voces frente a los modelos de desarrollo dominantes. Se observar un desplazamiento de modelos enteramente economicistas a modelos más humanistas y se reafirman los elementos del denominado modelo alternativo (participativo) del desarrollo que enfatiza el involucramiento de los diversos actores sociales, una mayor atención a los niveles locales, y enfoque en las causas estructurales (económicas, políticas, sociales) de la pobreza y el subdesarrollo. Ver Max Neef.

En este paradigma el desarrollo es definido como un “proceso participativo de cambio social con la intención de generar avances sociales y materiales (incluyendo mayor equidad, libertad y otros valores cualitativos) para la mayoría de la gente a través de un mayor control del entorno por parte de las comunidades” (Rogers, 1989). Esta definición, curiosamente proveniente de uno de los impulsores del modelo difusionista, posee un carácter más humanístico y pluralista en el que se busca promover la participación a todos los niveles. Por ello, su énfasis, más que en lo económico, está en lo social, y considera el desarrollo en las necesidades manifiestas sin ignorar las normas, valores y cultura.

En líneas generales se asume que el desarrollo debe:

– estar basado en necesidades locales

– responder a procesos endógenos

– promover la participación a todos los niveles

– promover la autodeterminación

– promover igualdad y acceso

– considerar normas, valores y cultura en forma adecuada

Desde el punto de vista comunicativo, el modelo dialógico y humanizante del educador brasilero Paulo Freire, y las perspectivas culturalistas y críticas de las formas de relacionamiento de las audiencias con sus públicos tiene una gran influencia. La comunicación debe entenderse entonces como un proceso orientado hacia el empoderamiento y la movilización que permita a las comunidades y grupos locales no solo definir su modelo de desarrollo sino ser partícipes y decisores activos de dicho proceso. Ver link

La comunicación en este paradigma se asume como proceso, por ello el uso de elementos y herramientas de comunicación se orienta a promover espacios para el empoderamiento, decisión, e implementación. El flujo de la comunicación se asume como de doble vía y los roles de los integrantes del proceso comunicativo puede variar haciéndolo mas interactivo. Se ha definido al enfoque participativo como el empleo sistemático de canales y técnicas de comunicación para incrementar la participación de la gente en su propio desarrollo. Alfaro ofrece una mirada contemporánea de la comunicación participativa. Ver link. Ver también Gumucio.

Críticas al paradigma

La mayor crítica formulada al paradigma alternativo es quizá lo que se considera una mirada utópica, o romántica como la denominan algunos autores, a los procesos de desarrollo. Por ejemplo, las referencias al concepto comunidad tienden a desconocer los conflictos y tensiones naturales de los procesos comunitarios. Así mismo, la posibilidad de replicar procesos exitosos a nivel local no siempre es factible en entornos de mayor complejidad y envergadura.

Otra de las críticas al paradigma alternativo se desprende de la diversidad de acepciones que se manejan sobre el término participación y las dificultades para poder desarrollar procesos participativos consecuentes con los postulados del modelo. El concepto participación incluye diversos tipos y niveles, cuya aplicación a menudo conduce a una falsa o limitada participación y, por el contrario, reduce la posibilidad de toma de decisiones. Por otra parte, en ocasiones también se maneja una visión idealista de la participación y se asume que esta es deseada o aceptada en todos los entornos socio-culturales.

Con relación a las perspectivas comunicativas usadas en este modelo generalmente se han orientado a las dificultades relacionadas con los procesos de monitoreo y evaluación que muchas veces no se acomodan a las lógicas de planeación y ejecución de proyectos propuestas por agencias y donantes a nivel internacional.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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