El duelo de las tribus urbanas

Pelea I:

En la esquina azul está la rubia con uñas de acrílico. En la roja, un joven con dreadlos largos y pulóver que reza: “No pises la hierba, fúmala”. Suena la campana y empieza el combate. La primera en atacar es la chica; se acerca y con olor fuerte de perfume Givenchy, marea ligeramente a su oponente. Recostado a las cuerdas, el chico saca un cigarro prohibido y lanza una bocanada directamente hacia los labios rojos de su agresora. Ella no está acostumbrada a esa “droga de bajo costo” y para defenderse enciende su celular que suena al ritmo de “Baby, te quiero”. Los oídos del muchacho se estremecen con semejante insulto, saca de su mochila una patineta, al estilo Shidarta, y se la trata de romper en la cabeza… ella, con gran destreza, se agacha ligeramente, evitando el golpe, toma con la mano derecha el “Vía uno” que calza en el pie izquierdo y le suena un taconazo que lo deja sin sentido. El “Friki” cae al suelo sin conocimiento; la rubia pasa sin más dilación a discutir el oro en representación de los “Mikis”.

Pelea II:

“El mulato viene acelera´o”, comentan desde las gradas; sin dudas, es el más joven de los competidores. Su cinto, su blimblín y su gorra NY, de medio lado, llaman mucho la atención. Sube al ring y grita a las multitudes que se arrebatan con su llegada. Al fondo suena un clásico de “Gente de Zona”: “Yo soy el animal”. Su contrincante es más tímido, tiene baja la “hemoglobina” y viene de hacerse una “hemodiálisis”. A todos les sorprende que a pesar de su estado deprimente haya logrado llegar a esta semifinal. El reloj desciende: tres, dos, uno… comienza la pelea. El pequeño repartero arremete contra el tímido oponente y le lanza la cadena que antes colgaba de su cuello. El filo cortante del medallón hiere el brazo de su adversario. El “Emo” no se inmuta, solo lo mira con el único ojo que tiene visible y sufre en silencio. El “Repa” observa el brazo sangrante de su adversario y se le acerca con aires de superioridad. Escupe palabras sin sentido pero con el mismo ritmo musical. A unos cinco centímetros del otro mueve la cintura y comienza una secuencia de “tranques” con los que planea dar el golpe final. El sufrido “Emo” gira levemente su cabeza, el pelo ondea con la frescura de una Shakira tropical y la filosa punta de su bistec (corte de pelo que usan los “Emos”) pica de un tajo el cuello de su oponente. La multitud sorprendida aplaude al vencedor.

Pelea III:

Llega la gran final. Por un lado del ring, sube la rubia “Miki”, que para sorpresa de muchos, no estudia Economía. Por el otro, sube el “Emo”, que viene de ser atendido en la enfermería. Nadie se atreve a pronosticar. Ella tan fina… él tan “Emo”. Comienza el enfrentamiento. La rubia reproduce desde su “Ipod” un tema cursi de discoteca y empieza a moverse a su ritmo por todo el cuadrilátero. El “Emo”, tranquilo, la observa en su ritual. Ella se le acerca, le coquetea con la mirada, toma la mano del “Emo” y la pone encima de su seno; él se ruboriza. La muchacha se aleja unos metros, se pone de espalda y se inclina formando un seductor ángulo de noventa grados que le ofrece a su contrincante una vista espectacular de sus muslos descubiertos y de su sexy minifalda. Entonces la rubia, que ahora calza modernos Converse, toma una de las estrellas de metal que adornan los lados de sus zapatos y la lanza directamente al ojo descubierto. El “Emo”, cegado, camina hacia ella y cuando cree estar lo suficientemente cerca corta sus muñecas en un ademán suicida, lanzando fuertes chorros de sangre hacia el atuendo femenino. “¡SAAANNGREEEE!” – grita la “Miki”, y de un tirón cae al suelo desmayada. El “Emo” vencedor, da unos pasos, alza sus brazos en señal de victoria y cae al suelo desangrado.

 

 

 

 

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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2 respuestas a El duelo de las tribus urbanas

  1. Mabel dijo:

    jajajajaja, buenas peleas. creí q ganaría la muchacha “miki”….

  2. Pingback: Cómo ser miki y no morir en el intento | Letra joven

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