LA COMUNICACIÓN COMO RELACIÓN PARA EL DESARROLLO

Por Rosa María Alfaro Moreno

Cuando hablamos de comunicación, no nos referimos únicamente a los medios, aunque reconocemos que éstos son aparatos culturales, y no sólo tecnológicos, muy importantes y que se articulan a la conformación e intercambio de culturas, a la organización económico social y a la construcción de consensos y disensos políticos en una sociedad. También rescatamos para la comunicación aquellas prácticas sociales de acción e interrelación de los sujetos, especialmente referidos a los movimientos sociales.

Las implicancias de una relación

Queremos destacar que lo comunicativo es para nosotros una dimensión básica de la vida de las relaciones humanas y socioculturales. Es el reconocimiento de la existencia de actores que se relacionan entre sí dinámicamente, a través de medios o no, donde existe un UNO y otro, o varios OTROS, con quienes cada sujeto individual o colectivo establece interacciones objetivas y principalmente subjetivas; es decir que se interpelan intersubjetivamente, lo que ocurre incluso a través hasta de la entrega de una máquina de coser o de un tractor. Les significa algo, les dice sobre sí mismos y los demás, va dibujando su sociabilidad con los demás, pone en juego sus valoraciones. Es decir, lo construye, lo que a la vez permite también construir las relaciones sociales.

Toda acción de desarrollo se sitúa entonces en relaciones intersubjetivas diversas y complejas. Allí, por ejemplo, el hecho de ser donante, intermediario y receptor, supone intersubjetividades específicas que se comprometen, donde cada persona o grupo identifica quién es quién y cómo deben, esperan y se relacionan. Ser pobre puede significar ser menos y la donación significar una reproducción de la subvaloración, a pesar de otros objetivos. Como también una relación de cooperación puede estar generando sentimientos de rechazo o envidia, inclusive sirven para definir nuevos modelos de comportamiento.

No hay entonces hecho concreto de la vida y del desarrollo que no comprometa la subjetividad y la interacción entre varios. Son relaciones que van definiendo las identidades, los modos de incorporarse a los procesos de socialización y a la definición de la vida cotidiana y sus cambios. Los demás y el cómo nos acercamos a ellos, forman parte de nosotros mismos y del sentido de lo que hacemos, sea en la vida diaria concreta como en la implementación de un proyecto de desarrollo. Sin embargo, observamos cómo muchos en muchos proyectos se ha perdido el sentido del Otro, inclusive en las manifestaciones de la cultura política en nuestro país, dando pase y asentamiento a las intolerancias y las fragmentaciones más diversas.

Esta comprensión corresponde a lo que los Mattelart han llamado “retorno al sujeto” al hablar de la nueva visión teórica, “según la cual el proceso de comunicación se construye gracias a la intervención activa de actores sociales muy diversos. La necesidad de identificar al otro tiende a ser reconocida como un problema decisivo”1. El reto es entonces considerar cómo el desarrollo aborda el problema de la subjetividad.

Si consideramos a la comunicación como una relación de interlocución entre sujetos, que influye en ambos, porque los compromete, en relación con su entorno, aceptaremos que las acciones de desarrollo suponen actividades constantes, cambiantes y cotidianas entre sujetos, aunque uno sea más fuerte que el otro. Proponer y realizar acciones de desarrollo apela a la construcción de relaciones subjetivas entre los que participan en ellas, que deben considerarse, aunque éstas sean difíciles de planificar.

Así, no hay sujeto pasivo, no es sólo un simple beneficiario, siempre media una relación activa, adquiriendo sentido la palabra, el cuerpo y las imágenes, desde la que todos hablan y escuchan mutuamente, incluso a través del silencio. Habría que indicar, entonces, qué tipo de rol se le asigna a los destinatarios de los proyectos y qué relaciones posibles hay que promover. Y como toda relación, debemos asumir que ésta puede ser asimétrica. Por ejemplo el que propone un proyecto, ya construye un lugar y un rol frente al que supuestamente recibe utilidades y puede reproducir las mismas desigualdades que se quieran cuestionar. Cada contacto, cada exposición a discursos y quehaceres produce interacción, moviliza al sujeto a seleccionar, interpretar, modificar, valorar, apropiarse y usar lo que interpreta en una perspectiva u otra, sin que sepamos cuál es. La implementación de proyectos va así construyendo a cada participante, sus expectativas y demandas, inclusive sus formas de ser y vivir con los demás. No podemos descansar en formulaciones utópicas lejanas o románticas y ambiguas, sino aceptar y procesar las desigualdades que toda acción de desarrollo pone en actividad.

Y esa relación no sólo define el destino de los proyectos de desarrollo sino que va afianzando modos de ser comunes y el procesamiento de lo que los distingue. Con lo cual podemos afirmar que mediante la comunicación ejercida se van definiendo las homogeneidades y sus disidencias, como también las cercanías y distancias. Cuando se implementa un proyecto, se está entonces contribuyendo a definir entre varios una relación, pero también un sentido del desarrollo, el que puede albergar diversas diferencias. No porque sea una experiencia productiva que beneficie a toda la comunidad, ésta se procesa así. Creemos, que para observar estos procesos, los aportes de la etnometodología son muy aleccionadores2 y podrían aplicarse al momento del diseño y la evaluación.

Estas relaciones comunicativas se van definiendo espontáneamente, llegando inclusive a acostumbrarse a ellas como característica ineludible de la realidad misma. Muchas veces, se establecen continuidades entre situación y propuesta de cambio, cuestionando así su propio sentido transformador. La percepción del proyecto, las expectativas, los modos y los espacios de comunicación que se provocan pueden construir y afianzar sentidos conservadores o relaciones que pueden acabar con la finalidad del proyecto o darle una aparente imagen de implementación fluida que se acaba al día siguiente de la transferencia. Se dio un caso de una comunidad rural que aceptó durante varios años un proyecto con el sentido pragmático de obtener un camión que podía servir para otros objetivos distintos al proyecto y así se hizo. Para nosotros esas relaciones son objetos no sólo de comprensión y análisis, sino de intervención en las mismas.

Identidad y cultura desde la comunicación

Como se deduce de lo ya expuesto, estas relaciones comunicativas comprometen la construcción de la propia identidad, individual y colectiva, porque de ellas las personas y los grupos se enriquecen, reciben, reciclan y usan, modificando las maneras de ser y de relacionarse en el corto o en el largo plazo, según el tipo de dimensión humana y social que comprometa.

Diversos estudios latinoamericanos nos demuestran la profunda asociación que existe entre cultura y comunicación, entre sociedad industrial y cultura de masas, entre identidades que se forman de manera interactuante a través de relaciones personales y colectivas directas, como también a partir de la exposición a los medios masivos. Sin embargo, cuando se habla de políticas culturales o proyectos de desarrollo vinculados a ellas se sigue pensando a la cultura como algo contrario a lo que ocurre en los medios y en las relaciones sociales, como su negación y deformación. Se la percibe como el lugar puro del conocimiento y de la tradición no contaminada.

Sin embargo la cultura de masas existe, cambiante e incorporada subjetivamente dentro de los sujetos, quienes además ayudan a construirla, pues no es exterior a ellos. De su constante circulación en la sociedad se ha ido flexibilizando esa definición de identidades individuales o grupales, las que se edifican a través de múltiples variables y experiencias históricas, hechas de homogeneidades, pero también de diferencias. Aunque en muchos países aún superviven tendencias en las concepciones que establecen disparidades más esenciales: de clase o raza y que conforman un “nosotros” y un “otro” irreconciliables. Sin embargo, podemos encontrar grandes cambios e intercambios, relacionados con los medios de comunicación, como por ejemplo que jóvenes de distinta clase se identifiquen con el rock, o mujeres de varias generaciones con el género romántico, o problemas sociales comunes entre diversas culturas. O que esas identidades diversas sufran mutaciones según el espacio y el hecho que suscite su aparición. Hay quienes afirman que “la incorporación de las masas a la cultura significaría, para bien o para mal, la disolución-superación de las clases sociales3. Como también que los fuertes intercambios vividos han producido procesos de hibridación de las culturas4, lo que ha originado una “reorganización del mercado simbólico”… “por las nuevas interacciones entre lo que hemos llamado hasta ahora culto, popular y masivo”5 y que han producido grandes mezclas de tipo cultural.

Por ello no podemos seguir analizando las identidades de manera fundamentalista y excluyente, se vive con flexibilidad el sentirse de un grupo u otro grupo, de forma intercambiable, como ser mujer o ser joven, o de un barrio, etc. La comunicación está allí instalada no sólo en las interlocuciones establecidas, sino en los cambios de identidad, cuando las situaciones lo ameritan. Y también estas relaciones están definiendo las identidades mutuas, las formas culturales de ser un pueblo o una colectividad.

La tradición se viene mezclando con lógicas modernas de manera irregular, en los ámbitos nacionales como en los transnacionales y desde hace muchos años. Inclusive, se viven procesos de frustración nacional frente a una modernidad accidentada, aunque deseada, la que no ha posibilitado progresos sino más bien atrasos6. Lo cual lleva a diagnosticar la crisis de la modernidad latinoamericana, estudiada por muchos investigadores. Es decir, que en nuestros países hemos pasado de sociedades aristocráticas a postmodernas sin haber pasado necesariamente por una modernidad desarrollada. Mejor dicho hemos tenido un modo particular de vincularnos a ella. Así los sujetos son tradicionales para unas cosas y modernos para otras, racionales en algunos momentos e irracionales en otros, o ambas cosas de manera compleja, sin que podamos comprender con certeza el sentido de estos movimientos culturales que pasan inexorablemente por la producción y el consumo de medios, pero también por la comunicación interpersonal y la institucional. Nuestras formaciones culturales son complejas, no podemos comprenderlas solamente por la falta de nivel educativo, sino por sus peculiaridades, hechas de esas combinaciones entre culturas tradicionales más colectivas, hasta la inserción en el fenómeno transnacional de la imagen.

Uno de los principales fenómenos detectados se refiere al tránsito ocurrido en nuestros pueblos de una cultura básicamente oral a otra audiovisual, sin haber pasado por el libro y la cultura escrita7. Esto es muy importante para la implementación de nuestras propuestas, más articuladas a la modernidad occidental que a las culturas populares de los beneficiarios. Porque “mientras otras sociedades accedieron a la modernidad sobre la base de la palabra escrita y su correlato en la educación universal y obligatoria, en América Latina estamos incorporándonos a ella conjugando imágenes electrónicas con analfabetismo; escuela incompleta y atrasada simultáneamente con una intensa internacionalización del mundo simbólico de masas”8.

Donde ha habido procesos intensos de migración, las mezclas culturales conforman sujetos heterogéneos sometidos y participantes de producciones culturales nuevas, no sólo en las ciudades sino en el propio campo. Los campesinos mismos ya no sólo se dedican al agro, cumplen diversos trabajos, se trasladan de un lugar a otro y reproducen diversas actividades en las suyas propias, acomodándolas y cambiándolas de signo o sentido9. El intercambio intenso y antiguo y la propia crisis ha movido el modo de producirse y los valores que se construyen10. Fue curioso descubrir que los nativos de la región amazónica gustaran de los huaynos de las zonas andinas y que se identificaran no sólo con la música indígena propia sino que manifestaran agrado, alegría y curiosidad por el merengue, la salsa y la balada, sin mayores oposiciones o conflicto, música casi siempre asignada a la ciudad.

El desarrollo es una intervención cultural, aunque el problema atendido sea económico y puntual. Y su identidad es más bien moderna y racional, desde la cual nos relacionamos con las culturas populares. Ser consciente de esta dualidad es un primer paso. Habrá que preguntarse luego, qué tipo de diálogo cultural induciremos, qué reordenamiento de la lógica panificadora debemos promover para que los sujetos del desarrollo se manifiesten cómodamente desde el lugar conquistado o procesado, para que puedan interpelar, ubicar y usar nuestras pretensiones y objetivos. Por ello, es fundamental desmontar nuestra propuesta desde LOS OTROS y redefinir desde ellos nuestras pretensiones. Es decir, elaborar contraproyectos. No sólo nos motiva un respeto por las diferencias, sino posibilitar un verdadero diálogo e intercambio cultural con menos entredichos.

El reconocimiento de las diferencias

Esto supone que entre ese UNO y sus OTROS se establecen diversas operaciones como: percepciones, expectativas, curiosidades, intereses pragmáticos, sentimientos, gratificaciones, devoluciones, negociaciones precisas o más amplias y gratuitas, valoraciones, místicas, etc. Que pueden ser actividades comunes y compartidas o no, pero que de hecho son diferenciales, inclusive puede existir entre ambos algunas o varias desigualdades complejas implícitas en esas interacciones. Mientras que existan vidas individuales e historias específicas, cada ser humano aporta sus especificidades a las identidades sociales y culturales. Lo cual se acrecienta hoy en sociedades tan parceladas como las nuestras. Por ello, no nos agotamos con la repetición de esta formulación comunicativa. Relaciones que pueden ser, entonces, conflictivas o no y de las cuales dependen las conformaciones sociales mismas, como también el destino de cualquier proyecto concreto o de otros cambios sociales más grandes que se quieran implantar. Es decir, conforman y comprometen las estrategias de intervención social y sus posibles éxitos y fracasos.

Lo importante es aceptar que por más cercanía y comprensión que exista entre unos y otros, no se eliminan las diferencias, por más que estas relaciones se den dentro de un grupo muy cohesionado, existen campos de divergencia, lo que se agrava cuando se viven fuertes procesos de individuación y de desorden que producen alteraciones evidentes y más profundas en la conformación de colectivos. Porque la crisis social, es también cultural y política, gestora de constantes cambios e irregulares diferenciaciones. Esto desde un punto de vista más genérico se explica porque cada persona es un universo integrado y coherente consigo mismo, distinto al de los demás, aunque compartan algunos rasgos de la misma identidad; y desde otro más específico, porque la condición comunicativa supone también adoptar una “situación coyuntural”, pero importante, según se sea enunciador-conductor o receptor de la misma, admitiendo que en ambos polos hay actividad de emisión y recepción, de habla y escucha, pero que está inscrita en relaciones que se van gestando, reproduciendo o cambiando.

Queremos así quitarle el tono esencialista con el cual se han venido comprendiendo las relaciones humanas y sociales. La comunicación no es opresora en sí misma, sino que está inscrita en el tipo de relaciones que se asienta o en las que se quiere instituir.

Así proponemos, no establecer simetrías absolutas entre mujeres, entre pobres, entre indígenas, pero tampoco podemos considerar a cada persona como un absoluto. Más bien, se trata de identificar lo que iguala y lo que diferencia, es decir una valoración no de oposición sino de coexistencia entre lo individual y lo colectivo y todas las mediaciones existentes entre uno y otros.

Tampoco podemos ignorar la subjetividad contenida en la diferenciación que los propios sujetos hacen de sí mismos, porque desde el análisis sociológico hemos descubierto sectores sociales varios, comprendidos según la variable utilizada. No por ello podemos deducir que las personas se perciben y sienten parte de ese colectivo. Esto es una enseñanza clave de la comunicación, como disciplina que une perspectivas disciplinarias distintas como la psicológica y lo social. A pesar de los procesos de homogeneización, no se han podio eliminar tanta heterogeneidad que convive y roza constantemente, con riesgo de parcelarse.

Cuando se logran construir relaciones de cercanía, goce, credibilidad y confianza, que no anulan el reconocimiento de las diferencias, se ha logrado una base indispensable para el intercambio educativo. Más aún, esas mismas relaciones ya son expresión del cambio mismo, pues dicen interlocución, discusión y tolerancia, disponibilidad a crecer y desarrollarse. “Demasiados años hemos estado denunciando la heterogeneidad estructural de América Latina como obstáculo al desarrollo, sin considerar que ella podía fomentar una interacción mucho más densa y rica que la homogeneidad anhelada”11. Sin embargo sigue siendo un reto y una dificultad esa interacción, por problemas socioculturales y políticos que se expresan también en los comunicativos.

Porque la comunicación hace posible entonces que dialoguen las

heterogeneidades personales, sociales, y culturales, allí donde ella existe es posible articular, fomentar, mediar y por lo tanto integrar sin eliminar las diferencias, cuestionando la desigualdad y el aislamiento. Porque en nuestros países está profundamente asociada diferencia con desigualdad y no podemos desarrollar si no construimos nuevas relaciones de respeto y pluralidad. Los proyectos tienen que dar cuenta, permitir que se expresen y atender a esos múltiples sujetos y sus identidades. No podemos unirlas bajo una denominación falsamente homogeneizadora, sino garantizar el ejercicio de la autoestima y el diálogo.

Organización social y poder intersubjetivo

En consecuencia, las interlocuciones y las relaciones conllevan una

conformación de poder implícita o explícita, parcial o más estable. Por ejemplo, en una misma comunidad indígena puede haber una emisora radial que coloca a los locutores, también indígenas, en una situación de diferencia momentánea a partir de dónde se ubican en el proceso comunicativo, pero ésta puede ir ya enmarcada o va acentuando poderes específicos, que no podemos ignorar, fenómenos que también puede extenderse a una propuesta productiva. Considerar a los indígenas como una homogeneidad absoluta y democrática es un error, porque dentro de ella se procesan muchas identidades colectivas, hasta llegar a la individual y familiar, la que está entramada en relaciones de poder que son también intersubjetivas porque involucran a quienes lo detentan y a quienes lo aceptan. La propia implementación del proyecto y las situaciones que se provoquen en él pueden gestar nuevos liderazgos que debemos saber prever, ubicar o transformar.

Por ello, el modo cómo las relaciones se van estructurando depende de otras preexistentes antes de inicio del contacto. Es decir, se asientan en “pre-relaciones” de clase, género, etnia o raza, nivel educativo, generación, religión, estrato político, ocupación social u otra identidad específica que marque la existencia de igualdades o diferencias, quitándoles el tono esencialista. Muchos proyectos cuando se diseñan no toman en cuenta, no sólo este aspecto relacional y subjetivo que tratamos de subrayar, sino que no consideran lo preexistente, que también debe convertirse en objeto de intervención y desarrollo.

Pero, estas relaciones de poder hoy las comprendemos de una manera distinta. “Está en primer lugar el concepto de hegemonía elaborado por Gramsci, haciendo posible pensar el proceso de dominación social ya no como imposición desde un exterior y sin sujetos, sino como un proceso en el que una clase hegemoniza en la medida en que representa intereses que también reconocen de alguna manera como suyos las clases subalternas”12. Es decir supone complicidades y no niega tampoco las resistencias que pueda albergar. Y que para existir un poder, éste supone relaciones que se ejercitan dentro de la vida cotidiana de los sujetos la que muchas veces es cambiada por la intervención del desarrollo y otras veces no lo es. Si bien los poderes locales, nacionales y transnacionales tienen mucho de los dominados en sí mismos y viceversa, los proyectos de educación política tendrán que enfrentarse a problemas de cultura política intersubjetiva, profundamente arraigados.

Encontramos ciertas conexiones entre distintos ámbitos de ejercicio del poder. Por ejemplo, las relaciones autoritarias del Estado se pueden encontrar también presentes o reproducidas, cuando un grupo está a cargo de un proyecto productivo o de un programa radial, en aquellos que no se toma en cuenta a los demás, más bien se impone o fuerza a hacer algo a partir de sí mismos, como modelo. Toda acción de desarrollo debe preguntarse no sólo qué relaciones está promoviendo, entre quiénes y cómo, sino a la formación de qué poderes está contribuyendo y cómo estos ejercitan, en relación al autoritarismo global o no. Observamos, por ejemplo cómo muchas mujeres enriquecidas humanamente por procesos organizativos apoyados por proyectos, reproducen el autoritarismo que cuestionan en otros, no porque quieran hacerlos, sino porque no saben cómo modificarlo de manera concreta. Aprender a ser democrático es toda una tarea cultural que requiere ser trabajada finamente, porque los discursos y las valoraciones pueden ser abstractas e insuficientes.

Y frente a esta tendencia de parcelación social, a la existencia de redes débiles de articulación y la desestructuración y desengaño consensual sobre la política, los medios han venido ocupando una centralidad que tiende a ocupar y reemplazar estas ausencias. Frente a ello, la comunicación para el desarrollo, no puede colaborar con este proceso de dispersión social y política, más bien debe resituar el sentido de su presencia en lo masivo , donde más bien se promuevan los diálogos sociales, la creación de consensos y disensos conocidos y el cambio de lo político , para exigirle y proponerle un nuevo lugar, sin usurparlo. Lo cual supone trascender la bipolaridad centro-beneficiario, hacia otros intercambios.

La importancia del espacio y el momento

La comunicación no depende sólo de la voluntad y la características socioculturales y psicológicas de los actores sino de los contextos en que se encuentran. Queremos introducir, en ese mismo sentido, dos conceptos que permiten identificar con más precisión esta mutua imbricación entre texto y contexto, entre sujetos y realidad comunicativa. La de “espacio de comunicación”: no como lugar físico donde los sujetos están, aunque lo incluye, sino al sitio simbólico donde se producen las interlocuciones y que contienen ya tipos de situaciones, relaciones y valoraciones. No es lo mismo, por ejemplo, realizar un taller de capacitación en la casa de una señora de base, que de una dirigente, que en un local comunal o en un hotel porque el lugar físico ya contiene énfasis y atmósferas diferentes. Lo cual también tiene que ver con el “momento comunicativo” también simbólico, porque no es igual realizar una experiencia productiva en momentos de violencia que de paz, de crisis o de progreso económico, enmarca comunicaciones diferenciales.

Así, una propuesta de cambio cultural se ejercita en largos períodos de trabajo, mientras que cuando existe una emergencia determinada es posible transformar prácticas o hábitos más rápidamente porque está por medio la experiencia fuerte de la sobrevivencia o la muerte, que coloca subjetivamente a las personas en otra actitud de escuchar y mejorar. Entonces, la intercomunicación depende de las relaciones preexistentes, pero también de esos espacios y los momentos ideológicos y políticos que vive cada país y que marcan diferencias, a veces insospechadas.

 

Lo educativo en la comunicación

Al existir influencias mutuas, construcciones colectivas, las interlocuciones se convierten en educativas en varios sentidos. Los propios sistemas de mediación son útiles para reconocerse y conocer a otros, para provocar procesos de aprendizaje, para dialogar con sus contrarios o con los simplemente diferentes. No ha educación posible sin comunicación, la que posibilita significativas interacciones de enseñanzas y aprendizajes.

La educación popular, especialmente sustentada por Paulo Freire, aportó la idea de la conciencia crítica como mecanismo metodológico del cambio educativo. Pero dos concepciones subyacentes son allí cuestionables. El énfasis excesivo puesto en un proceso educativo racionalizante y centrado en el habla, sin comprometer las subjetividades y los complejos modos de relacionarse con la realidad de los diversos sujetos culturales, incluyendo las complicidades y las compensaciones que cada persona requiere. Muchas veces, la actitud crítica abordada ponía en cuestión mecanismos de defensa y supervivencia de las cuales la población se nutría para resistir las crisis. Por ello, muchas propuestas de lectura crítica no han tenido aceptación en la población más necesitada.

En segundo lugar, está aquella simplificación o malentendido, por el cual se apostaba al poder de cambio que surgía del conocimiento de la propia realidad, porque no se la conocía, como mecanismo liberador de por sí. Lo cual significó una producción comunicativa hiperrealista y cruda, que ha provocado tantos rechazos. Es decir, una noción comunicativa conectada con la educación donde el medio asumía la función de espejo transformador, desde una perspectiva negativa del proceso educativo.

Hoy podemos afirmar que los sujetos sí conocen su realidad y de manera vital y la relación con los otros más educativa pasa más bien por la acción concreta y las transformaciones intersubjetivas y por lo tanto culturales y valorativas, en gran unidad simbólica. “Una de nuestras dificultades es el no haber preguntado a los actores qué es lo que conocen de lo que les ocurre, cómo dan cuenta de lo que les pasa a ellos y la sociedad, y por tanto haber tendido a sustituir modelos de actor y modelos de acción por los actores y la acción concreta”13. Utilidad y placer para la vida cotidiana y la relación entre sujetos son las nuevas claves del aporte del consumidor a la comunicación para el desarrollo, en su signo más positivo, según investigaciones empíricas realizadas. Es decir, que el desarrollo, sí se conecta a estas dinámicas sin frivolizarlas, tiene más capacidad educativa y de cambio que el retrato racionalizado de una realidad deprimente, oscura y sin salidas.

Caben señalar las nuevas propuestas educativas que se están aportando en el campo de la relación entre consumidores y medios, utilizando para ello como agentes activos a instituciones y profesionales de la escuela, las ONGds y las propias familias. En unos casos, como en CENECA de Chile se aporta con reflexiones y metodologías para la recepción; y en otros se apuesta a comprometer a profesores y padres en esta tarea de relacionar más positivamente con los medios con una intención educativa. Asimismo, se empiezan a diseñar estrategias de organización de los consumidores para que tengan un papel activo, generando procesos educativos14.

En todo lo dicho anteriormente, nos hemos referido a dos aplicaciones distintas de la comunicación, aquella ubicada dentro de cualquier proyecto de desarrollo, intrínseca a ellos mismos; y la presente en los proyectos propiamente comunicativos. En ambos casos puede estar involucrada la interlocución directa y aquella donde los medios están presentes y que llamamos “mediada”. La primera se encuentra involucrada en otros objetivos, actividades y estrategias. La segunda, lo comunicativo es medio y fin.

En todos los casos, por lo tanto, cada proyecto de desarrollo debe contener una estrategia comunicativa precisa que defina las relaciones a construir, los métodos, sus etapas, sus posibles conflictos y soluciones, sustentados en diagnósticos no sólo sociales, sino también comunicativos, abordando la intersubjetividad.

 

 

 

Notas.

1 MATTELART, Armand y Michèle. “Pensar sobre los medios”. Editorial DEI. Costa Rica. 1988. Pág. 92

2 WOLF, Mauro. “Sociologías de la vida cotidiana”. Cátedra. Colección Teorema. Madrid, 1988.

3 Lo dice MARTÍN BARBERO Jesús, al hablar de las curiosas coincidencias entre adversarios teóricos norteamericanos y europeos de los siglos XIX y XX, en “De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía”, Gustavo Gili, México, 1987.

4 GARCÍA CANCLINI, Néstor. “Culturas híbridas: estrategia para entrar y salir de la modernidad”. Grijalbo, México 1989.

5 GARCÍA CANCLINI, Néstor. “La experiencias mexicana”. Gaceta n.4: Ciudades. Colcultura. Bogotá, 1989, pág. 45.

6 GARCÍA CANCLINI, Néstor “Una modernidad que atrasa” y ALFARO MORENO, Rosa María. “De las culturas populares a las transformaciones políticas”. Ponencias presentadas en mayo (3-5) del 93 al Encuentro Interamericano de Estudios Culturales, realizado en México.

7 MARTÍN BARBERO, Jesús. En “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”, ponencia presentada al Encuentro Interamericano ya citado.

8 BRUNNER, José Joaquín. “Medios, modernidad y cultura” en “Las culturas en América Latina: una reflexión plural”, ponencia presentada en el Encuentro Interamericano ya citado.

9 Como lo demuestran las investigaciones realizadas a radio Cultivalú y La Voz de La Selva, en el estudio de vida cotidiana, ver informes inéditos.

10 ALFARO MORENO, Rosa María. “Políticas pesadas para medios livianos de comunicación:desorganización de la cultura política y comportamiento electoral”. Boletín ILLA nº 10. Lima 1991. Y en Cuadernos de Investigación Nº 4: “Opinión política desde el sentido común. Cuatro estudios sobreCultura política en el Perú de los 90”. Mimeo. Calandria, Lima, 1992.

11 LECHNER, Norberto. “Los patios interiores de la democracia”. FLACSO. Santiago de Chile. 1988, pág. 175.

12 MARTÍN BARBERO, Jesús. “De los medios…” obra citada, pág. 84-85.

13 GARCÍA, Jesús Luis. “Los comunicólogos: de intermediarios a mediadores” en “La comunicacióndesde las prácticas sociales”, Universidad Iberoamericana, Cuadernos de Comunicación y prácticas sociales, México, 1990, pág. 62.

14 Ver los trabajos de María Elena Hermosilla y Valerio Fuenzalida, como: “El televidente activo,manual para la recepción activa de TV” CPU, Chile, 1991. O los textos de Mercedes Charles y Guillermo Orozco como: “Educación para los medios, una propuesta integral para maestros, padres y niños”, UNESCO-ILCE, México, 1992. entre muchos otros trabajos de ambos países.

Anuncios

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en Textos académicos y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s