La desmitificación de la teoría evolutiva

“Hagamos el amor en una cueva,
pintando un corazón en la pared,
pa´ qué la geología se revuelva,
cuando pasen mil de años de Internet”.

Tony Ávila

El hombre despierta en la cueva. Le da un beso a su mujer y se va, garrote en mano, a luchar la cena. Camina por la pradera y disfruta del aire fresco. Pasa por cuevas vecinas y se pone a conversar con sus amigos sobre el clima, el bosque y los misterios del fuego.

A media mañana se agrupan diez o doce hombres y salen en busca del mamut. Lo encuentran muy cerca y gracias a la inteligente trampa que le tienden, en menos de una hora logran cercar al animal, clavarle alrededor de diez lanzas y con hachas bien afiladas reparten el “motín alimenticio” entre todos.

Ya a medio día el hombre regresa a la cueva. Su mujer lo espera. También ha sido una mañana ardua para ella: atendió los cultivos, almacenó agua y confeccionó algunas telas para estrenar en el próximo baile de la tribu. Almuerzan un “preparado” que quedó del día anterior y dejan los bistecs de mamut para la tarde.

Salen entonces a “desconectar” un rato. Caminan hacia la playa y nadan desnudos. Se cruzan con unos delfines y juegan un rato con ellos. Después, en la arena, conversan del amor, de los sentimientos y de tantos misterios de la vida que aún no logran comprender.

Tres horas más tarde, de regreso a casa, deciden pasar por el río. Tumban unos cocos y disfrutan del éxtasis de su líquido. Ya en las aguas del riachuelo comienzan las caricias y los besos… terminan teniendo el sexo más salvaje y tierno, a la sombra de los árboles.

Esa noche, hacen una pequeña fogata y comen hasta la saciedad. La carne de mamut es muy nutritiva y ellos dos tienen la suerte de comerla con frecuencia. A la entrada de la cueva, se sientan a reposar la comida mientras observan las estrellas que pestañean en el cielo. Antes de dormir, hacen el amor una vez más, y ella garabatea con una piedra un dibujo abstracto en la pared. Duermen hasta el otro día… y empieza todo otra vez.

El hombre despierta y sale apurado. Ni siquiera da los buenos días a su mujer. A todo correr sale rumbo a la parada y apenas tiene tiempo de saludar a los vecinos. Milagrosamente, logra montarse en la segunda guagua que pasa. Llega al trabajo y empieza su jornada laboral.

Después de diez horas de trabajo, porque le gusta “sobrecumplir” la norma, el hombre regresa a la casa. Su mujer tuvo un día igual de difícil. Ella también trabaja y acaba de llegar. Por supuesto que la comida no está lista. Es fin de mes y el menú se debate entre el huevo frito, el revoltillo y la tortilla.

Ambos comen mientras miran el noticiero: guerras, desastres naturales, niños muriendo de hambre y especies en peligro de extinción.

Tres horas después, se acuestan a dormir. No hacen el amor, están muy cansados y al día siguiente deben volver a madrugar. Esa es su rutina. La misma todos los días. Excepto que…

Excepto que la semana que viene el hombre y su mujer saldrán de vacaciones. Han ahorrado centavo a centavo para poder ir a un lugar decente que los haga olvidarse del mundo que los ahoga y los asfixia. Cuántos placeres han evitado para reunir tanto dinero. Pero bueno, ha valido el sacrificio y ya pronto podrán disfrutar su merecido premio.

El hombre entonces le anuncia a su mujer que irán a un hotel de lujo y podrán bañarse en la playa. Allí la comida está muy buena y dan carné una vez al día, en el bar preparan unos tragos exquisitos con agua de coco, en el delfinario por 80 c.u.c. se podrán bañar con los delfines, también se irán de excursión a un río que queda muy cerca del hotel y como no tienen otras preocupaciones seguramente tendrán mucho sexo toda la semana. Todo eso por solo 500 c.u.c. Ese es el premio después por todo un año de trabajo… y miles de años de evolución.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a La desmitificación de la teoría evolutiva

  1. Licen dijo:

    Me perdiste por completo Rodo. Un desenlace inesperado para llorar más que para reír jeje. Deberías haber precisado en que trabaja el hombre y en que la mujer para poder ser de los bendecidos por los dioses que pueden bañarse con delfines.
    Saludos, el Licen

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