Un sueño incluso: Camila Vallejo

La semana pasada era una locura escribir sobre Camila Vallejo. Todo el mundo la vio, la acosó, la persiguió, la entrevistó. Entonces yo, que tuve ese raro capricho de escribir en mi blog sobre ella cuando no se pensaba que vendría a Cuba, esta vez no quise escribir.

Tampoco es que me estuviera reservando o “haciendo el duro”. Lo que pasa es que no podía escribir lo que hubiera querido escribir. Al principio, formé parte de los acosadores, de hecho fui de los primeros. El día de su bienvenida oficial había repartido dos besos a Camila, otros dos para Karol y un apretón de manos para Luis. Sí, porque Luis Lobo también vino en la delegación, aunque la mayoría de los medios y las fotos se hayan centrado en las dos lindas y jóvenes chilenas.

Ese día les prometí: “Nos vemos mañana en la OCLAE, allí podremos conversar con más calma”. “Está bien”, dijo Camila. “Nos vemos mañana”, sonrió Carol. Y entonces me fui.

Al día siguiente mientras esperaba en la OCLAE llamaron para decir que se reunirían con Fidel. El programa cambió. Si quería conversar con ellos, ahora debía seguirlos como todo un acosador o un paparazzi. ¿Qué hacer?

Fue entonces que tomé una decisión, para algunos quivocada. Decidí no insistir en el encuentro. Viernes y sábado, los dos últimos días de Camila, de Karol y de Luis en Cuba, me fui a romancear en el Río San Juan, cerca de la casa natal de Polo Montañez, en Pinar del Río.

Creo que en parte lo hice para estar “lejos de la tentación”. Camila era la noticia y yo, periodista extraño, huía de ella. Quizás lo hice porque no quería hacer un reportaje sobre su visita, ni una entrevista para publicar en Cubadebate. Yo quería sentarme en la escalinata con los tres, entre Karol y Camila, y pasar una hora conversando; contarle las historias más graciosas de mi universidad, los intensos debates políticos que tuvimos en el aula, los conciertos locos frente al Alma Mater y mi fotorreportaje sobre las pesímas condiciones de una beca universitaria en Camagüey.

Escucharía sus historias de luchas, imaginaría con ellos las noches después de los enfrentamientos cuando agotados, en sus casas o facultades, hacían el recuento de su tormentoso día. ¡Cuántas historias podríamos compartir en un espacio informal y fraterno!

Camila, Karol y Luis se fueron y no los volví a ver. Leí los artículos publicados en los medios, supe del “diálogo” en el Aula Magna donde no le dieron la palabra a ningún estudiante o profesor de la Facultad de Comunicación, leí lo que escribió Camila a su regreso a Chile hablando bien de Cuba, de sus logros en la enseñanza superior y de la educación en general, me gustó la entrevista que hizo mi amigo David para Cubadebate y me quedé con un libro de ella sin autografiar.

Dicen los psicólogos que cuando un sueño se cumple deja de ser un sueño. Por eso sigo soñando con mi encuentro con Camila, que ahora lo será también con Karol y con Luis.

En el caso particular de Camila, si nos vemos en un espacio íntimo y de confianza, le preguntaría: ¿Cómo uno puede definirse comunista en el siglo XXI? ¿Qué sintió cuando habló con Fidel? ¿Qué cosas pasaron por su mente que aún no ha contado ante las cámaras? ¿Cuál ha sido el momento más místico que ha vivido en sus años de juventud? ¿Cuál es su dulce preferido? ¿Se considera una novia romántica y de detalles? ¿Es cierto el reclamo de algunas organizaciones estudiantiles latinoamericanas que alegan que Camila prioriza las invitaciones que le hacen desde Europa en vez de acudir al llamado de sus coterráneos? ¿Se pierde la inocencia y la ternura cuando se crece en política? ¿Qué es lo que más disfruta de su tiempo libre? ¿Si hubiera conocido al Che, qué le preguntaría? ¿Tiene límites la lucha? ¿Hasta donde llegaría Camila Vallejo?

Si por el contrario nos viésemos en una calle chilena, en medio de una manifestación, me olvidaría de estas preguntas que no son tan importantes. Me pondría el pulóver en la cara para protegerme de los gases lacrimógenos y marcharía a su lado por la educación de Chile y también de Latinoamérica.

Ahora me quedo con esta imagen muy mía y del fotógrafo de Alma Mater. Camila y Karol leyendo mis líneas. Creo que para una primera visita, es suficiente. Lo demás no importa, ya nos volveremos a ver, algún día en quien sabe que rincón. Ojalá sigamos los dos en el bando de los humildes que luchan contra las injusticias.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Rodolfo Romero Reyes y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Un sueño incluso: Camila Vallejo

  1. Tunie dijo:

    Oye niño, ni falta te hizo la conversación soñada, con toda las ganas hiciste un post hermoso. Te cuento que la beca de la Universidad de Camagüey sigue bastante igual jajajaja si quieres vienes y haces otro reportaje. Saludos desde la tierra del Tinajón.

  2. Pingback: Escribo porque la extraño | Letra joven

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