Dejá Vu (un texto de Noelia Maldonado)

Noelia en La Habana

Una amiga argentina hace unos meses visitó La Habana. Ante una petición mía y saldando una deuda con sus propios recuerdos, escribió estas líneas que justo ahora quiero compartir.

Por Noelia Maldonado

Había soñado varias veces con recorrer sus calles. La había soñado tan diferente (y a la vez tan igual) que no puedo decir si fue un sueño o si ya había estado antes ahí. Quizás en otra vida (o quizás en otro sueño), yo ya había recorrido en un “chevi” antiguo las calles angostas de Centro Habana.

Me acuerdo haber elevado la vista para mirar esas construcciones añejas, mientras sostenía en mano una cámara desesperada por captar lo que capta el ojo, aun sabiendo que eso es imposible. Lo sé porque sentí muy adentro que esos paisajes ya habían sido míos.

Lamento que no todos aquellos que pisaron suelo cubano hayan podido (o querido) hablar con su gente. Lamento que no hayan tomado el P9 para saber cuáles son sus ilusiones (y desilusiones), mientras intentaban saber en qué parada tenían que bajar para llegar a destino. A un destino muchas veces incierto.

También lamento que muchos no hayan podido tomar un helado en Coppelia. Que no hayan hecho esa extensa cola y hayan escuchado lo que hablaban los habaneros mientras esperaban su turno en ese enorme edificio que parece cualquier otra cosa, menos una heladería.

Es que para conocer a un pueblo hace falta gastar la suela de los zapatos, hacerle huecos a las zapatillas (o como quiera que llamen al calzado deportivo en otros países) y traspirar (sudar) la camiseta de sus esperanzas sin otro reparo más que la de ser un simple observador sin derecho a crítica.

Pese a que muchas veces quisieron hacerme sentir una cubana más, no puedo negar que nunca lo creí así. Desgraciadamente (o afortunadamente) cada persona lleva en su sangre el gen de ese pueblo en el que azarosamente le tocó despertar. El mío es el ineludible “gen argentino”, conocido (y detestado) en el mundo por la soberbia porteña que no encontrarán en los que somos del interior. Es duro reconocer que muchas veces uno no sólo es lo que es, sino que muchas veces es lo que otros creen y dicen que es.

Aunque me gustaría deshacerme de ese grillete, reconozco que me llevaría más trabajo, ganas y tiempo que el que pudiera ocupar conociendo otras culturas. Y yo sólo tengo tiempo para esto último.

Por eso reitero, no sé cómo, porqué, o cuando yo pisé suelo cubano antes del noviembre pasado. Sólo puedo estar segura que ya había estado ahí antes. Y más segura aún, de que sigo allá cada noche recorriendo sus calles.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Rodolfo Romero Reyes y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Dejá Vu (un texto de Noelia Maldonado)

  1. Carlos dijo:

    interesante , me gusta por lo real de mirarnos como somos , no como quieren vernos .

  2. Pingback: La Hojilla en TV » » Déjà vu (una crónica sobre La Habana)

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