Por todo espacio, por cualquier casa (un texto de Mónica Rivero Cabrera)

Silvio Rodriguez por barrios habaneros

En el instante que usted lea este post, mi amiga Mónica ya debe haber entregado su tesis. Como cronista de su tiempo quiso recoger en un libro uno de los sucesos culturales más urgentes de nuestros tiempos, en mi opinión personal. Desde hace unos meses Mónica ha seguido la pista de ese trovador itinerante, que ha ido por los varios más olvidados de Cuba, reparando sueños con manía de escaramujo. Meses antes, cuando la tesis era solo un proyecto, Mónica me regaló este texto, que hoy quiero sea también de ustedes.

Dónde, cómo…

La Timba, Cocosolo, el Fanguito, La Hata, Los Sitios… me atrevo a decir que no figuran en las guías turísticas de La Habana, cuyo criterio de selección descalifica estos rincones de la ciudad, por no ser paradigmáticos, dignos representantes de la tradición arquitectónica, por tener en apariencia poca o ninguna celebridad… Pero figurar en guías de ese tipo está lejos de ser una condición de existencia para un sitio determinado, para un barrio entero. Existen, cómo no, aun ¿padeciendo? tales ausencias, viviendo la condición de ser ignorados incluso por muchos de los habitantes de la propia ciudad.

Barrios marginales les llaman. “Marginal”, referido a lo que se ubica en el margen, en la periferia. Ahora, en el margen ¿respecto a qué?, la periferia ¿de acuerdo con qué centro? Más allá de las determinantes geográficas, el calificativo es no poco arbitrario en realidad, puesto que no se sostiene hablar de tal cosa como un centro fijado en un punto. El centro como referencia es también relativo: se encuentra ahí donde esté cada uno.

Barrios marginales les llaman, decía. A ellos no llegan los turistas, como no suele llegar el agua o el servicio telefónico, las bondades de la civilización; por ellos se recomienda no pasar a altas horas de la noche o simplemente se recomienda no pasar. Y son muchos los que escuchan el consejo y lo hacen suyo. Muchos los que dejan de pasar, de llegar… Silvio ha sido poco precavido, no se cuenta entre ellos.

Su gira por los barrios “marginales” ha comenzado por La Habana, donde se prevé la celebración de al menos 30 conciertos, con los invitados permanentes Trovarroco, Niurka González, Oliver Valdés, y otros que se han sucedido (Los Papines, Omara Portuondo, Polito Ibáñez, Tony Ávila…).

Santa María del Rosario, Loma Modelo, Pilar Atarés, la Corea, Jesús María, Lugardita, Romerillo, Santa María del Rosario… A veces en los límites de La Habana, a veces cerca de los espacios principales, en pleno municipio Plaza de la Revolución o apenas a unas cuadras de la 5ta avenida, en estos puntos de la ciudad, los hogares van siempre más allá que lo que limitan las paredes de la vivienda propia, porque prevalece cierto sentido de pertenencia con algo mayor, con la comunidad. Aun cuando es mucha la diversidad, entre ellos se perfilan rasgos de similitud, como la fe religiosa y las prácticas asociadas a esta, el gusto por el baile, por la bebida, las fiestas, la música. Sus fisonomías describen en cierta medida un patrón: pequeñas casas, dispuestas con muy poca distancia entre ellas, callejuelas estrechas…, una mirada casual siempre descubrirá niños jugando, perros tirados a la sombra o desplazándose de un lugar a otro, gente en las esquinas, mesas de dominó, pequeños negocios y movimiento, siempre mucho movimiento.

El concierto se celebra con sobriedad, en el modesto escenario que regale una calle corriente, con el público sin arreglar, en casa, espontáneo y natural. Cualquier balcón será buena platea, cualquier muro se convertirá en el asiento ideal, y así los portales, las azoteas…A la bandera puesta siempre sobre la tarima se le sumarán las que poco a poco comienzan a colgar de ventanas, a tenderse entre brazos de vecinos que corean canciones. Hay personajes que se repiten: el que llora, el que baila mucho, el que grita algo al escenario, el que interpreta el tema como lo haría el mismo Silvio, con una mano junto a la oreja… y van todos haciendo su concierto, experimentando algo maravilloso que de pronto tiene lugar.

¿Cómo escribir sobre Silvio y los barrios? En busca de un manual personal ya había escuchado sobre la gira cuando me propusieron comenzar a “cubrir” esas presentaciones. Más que cobertura entendida en el sentido periodístico de rutina productiva, con lead informativo u otra cosa de función semejante, se trataría de hacer una especie de registro de cada experiencia, de la vivencia de cada concierto, con cierta libertad formal. Cuando me senté a escribir sobre el primero al que asistí, el de La Hata en Guanabacoa, me invadió una pequeña angustia, definida en mensaje a un amigo, un tanto caprichosamente, como “un bateo culturológico serio”:

¿Cómo elogiar esto –porque sin discusión lo merece- sin caer en el discurso de la caridad, cómo escapar al fantasma de describirlo como limosna? ¿De qué manera efectiva rehuir el discurso iluminista, y lograr que nadie vea en mi reseña al gran artista que lleva la luz de su obra hasta pretendidos oscuros rincones de incultura e ignorancia? Sentía la necesidad de desmarcar esta gira de todo eso.

Pedí consejo a un amigo a quien tengo por alguien muy sabio –y de seguro no solo yo-, y la respuesta no se hizo esperar, en una forma incluso metodológica:

“Silvio:

1. va a “devolver” una herencia popular que sublimar en la poesía. En definitiva la trova tradicional cubana es de barrios, de tugurios.

2. va a probar su poesía, a tirarla contra el piso y a echarla a rodar por los solares; para triunfar en el Carnegie Hall hay que ser virtuoso, para hacerse respetar en los barrios hay que ser hombre y amigo.

3. es un disidente del triunfo, del estrellato, un tipo bueno”.

Esa fue, desde entonces la clave: se trata de un diálogo, de un intercambio en que público y artista resultan enriquecidos. Nada de alta cultura mezclándose con lo popular; sino acervo cultural, sublimado en poesía y música, de regreso a un entorno de su génesis. Tan sencillo. Y añadiría que a Silvio lo acompañan dos certezas: la del valor de la gente que huele “a callejuela, a palabrota y taller”; y esa de que el arte, si es verdadero, no se circunscribe a un lugar, a un momento, a un público… el arte verdadero es demasiado rico como para tener ataduras de ese tipo, no está anclado, puede volar, puede seguro recorrer camino, andar.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de amig@s que colaboran, de Rodolfo Romero Reyes y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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