Un comunicador para nuestro desarrollo (un texto de Geisel García Graña)

(Fragmentos)

Cuando el pensamiento en comunicación latinoamericano defendió la necesidad de desplazar nuestros modelos de educación a aquellos que ponen “énfasis en el proceso” y de “perder el objeto para ganar el proceso” en materia de investigación, revelaba al pensamiento y la acción de nuestra región una certeza iluminadora, pero a la vez implacable: poco pueden aportar nuestras prácticas a la verdadera transformación de no asumir miradas y estrategias a la altura de la complejidad del escenario. Este desplazamiento supone un reto de envergadura para las instancias que intervienen en la formación del profesional de la comunicación: la necesidad de formar —también— capacidades para la subversión de prácticas con escenarios, actores y rutinas productivas históricamente más enfocados a la “transmisión” y a los “efectos” que a la procesualidad de la transformación.

Por supuesto, la posibilidad de estas subversiones se encuentra atravesada —especialmente en el escenario actual— por numerosas mediaciones que exceden la capacidad transformativa del currículum, pero no resulta impensable; como tampoco lo es el hallazgo de estrategias formativas coherentes que nos permitan avanzar hacia ese horizonte. Entre fortalezas y puntos vulnerables existen caminos para una mirada —e iniciativa— prospectiva, basada, claro está, en el reconocimiento de la complejidad del escenario y la necesidad de responder con alternativas igualmente complejas.

(…)

Comunicación y Desarrollo: un escenario plural

Existen en América Latina importantes precedentes de experiencias de comunicación contrahegemónicas, recogidas con denominaciones diversas, pero con ejes comunes, que permiten vislumbrar la formación paulatina de un área de intervención, todavía emergente, donde confluyen la preocupación por la comunicación ciudadana, la articulación de la comunicación con “lo político” y los nexos de esta con procesos educativos, generalmente asociados a macroobjetivos de transformación social. “Comunicación popular”, “alternativa”, “participativa”, “educativa”,“comunitaria”, “para el desarrollo”, “para el cambio social”, son algunas denominaciones que han recogido estas prácticas, ciertamente diversas, pero confluyentes en cuanto a finalidades, esferas de actuación, actores y medios.

A nuestro modo de ver, el debate teórico, pero fundamentalmente político en torno a la definición de la noción de desarrollo tiene una importancia crucial en la comprensión de estas prácticas: desde las perspectivas desarrollistas, con sus concepciones importadas y visiones difusionistas de la comunicación, hasta las corrientes críticas y el paradigma cultural latinoamericano, la noción de desarrollo ha sido planteada como eje alrededor del cual se articulan las reflexiones sobre educación, cultura y comunicación en el continente. Ello implica ciertas condiciones epistemológicas en la delineación de la disciplina, pues el desarrollo constituye una noción integradora en el pensamiento social, pero también políticas, en tanto eje de propuestas transformativas, caras a agentes de cambio y decisores.

(…)

En este sentido, el propio desafío de la definición de la noción del desarrollo, entraña un posicionamiento ético-político y su construcción deviene por tanto un terreno de disputa ideológica. Existe un consenso internacional respecto a la necesidad de hallar alternativas para favorecer el desarrollo —“humano”, “sustentable”— pero la diversidad de enfoques en su comprensión constituye una gama amplia, compleja, donde se evidencian desde posiciones conservadoras, cuya construcción del proceso apunta a la transformación parcial, con mantenimiento del statu quo — globalización neoliberal— , hasta otras liberadoras, que proponen un verdadero cuestionamiento de las relaciones de poder y auténticas alternativas democráticas. Esta multiplicidad de perspectivas, que acoge también planteos ambiguos o demagógicos en torno a esta noción, ha configurado un terreno movedizo, hacia el cual se profesan, como hemos dicho, muchas reticencias. En una suerte de escapismo epistemológico, la noción de desarrollo ha sido identificada con los paradigmas homogeneizantes, importados de países centrales, desde los que se proyectaron las fallidas propuestas desarrollistas. Sin embargo, muchas voces apuestan por la recuperación del sentido holístico de esta noción desde perspectivas endógenas, emancipatorias, como la posibilidad de rescatar la noción de crecimiento social sobre la base del bien común, sin dejar de reconocer las asimetrías y contradicciones que inevitablemente acompañan su construcción.

El desafío de la integración: una mirada desde Cuba

En Cuba, el inicio de la formación del comunicador social atendió a una decisión de la academia — que venía formando periodistas desde 1962—, teniendo en cuenta las necesidades del mercado laboral.

Sin embargo, las prácticas del comunicador en aquel momento —1991— se desarrollaban fundamentalmente en torno a la Publicidad, la Propaganda y las Relaciones Públicas, y no se había visualizado para entonces el imperativo de otras prácticas que confluyen en el área de la comunicación para el desarrollo. En virtud de esto, la formación del comunicador social en Cuba durante sus primeros años no tuvo en cuenta la necesidad de preparar a este profesional. La singularidad de nuestro proyecto social en el continente y algunos reduccionismos en los modos de comprender la importancia de algunas de estas prácticas para nuestro desarrollo, entre otros factores, retardaron aun más la inserción de la comunicación para el desarrollo en la formación del comunicador.

(…)

En los años fundacionales de la Revolución, a los objetivos de desarrollo del nuevo proyecto contribuyeron prácticas de comunicación afines a un modelo profundamente democrático, que obtuvieron logros importantísimos en la esfera de la comunicación educativa, la comunicación política, la comunicación para la salud, entre otros. Pero lo que se dio como un proceso espontáneo, en momentos de construcción del proyecto, acompañados de creatividad y de la unanimidad que exigía su defensa en un entorno hostil, tuvo condicionantes diferentes para la década posterior, con aglutinantes que, por ser planteados centralmente, tendieron a la rutinización y adolecieron del necesario reciclaje de estas prácticas en espacios regionales y locales. Como en todo proceso complejo, la historia de la Revolución en el poder ha vivenciado ambas situaciones en diversos períodos, pero esto se ha considerado un proceso natural de la construcción del socialismo, no fluctuante, y la existencia de un profesional capaz de reflexionar e incidir en el curso de estos procesos se ha visualizado difícilmente en el entorno cubano.

Esta es también la causa del escaso éxito que tuvo la Educación Popular entre nosotros. Conocida en Cuba ya tardíamente, se consideró ajena a las condiciones del país y no fraguó en nuestras prácticas educativas formales, cuyo modelo era y sigue siendo esencialmente de énfasis en los contenidos. Sin embargo, la propuesta fue acogida especialmente por el Centro Memorial Martin Luther King Jr., que creó sendos programas de educación y comunicación popular para la formación de multiplicadores.

Estos cursos, junto a la editorial Caminos, del mismo centro, que ha contribuido a la publicación en nuestro país de autores imprescindibles del pensamiento latinoamericano en comunicación, constituyeron un factor importante en la entrada a la academia de la comunicación para el desarrollo, primero, con la asignatura de Comunicación Comunitaria, y recientemente, con la disciplina Comunicación y Desarrollo.

Esto distingue al desarrollo de la disciplina en Cuba al del resto de América Latina: si en los países de la región esta ha constituido una necesidad surgida de movimientos alternativos, legitimada por prácticas dispersas y contrahegemónicas, en nuestro contexto surge por la necesidad académica y de centros puntuales de alentar prácticas que apoyen la construcción de un proyecto político social que, sin embargo, no ha visualizado la comunicación como un eje transversal del desarrollo. De manera que la disciplina Comunicación y Desarrollo en Cuba, que pudiera haber constituido punta de lanza en los estudios de comunicación en nuestro país, se ha venido desarrollando de manera tardía, muy modesta, por interés de actores específicos.

En la práctica, ello ha tenido otras consecuencias que han dificultado la consolidación de las prácticas profesionales en esta esfera, así como los propios objetivos de desarrollo en nuestro contexto, al soslayar la atención a los componentes comunicacionales de este proceso fuera del espacio tradicional de los medios masivos de comunicación.

(…)

En Cuba, la disciplina Comunicación y Desarrollo se crea en el plan de estudios correspondiente al año 2008; con el precedente de la asignatura Comunicación Comunitaria y la mención en Comunicación educativa y comunitaria de la maestría en Comunicación Social. Existía también un conjunto de investigaciones, enmarcadas fundamentalmente en torno a temas de comunicación y participación ciudadana, comunicación para la salud, educación para la comunicación y prácticas comunicativas en espacios de desarrollo local, que configuraban un conjunto de saberes integrables a la docencia. A su vez, se contaba con prácticas profesionales todavía emergentes pero que constituían una instancia de diálogo para las prácticas docentes y con un mercado laboral también incipiente, capaz de acoger al comunicador con esta salida profesional.

Esto se produce en un momento en que el país se encuentra enfrascado en un proceso de intensificación del desarrollo sustentable de la sociedad en todos los sentidos; en la búsqueda de una mejor calidad de vida; la elevación del nivel cultural general de la población, y el perfeccionamiento del sistema institucional y empresarial cubanos, sobre la base de un sustancial incremento de la participación activa y consciente de todos los ciudadanos.

Es así como en este nuevo plan de estudios se concibe al comunicador social como “un profesional de la comunicación dotado de amplia base política e ideológica, teóricometodológica y cultural, que gestiona la comunicación en los diversos niveles y ámbitos de la sociedad cubana, sean estos espacios institucionales, comunitarios, mediáticos, gubernamentales, lucrativos o no, a fin de contribuir al desarrollo sustentable y mejor desempeño de las entidades, así como su adecuada vinculación con la sociedad sobre bases éticas que aseguren la conservación y enriquecimiento de nuestro patrimonio social y cultural; la educación y orientación comunitaria y ambientalista de la población, y el fortalecimiento de la identidad y los valores de la cultura nacional” (Ministerio de Educación Superior, 2008) .

(…)

Sin dudas la inserción de la disciplina ofrece una nueva dimensión al profesional de la comunicación en Cuba, no solo en cuanto a la ampliación del perfil, a lo que también contribuyó la inserción de otras que no se habían visualizado para el plan anterior, sino también por la posibilidad de ensanchar las esferas de actuación, y de acceder a diversas perspectivas teóricas, no abordadas anteriormente, que confluyen en este terreno; así como la formación de nuevas competencias para dar respuesta a demandas complejas. Igualmente, ofrece una nueva dimensión al compromiso con la construcción del desarrollo a través del diálogo teoría-práctica y un espacio mucho mayor para desplegar sus capacidades en esta esfera de actuación, de manera orgánica con su desarrollo intelectual.

Bibliografía

  • Beltrán, L. R. (2005). La comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo. III Congreso Panamericano de la Comunicación. Buenos Aires.
  • Espina, M. (2004). Humanismo, totalidad y complejidad. El giro epistemológico en el pensamiento social y la conceptualización del desarrollo. En: Linares, C., Moras, P. L., y Rivero, Y.: La participación. Diálogo y debate en el contexto cubano, (pp. 35-36). La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinelo.
  • Ministerio de Educación superior (2008). Carrera Comunicación Social. Plan de Estudios D, modalidad presencial. La Habana.
  • Moragas, M. (1997). Las ciencias de la comunicación en la sociedad de la información [versión electrónica]. Diálogos de la Comunicación, 49.
  • Orozco, G. (1994). Comunicadores hacia el año 2000: desafíos pedagógicos de su formación [versión electrónica]. Diálogos de la Comunicación, 39, p.78-89.
  • Portal, R.: El barrio en la universidad. Caminos, 31-32, p. 54-56.
  • Souza, B. (2006): La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emanipadora de la universidad. La Habana: Casa de Las Américas.
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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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