Del Turquino en los tiempos del cólera

Por Rodolfo Romero Reyes

AGUA

Sin pasajes y a solo 24 horas de la cita en Santiago, estuvimos a punto de desistir. En nuestras casas los consejos habían sido muy claros: no se les ocurra tomar agua, que lo del cólera es algo serio. Teníamos el compromiso de llegar, éramos los únicos representantes de La Habana en la cita twitturquina, no podíamos hacer otra cosa que ir para La Coubre e intentar resolver.

Montamos en un camión que vociferaba a gritos: ¡Santiago! ¡Santiago! ¡Arriba, Santiago! Cuando casi estuvo lleno nos dijeron la primera mentira del viaje: en doce horas llegamos a la ciudad héroe. Seguramente pensaron: inexpertos e inocentes habaneros.

Desde que llegamos a Villa Clara empezó a llover. Entonces todos descubrimos que caía más agua dentro que fuera del camión. El aguacero duró aproximadamente 5 horas y tuvo cuatro intervalos escampados en los que pensamos, ilusamente, que el agua cesaría. Me cambié de pulóver en tres ocasiones porque el frío iba torturando mis pulmones.

Tenía toda la ropa de interior mojada y el pantalón de mezclilla pesaba una tonelada. Entonces recibí un sms de una amiga que, al saber que iba rumbo al Pico Turquino, me alertaba: Rodo, cuídate que dicen que por allá el tiempo está malo. Leí el mensaje en voz alta para mis nuevos compañeros de viaje. Un señor, que luego se quedaría en Las Tunas, no pudo evitar la expresión. ¡No jodas, malo, ni malo, malísimo está esto! Si es por mí ahora mismo le caigo a pedradas al camión y al camionero.

Cuando a las cuatro de la mañana despertamos al custodio de la Universidad de Oriente, éramos dos viajeros pasados por agua. Olvidamos los consejos familiares y calmamos la sed con la primera tubería que encontramos en uno de los baños. Estuvimos así, entripados, hasta las 9 de la mañana en que nos abrieron la habitación que serviría de hospedaje. ¿Hay agua?, preguntamos. Es que estamos locos por darnos un baño. -Sí, sí, dijo amablemente la señora, aquí nunca falta, dense una ducha que se ve que necesitan descansar. Cinco minutos después tocaron a nuestra puerta los holguineros para interrumpir nuestro brevísimo descanso.

TIERRA

Dos días después, cual guerrilleros cubanos en selva boliviana, empezamos el entrenamiento previo para subir el Turquino, o mejor dicho, el “Tarquino”, nombre original de la elevación en honor a uno de nuestros primeros pobladores.

Entre piedras y más piedras, seguimos el cauce del río La Mula, hasta llegar a los Morones. Nadamos, posamos para fotos aventureras, dejamos escapar chancletas río abajo y algunos –imprudentes- fuimos arrastrados por la corriente y golpeados en las grandes rocas.

Al día siguiente subimos a la cima del Pico. Nos acompañaban un grupo de salineros y radioaficionados camagüeyanos que con sus lemas improvisados hicieron más divertida la escalada. El desafío con la montaña siempre es un nuevo reto. Nos convencimos una vez más de que subir montañas hermana hombres. Rendimos tributo a José Martí y ante él nos comprometimos; no existía un mejor lugar.

Algunos cantamos, y para mi sorpresa muchas fueron canciones revolucionarias, de combate, de esperanza. Alguien recordó aquello que fue himno cuando el Tercer Congreso de los pioneros. “Y en la cima del Turquino, / he visto a mi Patria entera, / ahí empiezan los caminos / y ahí ondea mi bandera”.

De regreso el camino se hizo más áspero. El agua más escasa. Las manos más amigas. La tierra, más ardiente, más caliente, más santiaguera.

FUEGO

Primero, Camilo, mi hermano, quien después me aseguró que había estado en la mejor excursión de sus 24 años. Después, y para que nadie se ponga bravo, empezaré desde occidente, donde comenzó mi travesía.

Otra vez me encontré con Sheila y con su novio de Puerto Padre. Empezamos en Rotilla y terminamos ahora en el Turquino. Eran tres: los dos mencionados y una súper cámara fotográfica que nos arrancaba las carcajadas más impensables en los momentos más tensos y agotadores.

De Matanzas llegó Arnaldo, pachanguero y amigo, quien el último día y en su apuro dejó su toalla y se llevó las chancletas del Jonny, un pellizco de Dianet y un abridor de Camagüey. A su lado, iba Betsy, quien por segunda vez intentó subir a la cima. Esta vez se quedó en el Pico Cuba, pero no importa, dice que volverá otra vez.

Mary y Yumey, las espirituanas tenían la única cabaña con confort de todo el campismo La Mula. Cabaña que fue testigo de charlas románticas con custodios, olvido involuntario de cierto “tacacillo” y del roce obligatorio y colectivo contra una de las paredes del baño.

En Las Tunas descubrí que Elpido Valdés vivirá trescientos años, que ser padre es una vocación especial y que bajo ningún concepto podemos “encasquillarnos”.

De paso por la tierra de Agramonte soñé con el cariño más honesto, con la sonrisa más inspiradora y con la perseverancia más persistente que jamás hubiese conocido. Una triada femenina perfecta para subir, reír, dar chucho e incluso compartir una cerveza. También conversé con Albertico, con el chófer –de cuyo nombre no puedo acordarme- y con el Rafa. Con ellos aprendí que el periodismo es incansable, que manejar es un arte y que un funcionario del Partido puede reír, bailar, divertirse y subir 47 veces el Turquino.

La última escala de este viaje es en Holguín. Empezaré primero con los padres de Giovana: Carlos y Chely, explorador y cantante, firmeza y dulzura, amantes y amigos. Continuaré con Elizabeth, el gran enigma, a quien, luego de varias investigaciones, le descubrimos tres de sus secretos: 1) mantiene una dieta a base de maltas y galleticas cómicas, 2) utiliza una escoba para descender en las partes más agrestes de la montaña y 3) ella es quien actualiza el blog de Yoandry Fontana. Por último, me quedan tres expedicionarios más: Dianet, la niña grande, Karina, la joven soñadora y responsable, y El Jonny, el mejor logístico del Ejército Libertador.

Por supuesto no podía faltar una muchacha a la que besé por primera vez en la total oscuridad de la noche y con quien contemplé, discretamente y a su lado, todas las estrellas de la playa. Hoy debo confesar que le hice el amor en la orilla del río, escondidos de unas vacas, y que recorrí su cuerpo con mis más sinceras caricias. En este viaje al Turquino, me entregué en cuerpo y alma a una dama encantadora: la Sierra Maestra.

AIRE

Dicen que muchas cosas de las lleva el viento y llevados por el viento, o si lo prefieren por un vuelo de Aerocaribbean, regresamos de la gesta turquinera hasta la capital de todos los cubanos.

En lo personal, estos días se me fueron volando, pero yo también volé con ellos. Llegamos alto, bien alto, en un encuentro que superó las expectativas de muchos. Hablamos de muchos temas en espacios informales, conversamos de blogs, de la Moringa, del CFO, del Turquino en los tiempos del cólera, de nuestros miedos y sueños, de nuestras familias, del Che, de las escuelas y las hazañas de algunos en preescolar, de las ganas de hacer y fundar, de Cuba y del futuro.

Y todo esto lo hicimos sin cámaras transmitiendo on line, sin presiones de arriba, sin declaraciones que firmar o esclarecer, y sin ninguna cobertura mediática, más allá de nuestras propias bitácoras.

Respiré aires de amigos, aires martianos y revolucionarios, aires inolvidables que hoy me alientan a seguir camino, a tener un blog y a escribir un post que quizás, con suerte, no se lo lleve el viento.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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10 respuestas a Del Turquino en los tiempos del cólera

  1. Pingback: Del Turquino en los tiempos del cólera « KOKACUB@

  2. Darío Alejandro dijo:

    Mijo, por lo que leo ya me alcanzaste en los Turquinos, ya tenemos tres en el lomo jajaja

  3. Pingback: PostTurquino VI: Epílogo « Espacio libre

  4. karinamarron dijo:

    Rodo: Este viaje fue mágico y esa misma magia está en tus letras. Fue una suerte inmensa que tú y Camilo hicieran ese viaje en camión y bajo la lluvia, para que luego tuviéramos la oportunidad de conocerlos y llegar a quererlos. Gracias por celebrar el cumple de tu blog allá arriba con nosotros. Nos vemos en la próxima aventura, que ojalá tenga el mismo ángel de esta

  5. Sheyla dijo:

    Mi cámara fue casi más popular que yo, pero no importa, valieron las sonrisas que arrancó y los días hermosos que nos dejó de recuerdo. Vamos a ver si nos encontramos en otra aventura de estas.

  6. ajjaja pues si Shelilita la cámara más popular , y muchos personajes célebres en este viaje empezando por Elizabet y terminando por Jonny

  7. Damian dijo:

    oye que le paso al pullover de camilo en la foto, se quedo enganchado en un arbusto o que?

  8. tengo una pequeña duda, una dudita: si yo hubiese ido al Turquino, ¿hubieses puesto mi enlace doble, también junto a “Los blogs del Turquino”? 🙂

    • Es la disyuntiva más interesante e inteligente que me han planteado. Sería injusto que dijera: menos mal que no fuiste. No, pero en serio no sabría que hacer porque me niego a cambiarlo de “mis preferidos”. un besote, ¿recibiste mi correo?

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