Dos cuentos, dos historias

Por Nemo

EL PECADO DE PATRICIA

Patricia regresó a la beca el lunes por la mañana después de varios días ausente. Venía risueña porque había aprobado los exámenes de teatro y cumpliría su sueño de ingresar al Instituto Superior de Arte. Pero Alejandro, su inseparable amigo, notó en aquellos ojos amados en silencio, síntomas inequívocos de tristeza.

Ella se había adueñado de su mundo desde el último septiembre. Ahora él sabía que algo no andaba bien. «Una semana no puede cambiar tanto a una persona», pensó. Cuando estuvieron a solas, enseguida preguntó; pero Patricia le contó lo mismo que otras tantas veces: su añoranza por los aplausos, la emoción cuando se abre el telón… Él entonces, algo disgustado, la interrumpió:

—Mira, si no quieres contarme no importa— y se marchó bastante molesto.

La joven no lo dejó ir:

—Pasa por mi dormitorio, sobre las nueve, y por favor, no hagas más preguntas.

Alejandro comprendió que ella necesitaba tiempo. Esa noche entró en la habitación, se sentó en su cama y cuando trató de hablar, sintió los dedos femeninos en su boca. Patricia, algo temblorosa, tomó su mano y la puso lentamente sobre su corazón. El calor del regazo quemó la mano varonil y congeló los labios sorprendidos.

Ella lo besó con furia, y mordió su lengua suavemente. Entonces le pidió un favor:

—Solo desnúdame, desnúdame lentamente.

Alejandro se imaginó en un sueño al tiempo que descubría sus senos, sus muslos, ¿sus fantasías?… Pero no, todo era real, la sentía en sus manos y la oía gemir. El cuerpo de Patricia sudaba, y sus uñas se le clavaban en la espalda.

Cumpliendo con su palabra, Alejandro no hizo ninguna pregunta. Por eso tal vez nunca supo sobre la pesadilla de su amiga, ni de aquel hombre calvo, alto y de mal humor que la suspendió. Aquellos arañazos borraron la violencia de la escena; los besos de Ale diluyeron el sabor de la saliva asquerosa de aquel hombre calvo. Ella ahora era feliz. El pasado no importaba, su presente era Alejandro y su cuerpo limpio de rencores. El futuro: será actriz y eso nadie puede dudarlo.

………………………………………………………………………………………………….

EL CIGARRO

Salió temprano en la mañana con un revólver oculto en el bolsillo. Iba dispuesto a demostrar que las personas cuando van apuradas no prestan atención a los problemas ajenos. Se colocó un cigarro entre los labios y pensó en pedir algo tan simple como un fósforo.

Después de una cuadra vio venir a su encuentro, caminando a toda prisa, a un joven que fumaba. Lo detuvo con un gesto improvisado y le suplicó:

Amigo, ¿tiene candela?

Ya sabía la respuesta: «Disculpe, ando apurado». Una vez demostrada su tesis, solo tendría que seguir al muchacho y a la menor oportunidad, le pondría una bala en medio del pecho.

—Disculpe, ando apurado —dijo el joven sin detenerse, como cumpliendo una profecía. Pero entonces algo cambió, sacó una fosforera del bolsillo y la puso en las manos del hombre desesperado —Quédese con ella.

El hombre, consternado, anduvo unos pasos hasta llegar a un parque. Se sentó en un banco de mármol. Aún pensativo, encendió el cigarro. Y después de aspirar la última bocanada de humo, sacó el revólver y se disparó.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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3 respuestas a Dos cuentos, dos historias

  1. karinamarron dijo:

    Dile a Nemo que me gustan sus cuentos. Por cierto, dale crédito al dueño de las ilustraciones. Besitos para ti

  2. Oye, ese Nemo debe ser buen amigo tuyop, porque… ¡mira que le publicas! 😀

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