Carlos, bendito, maldito, Carlos

Con el permiso de Abdul, Licen, Darío y del propio
Dayron Robles, por mi irresponsable alusión al deporte.

Lo vi venir. Lo supe desde el primer momento que salió en una arrancada que ya se sabía no sería en falso. No venía como otros, con vanaglorias y especulaciones triviales. Salió con la misma serenidad que el chino campeón de los 110 metros con vallas. Muchos tuvimos la misma sensación que sintió Dayron aquella mañana. Y sé que algunos incluso, pensaron en meter la mano, cruzarse en su camino, impedirle que avanzara.

Seguí su carrera desde el principio. Clic a clic subía su contador a una velocidad insospechada. Con premonición acertada no apresuré mi paso. “Esta no es mi carrera”, me dije; incluso creo que él tampoco corre para ganar. Solamente corre libre, irreverente, con halos de autosuficiencia que no combinan con su andar desaliñado, pero no deja de correr.

Los comentaristas que saben de deportes lo critican y lo acusan, quizás con parte de razón. Otros atletas de alto rendimiento le restan méritos y le atribuyen el éxito de sus lecturas a padrinos fantasmas o a que no sabe hacer otra cosa.

Yo, que empecé en esta carrera primero que él, lo miro con orgullo. No está entre mis amigos más íntimos pero lo estimo y creo que él lo sabe. No sé mucho de su vida, de su ego o de sus conflictos más insufribles. Sé que participa en proyectos con los que comparto causa y creo que entre sus musas hay una muchacha que una vez deseé. También sé que escribe mucho, que no deja de escribir y que lo hace muy bien. Dice el profesor Ernesto que eso no es periodismo que es literatura. Dice un amigo mío que eso no es literatura que es -y lo anuncia de forma despectiva- solamente periodismo. A mí, en lo personal puede que algún post se me haya hecho muy largo o que un tema me resultase demasiado hipercrítico; pero, y aunque casi nunca le dejo un comentario, lo leo cada vez que publica, que en otras palabras quiere decir que lo leo con mucha frecuencia.

Y para los que se pregunten por el origen de estas líneas, les cuento que las escribo hoy, un día cualquiera del mes de junio, porque sé que en algunas semanas este joven desaliñado pasará a todo correr por mi lado. Esa será la fecha idónea para publicar este post, será mi manera más original de desearle suerte, convidarlo a que siga siendo bloguero y decirle que iré tras sus huellas, por si acaso un día se cansa, darle alcance y estrecharle mi mano.

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Nota aclaratoria: este post lo escribí la semana antes de que Carlos decidiera cerrar el blog “Crónicas Obscenas”. Esta semana, después de leer su crónica 9 de octubre, decido publicarlo porque aunque él ya no esté en la “liga de los 110 metros con vallas” (dígase la blogosfera), ha demostrado estar entrenando para los 100 metros planos. Ojalá le dé la bomba, y sí rompe algún récord, espero poder felicitarlo en la meta.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Rodolfo Romero Reyes y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Carlos, bendito, maldito, Carlos

  1. johnny dijo:

    Oe bro, tu eres de la foto, el blanquito o el negrito???

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