La conocí en la ELAM, la perdí en Yahoo y la encontré en Facebook

Lilia es la primera de izquierda a derecha. Graduación de la ELAM 2007.

Por Rodolfo Romero Reyes

Esa tarde yo estaba en el teatro Karl Marx. Iba como periodista de la revista Alma Mater, aunque todavía era un estudiante de tercer año. Allí conocí a mi entrevistada, una fabulosa joven uruguaya quien recibía el título que la acreditaba como Doctora.

Supe que era la tercera de cinco hermanos provenientes de  una familia muy humilde. Había comenzado a trabajar desde los doce años en disímiles ocupaciones: como ayudante de mercadería en un supermercado, cuidando niños, vendiendo flores y animando algunas fiestas infantiles, mientras se formaba como docente en deporte con la ilusión de ser fisioterapeuta.

Después de la muerte de su madre -víctima de un cáncer de vesícula- y en el momento más agudo que recuerda, tuvo la oportunidad de venir a Cuba a estudiar medicina.

Esa noche, después de cinco años, María Lilia Rivas Arias formaba parte de los más de ocho mil graduados que comenzarían a ejercer como profesionales de la salud en Cuba y en otras regiones del mundo.

Recuerdo que cuando conversamos tenía muchas expectativas: “Lo primero que haré es regresar a mi país y evaluar con qué Uruguay me encuentro, ya que hace seis años que no estoy allí. El haberme formado en un país tan humano y solidario como es Cuba, me ha inculcado la gran responsabilidad de regresar a mi «paisito», a mi tierra, y brindar con gusto y satisfacción mis humildes servicios a mi gente, a mi familia, a cualquiera que me necesite”. Intercambiamos correos y nos despedimos.

En mi bandeja de entrada

Después de unos meses revisé mi buzón electrónico y, para mi sorpresa, tenía un correo de Lilia. Desde ese momento mantuvimos cierta “correspondencia digital”.

Me contaba que iba de regreso a Uruguay en algo que ella y otros amigos llamaban “La Bajada”. Primero fue Guatemala, después El Salvador, Honduras… Desde cada región me enviaba algunos fragmentos en los que contaba sus vivencias.

“Guatemala fue muy fuerte para mí. El miedo en las calles era constante por las pandillas. Por otro lado tiene una naturaleza increíble, la gente es netamente indígena, pero es un pueblo de lucha, de enfrentamiento.

“Estoy en Tela, en Honduras. Fui a saludar a la doctora Lucía Calidonio; ella trabaja en el hospital del pueblito, donde hay mucho trabajo. También conocí a un grupo de médicos cubanos…

“Pisco, Perú. Estoy muy conmovida con lo que vive esta población. Hace meses hubo un terremoto…”.

Y así, en cada pedazo de América que Lidia abrazaba me escribía al correo algunas apuradas notas.

Un buen día dejé de tener noticias de ellas, justo cuando se suponía que por fin, finalizada la “bajada”, llegaría a Uruguay. Como una vía de escape escribí nuevamente en Alma Mater un artículo que terminaba más o menos así:

“La verdad, disfruto estos últimos kilómetros de La Bajada. Ya queda menos y se inicia una nueva etapa: la vida real. Voy cargada de energía, contentísima, agradecida y maravillada con toda esta gente hermosa e interesante con la que tengo la oportunidad de compartir. Hasta pronto, hasta Uruguay…. Este fue el último correo que recibí. A pesar de mi insistencia no he sabido nada más de ella. Ojalá estas líneas lleguen a sus manos…quizás sea una manera de volver a tener noticias suyas (…)”.  

Una foto más reciente de Lilia (tomada de Facebook)

A unos días de estar en Facebook

No hacía dos semanas que había abierto mi cuenta en Facebook, en junio de 2011, cuando recibí un mensaje muy singular.

“Hola , soy Lilia Rivas. Soy uruguaya. Cuéntame de ti para saber si eres la persona que creo que eres. ¿Tú me conoces? ¿Dónde nos conocimos?”.

Enseguida reconocí su nombre y le contesté:

Vaya, esto de Facebook es increíble. De veras que nunca pensé encontrarte aquí. Después que nos vimos por última vez, seguí aquellos correos que enviabas contando acerca de “la bajada” y todas esas cosas. Pero perdimos contacto, incluso hasta publiqué tu historia en Alma Mater. En fin, espero que coincidamos para chatear; si no, igual tengo el mismo correo. Y por si aún tienes dudas… nos conocimos en tu graduación de la ELAM, tú: una futura guevariana que no dejaba de hacer planes internacionalistas y solidarios y yo, un insistente periodista que no dejaba de preguntar…”.

La respuesta de ella no se hizo esperar:

“Hola Amigo!!!!!, Sí!!, cuando vi tu nombre escrito enseguida pensé en ti… La alegría es mía!!!. Gracias!!!, A mí me da un GRAN GUSTO VOLVERTE A SALUDAR!!!, como has pasado?. Cuéntame de tu vida???, Por fa!!!. Yo para contarte tengo mucho, depende de ti cuanto tiempo tengas para (leer). Te cuento que me enteré por una amiga, Florencia, que tú habías preguntado por mi “en un escrito” en Cuba de la Uruguaya que viajó por América y que si alguien sabía de mí, que se comunicara… algo así me dijo. Pero yo no recordaba con exactitud tu nombre entonces no podía dar contigo. Ya han pasado 3 años, van para 4. .. !!! Como se va el tiempo!! Bueno, sabes que me interesa mantener el contacto contigo!!! Estoy a la orden para lo que necesites, lo que esté a mi alcance. ¿Al final llegaste a leer, te envié mensajes hasta que llegué a Uruguay?

Escribí un poquito cada día del viaje (tengo 2 libretitas pequeñas, que me obligaba yo misma todos los días a escribir…)… Y en estos años cuando llega el 30 de Agosto, me gusta leer lo que escribí en La Bajada.

Mi foto de perfil es en el límite entre Panamá y Colombia. Es el Puerto de Capurgana. Allí fue el día más “ambiguo” por llamarlo de alguna manera. De día fue un paraíso, como se puede ver en la foto (Caribe y selva detrás, un puertito pesquero de madera) y la noche fue la peor noche que pase en toda La Bajada”. Fue el momento en que mayor miedo sentí, lo que puede una sentir cuando “es mujer” y más allí que una persona NO VALE NADA… Algún día si tú quieres, te contaré (…) Bueno, me parece que me extendí mucho, pero creo que es la emoción de volver a encontrarnos!!!!!

Nos conocimos el 24 de Julio de 2007, me despido de este con un simple “hasta luego”,

Saludos, Lili”.

Hasta aquí lo que va de historia. Si Lili me lo permite, todos los que sigan esta saga de encuentros y desencuentros podrán conocer detalles de este viaje que hizo la doctora Lilia Rivas por toda Sudamérica. Pienso en el joven Ernesto que hizo el recorrido en sentido contrario y me pregunto ¿cuántas diferencias no habrá entre ambos testimonios que transcurrieron en siglos diferentes? Ojalá que las próximas líneas de Lili aclaren todas mis interrogantes.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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