Cuatro fotos para un post

Tengo una rara costumbre: veo fotos interesantes en Facebook y las guardo en mi memoria flash. Después, el día que las necesito para un post, allí están. Pero esta vez cambiaré mi rutina. Tengo cuatro fotos de las que quiero deshacerme, es decir, las quiero publicar. Por tanto y a falta de un buen post, me invento este, que no tiene ningún sentido, solo publicarlas.

Me crié entre cassetes como este, oyendo a José José, Roberto Carlos y otros tantos admirados por mi papá. Poco a poco le fui “robando” algunos de sus clásicos, entonces grabé sobre ellos a los Backstreet Boys, Van Van, Noelia, Bocceli, Vico C… sí, porque hay que admitir que siempre he escuchado de todo un poco. De los bolígrafos, para que hablar, esos eran los más comunes de aquel entonces. Para mí, la unión de ambos objetos era muy lógica en tiempos duros de rebobinadoras rotas. Pero la alerta es cierta, pobres arqueólogos del futuro que intenten comprendernos.

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Para esta imagen lo primero que se me ocurre es recurrir a las líneas de Buena Fe:

“Hay quien de veras le teme a que la gente piense diferente.
Hay quien se pone nervioso si los artistas se ponen valientes.
Hay quien su gran pesadilla es que un amigo le coma a la novia.
Hay quien le teme a un país desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
Hay quien le teme a que el tiempo se trague toda su belleza.
Todos temen a la muerte, pero hay quien más teme a perder la cabeza”.

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Un fragmento de una poesía que le hice a un amigo “repartero”:

Del reparto: “repartero”;
vestir y vocabulario:
fruto del imaginario
marginal. Cual derrotero
tu vecino, el barrio entero,
varios sueños olvidados
-mejor dicho, censurados-
y el ritmo de un reguetón,
te otorgan la condición
de “en ambiente destacado”.

(continuará… en otro post).

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Para muchos es un desconocido, para otros un ídolo guerrillero, un héroe de nuestros tiempos. El subcomandante Marcos, el rostro más “visible” del movimiento zapatista.

Escuché de él en una canción de Frank Delgado, después leí su historia y hace unos meses un amigo chileno me puso a escuchar un disco con voces latinoamericanas que narraban cuentos escritos por Marcos para las niñas y niños de Chiapas.

Durante un tiempo utilicé su nombre como mi seudónimo en cartas censuradas, cuando aquello yo era un rebelde enamorado y ella, una guerrillera posmoderna que amaba el peligro y se hacía llamar “La princesa del subcomandante”.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Rodolfo Romero Reyes y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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