El regreso de la Nube. ¡Qué alivio!

Hace unas noches le timbré al móvil. Creo que nunca hemos hablado por teléfono. Solo timbres y mensajes para indicar apoyo, comprensión, solidaridad amiga y aquello de saber que podemos contar el uno con el otro.

Ahora, cuando leo su último post, entiendo que la llamada perdida que dejó como respuesta, llevaba implícito un anuncio que no supe descifrar: “En unos días estaré de vuelta”. La bloguera amiga, censurada en una ocasión, preparaba su regreso por todo lo alto. Volvería a la trinchera donde algunos pocos en Cuba nos debatimos día a día, esa de la que unos han decidido salirse producto de incomprensiones de “organismos superiores” y en la que pocos han tenido la osadía de reaparecer.

Leí su “declaración de principios” y reafirmé que esa es la amiga que admiro y admiraré siempre. Quise primero comentar en su post, pero no lo hice (ya Alejandro lo había hecho por mí), quise marcar “Me gusta” pero WordPress no me dejó. Entonces abrí mi blog, escribí estas líneas y les adjunto las letras de Nube de alivio, un blog sencillamente genial que ahora tendré el privilegio de volver a disfrutar.

Si no tan libre…

Por María Antonieta Colunga

Volver quizás sea el verbo más difícil del mundo. Llevo meses tratando de conjugarlo en primera persona del presente para este post, y hasta hoy solo tuve una gran cuartilla en blanco con un título prestado de un fragmento de canción.

Antes había jurado, a mí y a todos, que dejaría extinguir las letras de esta Nube. El silencio fue, en primera y prolongada instancia, mi seña de protesta ante lo que sentí una violentación de mi soberano derecho a escribir lo que pienso.

Entendí las razones levantadas cual polvareda ante mis opiniones (que pudieron haber sido más o menos acertadas, pero que de seguro eran y son mías, sentidas y confesas sin rodeos, como he acostumbrado siempre a mis interlocutores).

Entendí los miedos, los regaños, la conmoción tardía ante replicaciones foráneas e incluso las dudas ante mí y mi “posición ideológica”, que aunque nadie manifestó, fue un sambenito flotante en las miradas de algunos: todo lo esperaba porque sé de las circunstancias sin par que rodean a mi Cuba y lo mucho que esas sui géneris circunstancias han afectado inevitablemente nuestra capacidad de diálogo y de asimilación de la divergencia de pensamiento.

Hubo otras cosas que no entendí entonces, no entiendo ahora… y espero no terminar entendiendo nunca. En ese terreno de incomprensiones levita mi derecho y mi deber como profesional de la comunicación, como ser social y como ser pensante, a emitir mis criterios; o sea, mi deber y mi derecho de criticar.

Hoy que la blogósfera, como fenómeno plural y punzante de la realidad, cobra vida en la sociedad cubana, pareciera que nos da miedo el salto inevitable a esa desacralización o popularización de la construcción de opinión pública que vamos experimentando.

No me lean ingenua, sé que un porciento aplastante del pueblo no tiene acceso a la plenitud de internet y que a las mayorías “de a pie” les preocupa más el precio de las viandas y la inestabilidad del transporte que lo que se mueve en la virtualidad de ciertos debates, pero aún así un grupo importante y diverso de gente se suma cada día al ágora que la web abre para legitimar sus contenidos, tantas veces no protagónicos en las agendas de periódicos o noticiarios oficiales.

Y eso es bueno, es rico, es invaluable, máxime para una sociedad que se quiere con todos y para el bien de todos. Aunque nos puedan los temores consecuentes de estar siempre en la mirilla de las aves de rapiña, la crítica construida desde la multiplicidad de voces y valoraciones que permite la virtualidad debe ser aprovechada y no temida, alentada y no frenada.

No puedo entender la asunción de un criterio contradictorio, por más descarnado y descalabrado que parezca, como sinónimo instantáneo de la saña y bien pagada mala fe de los que cobran por el empaquetado de manchas al pormayor. No puedo tampoco, y no quiero, dejarle a ellos la tarea de postear las sombras de mi Sol, como me aconsejan los recelosos.

¿Cómo cederle mi derecho a criticar MI sociedad a aquel que no la sufre, no la siente como yo, no la ama ni quiere lo mejor para ella? ¿Cómo terminar tan esclava de una trinchera, en la misma monotonía que tan mal veo en el ojo ajeno?

Necesito dudar de todo para encontrar mis verdades, y que ellas se sostengan ante mí con la fuerza de sus esencias incólumnes aún ante el asedio de mis mil preguntas. Y necesito que me permitan esa búsqueda y ese ejercicio de mi criterio, para sentir de verdad que cuentan conmigo para Re-evolucionar a este país. A fin de cuentas, es el único potencial que tengo para empujar “la maquinaria” y no puedo ser una en papel o reunión y la otra, modosa y poética como conviene, en el pentagrama de bytes de esta Nube.

Me parece más sano, sincero y productivo correr el riesgo a la discrepancia con genuino entusiasmo, defender a Cuba no únicamente desde la alabanza a todo lo meritorio que en ella hemos logrado, sino también y con igual ahínco, desde el enfrentamiento a los problemas que la aquejan, sea cual sea su naturaleza.

La historia terminará diciendo cuál es el mayor de los daños, si ser muralla o ser diana. Yo prefiero ser diana.

Por eso regreso hoy, para correr el riesgo. Vuelvo con todos los recelos que da un buen “chichonazo” y también con la sombra de la sospecha perenne de los “buscadores de piojos”. Ambas cosas habré de asumirlas con el mismo lema que me planteé al iniciar el ejercicio de mi profesión: “A mí me pagan lo poco que me pagan por hacer Periodismo. Para censurarme le pagarán a otros. Debo, por tanto, atenerme a mi contenido de trabajo y hacerlo lo mejor posible, que para mí es escribir sin dar lugar a la cera.”

Vuelvo con la asunción de todas las consecuencias inevitables que conlleva el poseer la nacionalidad más controvertida y digna del mundo.

Y sé que no soy libre, nadie nunca lo es por completo. Mucho antes de mi choque troposférico lo aprendí sencillamente, en una clase de Filosofía, con el mejor profesor del mundo. “La libertad es el reconocimiento de la necesidad”, me dijo, cuando yo ingenuamente soñaba aún con el libre arbitrio.

Desde entonces admito sin vergüenza las malsanas insinuaciones de quienes me echan en cara mis ataduras ideológicas. Estar aquí, en esta Isla, con todas las posibilidades de vivir en otro lugar comiendo una yuca menos dura; creer en la idea aún, tener una fe inexplicable y soberbia; sentir responsabilidad por el futuro de este país, cogerme lucha con todo lo que le daña, abrir la boca siempre y contra toda probabilidad de ser bienentendida: todas esas necesidades de mi ser me crean, queridos amigos, dependencias insondables.

Pero atada solo hasta donde consienten mi voluntad y mis principios, me alejo también todo lo que puedo de las peligrosas sujeciones de la conveniencia, la sumisión y la rutina.

No me interesa servir más intereses que aquel de la dignidad plena del hombre con que soñó el Maestro (lo escribo alto y claro para los que- desde afuera o desde adentro- pudieran intentarme de su lado para otro tipo de barricadas).

No me interesan los odios, las campañas, los dictados trending topics. Tengo mi utópica y quizás errada manera de defender a mi país, a mi gente, a mi profesión, y espero eso se me respete como respeto yo las maneras de otros.

Vuelvo así, con esta declaración de principios, probando suerte o quizás tentándola, porque de veras extraño mucho este espacio y las cosas que ayudaba a sacar de mí, y extraño esa sensación de sentir que creo (del verbo crear y también del verbo creer).

Llueve de nuevo, esperemos que dure.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Rodolfo Romero Reyes y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a El regreso de la Nube. ¡Qué alivio!

  1. nubedealivio dijo:

    Rodo de mi vida y de mi corazón, cada día entiendo más por qué los quiero tanto a cada uno de ustedes. Mira con las que me salen!!! gracias, de verdad, gracias por este detalle, por las muestras de apoyo incondicional que siempre me has dado. Aún recuerdo tus sms llegando certero a aquella playa limítrofe entre Las Tunas y Holguín, a donde escapé para desconectar del “chichonazo”. Me alegra mucho haberte conocido y tener tu mano segura al borde de mis más malos momentos. Nos seguimos timbrando jejejeje

  2. Alejandro dijo:

    rodo, en mi comentario estabas representado tu tambien, un abrazo

  3. oye, ladrón! eso de “Qué alivio” es el título de una de mis botellas…qué muchacho más descarado, es más, para enmendar el daño tendrás que invitarme a un café, 😀

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