De ninjas y de samuráis (Un texto de Kmilo)

Por Kmilo Santiesteban Torres

Les voy comentar lo que me pasó hace unos días, situación en la que se pudieran encontrar cualquiera de ustedes.

Sucede que, como cualquiera, tengo amigos. Muchos de ellos suelen aparecerse a cada hora y con cada recado… y yo siempre les digo que sí, porque sencillamente para eso estamos. La propuesta esta vez era la siguiente: yo le hacía la pala en una salida a un campismo con una muchacha y mi misión era entretener a la amiguita de mi amigo, puesto que cuando hizo la proposición esta última estaba presente y fue imposible decirle que no.

Una salida a un campismo hace unos años atrás era algo sumamente barato, ya no. Pero eso no era lo más inquietante, sino conocer quién sería mi acompañante. Cuando pregunté: ¿cómo es?, se asomó una sonrisa y le siguió una carcajada.

Hay algo que no les comenté y es que fui descrito durante la invitación como: alto, trigueño, buen mozo y fuerte, de lo cual solo cumplo con el 50% y por supuesto que son los dos primeros adjetivos. Debo aclarar que para algunos ni siquiera cumplo con el segundo. La cosa había empezado con ciertas mentirillas.

Antes de seguir con la historia déjenme decirles el por qué de ninjas y samuráis.

Ninjas: Muchachas que suelen aparecer donde quiera, cuando sea, dispuestas a todo.

Samurais: Tipos como yo que se hacen el harakiri con tal de ayudar a un  buen amigo.

Los días pasaron y nada de aquello. Yo esperaba que la promesa de mi amigo: “cualquier cosa te llamo”, no se cumpliera. Llegó el fin de semana y casi estaba salvado, pero realmente no calculaba su poder de movilización. Sonó el teléfono y charaaaaaaaaán, era él para precisar hora y lugar ese mismo día. De madre me iba a tocar jugar mi papel y lo peor, hasta el atardecer. Dispuesto a inmolarme sonó el teléfono nuevamente y daba una buena noticia, ya no había campismo.

Después del alegrón continué mi vorágine de sábado pero hubo un tercer timbrazo que me heló la sangre, yo era rápido, pero la mala suerte más. Resulta que a alguien de ellos tres se le ocurrió la posibilidad de otro día, esta vez entre semana, pero nada, una especie de muerte anunciada.

La llamada se hizo, y la salida fue a una disco en La Habana Vieja. Mi acompañante era tal y como la imaginé y ella pudo comprobar que yo tampoco era el “mango” que le habían prometido. Mi amigo también sufrió pues su “cita a ciegas” no se veía como en Facebook, y él también ha cambiado mucho desde que colocó su foto de perfil. Pero como las decepciones fueron por ambos lados, no hubo necesidad de hacer ningún harakiri pues ellas, en el fondo, no eran tan ninjas.

Dos enseñanzas: 1) Siempre es bueno que tus amigos te hablen claro,
2) ayuda a tus amigos aunque tu sentencia sea previa.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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2 respuestas a De ninjas y de samuráis (Un texto de Kmilo)

  1. camarero dijo:

    kmilo está escapao… he leído pocas cosas de él pero debería aportar algo cada vez que pueda… eso de que la mala suerte es más rápida que él fue la frase que más me gustó… genial!…

  2. Chely dijo:

    qué modestico el niño, jajajaja, besote

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