Cubanos a pesar de las fronteras

Por Anabel Serrallonga,
Eileen Sosín y Rodolfo Romero.

Si profunda es la distancia, profunda es la lejanía,
en un alma peregrina no existe ciudadanía.
La bandera es un dilema, la patria y la geografía;
donde quiera que me encuentre yo siento que es tierra mía.

X Alfonso

El tema de la emigración ofrece más preguntas que respuestas. Más allá de cuestiones políticas o económicas, el fenómeno ha dejado cicatrices en la sensibilidad y los recuerdos de los cubanos. De un lado la escoria, los excluidos, los disidentes. Del otro personas sin nombres que se quedan. Unos y otros comparten el sufrimiento, la frustración, la pérdida…

«No creo que se pueda entender (la emigración) sin haberla vivido. No creo que una persona que no haya emigrado pueda ponerse en lugar de un emigrado. Es algo que se vive en primera persona con sus respectivas peculiaridades. Y por muy buena que haya sido siempre es dolorosa».

Anabel Rodríguez vive en España, y aunque no quiere regresar a Cuba, explica lo que significó para ella dejar su país: «Es muy difícil porque no es solo insertarte en otro lugar y en su cultura, es que tú también aceptes el cambio con sus consecuencias, lo que dejas o pierdes, lo que ganas».

La mayoría de los cubanos residentes en la Isla tienen familiares que viven en el exterior, esto se debe esencialmente a que desde el principio de la Revolución este fenómeno se ha mantenido constante.

«Desde pequeña me sentía muy identificada con la  política, siempre participaba en matutinos, estaba al día en lo que pasaba en mi país y en las “entrañas del monstruo.” Nunca me pasó por la cabeza irme, ni me consideré una gusana. Tampoco soy comunista, pero sí me siento fidelista e incluso aquí no permito que me hablen mal de él, es como si alguien viniera a cambiarte una imagen de algo inalcanzable en Cuba», cuenta Diana Rosa Pérez, a través del correo electrónico.

El principal motivo para emigrar en la década de los 60 era el desacuerdo con el Gobierno revolucionario. Posteriormente se dieron crisis migratorias como las de Camarioca (1965), el Mariel (1980) y los balseros (1994), mayormente provocadas por motivos económicos.

«No te voy a negar que me intrigaba conocer esto, tener los bolsillos con dólares para gastar, ropa, el refrigerador lleno de comida y un carrito para moverme para aquí y para allá, pero se colaban en mi cabeza todos los recuerdos de mi vida y podían más que las ganas de conocer y de vivir en abundancia».

Diana Rosa Pérez vive hoy en los Estados Unidos, siendo apenas una niña de seis años sus padres se anotaron en el «bombo» (1). Para ella, recibir el permiso de viaje 12 años después, fue una pesadilla.

«He oído que cuando una persona está muriéndose le pasa toda su vida por delante muy rápido. A mí me pasaron mis cortos 18 años en un instante mientras un solo sentimiento me aterraba: perder todo lo que tenía, mi carrera que ni había empezado, mis amistades, mi barrio de Lawton y mi papá, quien ya tenía otra mujer con hija y todo».

Ante la presión de su tía, que vivía en los Estados Unidos, su madre y su hermano, Diana dejó Cuba pocos meses después.

Emigrar para muchos constituye enfrentarse a un mundo desconocido, a veces aprender un idioma, relacionarse con personas de diferente idiosincracia, conocer las calles y las costumbres de un país que no es el tuyo. Anabel, también escribe sobre su experiencia al llegar a España: «Pienso que adaptarse  no es un proceso de un día para otro. Por lo que no hay recetas, ni aspirinas para atenuar el dolor. Creo que se necesitan dos años como mínimo para empezar a sentir que otra vez tienes un lugar o un espacio propio».

La mayoría de los cubanos son capaces de adaptarse satisfactoriamente a la vida en otra nación, sin embargo, a muchos les queda la nostalgia cuando hablan de Cuba.

«Lo que más extraño es a mi familia y mis amigos que están allá. Eso no se puede reemplazar con nada. También, creo que  echo de menos el olor que había en Fontanar después de un buen aguacero. ¿Qué cosa verdad?».

Re-descubriendo el fenómeno

Estudios realizados en los últimos años en Cuba acerca de la emigración han revelado una disminución de la edad promedio de aquellos que emigran. Esto tiene serias repercusiones no sólo en la dinámica de la familia y la comunidad, sino también en cuestiones demográficas, lo que indica desafíos para la sociedad cubana. Según una investigación de Antonio Aja, del Centro de Estudios de Migraciones Internacionales (CEMI), la Emigración de jóvenes se agrava «a partir del actual escenario de bajas tasas de crecimiento poblacional, el envejecimiento de la población y el mantenimiento de un potencial migratorio externo. Se precisa evaluar las estrategias de enfrentamiento ante una erosión poblacional producto de la emigración» (2).

Ivett Franco (3), estudiante de 5to año de Psicología de la Universidad de La Habana (UH), desarrolla en estos momentos una investigación para la tesis de licenciatura con importantes aristas relacionadas con el tema.

«No soy del criterio de seguir calificando la emigración en Cuba solo como una cuestión política. La decisión guarda mayor relación con los proyectos de vida que se trazan los jóvenes: graduarse, desarrollarse como calificados profesionales e independizarse económicamente, aspectos muy decisivos para su satisfacción personal a la hora de formar una familia. Al ver frustrados sus proyectos no encuentran otra salida, es un fenómeno interesante y peculiar porque también hay muchos que, aún en iguales situaciones, no deciden abandonar la Isla», opina Ivett.

Muchas veces la emigración además de guardar relación con la situación económica, tiene que ver con la estructuración o desestructuración familiar. Para seleccionar su muestra la estudiante capitalina envió un correo a un grupo de cubanos que residen en el exterior. La convocatoria se extendió a otros conocidos y finalmente 30 personas le enviaron su disposición para participar en la investigación.

De ellos 25 abandonaron el país mientras cursaban estudios universitarios y los cinco restantes, como graduados de la enseñanza superior. Todos salieron por vías legales: algunos por reclamaciones de sus padres o parejas, otros por el otorgamiento de becas académicas en el extranjero y dos por abandono de misión; 28 tienen salida definitiva y otros dos temporal.

«Entre las razones para emigrar mencionaron las necesidades económicas y de realización profesional, pues ven la solución a las mismas fuera de Cuba, incluso cuando la realidad final resulte totalmente opuesta», aclara al tiempo que compara estos motivos con las reflexiones de 40 jóvenes encuestados en Cuba acerca de si emigrarían o no, y cuáles serían las posibles causas.

«Aquellos que respondieron que no se irían de Cuba manifestaban que les gustaba el país, la cultura, la gente, la vida de sus ciudades. Otros argumentaban su compromiso político o de identidad. Los parientes y amigos también tienen un peso importante en esta decisión», comenta.

Aún cuando Ivett no ha finalizado su estudio, hay conclusiones preliminares que no se pueden pasar por alto. Resulta interesante el hecho de que los jóvenes entrevistados manifestaron su deseo de regresar a Cuba, sobresaliendo entre sus razones, importantes rasgos de identidad y cubanía.

«Para entender y solucionar la problemática que es hoy la emigración de jóvenes universitarios, no pienso que se deba  cerrar las puertas. Al contrario, corresponde abrir las posibilidades, conversar con aquellos que se fueron y con los que están aquí. Como es una realidad difícil y compleja debemos estudiarla, comprenderla, para luego emprender acciones que puedan contrarrestarla».

Palabras para entender

«El isleño tiene un poderoso sentido del arraigo en su náufrago pedazo de tierra. Teme lo que le viene de afuera. Pero inevitablemente, el afuera lo fascina, lo seduce porque es la posibilidad de ser otro, de perderse, de extraviarse, como nunca puede hacer el hombre de las islas, aherrojado por las cadenas del mar», así trata de comprender la insularidad Guillermo Rodríguez Rivera (4).

Importantes pensadores de todos los tiempos se han pronunciado acerca de las complejidades que tiene la emigración. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, en el VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) proclamó: «Yo no me avergüenzo de los que están fuera, porque mis hijos están fuera, y jamás me avergonzaré de mi condición de padre, ni jamás les quitaré a ellos el nombre de cubanos —ellos decidieron su camino— siempre y cuando no hagan armas contra la patria que los vio nacer o levanten su mano contra el que les dio nombre».

Actualmente la mayoría de los emigrantes cubanos visitan el país a pesar de las trabas que imponen los Estados Unidos y hay quienes no pueden hablar de Cuba sin cierta melancolía, se sienten cubanos a pesar de tener otra ciudadanía.

En otras de sus páginas comenta el profesor Rodríguez Rivera  «ese es justamente el drama del exilio: imaginar el país que se ha perdido, el cual se reconstruye con datos transformados, resemantizados, que vuelven amigo lo que históricamente nunca lo fue».

La emigración es abordada y estudiada por muchos de nuestros pensadores, políticos, periodistas, escritores, artistas plásticos… Es un tema muy polémico que trae consigo confusiones y hasta falsas acusaciones. los universitarios de aquí también toman cartas en el asunto.

Sin pelos en la lengua

Xiomara estudia 4to año de Periodismo en la UH y tiene pensado en algún momento de su vida vivir en el extranjero. «Me gustaría mucho trabajar en otros medios de prensa. He pasado por diferentes periódicos, revistas y sistemas informativos y hasta ahora no me veo realizada en ninguno de ellos. Además todos tenemos sueños, como conocer otras culturas, y eso aquí es muy difícil de lograr».

Yoan, su compañero de aula no coincide con su criterio: «Aquí se van los que no tienen esperanza o buscan una solución más fácil a sus problemas. Si nosotros tuviésemos la posibilidad de viajar libremente, yo creo que no habría esa necesidad de emigrar. Cuando la situación económica aprieta, sumado a los trabajos que pasa un joven universitario a algunos les da por irse. Pero si soy sincero, yo no me imagino fuera de Cuba».

En otras universidades los criterios también están divididos: «Es cierto que me gustaría vivir una parte de mi vida en otro clima, con otro ambiente. Tal vez no me vaya de forma definitiva. Y tal vez si lo hago no sería para los Estados Unidos. Ah, eso sí, no se me ocurriría hacerlo nunca de forma ilegal», explica Yohanier, de 3er año en la UCI.

Para Felipe, estudiante de la CUJAE, hay que tener en cuenta ciertos principios. «Yo conozco gente que no se va ni aunque le den candela; porque aman esta Isla, su gente, sus calles, el dominó de madrugada… Es más una cuestión de identidad nacional y patriótica, que de creencias políticas».

Arturo, recién graduado de Sociología en la UH, explica que «cuando uno sale hacia otro país encuentra una cultura, una vida, una idiosincrasia diferentes. Por muy rápido que te adaptes siempre creerás que eres un extraño. Si acaso pudieras regresar al cabo de unos años, aquí tendrías esa misma sensación pues la gente habría cambiado, tu cuarto sería el de tu hermanito, los muebles estarían de otra manera; estarías como flotando. Es como no ser o no pertenecer a ninguna parte».

Yasser, estudiante de Medicina, sostiene que romper relaciones con los que emigran es algo errado. «Cuando mis amigos vienen de visita me gusta departir con ellos y no por eso me volveré disidente o un admirador del mundo capitalista. Yo soy de Cuba, una Cuba socialista y quiero vivir en ella. Inquietudes tengo. Sin embargo, la solución nunca será irme de aquí».

Y concluye, «las inconformidades debemos expresarlas desde nuestras posiciones. Hay quienes piensan que no se debe “coger lucha,” que no vamos a arreglar el mundo. Yo al menos lo discuto en mi brigada, en mi facultad y el resto de mi vida lo pasaré aquí enfrentando lo mal hecho, pero formando parte de las soluciones. No me imagino en otra tierra mientras mis hermanos deciden el futuro de Cuba».

Es importante que el joven universitario piense y «se piense a sí mismo». Nosotros como país no aspiramos a tener eternamente un bloqueo económico, una Ley de Ajuste, un diferendo con Estados Unidos. Por eso también importa que el contenido político e ideológico del discurso revolucionario engarce de modo creativo con la naturalización del proceso migratorio que viene ocurriendo en la práctica. Esto les permitirá a los jóvenes desarrollar la capacidad de pensar sobre lo que sucede a su alrededor, sobre lo que forma parte de su vida. Cualquier distancia entre la prédica y la realidad, cualquier dimensión que ellos no logren entender políticamente, fracturaría el consenso.

Nota de edición: En el momento que se redactó este artículo, sus autores eran estudiantes de Periodismo. Fue publicado en la Revista Alma Mater, el 23 de abril del 2009.

Notas al pie:

1 Un programa en el que a las personas elegidas mediante un sorteo, se les otorga la visa para viajar a los Estados Unidos.

2 Posibles tendencias de la emigración desde Cuba entre 2008-2009, de Antonio Aja Díaz en http://www.uh.cu/centros/cemi.

3 Graduada de Psicología, disfruta de la maternidad y tiene una bebé que es una preciosura.

4 Por el camino de la mar o Nosotros, los cubanos. Ediciones Boloña, La Habana, 2006.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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