Mi amiga, Chávez y mi otro amigo

ch02-580x391Crónica de jueves hoy lunes
Por Rodolfo Romero

En la mañana del jueves salí de casa con la idea de ir a la Plaza a rendirle tributo. Caminando por G me encontré a una amiga. Venía de allí. Después de subirse a un camión a las 5.00am en Artemisa había llegado a las cercanías del Memorial donde estaba concentrada la Universidad de La Habana esperando para subir. Ante la multitud ella había desistido y estaba muy molesta.

“Para mí eso está mal. Nadie se ha pronunciado, no basta con una declaración oficial. En la Plaza hay tremenda cola para firmar un libro, creo, o poner una flor, no sé. Yo pensé que por Chávez habría un acto, un desfile, que Raúl hablaría. Oye, él fue como nuestro segundo presidente. En Venezuela todo el mundo está en la calle y aquí nadie ha dicho un discurso emotivo, no se ha cantado el himno de Venezuela. El acto de hoy debió empezar más solemne. Oye, yo vine desde Artemisa solo porque es Chávez, y me voy con pena porque este no es el homenaje que yo imaginé”.

Mi amiga no grita a los cuatro vientos que es revolucionaria. De hecho nunca antes la había visto tan implicada. Sin embargo, me habló con tanta pasión de Chávez que me impresionó y me hizo recordar a esas millones de personas que el pasado miércoles perdieron a uno de sus seres más queridos.

Llegué a la plaza y vi a muchos de mi Facultad. Calculé que demorarían y preferí posponer mi tributo. A las 8.10 de la noche pasé por delante de su foto después de una hora en la fila silenciosa. La cola siguió hasta las 9.00pm cuando pasaron los últimos; instantes después cerraron las puertas del Memorial.

Todo el pueblo de Cuba desfiló frente a una foto, firmó un libro, hizo un minuto de silencio o le pidió a los dioses que lo tuvieran en la gloria. No se trata de un acto, de una obligación, de ir a Venezuela y besar un ataúd. Pasar durante 35 segundos por delante de una foto fue quizás mi manera de decir adiós, de decir presente o de darle el abrazo que nunca existió.

Saliendo de allí me encontré con otro amigo. Caminaba unos pasos delante de mí. Lo abracé con mucha alegría. Hace unos años, él fue quien me acompañó al memorial cuando despedimos a Juan Almeida. Ahora volvíamos a coincidir en otra triste despedida. La otra vez fue también más o menos a esa hora. Entonces me di cuenta que, aún sin ponernos de acuerdo, mi amigo y yo siempre iríamos a la Plaza a despedir, a marchar, a exigir o a luchar.

A mi amiga el homenaje sentido el pueblo le quedaba chiquito, “Chávez merece mucho más”. A mi amigo el deber le exigía estar allí, ante una foto, en silencio. A mí la satisfacción de tener amigos así, chavistas, apasionados, de los que van a estar siempre allí con los pobres de la tierra, me hace lidiar mejor con esta pérdida.

Cualquier homenaje es pequeño. Solo nos queda seguir adelante, cogidos de la mano, por la izquierda y a la izquierda, dispuestos a poner la rodilla en tierra si es necesario.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Mi amiga, Chávez y mi otro amigo

  1. Damian dijo:

    Creo que tu amiga tenia razon rodo, en otros momentos por mucho menos hemos hecho mucho mas… creo que no tenemos idea de la gran deuda que tenemos con Chavez y su proceso revolucionario. Ojala y mas alante se le rinda el homenaje que algunos nos quedamos esperando.

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