Los conversadores (me retrataron)

La conversaciónA mis amigos y amigas conversadoras,
especialmente al Top Convers integrado
por Laura Machín, Yuset Sama,
Elena Reigosa y Mónica Márquez.

Los conversadores, un cuento de Ángeles Mastretta (fragmentos)

Yo vengo de un tiempo humano, cada vez más remoto, en el que conversar era el don, el privilegio y la costumbre más encomiable. No sé si ese tiempo tuvo lugar o si a lo largo de los siglos estamos distribuidos, aquí y allá, los habitantes de su espacio. Creo más probable esta segunda opción, la creo porque he aprendido a reconocer de lejos a los miembros de esta especie de secta cada vez más exigua que podríamos llamar los conversadores. No hay necesidad de trámite, ni de credenciales ni de registros para ser un buen conversador. La única seña está en la facilidad con que traban cercanía y descubren sus emociones, dudas, pesares y proyectos como quien desgrana un rosario. Impúdicos y desmesurados, se vuelven invulnerables, porque todo lo suyo lo comparten. Y si un problema tienen, es el que los hace vivir corriendo el riesgo de derivar en chismosos. Nada tan despreciable para un conversador como un chismoso y, para su desgracia, nada más cercano a la vera del acantilado por el cual caminan. Antes que nadar, comer, dormir o cualquier otro placer parecido, los conversadores prefieren intercambiar palabras. Sólo los besos y sus prolongaciones son tan placenteros como las palabras. Tal vez porque los besos están emparentados con las palabras, y el amor puede ser una conversación perfecta. De ahí que los conversadores tiendan a enamoradizos. Como tienden también a cantar cuando están solos o a colgarse del teléfono a propósito de casi cualquier cosa. El reloj es su enemigo más acérrimo y no lo pueden remediar, saludan a desconocidos en el mercado o en la calle y tienden a dar consejos a quien no se los pide. Cuando sienten que el día no les rindió, que algo le falta al mundo para poder cerrarse sobre su almohada, se prenden de un libro o de una película de esas en que no importa lo que pase, con tal de que importe lo que se diga. A los conversadores siempre les falta un poquito, nunca quieren que la gente se vaya de su lado y cuando su cónyuge les da la espalda para irse a otro lado con su soliloquio tienden a llamarlo con un oye que es una especie de súplica, de no te vayas aún (…)

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Los conversadores (me retrataron)

  1. Reisel dijo:

    Creo que al que retrataron fue a mí… y como somos hermanos. la parte que me crea duda es la de saludar a los desconocidos por ahí, porque esa faceta tuya está en veremos… Suerte en la Ciénaga y saludos a todos los blogueros que andan por allá.

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