Latigazo (12)

Por Héctor Zumbado

El narrafismo deportivo

Junio de 2003

Una vez, leyendo un informe de un organismo internacional que hacia referencia al bloqueo impuesto a Cuba, me encontré con esta frase: «En los últimos años Cuba ha experimentado cierta ausencia de comercio con algunos puertos importantes al norte de la Isla».

¡Vaya! —reflexioné— ¡Qué manera más delicada de decir las cosas! Y entonces me di cuenta que se trataba de un eufemismo, o sea, de una forma especial de hablar, o como diría el diccionario enciclopédico Espasa-Calpe, un «modo de decir para expresar con suavidad o decoro ideas cuya recta expresión sería dura o mal sonante» (El Espasa-Calpe lo hacen académicos españoles que usan sombreros de pajilla).

Otro ejemplo de eufemismo del que fui testigo hace poco me ocurrió al pasar cerca de una cervecera donde se había concertado espontáneamente un emotivo match de boxeo tumultuario, un todos contra todos de gran colorido, donde los minimoscas se enredaban lo mismo con welters que con semipesados y pesos plumas. Y en medio de aquel movido espectáculo, un señor del barrio (creo que tenía sombrero de pajilla), expresó: «Hoy la cervecera no tiene toda la ecuanimidad deseada».

Eso me recordó al narrafismo, que es una especie de narración deportiva, una síntesis, un híbrido de lo más interesante. Al fundirse la narración y el eufemismo se produce un nuevo estilo narrativo, el narrafismo, que tiene muchos adeptos y ha llegado a producir verdaderos especialistas en ese difícil arte de expresar con suavidad las ideas.

Un buen ejemplo de narrafismo ocurrió en la pasada serie de pelota (fui teletestigo) cuando a un primera base el corredor le pisó un callo con un «spike» y ahí mismo se formó. Los televidentes veíamos clarito cómo el primera base le iba para arriba al corredor, cómo éste se preparaba para recibirlo, cómo el ampaya entraba a separar… y como el narrador, mejor dicho, el narrafista, comentaba  con delicadeza: «Parece que hay un discrepancia en primera base».

El narrafismo es así, suave y cortés, sutil como el pétalo de una rosa, aséptico como un guante blanco. El buen narrafista es elegante, caballeroso, de buenos modales. Prefiere ser discreto y por eso no opina demasiado. Le gusta quedar bien.

Es ponderado y extraordinariamente mesurado. Y a veces piensa, recordando a Juana de Arco, que un incendio siempre puede evitarse. (Sobre todo, si es el suyo propio.)

El narrafismo siempre es vacilable, pero donde puede llegar a adquirir elevados niveles de exquisitez es en los torneos internacionales, un contexto propicio para que los narrafistas puedan mostrar sus mejores galas. A veces, en estos eventos, ha sido posible escuchar por radio a un narrafista emocionado narrafando una pelea de boxeo:

«¡Ahí está el cubano jabeando con la izquierda! ¡Otra izquierda del cubano! ¡Buena derecha del cubano! ¡Izquierda y derecha del cubano! ¡Tremendo swing del cubano! ¡Y ahí va a la lona! El cubano ha caído a la lona. Y le están contando, y le siguen contando… y ya no le cuentan más porque ahora se lo llevan en camilla. El muchacho no parece estar en las mejores condiciones para continuar la pelea. Pero de todas maneras esperemos la decisión oficial de los jueces. Mientras, quisiéramos comentar que es posible que la vehemencia y combatividad de este muchacho le haya impulsado a proyectar su quijada con demasiada agresividad contra el guante del contrario».

¿Ven qué manera más linda de describir un nocao? Eso solamente es posible con la técnica del narrafismo, que no es fácil.

Por televisión, naturalmente, se hace todavía más difícil ejercitar el narrafismo, porque en ocasiones se establecen ciertos contrastes entre lo que piensa el televidente y lo que está diciendo el narrafista, que puede estar narrafando, por ejemplo, un desafío de béisbol:

«Ahí lanza el pitcher, ¡es un chucho! La bola picó como a dos metros delante del jon. Ahí viene otra vez el lanzamiento, ¡bola alta!, el catcher saltó, pero la bola dio de aire contra la malla. De nuevo el lanzamiento, ¡bola muy afuera!, el receptor se tiró de cabeza, pero no pudo atraparla y por poco le pega al cargabates».

Otra vez el pitcher se sitúa, ahí viene, ¡y le dio en el casco al bateador! ¡Dedbol! Parece que el pitcher está mostrando cierta tendencia al descontrol.

Eso es lo que el narrafista dice, mientras los televidentes piensan otra cosa. Es el contraste que se establece. Es, para decirlo en el idioma narrafista, al parecer, una cuestión de puntos de vista diferentes.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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4 respuestas a Latigazo (12)

  1. jajajajajajaj, qué manera de reírme, para no llorar, porque desgraciadamente, todo esas cosas suceden, y más que menos casi todos las hemos visto…. excelente!!!

  2. jajajaja, empréstamelo pa mi blog. besos

  3. nubedealivio dijo:

    Dios, le zumba a Zumbado!!!! Es el mejor jajajajaja esto no me lo había leído, Rodo, genial!!!!

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