Ni Accutus ni Rhombifer, mucho Korimakao. Reencuentro

Por Kmilo Santiesteban

Preludio

En un cerrado círculo, y tiritando por lo fría del agua en una de las pocetas del Nicho, decidimos que nuestro próximo destino sería La Ciénaga de Zapata, en Matanzas. Así pasaron los meses y…espérense, no es justo empezar a contar esta historia sin mencionar ciertos acontecimientos de finales de año y principio de éste que fueron condimento esencial para cocinar la última de nuestras aventuras.

Resulta que a principios de diciembre se casaron dos de nuestros blogueros (una bloguera y un bloguero, vaya para aclarar, aunque según Mariela ya no hay problema) debajo de un pino o casuarina, para mí fue igual (tremendo toque, asegúrense que sus novias no vean las fotos, ni el video, porque se les gusta y se embullan, están embarcados por lo lejos “and the cost”).

Para allá nos mandamos yo y el Rodo, además de Itsván. Realmente fue una mega fiesta, increíblemente divertida, hasta para los novios. En enero hicimos café en la sede de la Facultad de Comunicación que está Bohemia (yo entré diciendo unas mentirillas en la puerta) ¡Sufre Koka! Allí estuvieron mis lindas Tuni, Elizabeth y Chely, además de Superalbertico y otro camagüeyano que estaba tullido del frío. Esa noche conocí a muchos de los blogueros de los que tanto había oído hablar, que por suerte para nosotros se añadieron a nuestra tropa. Me propuse ir esa misma semana a la marcha de las antorchas con Elizabeth y Cheli – sólo apareció Cheli- y hubiera quedado como un puntazo de no ser por un post que más o menos salvó mi imagen. Llegamos justo a las 12:00am a la universidad.

Ciudad de Matanzas

Para empezar: ¡Qué cantidad de mujeres lindas hay en la ciudad de Matanzas! Serio, soy observador, hay al menos dos mujeres por hombre.

En el periódico, después de casi una hora de hambre, nos recogieron Arnaldo (el inmortal) e Itzván (Papá). Salimos a recorrer la ciudad y yo era un ventilador, sin disimulo, parecía que estaba atacao.

A eso de las 10:00am estuvimos a punto de dejar embarcados a los camagüeyanos en la terminal. Era sencillo, nos íbamos para una fiesta del periódico, en la que habría cerveza Bucanero y Cristal – el vaso baratico baratico – y le pasábamos un SMS a una de nuestras mosqueteras, con todas las indicaciones requeridas. Después llegaríamos con media chancleta bajo el agua y felices de verlos. A ustedes se les habría pasado el berro y estarían contentos de vernos. Arnaldo abogó por no hacerlo.

En fin, al mediodía llegó la tropa agramontina con nuestras mosqueteras, una Dartañana, tres tipos con altura de – no te hagas el loco – y Mary. La tarde fue un tur  matancero medio improvisado por Arnaldo que terminó en una playita que, al principio me pareció de mala muerte, pero estaba de lo mejor, además esos camagüeyanos saltaban de la alegría. Nada, cuestiones de fatalismo geográfico.

Apareció Betsy de pronto, decía con una sorpresa, que pensamos yo y Arnaldo, – coño, al menos un añejo-, pero era cidra. -Eso no se hace Betsy-. ¡Sufre Salvatore!

Atardeciendo llegaron los habaneros, algunos de ellos,  conocidos camaradas de campismos y otros alcoholes.

La noche comenzó con la autoinvitación a unos 15 en la ACAA (muy bohemia por cierto), donde aparecieron hasta buffet para nosotros. Debo decir que los primeros dos que llegaron no fueron bien habidos. After party dejamos a Arnaldo con tremendo suene en la residencia (fue para morirse de la risa) y salimos en busca de los holguineros a la terminal. Es una falta de modestia, pero gracias a mi gran sentido de la orientación, llegué con Mary 25 minutos antes, jajaja. Mi piquete del oriente estaba hecho tierra, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

En la mañana llegarían los exnovios Yoy y Dianet y otros yumurinos.

Dos horas después

Dormimos sólo dos horas, así son estas cosas señores, Ron Castillo y de pie hasta las 5:00 am. Nuestras caras eran un derrumbe.

El periódico nos acogió hasta que llegó la guagua, tuvimos hasta un Torres Cuevas particular y todo. Lo de la guagua puff, sucedió cuatro horas después. El viaje fue largo, entre reggaetón a todo dar y vino dulce de los karinos.

En el paso por Jagüey Grande, entramos a una estación de radio o algo relacionado con la prensa que más bien parecía un calabozo del BRAC –eso sí son ganas de trabajar-  y yo que protesto por cada basura.

El atardecer nos avistó entrando en los predios del Korimacao. Nos recibió un guerrillero de los nuestros que había llegado antes, Ulloa, además de la directiva de aquel lugar, cuya voz cantante es un personaje de aspecto caricaturesco, conocido por Cuco y llamado Yander, que me hizo recordar la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Solo bastaron unas horas para darme cuenta que sin dudas eran unos luchadores de primera. Aquí comenzaba la pasión.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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