Números Áureos

Por Kmilo Santiesteban

Siempre a finales de año aunque no nos lo propongamos, hacemos un balance de los últimos doce meses. Es algo ya condicionado. De algún modo tenemos que saber cuanto supimos aprovechar nuestras potencialidades en las oportunidades que se presentaron, en cualquier ámbito.
Hay parámetros que son casi obligatorios en nuestra cabeza: amor, salud y trabajo (¡qué sorpresa, primero amor que salud!) los demás son sólo acápites de esos tres, se desprenden.
Soy ingeniero y los números son inherentes a cualquier frase o pensamiento mío, porque creo que en estos tiempos dicen más que todo un discurso. Por eso los relaciono con los hechos (paso más trabajo con los nombres que incluso con los números de celular).
El año pasado fue bastante candente, sobretodo después del mes de mayo. Los números que asocié a cada cosa a partir de ahí fueron acontecimientos de revienta cordeles. Decidí llamarlos Números Áureos, nada tan lejos de la teoría de Da Vinci, no son para nada proporciones perfectamente simétricas del cuerpo humano, sino perfectas juergas, borracheras y nuevas amistades.
La racha comenzó en mayo, cuyo número mágico es el 5, puesto que fueron cinco días de cerveza en cerveza, en un lugar sencillamente paradisíaco: Boca Camarioca. El próximo mes puso en mi mente el 2 y el 25, porque fueron dos días a todo tren en los carnavales de Bahía Honda, Pinar del Río (no me gustan las provincias inventadas de ahora para ahora), con mi hermano Suriel y su piquetón; mientras el otro numerito fue, por el día más una hora que estuvimos dándole a la bebida que viniera, con el baile que viniera y demás…..la calle nos mandó a dormir en la mañana.
Julio deparó mi encuentro con una esfera totalmente desconocida: la blogósfera (muchos nuevos y buenos amigos), el Turquino y la viva naturaleza oriental. Asociados a lo anterior son: el 10, que fue cuando comenzamos yo y el Rodo la travesía terrestre Habana-Santiago; el 14, que fue cuando, sudado a más no poder, llegué al pie del busto de Martí más alto sobre el nivel del mar que hay en Cuba y dije – síííí coj……-; y por supuesto, el 20, que representa a los blogueros turquinautas. A partir de ahí hemos sido una comunidad.
Señores, agosto me esperó con los campismos abiertos, a decir verdad fue sólo uno, Las Lagunas, pero tres jornadas descomunales que abrieron el 27. El 31 me fue mejor e lo que esperaba, lo de ninjas y samuráis, de veras me divertí de lo lindo, aunque estuve con el corazón en la boca hasta el último minuto.
El 8 marcó la fecha de octubre en que me encontraría nuevamente con la comunidad del blog en el Nicho, Cienfuegos. A pesar de que hubo bajas, hubo incorporaciones bienvenidas. En total fuimos 13, por lo que esa cifra amerita ser igualmente de oro. Noviembre me condujo al número 27, no representa una total felicidad, día en que llegué a Santiago de Cuba por un viaje de trabajo y pude ver con mis propios ojos el desguace (por decir algo), pero también vi ánimos aguerridos y convicción de mañana.
Los números de diciembre merecen sin dudas un párrafo aparte, ellos son: el 8 y el 12. Los dos son fechas de ese mes, siendo el primero el día que partimos en nuestra aventura Puerto Padre – Holguín, sin dolencias en las nachas, era con YUTONG; mientras que el segundo representa el motivo impulsor del viaje, la boda de Yoey y Dianet el 12/12/12, singularidad cronológica que no se repetirá al menos en este siglo. Qué fiestón! Esa cifra sirve hasta para referirme al aeropuerto de Holguín. Si ustedes supieran, ese fue mi real fin de año.
Los que me conocen saben que no hay religión a la que me arrime por diversas razones y la más importante es que creo realmente en la gente que me quiere y en quienes confío. La amistad es mi religión, aunque de vez en cuando se me olvide regar su jardín y definitivamente todos los números que he mencionado tienen que ver con amigos, por eso son áureos.
Hagan tangible el culto a la amistad, blogueros. ¡Hasta pronto!

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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