Latigazo (19)

Por Eduardo del Llano

Robin Hood

Agosto 2002

Nicanor —dijo Chencha la Amorfa, la esposa del aludido, sacudiéndolo— oí un ruido en la sala.

—Esos deben ser Nicanorcito y la novia.

—¡Nicanor! ¿Cómo vas a pensar eso de Nicanorcito? La novia está durmiendo con él en su cuarto. Tiene que ser un ladrón.

—Y si es un ladrón, ¿qué? En la sala no hay nada de valor.

—Está el televisor Caribe.

—Eso dije, no hay nada de valor.

—¡Nicanor O’Donnell! —chilló la mujer— ¡ve a ver si es un ladrón o aquí mismo se acabó lo nuestro!

Nicanor empezó a roncar con denuedo.

—¡Nicanoooor!

—Si no es un sordo que roba llevado por la desesperación al haber perdido su aparato —refunfuñó O’Donnell, levantándose —ya se habrá ido.

Tomó el objeto más pesado que encontró —el álbum de fotos de la boda— y esgrimiéndolo, fue hasta la sala. Allí había un desconocido sentado en una butaca, con aspecto de sentirse agotadísimo. Nicanor fue hacia él y sin más explicaciones, le pegó con el álbum en la cabeza.

—La gente es malagradecida —observó filosóficamente el intruso— mire a su alrededor.

En un ángulo de la sala había un estéreo nuevecito; en la esquina opuesta un ventilador y en la pared una «Reproducción» de Servando.

—¿Y esto? –preguntó Nicanor confuso y soltó el álbum.

—Yo me dedico a esto, amigo —dijo el desconocido— soy el Robin Hood del siglo XX, consigo equipos que están en falta o son carísimos y se los doy a los que tienen poco. Y todo es legal: sobre la mesa están los certificados de propiedad.

—Pero, ¿de dónde lo saca? Y ¿cómo entró?

—A la primera pregunta prefiero no contestar, y entré por la ventana.

—Entonces, ¡usted es un ladrón!

—Si yo arreglo una zapatilla en mi casa no soy plomero —razonó el visitante— y si me empujo una gala de aficionados no soy necesariamente un funcionario de Cultura. Es decir, yo utilizo técnicas de ladrones, pero no soy ladrón. No pienso llevarme nada de esta casa.

—Pero no puede dejar esto aquí —gimió O’Donnell— ¿qué dirá la gente?

—En el presente qué me importa la gente, si es que siempre van a hablar —intertextualizó el hombre, incorporándose— usted necesitaba estas cosas, ¿no? Pues ya las tiene… y legalmente, se lo garantizo. Me alegro de hacerle un bien. Y le aconsejo que no trate de contar lo sucedido, porque nadie se lo va a creer. Diez minutos más tarde, Nicanor regresó a su cuarto.

—¿Era un ladrón?

—No —bufó, acostándose— era Robin Hood.

—Esos amigotes tuyos te visitan a cada hora…

Desde esa noche, las ventanas de la casa de Nicanor permanecen abiertas.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Latigazo (19)

  1. sps dijo:

    muy buenos los latigazos de del Llano. gracias Rodolfo, y tambien al autor

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