Latigazo (21)

Por Eduardo del Llano

Notas Críticas

Enero 2003

La posibilidad de que los homosexuales sean criaturas extraterrestres fue esbozada ya en 1956 por Anthony Climb en un cuento aparecido en el número de noviembre de Amazing Stories. Se trata del mismo A. Climb que publicara seis meses antes la revolucionaria novela Before and before, en la que los protagonistas, para rescatar a la heroína, viajan al pasado, pero no a un pasado cualquiera, sino al pretérito pluscuamperfecto. Climb había ocupado con anterioridad las páginas de Amazing en una sola ocasión, en febrero de 1954, con un cuento acerca de un grupo de funcionarios gubernamentales que es sometido a prueba con un detector de verdades.

Pero es el texto de noviembre del 56 el que lo convierte de la noche a la mañana en el escritor de CF más anatematizado de su generación. La argumentación de Climb era prácticamente irrefutable: los gays siguen impulsos diferentes al resto de los mortales, se visten y actúan de otro modo, forman comunidades ocultas, tienen una sensibilidad especial, reciben la misma educación que cualquier niño pero derivan con firmeza hacia donde quieren, diríase compelidos por una genética irreductible. Su número crece y ya no se limitan a medrar en ámbitos que tradicionalmente minaron, como el ejército o la jurisprudencia, sino que amenazan con llegar mucho más lejos: ya han sido detectados algunos entre los cobradores de la luz. En la historia de Climb, un grupo gay es penetrado por la CIA (en el sentido policial del término) y el agente encargado de la operación empieza a redactar informes acerca de que vuela por encima de las nubes sin, y esto es revelador, sin otra fuerza motriz que su propia mente.

Para corroborar los informes, otros agentes se integran al grupo, se produce la interpenetración (en aquel sentido y en el otro) y casi en su totalidad confirman las experiencias del pionero. Sin embargo, cuando el Gobierno quiere proceder es demasiado tarde: los agentes contaminados por los gays han invadido las altas esferas. La historia termina con una furtiva mirada que el presidente de los Estados Unidos echa a la bragueta del Secretario de Estado cuando este orina en un retrete del Pentágono. Climb sugiere aquí la amenaza de una invasión total, recurso no demasiado imaginativo pero que en su relato cobra una fuerza y originalidad inquietantes.

El propio Asimov no hubiera podido imaginar un cuadro más dramático de un peligro latente que ese vistazo de reojo a un pene goteante. Anthony Climb murió de SIDA en 1984, luego de casi una década de trabajo de campo en el tema que le obsesionara durante toda su vida. Sus admiradores sabemos que fue el escritor que llegó más alto que ninguno en la loable tarea de abrirnos los ojos. «Miren a su alrededor», parece decirnos, «y no se dejen tocar el culo en el metro por un desconocido. No es así como debe entenderse el encuentro cercano de tercer tipo». Climb llegó más alto. Encima de las nubes.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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