Latigazo (25)

Por Amaury Hechavarría Nistal

Culpables

Agosto 2004

En aquella época, Venus, Willy y yo éramos un trío de vagos. Pasábamos el día entre escaramuzas y maldades, corriendo de aquí para allá, ajenos a los precios del mercado, los líos del transporte, las guerras imperialistas y la contaminación ambiental.

Lo de nosotros era divertirnos, llenar de aire y alegría nuestras vidas. Al correr del tiempo Venus comenzó a cambiar. Juguetona y descuidada, nos permitía ver, entre risas y maldades, su naciente esplendor. Desde entonces nuestro pasatiempo favorito fue revolcarnos con ella en la hierba y acariciarle, como por accidente, las curvas jugosas y excitantes que le iban creciendo. Con rapidez, el nuevo juego dejó de ser para los tres un pasatiempo: se constituyó por primera vez en la vida, en algo serio y finalmente se erigió en obsesión.

II

Un buen día, antes del amanecer, en la esquina donde solíamos reunirnos, faltando poco para que Venus llegara, Willy casi pierde una oreja y huyó chorreando sangre por la nariz. A la salida del sol apareció ella, envuelta en un aroma encantador y su sonrisa acostumbrada vino a mezclarse con el asombro de verme solo. Sin pensarlo dos veces me lancé al ruedo. Venus, asombrada e ingenua, pero tan ansiosa como yo, me recibió solícita con sus tiernos muslos ya separados y un destello de súplica en los ojos, temblando de miedo y de felicidad.

Sentí la humedad y el calor de su cuerpo penetrado por el mío y luego de un común y formidable estremecimiento, prendidos uno al otro, acabamos, anclados, frente a la casa de Carlota, justo cuando ella salía a barrer el portal.

III

El grito de la mujer retumbó en toda la cuadra, y la tunda de escobazos nos persiguió hasta el patio de Julia, que estaba lavando. Traté de calmar a Venus, pero Pepe, el hijo menor de la señora, tal vez por simple diversión, agarró el cubo de la hervidura, nos lanzó el agua ardiente… y nuestras carnes crujieron achicharradas. Desesperado, arrastré a Venus. En el intento de fuga nos dimos varios cabezazos contra la empalizada. «Mamá, tráeme el machete, pa´que tú veas cómo los separo.» Al fin hallamos una abertura en la cerca y, remolcando a Venus, escapamos, calzada abajo, hasta un latón de basura.

IV

Cuando mi dueña me recogió, Venus ya no se movía. Aún está ahí, debajo del latón, hinchada, hedionda. La gente pasa por su lado, la mira: «¡Qué peste!» Como si ella fuese culpable.

 

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Latigazo (25)

  1. Whow!!! Yo sabía que el Presidente de Plazas Martianas tenía alma de poeta y loco, pero no que sabía moldear y jugar tan bien con letras y palabras. Gracias por este regalo Rodo. De dónde lo sacaste?

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