Los estereotipos se construyen… pero también se rompen

MasculinidadesJóvenes universitarios discuten sobre masculinidades

Por Rodolfo Romero Reyes

Partiendo de la premisa de que el género es una construcción social y cultural que atribuye características y asigna papeles a las personas según su sexo, un grupo de jóvenes universitarios dialogan acerca de una de las aristas menos abordada en los debates cotidianos: las masculinidades.

“Lo primero que debemos conocer es que cuando hablamos de sexismo, estamos en presencia de un término que denota discriminación sobre la base del sexo. Es una suposición, creencia o convicción de que uno de los dos sexos es superior al otro. Por eso el machismo es un tipo de sexismo y por tanto es injusto”, explica Sixela.

Para precisar más detalles sobre el término insertado por la estudiante, el profesor que coordina el intercambio agrega que el machismo se puede entender como una costumbre o fenómeno social y cultural que resalta la hombría y la prepotencia de los hombres sobre las mujeres, en todos los campos de la vida: social, laboral y afectiva. El machismo divide a las personas en superiores e inferiores, según su sexo y, efectivamente, desde hace algunos años, el concepto de machismo se ha incluido dentro del concepto sexismo.

La explicación es oportuna pues no se debe confundir el término machismo con feminismo, pues el primero es una práctica sexista, mientras que el segundo se refiere a un movimiento y doctrina social que propugna y defiende la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre.

Entre tantos conceptos: ¿qué es entonces la masculinidad?

El tema en sí mismo resulta complejo. El debate es muy polémico. Las y los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad de La Habana no se ponen de acuerdo. Como provocación para el debate, se proponen dos láminas donde los propios estudiantes han dibujado la mujer ideal (buena figura, rostro bonito, un buen corazón) y el hombre ideal (fuerte, con dinero, carro, casa, reloj caro).

“Como se pueden ver en esas láminas las mujeres son muy exigentes. Y a veces también muy superficiales. Yo mismo, que al menos cumplo con el requisito de ser fuerte, me siento en desventaja con el dibujo. Me imagino que a mis compañeros también le suceda igual”, comenta Gustavo.

Karla, de cierta manera apoya ese planteamiento: “Cuando uno tiene pareja uno se va adaptando. Por ejemplo, mi novio no tiene que ver con ese ideal que yo ayudé a construir pero al final uno se conforma con lo que tiene. También es verdad que una se adapta a las comodidades y cuando tienes un novio con carro y con dinero, te cuesta más trabajo terminar la relación”.

“Muchas veces se asocia a la mujer perfecta con labores asignadas de forma estereotipada con su género. La mayoría de los hombres a veces prefieren antes que una mujer sexy, tener en casa a una buena madre, ama de casa, que sepa cocinar, que mantenga la casa limpia…”, explica Rolando.

Ania, educadora popular del Centro Memorial Martin Luther King, propone una pregunta que invita a la revisión y reflexión individual de cada participante: ¿cuántos de estos comportamientos que ahora criticamos, reproducimos en nuestro entorno diario?

Yohandra toma la palabra: “En mi caso yo me siento muy presionada, debo sacarme las cejas, afeitarme constantemente, ir al gimnasio, teñirme el pelo… a veces se vuelve una esclavitud y lo peor es que lo hago sobre todo para agradar a los hombres, cuando quizás debiera ser más importante quedar bien conmigo misma”.

Por su parte Carlitos insiste en que los hombres también son violentados: “Yo creo que de forma general vivimos con muchas presiones. Yo quisiera tener derecho a sentir miedo, a no saber qué hacer en determinados momentos. A nosotros, los hombres, casi nadie nos ayuda. Si vas a una empresa o algún lugar a pedir un favor, siempre es más fácil si eres mujer, pues las mujeres entre ellas se ayudan quizás por solidaridad, y los hombre también ayudan a las mujeres pero, ¿y a nosotros quién nos ayuda?”.

Camila coincide con Carlos: “El hombre tiene la responsabilidad de mantener la casa, de representar o defender a la mujer, de ser más hombre que otros hombres. Lo peor es que muchas veces las mujeres contribuimos a eso”.

Entonces, ¿qué sería la masculinidad? Al igual que el género, es una construcción social, que, en este caso, trata de la asignación de las características, atributos y roles que encarnan los hombres.

Diversas reflexiones en torno al tema

Una de las características de la masculinidad es asumir la violencia como un ingrediente permanentemente de sus prácticas cotidianas. Violencia que expresan los hombres contra las mujeres, contra otros hombres y, en ocasiones, contra sí mismos.

“En nuestro país los hombres tienen que ser guapos. La cobardía y el miedo, naturales a todo ser humano, sólo pueden ser sufridas entonces por mujeres”, afirma David, consciente de que los actos violentos que se promueven en la socialización masculina son una expresión ritual de las relaciones de poder que el patriarcado impone tanto a hombres como a mujeres.

Según explica Ania: “La masculinidad requiere constantemente de una validación homosocial. Quiere decir que necesita que otros varones aprueben y validen la conducta adecuada. Por ese motivo, para muchos hombres es tan importante alardear en torno a sus conquistas en muchos de los terrenos que definen los indicadores de la virilidad: riqueza, poder, posición social, mujeres atractivas”.

Karen inserta la idea de que la virilidad es también, una construcción social, histórica y cultural: “Recordemos lo que decía Bordieu, que es probable que el proceso de virilización a favor del cual conspira todo el orden social no pueda llevarse a cabo por entero más que con la complicidad de las mujeres”.

Categorías como mundo interno, imaginario social o mundo subjetivo son imprescindibles para entender la masculinidad y su papel en el todo social. En su momento, las mujeres iniciaron un proceso de discusión sobre su realidad. Ellas se atrevieron a develar públicamente sus problemas y adversidades, con el fin de visibilizar el significado de ser mujer. Sin embargo, no sucede así con los hombres.

“Lo que pasa es que no nos sentimos disminuidos o discriminados. Y cuando nos sentimos así no recurrimos a llorar en el hombro de otro hombre porque eso no estaría bien. Fue lo que aprendimos y es lo que hacemos. Hay que ser macho, varón. Cualquier conducta distinta no cabría en un comportamiento normal”, comenta Antuán.

Lo que ocurre es que históricamente, a las mujeres se les ha permitido expresar asuntos más íntimos, mucho más que a los hombres.

Caminamos ¿hacia dónde?

Los debates sobre masculinidades recién han comenzado en Cuba. Lamentablemente solo se realizan al interior de grupos de especialistas o investigadores sociales que han decidido adentrarse en el tema desde la sociología o la psicología. Su ausencia en los programas curriculares de las diferentes carreras del Ministerio de Educación Superior, evidencian que aún es un tema tabú en ciertos escenarios o un asunto al que las instituciones educativas no le otorgan la importancia que requiere.

Las maneras diferentes en que mujeres y hombres enfrentan sus problemas, evidencian el surgimiento de vacíos respecto a áreas vitales como el afecto, la sexualidad, la vida laboral, la salud, la mortalidad, la vida en pareja y familiar, la paternidad, entre otras, que no son motivo de preocupación por parte de la propia población masculina.

“Yo creo que la propia forma en que hemos socializado nuestras prácticas masculinas, lo cual guarda estrecha relación con el modelo patriarcal y de masculinidad hegemónica, desencadena mecanismos que impiden ver todas las consecuencias negativas que trae el hecho de que los hombres tengamos el poder sobre mujeres, sobre otras minorías y también sobre otros hombres”, dice Gustavo.

No se trata de que hombres o mujeres tengan el poder, sino de romper con esos estereotipos que nos obligan a tener una vida regida por normas sexistas. La distribución equitativa de poderes entre mujeres y hombres –también entre blancos y negros, ricos y pobres, hombres y otros hombres– debe ser el reto diario.

Las palabras de Ania sirven entonces para culminar el diálogo pero también para dejar abiertos futuros debates: “¿Será a acaso que los pobres o los feos no tienen derecho a ser felices? ¿Es justa la sociedad en la que vivimos? Las temáticas de género no son cosas de hombres o mujeres, no es solo una lucha relacionada con el sexismo que se impone día a día en nuestra sociedad, es una lucha que tiene que ver con los elementos básicos de justicia y equidad social, de valores éticos y humanísticos”.

FIN

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Los estereotipos se construyen… pero también se rompen

  1. César dijo:

    Buena discusión. Felicidades!

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