Latigazo (29)

Por Amaury Hechavarría Nistal

Soldados

Febrero 2006

¡Cúbreme! Le dijo el de la ametralladora antes de correr cuadra abajo. Llegó al muro que rodeaba al Banco y se agachó. «Si tuviera una ametralladora». Pensó José Morales mientras observaba a su compañero. El de la ametralladora había ideado el plan y a él no le parecía bueno, pero las órdenes había que cumplirlas. Miró preocupado hacia el cielo. Era la hora del crepúsculo. El cielo estaba despejado con tonalidades rojizas. El de la ametralladora adelantó más la posición y se parapetó entre unos latones de basura. Como cien metros, detrás del de la ametralladora, un enemigo se acercaba con la pistola en la mano. Morales vio el peligro. Una angustia tremenda invadió su cuerpo. «¿Qué hacer?» Si grito, delato mi posición y de todas formas es posible que no me escuche.

Como quien presiente algo, el de la ametralladora miró hacia atrás. El enemigo que lo acechaba se escondió sin ser visto. Miró entonces a Morales y le hizo señas indicando por detrás del Banco. «Quiere que dé un rodeo y entre por el hierbazal. Claro él no sabe que lo van a matar». Agachado, desde su posición, Morales hizo una seña y luego otra, pero nada. El de la ametralladora repitió sus señas y era evidente que estaba molesto por la desobediencia. Si eso es lo que quiere, eso es lo que haré, pero que después no venga a echarme las culpas.

Morales corrió por el otro lado de la cuadra, llegó hasta el lugar indicado y se tendió sobre la hierba. Ahora nada podía hacer. «¿Dónde estarán los otros?» Pensó preocupado. Miró hacia el cielo, ya era casi de noche. Se sintió molesto, presentía lo que se acercaba. Apartó las ideas malas de su cabeza y se concentró. Quizás todavía tenía tiempo. «Aunque fuese un ratico más». Vio al de la ametralladora cambiar de posición. También vio al que lo acechaba, que estaba cada vez más cerca. Con mucho cuidado de no hacer ruido un enemigo entró al hierbazal. Morales estaba concentrado en los movimientosdel de la ametralladora y no se dio cuenta. El enemigo se acercó arrastrado. Cuando estuvo cerca, se puso en pie y apuntó con su escopeta a la cabeza de Morales.

El de la ametralladora se dio cuenta. Agachado, desde su posición hizo señas. José Morales no las entendió. La pistola apuntaba ya a la cabeza de su compañero. José Morales miró hacia el cielo. Ya era de noche. Pao, pao, pao. ¡Te maté! ¡Te maté! José quedó tendido sobre la hierba. El enemigo de la escopeta, se reía satisfecho.

Del otro lado el de la pistola levantaba los brazos y gritaba ¡Ganamos! ¡Ganamos! De repente José se levantó. Había escuchado el grito. Con el pelo lleno de matojos miró al enemigo que confundido le apuntaba con la escopeta. Con el dedo índice, tapando la boca, ordenó silencio. Todos quedaron callados ¡¡Pepito!! Ahora el grito se oyó claro. No había dudas. Su mamá lo llamaba.

El juego había terminado.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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