Latigazo (31)

Por Amaury Hechavarría Nistal

Aventura

Abril 2006

Luís Montalvo Ramírez está sentado en la oficina, frente al instructor de la policía. Una mesa de madera los mantiene separados.

—Agente, yo había ido al aeropuerto a despedir a la señora. Cuando el avión se fue, sentí deseos de tomarme una cerveza, luego pedí otra y otras. En total fueron cinco. Usted me dijo que le contara toda la verdad y yo se la estoy contando. A la salida del aeropuerto, en el semáforo, una muchacha se asomó por la ventanilla: «¿Me llevas?» Imagínese, si usted ve aquello. Era más alta que yo, esbelta y con un pelo castaño que le caía en rizos hasta la cintura. Se montó en el Mercedes, con gran clase y comenzamos hablar. «¿Es verdad que es del año?», preguntó interesada. «Lo compré hace unos días», le respondí, sin apartar la vista de sus muslos. Imagínese agente, tenía una minifalda tan corta, que pude ver hasta su ropa interior. «Me llamo Yurismay», dijo animada. No parecía molestarle que la mirara y creo que hasta le gustaba. Fue entonces cuando se me ocurrió. Le juro agente, no fue nada premeditado. Ella estaba allí preguntando cosas, con aquellas ropas tan cortas y provocándome y esos labios rojos. Imagínese agente, solos los dos en el carro. Le juro que no fue nada premeditado. «Quieres ir a mi casa», le dije. Ella primero aparentó dudas, pero yo me di cuenta de que estaba fingiendo. «Bueno, pero solo un momento».

Doblé en la avenida y nos internamos en la zona residencial. La calle estaba oscura y nadie me vio parquear. Ya dentro de la casa, fui directo al bar. Le pregunté qué quería. «No sé, a ver qué tienes», respondió ella con la mayor confianza. Le dije que tenía de todo «lo que tú quieras, mi amor.» «Entonces prepárame un vodka con jugo de naranja», me dijo. Preparé dos vasos, uno para cada uno. Me preguntó si podía poner música. Le dije que por supuesto y que escogiera el disco que quisiera. Le expliqué que yo era empresario, que mis empresas se dedicaban a la fabricación de piezas para la marca Mercedes Benz. Le dije que estaban distribuidas por todo el mundo y que por estos días tenía que ir a Japón, para atender unos negocios. Ella se mostró muy interesada, escuchó con atención los modelos de las piezas y hasta hizo comentarios. Ya estábamos muy cerca uno del otro. Sentí su aliento y allí mismo nos besamos, fíjese que lo digo y me erizo. Fuimos hasta el cuarto. Ella me quitó la ropa con una delicadeza increíble, si usted ve aquello. Intenté hacer lo mismo, pero se negó. Dijo que la primera vez nunca lo hacía. Tampoco fue necesario.

Me acarició y me besó todo el cuerpo y quedé vacío y satisfecho. El aire acondicionado estaba muy alto y nos dormimos bien apretados. Quien me despertó fue la señora. La cena se había suspendido y había regresado en el primer vuelo de la madrugada. En el aeropuerto en vez de llamarme, como siempre hacía, pidió un taxi. Ya Yurismay no estaba, pero tampoco el equipo de música. Le expliqué a la señora que debía haber sido un ladrón, que no se preocupara, que yo se lo pagaba. Pero estaba de muy mal humor. «¡Que es eso que mi chofer esté durmiendo en mi cama! ¡Y un ladrón! ¿Por dónde va a entrar? ¡A no ser que tú le abrieras la puerta! ¡Ah y ahora te tomas mi vodka! ¡Y parece ser que con un vaso no te alcanza!» Nada, la vieja no entendió de razones. Llamó a la policía y me trajeron hasta aquí. Yo no soy ningún ladrón. Esto le puede pasar a cualquier hombre. El equipo de música en tres años, lo puedo pagar. Yo no soy ningún ladrón—.

Luis no soportó más y comenzó a llorar.

—Vamos hombre, cálmese—, dijo el instructor de la policía y agregó,—Lo que necesitamos es que coopere. A ver, ¿reconoce alguna de estas fotos?

Luis observó las fotos y al ver la cuarta exclamó:

—¡Es ella! ¡Es ella! ¿Ustedes la conocen?

El instructor casi sonríe, pero ante la gravedad del caso se contuvo. Dudó un momento y luego dijo.

—Sí, sí la conocemos, pero…., el problema es que no es ella.

—¡Sí, sí es ella, cómo usted me va a decir que no, yo la vi bien, es ella, es ella! —gritó Luis convencido.

—No, no es ella, insistió el agente, es… —dudó otro segundo y por fin concluyó—, no es ella, es él. Es un travesti y ya otras veces ha hecho lo mismo, su verdadero nombre es Yuri García Ocaña.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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