La carta que nunca entregué

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Los días festivos remueven las aguas tranquilas en que a veces se convierten los recuerdos. Por eso en días felices nos vienen a la mente aquellas personas que fueron importantes y trajeron alegrías en nuestras vidas. Quizás por eso, este 14 de febrero pensé mucho en ti y en lo bueno que sería volver a vernos, como hacíamos antes… tenemos tanto que conversar.

Casualmente hoy, camino a la escuela, te vi desde la guagua. Ibas de mano de tu novio (creo que es el mismo de la última vez, que eso, es decir bastante). Estabas tal y como te recordaba el domingo, tu piel trigueña, tu sonrisa perpetua y tus nalgas perfectas. Pero nada de eso extrañaba, ¿sabes lo que más ilusión me hacía? Poder pasar tres o cuatro horas sentados en algún rincón de la Lenin, conversando de los sueños, del futuro, de la gente (criticando y opinando a diestra y siniestra), los saludos en las mañanas, los días de tu cumpleaños, los almuerzos atrasados por tareas de la juventud y las veces que iba de noche a compartir tu autoestudio o nos escapábamos para el local del Bloque Central y allí nos cogía la noche.

Tristemente he descubierto que ya casi no hablo de ti, aunque siempre que me cruzo con alguien de tu grupo pregunto, claro está. A mis amigos podría comentarles con orgullo que un par de veces nuestros labios se cruzaron sin segundas intenciones o podría hacer morir de celos a mis amigas, cuando aquel lunes en la mañana, después de haberte marchado de tu casa, me abrazaste y dijiste: ¡Cuánta falta me hiciste este fin de semana!

¿Te acuerdas? Cuando aquello era tu mejor amigo y tú, la mejor también. Después pasaron cosas, feas e innecesarias. No sé a cual de los dos culpar.

Sé que yo actúe mal unas cuantas veces, pero también sé que ninguno de los dos hicimos mucho por rescatar aquella amistad. Ahora tengo otras confidentes, otras amigas, en las cuales confío (algunas son muy lindas, igual que tú). Cuando converso con ellas te recuerdo.

¿Cuántas cosas nos podemos contar ahora? Verte con ese muchacho me hace pensar que te has portado bien y que llevas una relación estable, que eres feliz. Lamento mucho haberme perdido tantos cumpleaños, la tensión de las pruebas finales y uno que otro momento difícil. Sin duda alguna hemos cambiado y hemos crecido en muchos aspectos.

Sería interesante dedicarnos una tarde para ponernos al día. Te extraño mucho, no sé si a ti te pasará igual. Ya casi hace cinco años y sólo nos hemos visto dos o tres veces y siempre de corre-corre: nos saludamos, decimos palabras breves y formales y nuestros ojos se quedan así, como esperando estar solos y que el mundo se detenga para dedicarnos el tiempo que nos merecemos en nombre de aquella amistad.

Sin dudas, ser tu amigo en los años de preuniversitario fue una de las cosas más importantes de mi vida. Y perderte, estoy casi seguro que fue lo más lamentable. Pero quién sabe, a lo mejor la vida un día nos ofrece una segunda oportunidad. Por el momento recibe un beso y estas líneas que escribo sin tener la certeza de que las leerás algún día.

Rodo

17 de febrero de 2010

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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