Latigazo (37)

Por Amalia Santos

Víbora

Junio 2006

Conocía su carácter difícil, pero estaba enamorado y se casó. Desde el principio surgieron las desavenencias; en un momento de crisis, llegó el embarazo, oportuno como un día de sol. Durante un tiempo el matrimonio marchó satisfactoriamente; él trataba de no contrariarla por consideración a su estado y ella aprovechó para mostrarse más caprichosa.

Con el nacimiento de la niña llegó una corta etapa de bienestar, pero el deterioro de la situación recomenzó y, después de múltiples escaramuzas, ella accedió al divorcio con la condición de quedarse en la casa.

—No puedo vivir con mis padres; son insufribles. ¿Por qué no te marchas tú?

—Porque no tengo a dónde ir; esta es mi casa, aquí nací.

—Pues aquí nació tu hija y ella también tiene derecho. Y no insistas; si estamos de más, prefiero el suicidio y llevarme a la niña al otro mundo.

—¿Estás loca? —dijo horrorizado. No es para tanto; quédate y trataré de no molestar. Pero ella, insatisfecha, aprovechaba todas las coyunturas para mortificarlo. Enseñó a la niña que papá era malo y no las quería, y el hombre se vio en un averno sin alternativas. La aparición de Mabel lo compensó un poco, pero no tenían dónde vivir.

—Mira, mi amor, procura hablar con ella, explícale nuestra situación —pedía la novia.

—Imposible, chica, tú no la conoces. Es mala, y si sabe que nos queremos, tratará de causar más daño.

—No puedo creer que haya personas así; déjame hacer la gestión.

—¿Ir tú? No lo permitiré; sería capaz de agredirte. Es mejor no desafiarla.

Decidida a intentar un razonamiento, la muchacha se apareció en la casa y su asombro fue grande al abrirse la puerta.

—¡Mabel, qué sorpresa! ¿Y eso tú por aquí? ¿Cómo supiste mi dirección?

—Bueno —trató de salir del paso—, la tenía desde hace tiempo y hoy se me hizo camino. Cuéntame; llevamos años sin vernos.

—Pues nada, muchacha, me casé con un comemierda y ya estoy divorciada, pero por lo menos gané la casa. Mira, tengo esta niña de tres años.

—¡Qué linda! ¿Se parece al padre?

—Bueno —dijo con sonrisa maligna—, al padre sí, ¡pero no al que era mi marido!

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Latigazo (37)

  1. Danita dijo:

    Me gusta. Esa es la realidad de muchos hoy y es una pena.

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