Amor con arroz amarillo

Por Kmilo Santiesteban Torres

Es increíble pero voy a comenzar con esta pregunta: ¿Qué tal les va con el salario 7 días después de recibirlo? La respuesta es fácil – no les va- pero bueno, no pienso burlarme de los bolsillos on fire que chocan a diario en las calles de mi ciudad. Ah! Vivo en La Habana.

Les decía lo de los salarios porque tan volátiles son, que si para colmo te enfrentas a un gasto necesario de antemano, las trazas que dejan al irse de tus manos los pocos billetes que te tocan, te hieren tanto que con el tiempo te llegas a volver casi insensible.

Resulta que tuve uno de esos gastos en un viaje a provincia y mis finanzas quedaron maltrechas, mi celular quedó sin dinero, no había pagado el gimnasio, ni la juventud y tenía a mi novia esperándome, contenta de mi regreso pero molesta por mi ausencia, o porque no la llevé. Necesitaba salir con ella para intimarnos cosas íntimas, besarnos viendo el atardecer habanero y por supuesto desaparecer cualquier molestia circundante. Ahí venía el problema, la irrisoria suma de treinta pesos era (ahora es menos) todo lo que tenía en mi poder. Qué embarque! Por suerte, en la lista de lugares visitados no estaban dos claves: El Cristo y la Cabaña, saben, el Cañonazo, que poseen las tres B (buenos, bonitos y baratos), aunque a la hora correcta también son Matadores.

El elegido a última hora fue el Cañonazo, puesto que la ida para El Cristo no la tenía clara y si me fallaba la 126 me daba un tiro, o ella me lo daba a mí.

Salí a buscarla sólo con el almuerzo en el estómago – habían pasado ya 5 horas- no habían terminado la comida en casa y por supuesto en la suya tampoco la habían acabado. Ella se arregló muy rápido y sabiendo nuestro estado de cuentas me preguntó – ¿Esperamos la comida? – yo que en ese momento no tenía hambre y además me comió el orgullo vacilé en mi respuesta, lo que mi novia entendió como un no. Salimos y estando en la parada me dice –mi papá estaba cocinando rico- -sí, olía bien- respondo, -es un clase de arroz amarillo como dios manda- dijo casi sollozando- . Mi sistema neuroendocrino comenzó a trabajar fuertemente incitándome al regreso, pero mi orgullo me hizo replicar mi decisión de irnos así mismo.
Imagínense como fue la cosa que sólo pasados 20 minutos ya tenía dolor de cabeza. Ella estaba herida igualmente y nuestras miradas se perdían en el horizonte pero no por nada romántico – estábamos volaos del hambre- Nada, mucho fashion y poco caldero.

Cerca de la entrada había un hombre que nos pareció Jesús Cristo al vendernos la bendición de dos dulces (en vez de panes y peces), los únicos que quedaban. Nuestros jugos gástricos jugaron ping- pong un ratico y volvimos a lo mismo, a pensar en por qué nos fuimos sin comernos el arroz amarillo. Faltando unos quince minutos para el bum, por nada yo mismo prendo la mecha y canto las 9:00 pm y sereno. Estábamos que mordíamos y faltaba el retorno.

Llegó el decaimiento y para ese momento el dinero sólo alcanzaba para el transporte urbano estatal –se imaginan- Le vacilamos un pan con perro a una niña, nos avergonzamos de las ganas de arrancárselo de las manos, pensamos cuan hijo de puta era alguien que cocinaba muy cerca y nos apretujamos todo melosos y hambrientos.

Casi hipoglisémico la dejé en su morada y con un vaso de limonada (rimó) en la barriga me dispuse a echar la pata del siglo, eran las 11:30 pm y no pasa nada a esa hora por allí. De pronto, ante mí una luz divina que por poco me arroya: un P-7. En ese instante me di cuenta que algo o alguien nos mira….

Al abrir la puerta de mi hogar besé los platos, los cubiertos y ni me incomodé con un gato que, al parecer sería un nuevo habitante.

El arroz amarillo nunca lo probé. Mi novia me insistió en comer cuando llegáramos pero tuve que marcharme. De todas maneras estando en uno de los muros de la fortaleza, saboreamos bestialmente aquel suculento plato del cual mi sólo mi nariz se dio banquete.

Nada, cosas que le pasan a cualquiera, pero por sí o por no, si te invitan a comerte un arroz amarillo responde rápido que Sí.
Hasta pronto Blogueros

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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4 respuestas a Amor con arroz amarillo

  1. Danita dijo:

    Si, creo que todos hemos pasado por eso. Tragarnos el hambre y desfallecer de orgullo. A esa altura ya el orden no importa, no creen? Muy bueno!!!

  2. nubedealivio dijo:

    ñoooooooo jajajajajajaajajajaja qué manera de reírme con los jugos gástricos jugando ping-pong un rato y con todo lo demás jajajajaja kamilo, eres el mejor… la betia!!!!!!! -entiéndase la bestia, pero sin ese, pa ser más chavacana 😉 Mira, ya acábate de abrir un blog, que el rodo te está sangrando y seguro no te paga ni un forsen. Es más, seguro se topa contigo por ahí con hambre de arroz amarillo o cualquier cosa, y ni te invita a comer en su ksa jajajajajajajajaja nah, es broma, yo sé que el Rodo es un pan, medio duro, pero un pan jajajajajajaja asere, es que me dio mucha risa el post y como que me contagié. Besitos pa los dos. Los quiero

  3. Sin palabras…!!! Cuándo vuelvan a Holguín los invito a ti y a Jayad a un sabroso arroz amarillo con pollo..de acuerdo??

  4. Damian dijo:

    en este pais el que no ha salido un dia con un chica y no ha pasado por eso la verdad que no sabe lo que es la vida. Son cosas que nos pasan en ocaciones, mas a diario de lo que queremos, pero son las que reflejan a veces el tipo de amor que se siente porque eso no se hace por cualquier tipo de persona. Mis respetos para el Rodo que de seguro no deja pasar otro arroz amarillo aunque tenga que ver el cañonazo desde la otra orilla del Morro

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