La otra cara

Aún así ella la amaba. Deseaba decirle, gritarle,… desnudarla, pero esta vez no con los ojos. Su saliva oxidó, en sueños, cada uno de sus “pinchos” y la lengua retocó los dibujos de sus senos. En su espalda desnuda danzaban delfines, trivales… y un poema, el que ella con sus caricias le escribía.

Pero todo quedaba en tímidos saludos y cortas conversaciones. Ella sabía que más de un mundo las separaba y tuvo que escoger. Siguió como narradora incógnita, negándose al mundo de los ruidos y temiendo el más brutal de los rechazos. La observó de lejos y nunca supo de confesiones o anhelos.

La otra lo sabía, y tal vez por eso nunca la comprendió. Laura guardó sus poemas en la gaveta y la otra siguió junto a Lennon, en el parque, masturbada.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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