Latigazo (41)

Por Antonio Berazaín (Bera)

¿De los enamorados o del amor?

Febrero 2007

Llega febrero e inevitablemente hay que hacer alusión a su día 14, antes «el de los enamorados» y hoy el del amor». Sí, porque años atrás solamente se felicitaba a la persona amada, en el sentido de pareja. Ahora, con el concepto extendido de amor, se felicita a los amigos, las amigas, en fin, que no es de extrañar que un recio albañil regale un ramo de flores a su ayudante o que antes de la pelea un campeón de boxeo entregue un jabón de olor —postal incluida— al rival de la esquina contraria.

Pero volviendo al amor entre dos, no hay mejor regalo de un hombre a una fémina que una canción. Canciones románticas, como los boleros. Y claro, con letras que de alguna manera reflejan lo peculiar de la relación amorosa del autor. Un minucioso estudio me permitió hacer una clasificación.

Para empezar, los anatómicos, que son los que cantan a la anatomía de la mujer. Así tenemos «esas perlas que tú guardas con cuidado…», «aquellos ojos verdes…». Incluso algunos han sido precursores de los transplantes de órganos: «tuyo es mi corazón…».

Otros autores reflejan graves trastornos psíquicos. Zozobra: «ansiedad, de tenerte en mis brazos…»; complejo de culpabilidad: «échame a mí la culpa de lo que pase…»; confusión: «¿cómo fue? no sé decirte…»; crisis de memoria: «se me olvidó que te olvidé…»; hasta llegar a la contradicción total: «te odio y sin embargo te quiero…».

Un grupo representativo son los hombres abandonados. Creadores de clásicos como: «me abandonaste en las tinieblas de la noche…»; «aunque tú, me has echado en el abandono…»; «se fue, para no volver…». Sin duda, una lista amplia.

Los optimistas ingenuos manifiestan una confianza excesiva en su amor y en su amada, reflejada en temas como: «volverás, algún día volverás…»; «dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón». Y el colmo: «mía, aunque con otro contemples la noche…». ¿Es que no se da cuenta? La mujer, con otro, de noche, con su traguito y él todavía diciendo mía.

Respeto mucho a los que en sus canciones mantienen una postura autocrítica. Del mismo modo que el que maneja un carro nunca confiesa que le cuesta trabajo parquear o que pasó a un camión inadecuadamente, en el amor nadie admite ser paragüero. Por el contrario, se dicen cosas como estas: oye, ayer estuve con Fulana y fue toda la noche tao, tao, tao. O: y una vez con Mengana, ¡de campana a campana! Por eso es de admirar al que reconoce sus limitaciones con textos como «…si otro amor encontraste y de mí te cansaste, yo lo comprendo » o este: «…solamente una vez y nada más». O los que ven a su media naranja desde un punto de vista pedagógico y reclaman una acción formativa: «…pero por qué no me enseñaste, cómo se vive sin ti».

Y hasta aquí mi comentario. Hoy ya es 13 y tengo que salir a comprar un regalo para mi esposa y ¿por qué no? también para al viejo Eustaquio, un vecino que aprecio mucho, estibador del puerto. Quizás le obsequie un champú. Aunque… ¿estará Eustaquio al tanto de cómo es ahora la onda del 14 de febrero?

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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