Latigazo (52)

DIALÉCTICA DE UN CORTEJO FÚNEBRE

Sin autor
Junio 2002

Un cortejo fúnebre es una larga -o corta, de acuerdo a la popularidad del muerto- sucesión de autos llenos de gente que ha tenido relación con el finado, fuese esta consanguínea o de amistad. Un cuidadoso análisis de los carros que integran el cortejo revela aspectos sumamente interesantes de la personalidad, por decirlo así, de los susodichos vehículos: cada uno de ellos, como veremos a continuación, juega un papel bien definido en el evento funerario.

PRIMER CARRO: Lo tripula por derecho propio el muerto. Nadie intenta discutir su primacía ni pedirle botella. Hay muchas flores, mas, predomina el olor a televisión.

SEGUNDO CARRO: Ocupado por los familiares más allegados al occiso. Hay caras largas, murmullos, estornudos y cada cierto tiempo algún que otro sollozo entrecortado por el hipo. Casi todo el mundo tiene los ojos hinchados, bien por el llanto o por el polvo que despiden corbatas y sacos que no veían la luz desde el día de la boda de fulano. Del pobre fulano.

TERCER CARRO: Familiares de segundo grado, de tercer grado y de Secundaria. Caras más resignadas que tristes. A cada rato se descarga la tensión, cuando la gorda del fondo le exige al niño que lleva sentado al lado que se saque los dedos de la nariz y tenga fundamento.

CUARTO CARRO: Parientes lejanos, pertrechados de crucigramas. Se oyen comentarios en voz no tan baja, que se hacen inteligibles de cuando en cuando: «¡Pero no me digas, muchacha! ¡Quién lo iba a creer de fulanita!»

QUINTO CARRO: Compañeros de la cuadra. Cada media hora, matemáticamente, alguien mira el reloj y dice: «Qué pena me da con su familia… él era tan bueno, siempre botaba la basura», y todo el mundo mueve la cabeza con notable sentido del ritmo. Hay comentarios meteorológicos, caras de hastío y tímidas sonrisas disimuladas.

SEXTO CARRO: Conocidos ocasionales que ya vieron el estreno de la semana, y compañeros de la primera comunión que no se habían topado con el difunto desde entonces. Las frases más escuchadas son « ¡Ñooo! ¡Si se apuraran un poco allá ´lante!» y «…entonces el borracho le dice al tipo…», seguidas estas últimas de rozagantes y estrepitosas carcajadas.

SEPTIMO CARRO: Guagüita de la fábrica donde trabajaba el occiso. Algún amigo compungido, pero el grueso de la gente repite a voz en cuello alegres estribillos, batiendo palmas al compás de la lata que alguien golpea enérgicamente. El ambiente es de carnaval. No falta quien saque una botella y proponga un trago «a la memoria de Fulano», equivocándose por supuesto al decir el nombre.

Y así, superándose y negándose dialécticamente, avanza el cortejo hacia la casa de huéspedes más grande del mundo. En uno de sus extremos va la MUERTE, representada por el finado; en el otro, la VIDA, cuya mejor materialización es una pareja que acaba de conocerse en el velorio y que tendrá al día siguiente su primera cita erótica. Pues del polvo venimos y hacia el polvo vamos…

Anuncios

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en Humor y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s