Latigazo (60)

Cinefilia

Por Héctor Darío Reyes
Mayo 2007

Las películas le bebieron el cerebro. Cada noche iba al cine a la tanda de ocho a diez; y a la de diez a doce, y también iba los sábados en la tarde y los domingos en la mañana. Por eso las películas le bebieron el cerebro.

No era un cinéfilo común de esos que aseguran quién había sido el productor de tal o mas cual película indostana. De esos que saben qué actor era doble de la saga, cuando ahora es protagonista. No. Él de cine sabía lo básico. Lo del espectador común.

A él le gustaba ir a soñar con las películas. Desde que siendo un niño su padre lo llevara a ver un filme chino de artes marciales, interpretado por actores y bailarines de la Ópera de Beijing, él sintió la necesidad de ser como ellos, los de la pantalla. Y no como actor, sino como protagonista. Por eso no es raro que años más tarde, un adulto ya, se creyera el protagónico de cuanta película viera. Esa era su adicción: al protagonismo… cinéfilo.

Y con Indiana Jones se sentía Indiana, arqueólogo aventurero; y con Rocki I, II y III se creyó pugilista; y con Arma letal: policía. También veía dramas apasionados. Y una vez fue Rick, propietario de un café en Casablanca y amigo de las causas justas. Y gángster y músico y héroe o villano, según le pareciera bien o mal el personaje.

Esa tarde estaba muy agitado. No sabía quién era. No recordaba a quién quería parecerse. Una imagen, hacía días, quería penetrar en su cerebro bebido por películas. Pensó en el Neil Amstrong de Tom Hank, o en el cantinero de Cruise; incluso en el alcohólico de Cage aunque él no viviera en Las Vegas. Tocaron a la puerta del apartamento y miró por la abertura. Era su novia que venía a verle.

Rubia, ostentosa, los cabellos lacios le caían como a Janet Leigh en Psicosis interpretando a Marion. Lozana como siempre, más aún que ella misma.

El día estaba gris. Su crisis de personalidad no le había dejado dormir en toda la noche. Estaba confundido. ¿Cómo quién la recibiría? Como Miki a Mallory. Como Humphrey a la Bergman en Casablanca.

Como… De pronto, un revoltijo de imágenes y protagónicos turbaron su mente. El torrente de personalidades terminó de confundirlo. Abrió la puerta perturbado y clavó un cuchillo varias veces sobre el cuerpo de ella mientras la sangre y los gritos empapaban la alfombra del umbral en vez de irse circulando por el desagüe.

Cerró la puerta del apartamento como quien cierra la cortina de una ducha. Se dirigió a su habitación preguntándose qué tan bien le hubiese quedado al actor que empuñaba el cuchillo en aquella película de Hitchcock. Luego prendió la chimenea y se sentó a mirar el horizonte, pensando en el Oscar, como Henry Fonda en La Laguna dorada.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a Latigazo (60)

  1. faltan muchos?? 😦 porque estoy al coger el Látigo y autoflagelarme!!

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