Latigazo (63)

Para subir al aula se necesita…

Por Eileen Sosin Martínez
Octubre 2009

Rodolfo llegó a las 8:03 AM y la profesora de Pensamiento Económico Contemporáneo no lo dejó entrar al aula. Ella es muuuuy recta, con ella hay que entrar por el aro, o bueno, por la puerta a las ocho en punto. Rodolfo lo sabe y por eso es puntual, solo que hoy el P-1 lo dejó en la entrada de la facultad (de Economía, por supuesto), a las 7:58 AM. Aunque corrió escaleras arriba con el corazón en la mano, cuando llegó ja-de-an-do al noveno piso, se dio cuenta de que ni Juantorena hubiera podido entrar temprano ese día.

¡Ah, pero qué distinto sería si tú supieras nadar!, pensó Rodolfo acordándose de Matojo. O mejor: ¡qué distinto sería si hubiera un elevador! Pero… ¡sí hay un elevador! ¿Entonces…? El problema es el cartel, ese que Rodolfo y sus compañeros han querido quitar más de una vez: EL ELEVADOR ES SOLO PARA LOS PROFESORES.

A veces algún pícaro o alguna muchacha sonriente logran burlarlo, se hacen los suecos y suben en un dos por tres. Sin embargo, cuando el dichoso letrero falla, está el ascensorista. A veces también él, que tal vez no fue quien puso el cartel, se hace el sueco y deja que suban algunos «colados». Pero el deber llama, y en la mayoría de las ocasiones tiene que asomarse a la puerta del elevador y decir: «Los profesores, por favor…» Entonces suben todos (los profes, claro), o tal vez dos o tres, o solo uno.

Los muchachos se miran, niegan con la cabeza como si estuvieran locos, suspiran, refunfuñan, y al final enrumban sus pasos hacia la escalera. Ahí empieza, otra vez, el debate de cada día acerca de las soluciones: «¡Caballeros, es que somos muchos!», dice uno. «Sí, pero ahora mismo subió casi vacío», argumenta otro. Una rubia ocurrente sugiere: «A lo mejor si pagamos 20 centavos como en los baños de algunos lugares…» Y luego otro que estaba muy callado, concluyó: «Eso seguro que fue idea de la gente de la FEU de la facultad, sí, sí; ellos están loquitos por recuperar la copa de los Caribe, ahora quieren que la gente entrene a la fuerza, y ya después es más fácil que participen y que ganen». La rubia puso su mejor cara de asombro y exclamó: «¡Vaya, apretaste, Sherlock Holmes!» Las carcajadas resonaron en la escalera como un trueno feliz.

El cartel siguió invicto en el mismo lugar. El ascensorista, cuando quiere, hace lo que puede. Rodolfo y su pandilla siguen haciendo ejercicios: escaleras pa´arriba, escaleras pa´abajo…Porque aunque el secretariado de la FEU sea inocente, todos coincidieron en que es un buen método para recuperar la ansiada Copa de los Juegos Caribe. Lo único que queda es apurar al chofer del P-1, porque la profesora de «Pensamiento» sí que no entiende de escaleritas.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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