G-2

en-silencio-ha-tenido-que-ser-7-580x325Por Rodolfo Romero Reyes

Tengo 26 años y no viví la épica revolucionaria en Cuba. Lo que sé es lo que me contaron, he leído en libros o escuchado en algún documental. De pequeño vi algunos capítulos de la serie “En silencio ha tenido que ser” y empecé a admirar a David aunque, en aquel entonces, no lo comprendía en toda su dimensión. En mi casa había un folleto que era la fotonovela de “Julito el pescador”; de tanto repasar sus diálogos me aprendí los más graciosos, porque eso sí: Julito era todo un personaje.

Ya en la secundaria, una maestra de historia muy querida me habló de Alberto Delgado Delgado y nos convidó a ver la película “El hombre de Maisinicú”. Por eso, años después cuando veía a Sergio Corrieri sentía una gran admiración, pues en vez de reconocer en él al presidente del ICAP veía a uno de mis héroes de adolescente.

En la universidad intenté rastrear estas series antológicas. Volví sobre los pasos de “En silencio…” (con la segunda parte incluida). Esta vez fue Mario Balmaseda, Reinier, el oficial de la seguridad que atendía a David, quien se volvió para mí un verdadero paradigma.

Uno de aquellos diálogos, lo recuerdo más o menos así:

-Venga acá- le dice el hijo de David a Reinier – ¿usted dice que ES amigo de mi padre? Usted querrá decir que FUE amigo de mi padre.
-No, no, yo soy amigo de tu papá.
-Mire, o usted es un comemierda o mi padre no es un traidor.
-Muchacho, yo no soy ningún comemierda.

Inmediatamente después el muchacho abraza emocionado al oficial Reinier y se percata que su padre, a quien creía en Estados Unidos como un vendepatria, era un héroe, un héroe de verdad.

julitoelpescador-pClaro, hasta ese momento todos eran personajes de ficción, construidos para crear admiradores, con parlamentos emotivos para que el público se emocionara, pero más allá de la ficción yo sentía mucho orgullo porque ellos eran cubanos.

Un buen día, la historia fue la misma, pero el género cambió. Cuando estudié la vida del Che Guevara, la gesta del Congo y de Bolivia, encontré testimonios de los hombres y mujeres que desde la seguridad del estado hicieron posible cada infiltración, cada pasaporte falso, cada misión clandestina; los hombres y mujeres que habían inspirado las novelas que cautivaron a mis padres.

Leí de las centenas de acciones y operaciones especiales que se organizaron desde Cuba para hacer fracasar planes terroristas ideados por la CIA, de las primeras misiones en el exterior y de la valentía de aquellos que en más de una madrugada protegieron la vida de Fidel y de tantos otros.

Cuando creía que yo vivía tiempos modernos y que no existían héroes en la actualidad, vi en televisión la serie “Las razones de Cuba” y descubrí a jóvenes –y a otros no tan jóvenes– que, infiltrados en organizaciones contrarrevolucionarias, eran fieles a los ideales de nuestra nación y eran dobles y hasta triple-agentes.

Personas que debían fingir sentimientos, falsas identidades, permanecer mucho tiempo alejados de su familia, burlar detectores de mentiras, terminar relaciones con amigos que pensaban diferente… ¡cuánto valor! ¡cuánto sacrificio! ¡cuánta entrega!

Pensé que como ellos habría pocas personas y que casi nadie está dispuesto a dar pasos así. Otra vez la vida me sorprendió y como periodista tuve la oportunidad de entrevistar y compartir con algunos de estos héroes anónimos que forman parte de los Órganos de la Seguridad del Estado.

Entrevisté a fundadores, a jóvenes agentes y a oficiales que viven cada día como si fuera de 48 horas. Ellos también son héroes, como lo fueron aquellos que dieron su vida, como también lo son las madres y mujeres que esperan en casa, o los tantos hijos que pasan cumpleaños sin papás. Lamentablemente, por mecanismos de compartimentación y de necesario secretismo, esas historias, como tantas otras, no se contarán.

0Nunca sabremos que piensa el agente revolucionario que todavía está infiltrado en una célula terrorista de Miami y que aquí, en su barrio, la gente sigue creyendo que se fue cuando el Mariel. Tampoco conoceremos, y es una pena, los leales secretos que guardan los escoltas, lo mismo aquel que se mantiene toda la noche firme detrás de la puerta de una habitación cuidándole el sueño a alguien, que quien patrulla las calles 4 cuadras a la redonda.

Por eso, como nunca sabremos tampoco quienes son y quienes no son, escribo inspirado en todas y todos los que han sido parte de ese proyecto que hoy celebra sus 55 años. Creo que no cometo ningún delito al decir que, al igual que un ruso podría estar orgulloso de sus Fuerzas Armadas o un indígena mexicano de su ejército zapatista, yo, como cubano, estoy orgulloso de todas aquellas personas que integran los Órganos de la Seguridad del Estado.

En Cuba hay un chiste muy común: si alguien te ve secreteando o en acciones que parecen misteriosas te preguntan jocosamente: Asere, ¿será que tú eres del G-2? (nombre con el que se conoce en la calle a los miembros de estos departamentos). Si me lo preguntan a mí, la respuesta será:

-Ojalá, mi hermano, ojalá lo fuera; porque esos tipos están fuera de liga.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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Una respuesta a G-2

  1. Camilo Santiesteban Torres dijo:

    Es realmente impresionante todo lo que deben hacer esas personas por salvaguardar nuestra integridad, por eso admiro tanto a los cinco, que al principio no lo hacía porue no entendía la magnitud de su tarea. Creo en esa gente, creo porque están dispuestos a hacer más que a decir, son gigantes que inspiran a una persona como yo, que desde dentro de una sociedad viciada apuesta todavía y con fuerza por mi Revolución. Kmilo

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