El arte de fugarse

linternaPor Nemo

«Todos los caminos conducen a El Vaquerito,
o al campo de fútbol».
Aketea Punto Randori

En los preuniversitarios y escuelas vocacionales uno de los ritos que todo estudiante debe protagonizar es el de la fuga. Salirse del control estricto de los profesores, violar lo que está establecido en el reglamento y subvertir el orden mundial, son provocaciones que te hacen desprender gran cantidad de adrenalina. Es por eso que las personas huyen, se escapan, más allá de lo que puedan encontrar del otro lado de la cerca.

En mi escuela vocacional –La Lenin, aunque algunos dirán que éramos niños buenos y todo eso– las personas acostumbraban a fugarse. La mayoría de los escapes tenían como destino El Vaquerito, un bar restaurante que estaba justo frente a la garita principal. Otros, más aventureros, nos íbamos para el Parque Lenin, el Jardín Botánico, Expocuba o las Majaguas. Y por supuesto, siempre estaban los que se fugaban del parte físico para lugares bien cercanos pero prohibidos de noche, como el campo de futbol, el trampolín, el «Bosque de la amistad» o el laboratorio de Pancho, el profesor de Física, que se podía abrir con una tarjeta de pase.

En cada uno de estos escenarios hay infinidad de cuentos, tantos como alumnos y graduaciones han pasado por la escuela. Hoy contaré solo cuatro de ellos, muy breves y algunos graciosos. El primero le sucedió a mi amigo Licen. Según me contó recientemente: «Un día que nos fugamos para El Vaquerito y salieron a buscarnos los profesores de la unidad, entre ellos Odalys, la secretaria. Cuando los vimos venir, nos desprendimos a correr y nos escondimos primero en los matorrales, y luego fuimos hasta la piscina para que nos vieran allí: era mejor un reporte para bañarse de noche en la piscina que otro por estar fuera de la escuela. Nos vieron pero no nos alcanzaron. Al día siguiente llamaron a todos los que habíamos estado ausentes al parte físico, para ver quienes estaban en plan tomadera en El Vaquerito que, sabían, éramos los mismos borrachos de la piscina. Nos hicieron la prueba de alcoholemia en la Dirección de la Unidad. Cuando “michini” me olió, me acusó de estar en la cumbancha, y le expliqué que no, que ese olor era del imefasma… por supuesto, no me creyeron. En estos casos lo mejor es que no te cojan, pero si lo hacen, debes tener una buena justificación debajo de la manga, nunca nada como el imefasma ese, todavía no sé de donde saqué semejante justificación».

Este cuento del Licen me hizo recordar la vez que Riuri, para no ir a una de las Marchas del Pueblo Combatiente, a las 2am cuando dieron el de pie, salió para el campo de futbol con sabana y con almohada y se tiró a dormir en la hierba hasta las 8 de la mañana cuando la luz del sol lo despertó.

Yo también tuve mis escapaditas, una de ellas fue cuando para celebrar el cumpleaños de Jorgito, el de Guanabacoa, nos fuimos para el campo de futbol a tomar, hacer cuentos y pasar un rato todo el piquete. Regresamos a escondidas y nos fuimos a dormir. Cinco minutos después subió el profesor de guardia y fue cama por cama a decirnos: « ¿Ya terminó la fiesta? Felicítenme a Jorgito de mi parte». Él lo supo todo, pero por suerte no tomó medidas disciplinarias con nosotros.

Pero, de todas estas escapadas, hay una que encierra en ella la más cómica de las anécdotas. Un muchacho del grupo 6 estaba teniendo relaciones sexuales con su novia en pleno campo de fútbol. De pronto, descubren que viene el profesor de guardia con una linterna. Rápido se visten y se disponen a huir, pero se percatan que a unos 15 metros de allí, había otra parejita en menesteres similares. El muchacho, analizando todas las variables, decidió correr hacia ellos. Se acercó al otro alumno que estaba con el pantalón por las rodillas y con su novia delante totalmente desnuda, en pleno acto sexual; lo tocó por la espalda, y les dijo: «Caballero, disculpen que los interrumpa, pero por ahí viene Roberto Paz con una linterna». Y se echó a correr dejando atrás a la pareja sorprendida.

Anuncios

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Rodolfo Romero Reyes, Humor y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El arte de fugarse

  1. Emilio R dijo:

    No puedo hacer otra cosa que reirme….:)

  2. adrian dijo:

    yo igual, que clase de locura, jajajaj

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s