De meriendas, números y tinajones

“Voy atravesando valles
voy parando en el Patey
voy fijando mil detalles
voy camino a Camagüey”.
Silvio Rodríguez

Por Karen Alonso Zayas

w22Contrariamente a lo que siempre he pensado, escribir puede ser muy divertido. En lo que sí no me equivoqué fue en el esfuerzo y el tiempo que requiere. Afortunadamente la “cantidad de trabajo” que tengo en mi centro laboral me permite, de vez en cuando, escaparme al centro de mi tierra y dedicarme, hasta hace poco, sobre todo a leer.

Como estoy empezando un proyecto nuevo –véase escribir, nada más y nada menos que en un blog colectivo– debo aplicarme y reservar mi tiempo para borronear alguna que otra línea. Lo que se impone, por supuesto, es hablar sobre la reciente visita que hice a Camagüey, en compañía de una tropa ya familiar.

Debo confesar que me siento un poco intrusa. Es una sensación rara, como si me estuviera robando el protagonismo de algo que no fue hecho para mí. Sin embargo, toca sobreponerse a ese sentir y comenzar a ganarme mi propio espacio.

Esta edición de la guerrilla fue un tanto complicada ya que necesitaba un permiso de mis superiores para asistir. Por tanto el nerviosismo aderezó mi última semana temiendo un “NO” por respuesta. Afortunadamente ganó el “Sí” y participé en un viaje que me recordó muchas cosas lindas y adicionó un sinfín de nuevas memorias.

El viaje de ida transcurrió con mucho frío, poco sueño, y la camaradería acostumbrada de Camilo y Hayat con quienes nunca falta un pozuelo de comida. Llegamos, justamente 12 horas después de que mataron a Lola, y fuimos recibidos por dos guerrilleros y una guerrillera insomnes, a quienes hacía meses no veíamos.

Camagüey profetizaba sorpresas, que comenzaron a revelarse con una cómoda habitación con agua caliente en un maravilloso hotelito, y culminaron con un paseo en barco hasta los Ballenatos de la Bahía de Nuevitas. No faltó tampoco el fuerte vínculo con la naturaleza, que se tradujo en el acostumbrado senderismo y la visita a una cueva con ¿pictografías?

Fue una guerrilla ajetreada, donde hubo meriendas por montones, debate, fiesta, río, conflictos, mar y la recurrente mención de un número que no debe ser repetido en estas líneas.

De esta experiencia no voy a olvidar nunca el “despojo” que me hicieron en un lenguaje inentendible; los intercambios con Carlos sobre Breaking Bad y la pornografía; el miniconcierto de Chely y Rafa en la AHS; la envidia que sentí al ver saltar por la borda a mis compañeros y compañeras de travesía; los ronquidos ensordecedores de quien quiera que fuese y el mejor boniato con mojo que me he comido en mi vida.

Entonces gracias, en esta ocasión, a la caballería camagüeyana por acogernos en su villa y por garantizarnos una guerrilla con tantos detalles y tantos lugares especiales. Como ya se ha venido comentando, quien le siga debe enfrentar un reto hercúleo.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Karen Alonso Zayas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a De meriendas, números y tinajones

  1. genial Karen, para ser la primer vez está genial ,un beso a la tropa habanera .

  2. Camilo Santiesteban Torres dijo:

    Te faltaron cosas de tus experiencias en el contacto con la naturaleza, ajjajaja. Gracias

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