La voz de un disparo (+ video)

Misael Valentín junto a la embarcación en la que ocurrieron los hechos

Por Claudio Peláez Sordo y Rodolfo Romero Reyes

Tomado de la revista Pensar en Cuba

«…cómo se vivía en Caimanera antes del Triunfo, cómo las mujeres tenían que prostituirse, cómo los hombres que tenían mujeres tenían que fajarse con el marine yanqui que ofendía o toqueteaba a su mujer».

La dura realidad que vivió Cuba en los primeros años de la década del 90 como consecuencia de la caída del campo socialista en la URSS y el recrudecimiento del bloqueo económico contra Cuba, acompañados de la política estadounidense que incentivaba constantemente la emigración ilegal desde la isla, incitó a un grupo de personas inescrupulosas a realizar actos violentos que le permitieran abandonar la isla. Quizás uno de los más tristemente recordado, es el intento por robar una lancha en la Playa de Tarará en la que un grupo de delincuentes, algunos con causas penales pendientes, asesinan fríamente a 4 guardias cubanos. Al suceso, ocurrido en enero de 1992, le siguieron otros también violentos asociados al secuestro o robo de otras embarcaciones.

La secuencia de hechos agresivos tiene un punto climático en el verano de 1994 cuando es secuestrada una de las lanchas que diariamente cruza la bahía habanera y, alentado por emisoras radiales contrarrevolucionarias con sede en Miami, se produce un acto de disturbio y vandalismo en calles de Centro Habana. La presencia de Fidel, junto al pueblo, contribuye a que se restablezca la calma. El gobierno entonces toma medidas.

El Comandante en Jefe, ante las cámaras de televisión anuncia que se le darán instrucciones a los guardafronteras de que no obstaculizar la salida de embarcaciones que quieran viajar hacia los Estados Unidos. Comienza entonces la llamada «Crisis de los balseros». Alrededor de 30 mil cubanos se lanzan al mar en rústicas embarcaciones. Mientras esto ocurría en La Habana, en las provincias más orientales de Cuba, otra era la carnada para aquellos que deseaban emigrar ilegalmente. Bastaba solo con poner un pie en tierra o entrar en aguas de la Base Naval de Guantánamo, -territorio usurpado por el gobierno de Estados Unidos en 1901 mediante el apéndice constitucional conocido como la Enmienda Platt- para que el gobierno le garantizara protección y seguridad a aquellos que llegaran allí, en particular a quienes para hacerlo se valieran de actos violentos contra las autoridades cubanas.

Aunque ya en el territorio de la frontera se había ubicado un campo de minas que dividía el territorio usurpado de suelo cubano, muchas personas se arriesgaban a cruzarlo o a intentar hacerlo por vía marítima. Cubanas y cubanos que custodian la frontera diariamente estaban expuestos a intentos de secuestro de embarcaciones. Precisamente uno de los que custodiaba esta área en 1994, recibió un balazo intentando defender la embarcación contra cinco inescrupulosos que la intentaron robar. Misael Valentín hoy tiene 42 años y es inspector de Capitanía en Guantánamo. En aquel momento, con solo 22, no vaciló en enfrentarse al grupo que lo superaba en número y que además, estaban armados. Mientras escribimos estas líneas, no dejamos de preguntarnos cuántas personas en este país no habrán protagonizado también actos como este y cuántas de esas historias, lamentablemente, han quedado en el olvido. Caminamos junto a él por las calles de Caimanera, montamos en la lancha que diariamente traslada a las personas de Boquerón a Caimanera y de Caimanera a Boquerón, miramos con indignación la bandera que ondea a lo lejos y escuchamos atentos su historia.

En el año 1994 me incorporo a la capitanía del puerto como funcionario. Yo venía de Batabanó y me designaron escolta de la lancha de aquí de Caimanera. El objetivo principal de mi grupo era impedir un intento de secuestro de la lancha que va de Caimanera a Boquerón.

El estar ubicado en Caimanera, tan cerca de la Base, supone eventuales intentos de secuestro o de penetración de ciudadanos que vienen navegando de Boquerón o de Paraguay y recalo de drogas por diferentes partes de la geografía de la provincia. Por lo tanto, siempre se está con la guardia en alto.

En el 1994, cuando apenas tenía dos meses de haberme incorporado aquí a Caimanera, llegaron unos compañeros de Santiago de Cuba que supuestamente venían a revisar la construcción que en esos momentos se estaba realizando. Se trataba de lo que hoy llamamos «la Pasarela» ubicada en el único tramo navegable entre la Base Naval y nosotros.

Dijeron que venían con indicación del entonces ministro de las FAR Raúl Castro. Salimos en una embarcación perteneciente a la empresa pesquera de aquí del municipio. Eran cinco individuos: el segundo jefe del MICONS en Santiago de Cuba, de apellido Mustafá, y cuatro ingenieros que lo acompañaban. Llegamos hasta el destacamento naval, donde estaban los compañeros de Defensa del puerto, para informarles que nos dirigíamos hacia la pasarela. Una vez allí él dijo que tenía indicaciones del Ministro de trasladar la construcción un poco más para allá, hacia el Muelle del Deseo y pidieron acercarse más a territorio estadounidense. Enseguida sospecho que hay algo raro, pues la construcción de la pasarela estaba prácticamente terminada. Me viro hacia el patrón y le digo: «¡Vira, vira!» y cuando voy a mirar hacia el otro compañero mío, lo habían empujado al agua. Quedamos encima de la embarcación los cinco ciudadanos, el patrón y yo. Empecé a fajarme con ellos a los piñazos mientras el patrón, hábilmente, zafó los cables de la lancha para evitar que los ciudadanos pudieran continuar hacia el interior de la base. De esta forma la lancha quedaba neutralizada. En pleno forcejeo siento un disparo, era una Colt 45 que llevaba uno de ellos. Caigo al mar. Rápidamente, los compañeros del destacamento de Defensa del puerto, que escuchan el disparo, se acercan en otra embarcación. Capturan a los compañeros y uno de ellos me ayuda a subir a bordo de la lancha.

Cuando la vida de uno pende de un hilo, ¿en qué se piensa?

Primeramente uno lo que piensa es en la familia y en el cumplimiento del deber. Uno está ahí, cumpliendo una función, un deber y uno se siente obligado a actuar. Casi nunca uno piensa en la vida de uno, porque uno mira para al lado y ve, por ejemplo, que podía peligrar la vida de mi otro compañero o del patrón de la lancha. Todo es cuestión de segundos, uno no piensa muchas cosas.

Llevas prácticamente viviendo 20 años en Caimanera, ¿tienen una mentalidad peculiar las personas que viven aquí? ¿Piensan diferente por estar tan cerca de la Base Naval y lo que ella representa?

El caimanerense es normal, igual que todos los ciudadanos: por su terruño piensan y defienden. Y sin dudas, los marca la cercanía con la Base. Nosotros no hemos tenido ninguna salida por robo de embarcaciones protagonizado por los pescadores de este municipio. Los de aquí que antes «se tiraban» lo hicieron antes de 1994. Ahora, a veces, algún joven lo intenta y lo han devuelto. La mayoría son embullados por otras personas.

¿Qué pasaría si mañana retiran la Base Naval de Guantánamo?

Pienso que la salida de la base de aquí de Caimanera, nos permitiría un mayor desarrollo porque las mejores partes de este municipio están dentro de la Base: el aeropuerto, las mejores playas… Si se van, Caimanera sería uno de los municipios más desarrollados de la provincia. Y seguirían siendo revolucionarios, eso sí. Aquí a cada rato los viejos regañan a los jóvenes cuando hablan de forma despectiva de las situaciones que se viven hoy en Cuba. Les cuentan, para que conozcan, cómo se vivía en Caimanera antes del Triunfo, cómo las mujeres tenían que prostituirse, cómo los hombres que tenían mujeres tenían que fajarse con el marine yanqui que ofendía o toqueteaba a su mujer. Esos cuentos, los jóvenes deberían conocerlos, para que esa realidad que se vivía antes de 1959 no regrese nunca a Caimanera.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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