Al Sur del Sur

12188124_754782741317625_517071087469062522_oPor Kmilo

Mi rodilla izquierda dolía al flexionarla, la mulata que el Yonni me había regalado me iba friendo las entrañas, los mosquitos practicaban -despierta al bobo que cree que podrá dormir-. La parada de ómnibus era nuestro mejor techo y mi ilusión, entrar en contacto con Ochún. Así me amaneció la búsqueda del Sur junto a mis camaradas.

Siempre he dicho que las personas más nobles sobre la faz de mi Cuba son los granmenses. No sé, lo saco por mi familia y mis múltiples viajes a esa provincia. Los santiagueros son pícaros, los guantanameros básicos, los holguineros elegantes, y los tuneros se pandean entre las características de los granmenses y los holguineros. Todas son personas maravillosas, pero los de la tierra de Céspedes son un pan. Las mujeres dulces. Digo esto, porque los trabajadores del campamento de pioneros de Las Coloradas esperaron nuestro arribo aunque estaban soñolientos y cansados. Nos atendieron como ya no se atienden en mi provincia a los visitantes de madrugada. Nos hospedaron en las cabañitas confortables con minitasas – me pregunto cómo ciertas personas pudieron efectuar sin problema – y nos brindaron el mejor pescado trasnochado que he probado en mi vida.

Tres horas después me encontré con la diosa de las aguas. Nadé plácidamente hasta que un par de niñitos comentaron de la pesca de caimanes cerca del lugar. Según ellos era un suceso no usual, pero probable. Disimuladamente me acerqué de nuevo al muelle, con el ceño fruncido, como los superhéroes cuando están cagados y no quieren que otro se dé cuenta. Me hice el sordo, pero decididamente mis genitales ya no tenían el mismo tamaño y el agua estaba caliente.

Ya con el sol afuera recorrí el lugar, elogiando en silencio la conservación del mismo y los sacrificios de esas personas por mantenerlo. Pensaba en que ya, en la capital donde vivo, a nadie le importa eso; no existe un campamento con condiciones medianamente parecidas a esas, teniendo más recursos y más personal. Pensaba en el Volodia, en la Finca de los Monos, no podía pensar en Tarará porque no llegó a mí. Pensaba en la voluntad humana y las miserias también. No obtuve respuestas a mis preguntas. No obstante, podía llenarme la boca para elogiar a ese pequeño grupo que enarbolaba el amor de Martí al futuro, que son los niños.

Nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida. Hay quien simplemente te estrecha la mano y a partir de ahí sabes que podrás llegar siempre a su puerta, aunque no avises.

Tengo que decir esto:

Hay cosas, mecanismos o como dice Calviño Lógicas Perversas que están mal. Hay otras cosas que se olvidan, que es mucho peor. Esconder la basura debajo de la alfombra es sólo trasladar el problema. Cuentan mis padres y mis tíos más jóvenes que ese tipo de actividad en la etapa primaria era toda una fiesta de saberes prácticos. En los campamentos de pioneros, se enseñaba desde muy temprana edad a los muchachitos a ser responsables, a pensar organizado, a querer la historia del país y a la naturaleza, también a darle valor al trabajo. Además, la exaltación de los valores humanos y la disciplina eran el ABC diario.

Ya en mi tiempo de la primaria, eso estaba demasiado deteriorado, por eso llegué a pensar que ese mismo panorama era horizontal para todo el país. Por suerte casi 20 años después tuve esta grata sorpresa.

Sé que existen muchos proyectos comunitarios y círculos de interés en las escuelas, pero esto es algo diferente por completo y sin duda le hace falta a los pupilos de ciudad, agitados o sobreprotegidos.

En los últimos años se han sucedido demasiados cambios, algunos de estos pusieron en detrimento este lindo movimiento que hace de nuestros niños personitas independientes, maduras y revolucionarias. Deberían revisarse las políticas concernientes y cambiar lo que debe ser cambiado. Está en juego el futuro de la Revolución. Piénsenlo.

Se imaginan cómo le vendría a los pioneros de barrios candentes de la capital, la implementación adecuada de este movimiento. La seguridad que tendrían sus padres al saber que sus hijos están creciendo como personas de bien, además consecuentes. Se imaginan cuan afianzado podría estar el aprendizaje y el conocimiento de nuestra cultura.

Con todo lo que yo vi en aquel lugar, yo sí querría que un hijo mío tuviera tal oportunidad. Es más, voy a cuquear a una pareja que conozco para que manden al suyo, que todavía no llega.

Nota: Les cuento de Cabo Cruz después. Esto tenía que decirlo primero.

Hasta pronto Blogueros.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en de Camilo Santiesteban Torres y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Al Sur del Sur

  1. oye Kmilo, cómo que los guantanameros somos básicos. Deja que te coja para que tú veas lo que es ser básico jejej

  2. El resto me encantó…Un abrazo

  3. arisleidis anaya dijo:

    Gracias por todo nací muy cerca de ese campamento de pioneros ,cuantas historias y recuerdos ,aunque la tristeza tambien tomo parte ahi .saludos

  4. Camilo Santiesteban Torres dijo:

    Lili, disculpa pero esa opinión no es precisamente mala. Sólo fue lo que observé en el penúltimo viaje. Además conozco a varios aquí en la Habana que son así mismo. Tú no eres precisamente una usual guantanamera. Es más, igual digo algo de mis queridos agramontinos que no les gusta: son personas que no aprovechan la ciudad que tienen y se acuestan temprano. No es nada malicioso – además qué volá, ya se me acabó la nobleza – jajaja. Besote Lili. Kmilo

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