¡Hasta que se seque el Malecón!

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Por Rodolfo Romero Reyes

Tomado de Alma Mater

El reguetón, polémico, criticado, ha llegado para quedarse. Su jerga —o la jerga callejera que se amplifica en sus canciones—, ha invadido los círculos más exclusivos, de élite, de nuestra sociedad. Es posible que algunas personas todavía no conozcan a «Los desiguales» o a «William, el magnífico», pero eso es un dato adicional. Queridos y queridas, los tiempos han cambiado, solo queda resignarse, adaptarse o «suicidarse en defensa propia», como dice uno de esos temas insignes.

El mundo es tan irónico que probablemente quien popularizó la canción —y el baile— El guachineo, no sepa diferenciar entre los grados de un General de Brigada y de uno de División, mientras que yo en una ocasión presencié a un alto jefe militar decir: «¿En qué van a emplear su tiempo hoy? Si no tienen trabajo, me avisan; que hoy amanecí asignando tareas, como el guachineo, “con la punta del pie”».

La invasión reguetonera ha sido tal, que la mayoría de los cubanos puede citar sus textos con espectacular naturalidad. Un ejemplo actual es: «¡Hasta que se seque el Malecón!», frase rescatada de la sabiduría popular que emerge otra vez a la moda gracias a Jacob Forever (si alguno de ustedes no está muy familiarizado con este mundo, les cuento que se pronuncia Yéico Forever). Precisamente comentaré sobre la carrera musical de este personaje, para contribuir modestamente al desarrollo y comprensión del género en la Isla.

Yéico empezó cantando con Alexander «El Monarca», y se apodó: «El Inmortal». Se sospecha que tiene una amplia descendencia, pues en la mayoría de sus conciertos le dice a alguien del público: «Yo soy tu papá, “El inmortal”».

Antes de hacerse famoso, el dúo de Alamar cantaba en lugares insospechados como la fábrica de tabacos Francisco Pérez Germán «Partagás». En aquel momento, uno de sus hits más pegados fue: «No sé por qué, pero me extraña;/ y su familia me está haciendo la campaña,/ no sé por qué, yo no me explico, / le gustan los feos, no le gustan los bonitos». Con esa letra Jacob y Alexander empezaron su camino ascendente a la popularidad como Gente de Zona.

Su identidad dual era sólida. Se unían en la lucha contra otros reguetoneros a quienes retaban desde la tarima: «¿Quién eres tú? / Si a ti nadie te conoce. / No me sofoques más, / mejor evita el roce». A veces cantaban odas a su ego y se preguntaban en pleno concierto: «Yéico, ¿dónde está Alexander» y «Alexander, dime dónde está Yéico».

Un buen día la exitosa fórmula musical se disolvió. Quizás Alexander se dio cuenta de que de los dos, él era «El animal» —ojo, no es insulto, todo lo contrario. Después de la separación, Alexander se quedó con el nombre del grupo y empezó su vida por ahí —la tradición de la ruptura en este género la habían iniciado antes Baby Lores e Insurrecto, quienes involucraron al Chacal, se fajaron, se ofendieron y luego hicieron las «paces» en el tan criticado Concierto del Capri— mientras Yéico seguía en solitario.

Con Gente de Zona sucedió como en la mayoría de los casos: a toda ruptura le sigue la «tiradera». Jacob arremetió contra su antiguo colega con el tema: «Pin pon, muñeco de cartón». Alexander, quien había sumado a su team a Randy Malcom, antiguo cantante de la Charanga Habanera —por cierto, nacido en Guanabacoa—, respondió en un similar registro infanto-musical con la pista «Pin8». Así decía: «Pinocho tiene una lengua tan larga / que se la pisa, / se la pasa comentando / y diciendo cosas que me dan risa, / que si tiene una mansión en Hollywood, / que si anda en un Ferrari por Malibú. / Él quiere ser como Randy Malcom y como el hijo de Marilú» (obviamente, este último, es Alexander, y Marilú no es la misma musa de Pedrito Calvo).

Creyendo que la respuesta musical no era suficiente,  Alexander decidió herirlo donde más le dolía. Se propuso demostrar que él era el alma de Gente de Zona y rompió los récords de audiencia interpretando canciones con Descemer Bueno, Enrique Iglesias, Marc Anthony, Pitbull e incluso con los veteranos que popularizaron hace varias décadas «La Macarena».

Ante los éxitos de Gente de Zona, cualquiera se hubiera sentido humillado y destruido. Yo, por ejemplo, me hubiera repetido hasta el cansancio: «¿Por qué caramelos te fuiste del grupo?». Pero Yéico, sin inmutarse, compuso el tema más repetido del año 2016 en toda Cuba. Creyó así haber vencido a sus rivales. Aunque obviamente no lo logró, su tema: «Hasta que se seque el Malecón», parece que se seguirá escuchando en La Habana «hasta que se muera el reguetón».

Alguien parafraseaba a Silvio Rodríguez diciendo que: «El problema no es que se seque el Malecón, el problema, señores, es que Jacob es inmortal». Temiendo la perpetuidad del género, he decido sumarme. Con mi entrañable amigo Daniel Loynaz he iniciado un nuevo dúo —del que quizás algún día me salga para fajarnos y ser fieles a nuestro legado musical—, pero que por el momento nos ubica en lo más «pega´o». Los invito a que nos sigan por ahí. Somos Rodil y el Dany, lo mejor del reguetón en Cuba.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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