El humor bajo el látigo

Por Cristina Lanuza Marrer,
e
studiante de Filología.

En los tiempos actuales la prensa cubana exige muchos desafíos. Se ha reparado en la urgencia de producir cambios en la manera de hacer precedentes, con los cuales lograremos medios de difusión capaces de parecerse más a la Cuba de hoy. Debemos intentar mostrar tantas Cubas como habitantes existen, de ahí que la prensa debe sugerir y polemizar siempre desde la veracidad.

Hacer periodismo en nuestro país es bastante complejo, sobre todo para los temerarios que intentan reflejar la realidad nacional. Su principal reto es lograr sobrepasar la epidermis de los temas que merecen ser analizados hasta la raíz, para que sintamos los medios de prensa más cercanos a nuestras vidas. El realizar Periodismo para jóvenes es aún más complicado, como necesario, en tanto la actualidad de fluctuación mediática y tecnológica es tal que, la juventud manifiesta una consulta extremadamente pobre de los órganos de información. Por ello ha sido una muy buena alternativa empezar por hacer una suerte de periodismo digital que sea interesante, llamativo y cercano a su realidad.

En palabras de Mario Benedetti: “¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿solo grafiti? ¿rock? ¿escepticismo? También les queda no dejar que les maten el amor, recuperar el habla y la utopía, ser jóvenes sin prisa y con memoria, situarse en una historia que es suya, no convertirse en viejos prematuros, tender manos que ayudan a abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno, sobre todo les queda hacer futuro”. Los jóvenes son el futuro de todo país; el periodismo joven debe atenderse y explotarse siempre que sea serio y profesional. Debe ser expuesta la cotidianidad de nuestros universitarios, sus problemas y necesidades.

Esto se ve reflejado muy fuertemente en el periodismo de Rodolfo Romero Reyes (La Habana, 1987). Publica actualmente en la sección de humor, ¿Quién le pone el cascabel al látigo? de la revista Alma Máter, en la que colabora desde 2006.

Podemos apreciar que su trayectoria ha sido muy variada y no solo se ha dedicado a publicaciones de tipo humorísticas, aunque sí es importante recalcar que es una de las que más ha disfrutado hacer y que sus lectores agradecemos inmensamente. RRR o Nemo como muchas veces firmó sus publicaciones, identificándose con el capitán Nemo del Nautilius de la famosa novela de Julio Verne: Veinte mil leguas de viaje submarino; se ha dedicado a través de su libro ¿Quién le pone el cascabel al látigo? (2017), a mostrarnos con humor y sin herir sensibilidades, o al menos intentándolo, una gama de situaciones de la cotidianidad que son necesarias comenzar a registrar, o más bien rescatar este tipo de narraciones costumbristas que ya casi no consiguen espacios en nuestra prensa, como lo hicieron alguna vez los textos de Enrique Nuñez Rodríguez; sobre el cual Abel Prieto, conocedor de su obra, prologuista de su libro El vecino de los bajos (Ediciones Unión), dijo: “nos enseñó a reirnos de nuestras dificultades”. Siendo esta cita tan veraz, Rodolfo Romero considera a Enrique, una de sus fuentes de inspiración para realizar este tipo de escritura.

Nuestro escritor nos presenta una compilación de cuarenta y cinco crónicas publicadas anteriormente en la revista Alma Máter que, ridiculizan, censuran, comparan y critican nuestro día a día. El libro está compuesto por nueve capítulos, lo cuales contienen alrededor de cuatro o cinco crónicas cada uno, organizadas bajo un tema general, no cronológicamente. Cada capítulo nos muestra diversas etapas de la vida de nuestro escritor, tanto adolescente como adulta, no necesariamente en este orden temporal. Son vivencias en las que el autor es protagonista de muchas de ellas junto a familiares, amigos y conocidos, pero, en ocasiones nos parece que han podido o podrán ser experimentadas por nosotros mismos o algunos amigos.

Nemo utiliza un lenguaje desenfadado, cercano, cómico e incluso osado. No pretende lograr solo lo cómico, lo que produce simplemente risa, sino también lo humorístico, a la manera que alguna vez fue descrito en el teatro de Luigi Pirandello y que este último explica en su artículo El Humorismo: “Lo cómico es precisamente un advertimiento de lo contrario. Pero si ahora actúa en mí la reflexión (…) Desde aquel primer advertimiento de lo contrario la reflexión me ha hecho pasar a este sentimiento de lo contrario. Y aquí está, íntegra, la diferencia entre lo cómico y lo humorístico”. Tiene esta obra este mismo objetivo, aunque moderno, y responde en su intencionalidad final a sumirnos en continuas reflexiones de toda índole, desde nuestras relaciones personales y sociales, estatus social, los comportamientos y hasta la música que oímos. La riqueza léxica que posee nuestro escritor del lenguaje popular es envidiable, se ha documentado, sobre todo en el reguetón cubano, para adquirir este tipo de conocimientos.

De igual manera ofrece su propia versión de los tipos de relaciones existentes basados en experiencias comunes, también de la guerra de Troya reflejada en la Ilíada; del viaje de Odiseo descrito en la Odisea; así como similitudes e intertextualidades con la famosa saga Harry Potter. Referido a estos temas en el libro encontramos títulos como: “Tipos de relaciones”, “La guerra de las tribus urbanas I y II”, “Harry Potter se enfrenta al ministro de Magia” y “Harry botado en la autopista”, respectivamente. En estos dos últimos muy a propósito de su intertextualidad, aprovecha para sugerir una serie de términos de “origen latino” para describir estados de ánimo de participantes u otros términos que, introduce en función de la comicidad de la crónica.

La obra, así como la sección en la que trabaja, está inspirada en la máxima martiana: el humor será a la humanidad como “un látigo con cascabeles en la punta”.

Por ello debemos entender que en nuestro periodismo literario necesitamos más genios creadores como Enrique Núñez Rodríguez y su aprendiz, sin ningún matiz despectivo aplicable al término, Rodolfo Romero Reyes; en los cuales aflora con muchísima naturalidad su vocación de estilo, su saber definirse y mostrarse a la hora de escribir, de manera tal que, en cualquier sitio que leamos algún escrito de sus autorías sepamos reconocerlos. Ambos sin quererlo, son cazadores, cazadores de momentos insignificantes que necesitan ser inmortalizados porque forman parte de nuestra realidad e identidad como cubanos. La lectura de este libro, podría asegurar, marca un antes y un después en la prensa humorística cubana.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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