La felicidad está en la lucha

Tomado de Contexto Latinoamericano

Por  Arlette Vasallo García y Rodolfo Romero Reyes

Luego de varios años, movidos
por el ascenso de gobiernos de izquierda al poder en América Latina,
actualmente, el mapa político es muy diferente. La llegada  de gobiernos derechistas en países como
Argentina y el golpe de Estado en Brasil, por solo citar dos ejemplos, han
constituido reveses para las conquistas alcanzadas en el orden social y
económico, no solo en estos países, sino en toda la región.

Este nuevo contexto político
ha afectado a los mecanismos de integración en el área por los que se apostaba hace
apenas tres años. En el caso argentino, la imposición de medidas neoliberales afecta
a la población y beneficia a los más opulentos empresarios; han burlado la
confianza de hasta el más fiel de los votantes, y elevado el clima de
insatisfacción. Asimismo, crece la desestabilización política en múltiples
países como Honduras, Perú y Colombia, lo que evidencia la desorganización de
las fuerzas progresistas y el ascenso de la derecha.

Frente a la ofensiva
neoliberal, es preciso —como asidero necesario— volver sobre Marx, su obra, y
asumir su teoría como programa de lucha, cuando se cumple 200 años de su
natalicio. Instruirnos en sus clásicos —Los
manuscritos…, El Capital
, el Manifiesto
Comunista
— es imprescindible para armar al obrero ante la explotación
capitalista. Recordar en qué posición estamos en este tablero de juego, cuáles
son las partidas que debemos ganar y quiénes son aliados o quiénes enemigos.

El investigador cubano Jacinto
Valdés-Dapena Vivanco, integrante de una generación que vio en la asimilación crítica
del marxismo una urgencia, las crisis son importantes porque de ellas pueden
venir las más grandes revoluciones.

El también profesor titular
y Doctor en Ciencias Políticas plantea que el marxismo rigurosamente
determinista impide uno de los más valiosos aportes: la unidad de la actividad
consciente de los revolucionarios y el cambio social. Por eso exalta la
búsqueda de las nuevas alternativas en la realización de los ideales de Marx, pues
su teoría no se propone una interpretación de la realidad, sino su perenne transformación.

Compartiendo
miradas críticas

«El marxismo es
multidisciplinario, tiene un componente económico, filosófico, y político,
estrechamente entrelazados», asegura Valdés-Dapena para quien es indispensable
estudiar las circunstancias sociales del origen de esta teoría para
comprenderla.

Precisamente en la Europa
culta, avanzada y capitalista del siglo XIX surge esta corriente filosófica que
tuvo como principal pensador al alemán Karl Marx —quien abogó por la
nacionalización de los principales medios de producción y definió las tesis del
materialismo dialéctico— y que contó con el aporte de Federico Engels, introduciendo
el concepto de materialismo histórico.   

«Entre los principales
conceptos está el concepto de enajenación,
que tiene que ver mucho con la actualidad; es el elemento que permite
interpretar como en la sociedad capitalista hombres y mujeres se alejan de su
personalidad, pierden su esencia humana a partir de la pérdida de su identidad.
El hombre pasa de ser sujeto a objeto, dice Marx cuando explica el fetichismo
de la mercancía. Solo en una sociedad futura, en la sociedad comunista, el
hombre se podrá reencontrar así mismo», argumenta el autor de Bolcheviques en el poder.

En La ideología alemana, Marx comienza a define el conceptode formación económico social, imprescindiblepara comprender la sociedad. «Es un término que revoluciona la
filosofía y nos lleva al estudio de la estructura de la sociedad capitalista,
de los elementos de la revolución proletaria y de la sociedad civil —que es el
no Estado, sino el escenario donde se desarrolla toda la vida económica y
social  y material, que es la base sobre
la cual después se ubica el Estado—», recuerda Jacinto.

«Es un concepto que reelabora
como una forma más elevada del estudio de la sociedad, ya no solo es la sociedad
y sus instituciones no estatales, sino la sociedad en su conjunto, las formas
de la conciencia social, la producción económica, las clase sociales, todo. Eso
es un todo en el cual está la base económica y la superestructura con sus
formas de conciencia social: religión, arte, literatura, concepción jurídica,
filosofía, derecho, ciencia», enfatiza.

Si bien Marx no es el
primero en conceptualizar la lucha de
las clases sociales
, añade que es esta la que debe conducir a la revolución
social. Para el marxismo existen dos tipos de revoluciones: la política, en la
que cambia el poder, el Estado, no así las relaciones sociales de producción la
social; y la social, en la que cambia el sistema.

«Todas las categorías y conceptos marxistas tienen un carácter
histórico», nos dice Jacinto. Se impone entonces interrumpir la disertación con
una pregunta: ¿cuán vigentes son entonces?

«El concepto de clases
socialeshoy en día no está muerto,
se transforma en grupos de poder, en grupos de presión, pero lo que sí está
claro es que la economía está representada 
en grupos sociales. Existe una estructura socioclasista que no se puede
negar, donde cada grupo social tiene sus propios intereses como la clase obrera,
la campesina, la nueva intelectualidad. 
El elemento social, las clases sociales, 
que no fue definido teóricamente 
ni por Marx ni por Engels, 
sino  referido, sí es un
fundamento importante a la hora de tomar decisiones políticas. Pues esos grupos
sociales, esas clases sociales, estructuradas en una sociedad determinada  juegan un papel definitivo en su desenlace»,
responde.

«Así pasa con el concepto de
acumulación originaria del capital. ¿Por
qué Estados Unidos mantiene el bloqueo económico contra Cuba? Para impedir una
acumulación originaria socialista del capital que permita el desarrollo de un
proceso de industrialización e independencia económica. Los estadounidenses hacen
una correcta interpretación del estudio de Marx, si nunca acumulas capital
nunca te vas a desarrollar. ¿Y la plusvalía?
He ahí una de las mayores contradicciones del capitalismo: el modo de
producción es social, en otras palabras, la sociedad produce para la sociedad,
pero la apropiación es individual, para los dueños, para las corporaciones,
para las empresas», explica Valdés-Dapena.

Marx llega a sus
concepciones mediante sus estudios filosóficos y Engels a partir de sus
estudios económicos, pero cada uno lo hace con sus particularidades. La obra de
Marx, junto con la Engels, constituye lo que conocemos como marxismo. Que tome
el nombre de solamente uno de los dos, no es conflicto; Engels aseguró ser el
segundo violín: «Marx es un genio. Los demás, a lo sumo, somos hombres de
talento».

Jacinto nos hace una
aclaración: «Infelizmente, Marx y Engels no tocaron el tema del colonialismo en
América Latina. Salvo una referencia a Bolívar y un trabajo de Marx sobre la
dominación británica en la India, ambos se centraron en lo que estaban viviendo:
la revolución europea».

¿Qué pasó entonces después?
¿Cuánto impactaron sus postulados en el futuro inmediato? El profe responde: «La
Segunda Internacional, de 1889 a 1917, jugó un papel fundamental, tanto en la
práctica —el movimiento obrero— como en la teoría. Tenía como objetivo
instaurar la dictadura del proletariado en un nuevo contexto donde la extensión
del sufragio universal por casi todos los países orientó al socialismo hacia
formas más pacíficas. Había entonces tres tendencias, una revisionista, que planteaba
la revisión del marxismo, incorporar nuevos elementos, criticar algunos viejos,
pero sin adulterar sus esencias; una reformista, que apoyaba el tránsito  pacífico a través de las elecciones hacia una sociedad
nueva y adjurar de la violencia; y otra ortodoxa que planteaba que el marxismo
tal y como estaba, no había que modificarlo; esa era la más dogmática, y
desafortunadamente, aún hay personas que piensan así».

Hace una pausa y continúa: «Esta
Segunda internacional  entra en crisis,
cuando durante la Primera Guerra Mundial, los partidos social demócratas se
unen a sus burguesías respectivas. Lenin aborda este fenómeno en lo que para
Valdés-Dapena es una joya literaria: El imperialismo,
fase superior del capitalismo
.

«Lenin demuestra cómo ha
evolucionado el capitalismo mediante de la fusión de los capitales bancarios e
industriales, el papel de las colonias, etc. Como Marx, Lenin es un teórico de
la revolución, es el hombre que habla de la transición al socialismo, que comprende
el papel de las colonias en el sistema económico mundial y su potencial como
catalizadores del cambio, crea la III Internacional con el siguiente principio:
proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, uníos. Es, respondiendo a
su pregunta, quien concreta, de forma casi inmediata, las ideas de Marx.
Incluso, los bolcheviques ven a la Revolución Rusa como la antesala de la
revolución europea o de la revolución mundial. Por eso, en la historia del
marxismo, la historia de la Revolución Rusa es la primera y más importante del
siglo XX», concluye.

Un
último intercambio de ideas

El marxismo, y el Octubre Rojo,
impactan después en Antonio Gramsci, Georg Lukács, Karl Korsch, quienes han
influido en muchos de los movimientos socialistas o marxistas que en la
actualidad se despliegan por el mundo. Una frase de Jacinto, nos produce una
sonrisa cómplice: «Los gurús de hoy, se apoyan en los sabios de ayer». Todavía
nos quedan preguntas y sabemos que el número de páginas de la revista es
finito. Decidimos lanzarnos a un último round
de preguntas y respuestas.

Luego
del derrumbe del campo socialista y la desintegración de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, prevaleció una hegemonía del capitalismo. ¿Se puede
aspirar entonces a un mundo socialista? ¿comunista?

Soy de los que cree que
Estados Unidos no ganó la guerra fría, sino que fue la URSS quien perdió. En la
actualidad el mundo ha comprendido que no puede existir la unipolaridad, las
relaciones internacionales deben ser multilaterales, y no debiera existir
ningún tipo de subordinación. En la actualidad muy pocos países que se declaran
socialistas, pero con sus particulares. ¿Qué los define? El carácter de su
economía, sus políticas sociales, la atención hombres y mujeres,  su política de solidaridad. Vietnam no tiene
nada que ver con China, ni China se parece Vietnam.

Ahora, una cosa es economía
de mercado socialista y otra muy distinta es el «socialismo de mercado». Yo
creo que la sociedad socialista está por construirse y creo, honestamente y sin
chovinismo, que los que más nos hemos aproximado somos los cubanos.

El socialismo que debe vivir
cada país es el socialismo histórico que se desencadena según sus realidades
sociales y económicas, no un «socialismo por receta». Se puede aspirar a una
sociedad que busque la emancipación humana, la liberación del hombre, con
condiciones materiales de vida que garanticen la felicidad de los individuos.

La Revolución Cubana se
inició como un proceso de liberación nacional, antiimperialista, basado en la
obra de José Martí, que luego se radicalizó en un pensamiento marxista
autóctono cubano y fidelista. El mayor reto que tenemos es garantizar una
sociedad que permita al individuo la libertad individual, la  emancipación humana y la solución de los
principales problemas materiales, partiendo de las tradiciones más autóctonas
de nuestro socialismo.

Desde su perspectiva marxista, ¿qué definiría
hoy a un revolucionario? 

Lo primero es tener
convicciones. A las revoluciones se llega por dos caminos, conveniencia o
convicción. Los que llegan por conveniencia son los oportunistas, los otros, los
auténticamente revolucionarios.

Es necesario poseer una fe
inquebrantable en que  lograremos los
objetivos, pero sin maniqueísmos, apostando por la verdad —que es siempre
revolucionaria— y utilizando un pensamiento crítico, no para mortificar, sino
como una forma de conocer el mundo en que vivimos y poder transformarlo. La
emancipación humana es la meta, el hombre y la mujer del futuro deben
reencontrarse  con ellos mismos  desde un punto de vista espiritual; las
personas no pueden ser cosificadas, no se pueden convertir en mercancía, eso
fue lo que Marx siempre nos alertó.

¿Cómo
llegar a esa emancipación? Marx afirmó en su contexto que el único medio para
arrebatarle el poder a la burguesía es mediante la lucha armada, ¿sigue siendo
esa la opción?

Marx explicó que todas las
categorías son históricas y para mí, en el contexto actual, puede o no llegarse
al poder mediante la vía de la de la violencia revolucionaria. Evo Morales, por
ejemplo, dice hay que llegar con los votos y no con las balas. Otros movimientos
insurgentes han encontrado en las armas la única vía, y en la selva el único
refugio.

En el mundo de hoy es muy
difícil llegar por la violencia al poder, aunque no creo que ello implique
invalidarla como un método de lucha.

Lo más grave del momento no
creo que sea la vía para alcanzar el poder. Lo más grave es lo pesimista del
contexto. La aniquilación de los principales líderes en América Latina por parte
de Estados Unidos y otros gobiernos neoliberales ha debilitado a la izquierda
latinoamericana. Me preguntó si existe hoy una izquierda consolidada,
estructurada. Creo que de los movimientos sociales pueden nacer organizaciones
efectivas para asegurar  el poder, pero
no se puede obviar la importancia de los partidos políticos. No tienen que ser
partidos marxistas necesariamente, sino una estructura de partido, con un
programa político, una estrategia revolucionaria. A veces se confía mucho en la
espontaneidad, y no  se trabaja en la
disciplina, en la organización, en la formación ideológica.

A
doscientos años del nacimiento de Marx, 
¿qué  del marxismo habríamos de
rescatar para los jóvenes de hoy?

Su condición humana. Su
método dialéctico para interpretar las condiciones actuales. El optimismo. Habría
que reexaminar su visión  y concepción de
las clases sociales, valorar  el concepto
de formación económico social para su actualización, tener presente el sentido
de la praxis, el sentido de que la filosofía no es especulación sino acción, comprender
y adoptar como estilo de vida la afirmación de Marx de que la felicidad está en
la lucha.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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