Noviazgo «repa» forever

Por Rodolfo Romero Reyes

En anterior ocasión,
alguien quizá haya escuchado,
mi romance trasnochado
«En tiempos de reguetón».
Poesía, fascinación,
me encantaba su manera
de ser. Lo que ella dijera
mi mente lo digería.
Lo que más me seducía:
su pinta, tan «repartera».

Después de que aquel romance
llegara a abrupto final,
descubrí que ahora el Chacal
baladas ponía a mi alcance.
Para mí no fue un percance,
dejar de ir tanto al teatro,
porque hasta el anfiteatro
me escapaba a descargar
y con Maluma cantar
siempre: Felices los cuatro.

Ante tanta variedad,
intenté que mi escenario
fuese el universitario;
traté y traté, en realidad.
Busqué novias, y en verdad,
cuando les ofrecí la luna
y mi amor de buena fe,
querían ir al Café,
con Fonsi, Wisin y Ozuna.

A una que me gustaba
le inventé una serenata.
Era una chica sensata
y Derecho ella estudiaba.
Mi guitarra improvisaba:
Ojalá —Silvio—, ya está.
Me devolvió otro Ojalá
—de quien nunca supe el dueño—:
«ojalá que nuestro sueño
se nos haga realidad».

Así creció mi apatía,
no creí que habría un mañana.
La Señorita Dayana,
también Osmany García;
mi «limpio» mundo invadía
esa realidad difusa.
En virtual escaramuza
me llegaba el bisbiseo
de la canción Guachineo,
y de Dayamí, «la musa».

Una década pasó,
entre canciones y gente,
y un día, así, de repente,
la vida nos reencontró.
Esa tarde habló y habló,
le brillaba la mirada.
Su pinta, desenfadada,
y el tosco vocabulario,
trocaron mi calendario;
la sentí hasta enamorada.

Lo volvimos a intentar,
yo, mucho menos permeado,
estaba un poco embullado
y ella intentaba cambiar.
Al jazz me llegó a invitar,
me dedicó una canción,
y dijo con emoción:
«Con tener tu amor me basta,
lo nuestro va a durar ¡hasta
que se seque el malecón!».

También hice concesiones:
dejé la trova un ratico;
del «negrito» y el «coquito»
tuve «a manu» sus canciones.
Palpitante de emociones,
casi soy otra persona.
Bailo con el Ona Ona
y la Charanga Habanera,
me aprendí La Gozadera,
de Marc y Gente de Zona.

Aun tengo mi dignidad:
no escucho a Yomil y el Danny,
tampoco a ese Bad ¿Banny?
que se cree el rey del Trap.
¿Es Trap o Barbaridad?
Cuesta ya diferenciarlos,
entenderlos o escucharlos.
—desde el Cerro, Insurrecto
los supera en intelecto—.
La solución: ignorarlos.

Parece que combinamos,
yo con mi chica morena,
bailamos La Macarena
y a Pitbull no reprochamos.
En realidad, nos amamos,
no importa con que ideario.
Aun parece extraordinario,
que ella siga en mi destino…
¿será mi palón… divino,
o el palito… presidiario?

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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