¿Asunto de dos?

Por Monica Lezcano Lavandera y Rodolfo Romero Reyes
Tomado de Revista Alma Mater

Lo más difícil para Claudia fue convencer a su novio. Llevaban apenas cuatro meses. Como siempre le hablaba de «amor eterno» y valores como «lealtad» y «fidelidad», ella no quería correr el riesgo de que ante su propuesta él se fuera a disgustar. Reynier no lo sabía, pero su novia tenía un heterogéneo pasado.

En su etapa preuniversitaria, mantuvo una conducta amorosa y sexual acorde a la que imaginaron sus padres para una muchacha de su edad. Y siendo fiel a la sentencia que asevera: «los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres», justo antes de graduarse vivió experiencias que le permitieron dudar de lo que, hasta ese momento, había aprendido.

Lo primero que hizo fue, a propuesta de Abelito — su novio de doce grado — , participar de un trío con una muchacha de su aula. Aquella vivencia aislada no la hizo dudar de su orientación sexual: seguía sintiéndose heterosexual y atraída por los hombres, aunque había disfrutado aquella noche inolvidable.

Abelito hizo que ella se liberara. No solo en su práctica sexual cotidiana, sino también en su formación cultural. Leyó muchos libros y debatió con sus compañeras de cubículo teorías sobre el libre amor y la emancipación de la mujer. Cuando llegó a la universidad era otra Claudia y empezó a entablar amistad con otras personas que pensaban como ella y se consideraban swinger.

Asunto de dos… o más

Diversos libros publicados en Europa en las décadas de los sesenta y setenta hablaban del intercambio de parejas o swinging –en inglés–, también referido como un estilo de vida. Ese modo de vínculo amoroso incluye diversas actividades sexuales realizadas entre parejas heterosexuales, bisexuales u homosexuales en un mismo local. Entre ellas las más comunes son observar cómo otras personas tienen sexo, tener relaciones delante de otros, besar o realizar el acto sexual con una tercera persona además de tu pareja, o intercambiar compañeros.

Kenia se convirtió en una especie de iniciadora para Claudia en este mundo, aunque su conocimiento no era propiamente de pareja swinger. Ella, en primer año, había pasado un curso de masajes corporales. Daba sesiones profesionalmente a hombres y mujeres. En una ocasión tuvo como clientes a un matrimonio joven que la invitó a su casa. A mitad de sesión ellos le preguntaron si podían tener sexo delante de ella. A pesar de sentir cierto rubor, Kenia aceptó. Vio y disfrutó aquella escena, según le confesó a Claudia.

Aunque nunca participó directamente, Kenia se hizo amiga de ellos y supo que al menos en La Habana las personas o parejas swinger organizaban fiestas, encuentros, y se habían convertido en una especie de comunidad.

Facebook ¿quedó detrás?

En solo unos meses, Claudia conoció a muchachas y muchachos swinger y con algunos de ellos compartió un poco más que una amistad. Luego supo de un sitio web en el que podía hacerse un perfil falso o real y por esta vía conocer a otras personas con un estilo de vida similar.

«La manera de registrarse en Cubaswinger es muy sencilla. Creas un usuario y una contraseña. El segundo paso es llenar una ficha de datos en la que incluyes una descripción física, tu edad, sexo, el de tu pareja si es que tienes, y después seleccionas lo que estás buscando: mujeres solas, hombres solos, parejas heterosexuales, o parejas gay. Este es un paso importante porque te vinculas automáticamente a la gente que busca lo mismo que tú», comenta Amanda, quien es miembro de esta comunidad virtual hace seis meses.

«Poner una foto que te identifique es opcional, pero cuando no hay foto la gente desconfía de que sea verdadero el perfil; ya después puedes crear álbumes eróticos. La mayoría de la gente no enseña la cara, solo partes sensuales del cuerpo», agrega la joven.

El ciberespacio es propicio para que las personas desaten sus sentimientos más íntimos y sean capaces de transgredir ciertos límites que lejos del amparo virtual resultan difíciles de traspasar. Una propuesta relacionada con el sexo, comentar alguna fantasía, se hace más fácil cuando se tiene la posibilidad de escudarse en un chat, o desde un perfil falso.

Para Raulito, de 26 años, las mayores ventajas de este sitio son los encuentros en bares, playas y piscinas que ahí se anuncian. Las fiestas casi siempre se hacen en bares temáticos. Si eres miembro no tienes que pagar la entrada, pero si no, puedes pagar y divertirte también.

Yanet no piensa lo mismo, a ella lo que más le llama la atención es el chat al que se puede acceder, incluso sin registrarse, en el cual se puede enviar y recibir mensajes o fotos, y conversar directamente si es que la otra persona está conectada en ese momento. «En el chat no se habla con rodeos. Nada de poemitas ni detalles románticos. Se habla directo, se intercambian fotos, y si te cuadra quedas para una cita, si no, buscas otra opción».

¿Será acaso una evolución de la vida en pareja? ¿Moda? ¿Tendencia? Si el uso de las nuevas tecnologías puede traer aparejado prácticas que antes no eran tan frecuentes — el selfie es un ejemplo — , no quiere decir que ellas vayan a modificar todos los aspectos de nuestra vida no virtual.

Nadie afirma que las parejas, digamos, más tradicionales, aquellas que no deciden incluir terceros en su relación, vayan a extinguirse o camino al fracaso.

De hecho, las parejas swinger son minorías, pero no por eso deben ser criticadas o rechazadas. Son personas que buscaban, y obviamente, se han ganado, su espacio — también digital.

Al igual que otros servicios en la web, la plataforma decidió, a partir de mediados de 2018, que aunque registrarse seguía siendo gratis, esto solo sería por unas 48 horas. Ahora para mantener el perfil es necesario transferir 2 CUC de saldo al número de celular de Eduardo, el administrador. En caso de que acceda desde otro país se puede transferir dinero a un número de cuenta que también te proporcionan. Si no se efectúa el pago, no se puede acceder a la información de otros perfiles, a las fotos o a las fiestas que se anuncian.

El sitio tiene también sus desventajas. Muchas personas falsean la información, mienten sobre su sexo, su edad o ponen fotos robadas. Existen muchos casos de hombres que se dicen mujeres, y chatean con otras mujeres para pedirles fotos. La manera más confiable de saber si la otra persona es real es analizando las fotos y viendo si coinciden los detalles del cuerpo.

Cecilia lleva dos años inscrita en Cubaswinger. Ella ha tenido varias experiencias a través del sitio, y ha podido darse cuenta de que hay más hombres solteros dispuestos a tríos con una pareja, que mujeres solas. Esta última, es la opción que más buscan las parejas heterosexuales, pero es bastante difícil encontrar una candidata.

También hay muchas personas mayores, de 40 ó 50 años, que quieren disfrutar de «carne fresca», pero lo más notable son las mujeres que quieren tener sexo con otras mujeres.

«Soy lesbiana y desde hace meses me inscribí en el sitio con mi pareja. Queremos tener relaciones con uno o dos hombres, y la verdad es que nos han sobrado las propuestas», agrega Elaine, quien ya se ha hecho asidua a este espacio.

Fantasías y realidades

Generalmente las parejas swinger comparten puntos de vista similares sobre el amor libre y lo conciben desligado a lo que tradicionalmente hemos entendido como matrimonio o vida en pareja. Incluso, algunas tienen normas internas y límites en sus prácticas. ¿Mantiene la pasión? ¿Conservan el erotismo? El diálogo con algunos y algunas de este grupo, puede darnos ciertas pistas.

«Yo llevo con mi novia tres años — dice Ever — , y nos gusta intercambiar parejas. No es fácil llegar a una discoteca, ver a otra pareja que nos gusta, ir directo a ellos e invitarlos o decirles algo. Eso lleva una dosis de confianza en uno mismo, porque no todo el mundo lo entiende de forma natural».

El caso de Lieta es diferente. Quisiera «probar» un trío con otra muchacha y su novio. Ella cree que lo mejor sería hacerlo con una amiga, para que exista confianza, pero tiene miedo de que, en el momento de la «acción», se dé cuenta que no le gusta el sexo con mujeres.

Alberto, por su parte, revela que comenzó en el mundo de los swinger por una crisis que tenía en su relación, y le pareció que esta era una manera creativa para salvar el noviazgo de años.

«Mi novia y yo hemos tenido sexo con otras parejas, y no creemos que por eso nos queramos menos. Simplemente buscamos una manera diferente de vivir nuestra sexualidad, y explotar todos los sentidos a la hora de la intimidad», sentencia Adrián.

Aceptar y convivir con las diferencias

Después de pensarlo mucho, finalmente Claudia le contó a Reynier que antes de conocerlo, aproximadamente durante dos cursos, ella frecuentó las fiestas swinger.

Reynier la entendió, pero al mismo tiempo defendió su opción de que él no participaría ni estaba de acuerdo en que en un futuro, ella participara nuevamente de estos espacios.

Hasta el momento, Claudia mantiene su relación con Reynier y lo ha asumido como una nueva etapa en su crecimiento. «Estoy enamorada. Puse en una balanza las cosas y decidí por él». Pero alerta: «No quiere decir que sea definitivo. A lo mejor un día, Reynier se embulla y se decide a experimentar».

Nota: Con el propósito de preservar su privacidad, los entrevistados prefirieron el anonimato o el empleo de otros nombres.

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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