Mis Les Luthiers

Fotos: Kaloian Santos Cabrera

Mi abuela Fela —abuela por parte de Lili— no debe acordarse de que ella fue la primera persona que me mostró un video con el espectacular grupo humorístico argentino. Cinco hombres vestidos de traje, con los rostros muy serios, dramatizaban algo muy cómico. En la primera escena que vi, no llevaban ningún instrumento. De ahí que no asocié, de primera y pata, el porqué de su nombre.

No había pasado mucho tiempo del primer «visionaje», cuando empecé a rastrear cualquier destello de su obra. Además de utilizar la música como elemento esencial de sus puestas en escenas y derrochar creatividad al incorporar instrumentos informales creados a partir de materiales rústicos de la vida cotidiana, hacían gala de un humor muy fino e inteligente. Empecé a memorizar diálogos y parodias, hasta convertirme en uno de sus fans.

«Las majas del bergantín», así se llamaba aquella primera obra en la que uno de los marineros, en singular melodía, contaba que: se había tatuado en su panza, / el continente europeo, / y no quería mostrar Italia, / «porque se vería feo».

Uno de los diálogos más simpáticos tenía lugar cuando el vigía avisaba de la presencia de un barco enemigo. Allí se deba un diálogo que recuerdo más o menos así:

—Veo el barco pirata y a su jefe, que tiene una pata de palo y lleva un loro en el hombro.

— ¿Cuál es su tamaño?

—Más bien pequeñín, unos diez centímetros, supongo…

— Pregunto por el barco — le rectificaba el capitán, haciendo acopio de paciencia.

— Sesenta metros de largo.

— Se dice es-lo-ra—, le rectifica nuevamente el capitán. A lo que el creativo marinero responde:

— Yo dije loro, generalizando.

— ¿Lleva algún botín?

—Sí, en la pata que no es de palo.

Así fue como aquellos cinco veteranos raptaron mi atención. He seguido de cerca su carrera más reciente, los he visto ponerse más viejos y sufrí la muerte de, para mí, uno de los más geniales: Daniel Rabinovich.

Él podía numerar todos los nombres de embarcaciones que empezaban con b: bote, barco, buque, bajel, balandro, balsa, e incluir: fragata…, solo si una que se llamaba Bilbao; así hacían reír; trastocar erróneamente un monólogo: «Se refrió, Mastropiero. Con esto, termino», en vez de: «se refirió a Mastropiero con estos términos»; o incluso confundir en la lectura a «una vieja leyendo ebria»; con «una vieja leyenda hebrea».

Los diálogos que sostenían Marcos Mundstock y el propio Daniel, eran memorables.

—Una frase que siempre digo: los niños de hoy… serán hombres mañana.

— ¿Mañana? Vaya manera abrupta de crecer.

En una ocasión Daniel hilvanó una idea como esta: « Muchas veces mis alumnos me preguntan si la hermenéutica telúrica trastrueca la peripatética nutrética de la filosofía aristotélica por la inocuidad fáctica de los diálogos socrático no dogmáticos, y yo les respondo que no, que no lo sé». ¿Y quién podría saberlo, verdad?

Les Luthiers no solo disfrutan el absurdo de confundir a Terpsícore, la musa de la danza, con Esther Pícores, sino que se inventan la musa de la limpieza —gamuza—, o la musa de los escarabajos —la escaramuza.

Aunque hacen reír muchas veces con un estilos simplón, también llenan de sentidos críticos sus creaciones. Cuando interpretan a los políticos afirman cosas como: «no somos como los políticos de antes que se cansaban de robar… nosotros somos incansables».

Precisamente, interpretando a unos políticos que quieren cambiar el Himno Nacional, se da una de las situaciones más hilarantes que recuerdo. En la historia que narran es necesario cambiar de enemigo. La canción Patria hace alusión a los españoles, pero según los políticos eso ahora no conviene por las relaciones bilaterales entre ambas naciones. Entonces suponen crear un nuevo enemigo: los noruegos. Ante la incredulidad del músico compositor, que alega, no existe conflicto entre la nación latinoamericana y Noruega, los políticos alegan que inventarán un «problema de límites».

La solución del músico es tan creativa como en el resto de las estrofas versionadas. Con ella termino, invitándote a que descubras la obra de un grupo que, por más de cincuenta años, ha hecho a los argentinos sonreír.

«Atrás invasores noruegos,
olvidaos de vuestra avidez,
quedaos en Oslo, no salgáis de Oslo,
oslo decimos por última vez».

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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